Ecuador DEBATE Nº 64
COYUNTURA
versiones menos universalistas. Lo que dijo Baker para explicar qué estaba en juego desde un punto de vista económico en la invasión estadounidense de Irak era muy sencillo: "empleos, empleos, empleos". Pero la retórica oficial, siguiendo huellas wilsonianas, proclamaba que las premisas de este nuevo orden eran que "a partir de entonces, los Estados Unidos estarían obligados a dirigir la comunidad mundial a un nivel sin precedentes".... mientras procuraban "defender sus intereses nacionales".
Como indica James Chace en la recensión citada, "la derrota de Sadam no rompió su poder. Excepto por el enclave kurdo en el Norte, Irak permanecía intacto, que es exactamente lo que Bush y Scowcroft querían. Su objetivo estratégico era que Irak permaneciese suficientemente fuerte como para hacer de contrapeso a Irán en el equilibrio de poder en el Golfo".
Clinton siguió, básicamente, el enfoque de Bush I en lo que se refiere a las relaciones internacionales y mantuvo como él que los Estados Unidos eran un "país indispensable". El hijo del primer presidente Bush, por su parte, ha seguido por un camino semejante y con un vocabulario parecido con su II Guerra de Irak y demás intervenciones en la zona. El segundo Bush, de todas formas, ha extendido el sentido de su padre tanto geográfica como programáticamente. Geográficamente, su intención abarca muchos más ámbitos que los que pretendió o pareció pretender su padre. Programáticamente, lo ha hecho mezclando un unilateralismo extremo, exhumando la doctrina del ataque preventivo ("antes incluso de que se materialice la amenaza") y un igualmente extremo maniqueísmo polarizante de "quien no está conmigo, está contra mí" que suena a los términos que John Foster Dulles usó a principios de la I Guerra Mundial. La conclusión estaba en un artículo de Noam Chomsky publicado en diversos sitos de la red17. En él se decía: "La política militar de Washington 'conlleva un riesgo apreciable de catástrofe final', escriben los expertos en estrategia John D. Steinbruner y Nancy Gallagher en la última edición de Daedalus, una revista no muy dada a la hipérbole. Los autores expresan la esperanza de que la amenaza será contrarrestada por una coalición de países amantes de la paz, encabezados por China. Realmente las cosas están muy mal si debemos confiar en China".
Es problemático que se concrete este nuevo "nuevo orden" pero, en la hipótesis de que tal cosa sucediese, no tiene por qué ser mejor (ni peor) que el anterior tanto si la China es la nueva superpotencia como si no lo es. Eso se verá. De momento, hay razones para pensar que "como la matanza de Madrid (11-M) ha dejado claro, las amenazas en el mundo son reales y muy difíciles de gestionar, pero las iniciativas de los Estados Unidos, una detrás de otra, han hecho incrementarse más que disminuir tales amenazas. En lugar de reemplazar el caos por un nuevo orden, las respuestas de nuestro país (USA) inflinge nuevas heridas que incrementan dicho caos" 18. Por eso cuesta hablar de "nuevo orden mundial" y se deja en un "nuevo (des)orden mundial", o nuevo caos. La situación presente, nada tiene que ver con la definición del nuevo orden que dio Bush I en su alocución del 11-S de 1990 ante el Congreso de los Estados Unidos en sesión conjunta, lo cual no significa que la reforzada Administración salida de las urnas del 2 de noviembre de 2004 no tenga su propia idea del nuevo orden mundial.
