Ecuador DEBATE Nº 63
DEBATE ANALISIS
Reseñas
Pablo Ospina
Eduardo Devés Valdés, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX. Entre la modernización y la identidad. T. I. Del Ariel de Rodó a la CEPAL (1900 1950). Buenos Aires: Editorial Biblos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2000.
Se trata de un libro de gran importancia por la amplitud de los autores reseñados y por el marco analítico general en el que los coloca. Aunque ninguno de estos autores es analizado en mucho detalle, el valor del libro es su inmenso esfuerzo enciclopédico y el intento de situarlos en una interpretación general de la historia intelectual latinoamericana. En el pensamiento latinoamericano se ha producido en los siglos XIX y XX la existencia de dos corrientes, la una centrada en la modernización, y la otra, en identidad. La oleada identitaria desde 1900 hasta la posguerra puso énfasis ya sea en lo social, lo cultural o lo económico. El polo modernizador está frecuentemente como una aspiración que busca el modelo en los países avanzados.
La publicación del Ariel, de José Enrique Rodó es la que marca el inicio de una fase de predominio en lo identitario luego de un período marcado por el énfasis modernizador de la segunda mitad del XIX. El arielismo reivindica lo latino, lo español, frente a la influencia devastadora de lo anglo sajón. Durante este tiempo se nota que la corriente positivista modernizante se va debilitando y mezclando con elementos que llevan a algunas tendencias al reforzamiento del tema de la identidad. Esto ocurrirá en especial con el anarquismo y el socialismo.
En el Capítulo V Devés Valdéz analiza las "redes" que ligan a los autores latinoamericanos entre sí. Son intelectuales que se leen unos a otros. Vasconcelos e Ingenieros fueron seguramente los maestros más reconocidos de la generación de los años veinte. La generación de Vasconcelos (Alfonso Reyes, Henríquez Ureña, Francisco García Calderón) tenía, a su vez, como referentes la obra de Rodó y de Unamuno: recogían el sentimiento de jóvenes que rechazaban el positivismo sajonizante. Las dos revistas que articulaban la producción intelectual de estos grupos fueron Amauta (Mariátegui, Perú) y Repertorio Americano (García Monge, Costa Rica).
Entre los años treinta y cincuenta, el pensamiento latinoamericano sufre un paulatino desplazamiento de su centro de gravedad hacia el polo modernizador. Ocurre porque la preocupación identitaria se relaciona cada vez más con los temas económicos y la autonomía. Lo que caracteriza el pensamiento del período es el nacionalismo y también muchos ensayos sobre el carácter latinoamericano. Lo identitario se bifurca en una tendencia de izquierda y otra de derecha, el indigenismo y el integrismo reivindican la identidad latinoamericana, ambas son antisajonas e incluso antiimperialistas, una indio - mestiza y otra hispánica. Probablemente el texto más importante a este respecto es El antiimperialismo y el APRA de Víctor Raúl Haya de la Torre (1928, publicado en 1935). Otro libro menos directo es el del cubano Fernando Ortiz: Contrapunteo cubano del tabaco y del azúcar (1940). Un tercer libro importante es el del boliviano Carlos Montenegro Nacionalismo y coloniaje (1943), referencia ideológica del MNR. Los tres ponen de relieve la penetración económica extranjera o imperialista, las peculiaridades de la producción o de la manera de ser peruana, cubana o boliviana.
La vertiente conservadora o integralista también tiene su origen en el Ariel de Rodó. Destacan Leopoldo Lugones, Carlos Ibarguren (Argentina), Oliveira Vianna y Plinio Salgado (Brasil). También se adscriben a esta tendencia el peruano Riva Agüero y el mexicano Carlos Pereyra. En realidad, el nacionalismo fue tanto una escuela de pensamiento como un clima intelectual. Sus características son la insistencia en lo propio contra lo invasor, sobre todo lo anglosajón, germano o ruso; la crítica al liberalismo como modelo político a veces y como modelo económico casi siempre; la necesidad de planificar y organizar desde el Estado; el anti - intervencionismo; y la necesidad de reescribir la historia nacional o continental.
El nacionalismo de matriz católica derivó en el surgimiento del socialcristianismo, asentado en ideas como la crisis de la sociedad contemporánea y la necesidad de restaurar los valores de al caridad hacia el pobre. Acogió el problema del obrero, de la seguridad social, de las condiciones del trabajo. Entre las obras que destacan en esta visión se encuentran la de Víctor Andrés Belaúnde, La realidad nacional (Perú, 1930), y en El Salvador, la obra de Alberto Masferrer, que se detiene en el tema agrario, la crítica al capitalismo y al maquinismo. Pero probablemente el mayor teórico de los planteamientos socialcristianos es el chileno Eduardo Frei Montalva, que critica el liberalismo económico y plantea un cierto corporativismo, reivindica la democracia y un cierto espiritualismo para recuperar un mundo en crisis.
Uno de los capítulos más interesantes es sobre los ensayos dedicados al carácter latinoamericano. Fue un género de introspección y reflexión sobre nosotros mismos muy fuerte entre 1930 y 1950. Destacan Paulo Prado, Retrato del Brasil. Ensayo sobre la tristeza brasileña (1928) y Alberto Cabero, Chile y los chilenos (1926). Cabero dedica sus mejores páginas al roto chileno, al hombre pobre e iletrado. Prado liga los caracteres del brasileño, la lujuria, la codicia, el romanticismo y la tristeza y los liga al coloniaje. Otros autores importantes serán Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa (1931); Samuel Ramos, Perfil del hombre y la cultura en México (1934), Alfonso Arinos Conceito da civilisacao brasileira (1936), a quien le interesa el tema de las razas (negras, indias, blanca) y de la impronta que dejaron en la psicología del Brasil. En Chile, Benjamín Subercaseaux publica en 1940 Chile o una loca geografía. En Brasil, en 1943, Fernando de Azevedo publica A cultura brasileira (Introduicao ao estado da cultura no Brasil). En 1949, Mariano Picón Salas publica su Comprensión de Venezuela, en la que despuntan las preocupaciones desarrollistas. En Ecuador, Leopoldo Benítez Vinueza publica, en 1950, Ecuador, drama y paradoja, obra parecida a la de Picón Salas. La más filosófica de las obras sobre el carácter de los latinoamericanos es el de Félix Schwartzmann El sentimiento de lo humano (Chile, 1950). El laberinto de la soledad (1950) de Octavio Paz es la obra más brillante de este género. Paz se considera heredero de Samuel Ramos.
Lo que une todas estas obras es el intento de aprehender el carácter de los latinoamericanos. Para hacerlo, varios (Prado, Arinos, Freyre, Martínez Estrada y Paz) se remontan a la colonización europea; otros estudian la geografía y el clima del continente viendo allí una clave telúrica para explicar ese carácter (Subercaseaux, Pedreira, Benites Vinueza); otros van a la herencia indígena, afro y europea (Prado, Arinos). Este ensayo sobre el carácter de los latinoamericanos en cierta forma resume y culmina el proceso del último medio siglo. Hace converger las distintas líneas de trabajo que se venían desarrollando, el arielismo, el indigenismo, el afro - americanismo, el vanguardismo, el nacionalismo y las tendencias socializantes.
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