Hay dos puntos a añadir a la conocida y ahora aumentada agenda hegemónica19 del segundo Gobierno del segundo Bush que tienen que ver con sus bases políticas (el frente interno) y sus propuestas de cara al mundo, en parte derivadas de las anteriores. Sobre estas propuestas, pasaron prácticamente inadvertidas en la prensa mundial las afirmaciones de Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, en la reunión de los ministros de defensa americanos celebrada en Quito el 17 de noviembre de 2004, dando prioridad a la "guerra contra el terrorismo", sugiriendo que, de nuevo, como en los tiempos de máxima represión, se repensara la separación del ejército y la policía y proponiendo una lista de "enemigos" que caían bajo la defensa de la "seguridad" y que normalmente caerían bajo la jurisdicción de las autoridades civiles. Gaston Chillier, de la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA) resumía el problema diciendo que "lo que se estaba diciendo es que el terrorismo es la prioridad de la región y que el derecho internacional humanitario no es necesario para combatir el terrorismo. Ése es exactamente el mensaje equivocado en una región en la que los militares han usado esa filosofía durante las guerras sucias para cometer graves violaciones de los derechos humanos" 20, algunas de las cuales, hay que añadir, como la Operación Cóndor, con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, y por lo menos desde los tiempos de la intervención en Kosovo, se produce una ruptura conceptual del derecho internacional21, dejando en manos de la hiperpotencia el decidir qué es legal y qué es ilegal, dónde hay que prevenir la agresión y dónde no.
El frente interno
Vista la voluntad de influir en el mundo expresada por las sucesivas Administraciones estadounidenses y la asunción del rol de imitadores (por no decir sumisos) por parte de muchos gobernantes de otros países, es importante conocer qué está sucediendo dentro de los Estados Unidos, modelo para tantos en el mundo.
Immanuel Wallerstein dedicaba uno de sus comentarios bimensuales a las elecciones presidenciales de 2004 y comenzaba diciendo22 "Bush es, con mucho, el Presidente más derechista que ha tenido los Estados Unidos desde la Gran Depresión. Y es el Presidente más agresivamente reaccionario en toda la historia de los Estados Unidos, usando el término 'reaccionario' en el sentido político clásico del término, a saber, alguien que desea mover hacia atrás las agujas del reloj políticamente hablando". El Comentario incluía los tres grupos que parece han apoyado el segundo mandato de Bush II y a los que se debe el Presidente, a saber, la derecha cristiana, las grandes empresas y los militaristas. Cada uno de estos grupos tiene su propia agenda y su apoyo a las de los otros dos muchas veces no es más que verbal.
La derecha cristiana, a la que después se volverá, se concentra en el matrimonio de los homosexuales y el aborto. Se supone que van a trabajar en "prohibir los anticonceptivos, ilegalizar el matrimonio de homosexuales, limitar o incluso suprimir el divorcio y, por parte de algunos de ellos, sacar a las mujeres del trabajo e incluso es posible que del voto". Son partidarios de nombrar jueces que trabajen en esa dirección. "Otro elemento en su agenda es mover las agujas del reloj hacia atrás en el terreno del racismo, restableciendo a los Estados Unidos como país social y políticamente dominado por Blancos Protestantes. En este sentido, intentará terminar con la discriminación positiva". La vuelta atrás que quieren las grandes empresas ("que son más importantes para Bush personalmente") es en el campo de "los impuestos, la legislación medioambiental, las denuncias legales contra ellas y los costes de salud". Los militaristas, finalmente, (y por eso son particularmente importantes para lo que aquí se está
17 Por ejemplo, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=8308.
18 James Caroll, "The Bushes' New World Disorder", Boston Globe, 16 de marzo de 2004.
19 José María Tortosa, La agenda hegemónica: La guerra continua, Barcelona, Icaria, 2003.
20 Jim Lobe, "U.S. Media miss Rumsfeld's 'Dirty Wars' talk", Inter Press Service, 24 de noviembre de 2004.
21 John Gershman, "Congress and the Bush Administration deepen assault on international law", Foreign Policy in Focus, 10 de diciembre de 2004.
22 Immanuel Wallerstein, "The 2004 Elections in the United States", Commentary, nº 149, 15 de noviembre de 2004 (fbc.binghamton.edu/commentr.htm).
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