Ecuador DEBATE Nº 64
TEMA CENTRAL
El peso de la noche: una perspectiva histórica de la crisis política en Ecuador
Pablo Ospina Peralta*
Las señales de la crisis son conocidas. Resalto solamente la más llamativa. Luego de la caída de Abdalá Bucaram en 1997 se esparció la idea de que el país vivía lo que se llamó una "crisis de gobernabilidad". El Ecuador no se deja gobernar. El "canibalismo político" entre fracciones rivales impide los necesarios acuerdos para acompañar la marcha del país. El gobierno no puede actuar por las incómodas interferencias del Congreso y por la negativa de los actores a aceptar las decisiones gubernamentales. Una crisis de autoridad. Sin embargo, tal diagnóstico no es nuevo.
Ya Bernardo de Monteagudo, uno de los lugartenientes jacobinos de José de San Martín, expresó la misma idea en 1823 durante su exilio posterior al fracaso del Protectorado en el Perú: Hoy se teme conceder demasiado poder a los gobernantes, pero en mi concepto es mucho más de temer la poca obediencia de los gobernados (citado por Contreras y Cueto 2004: 65).
¿Cómo resolver una crisis de autoridad así definida? En la nueva Constitución de 1998 se concentraron los poderes presidenciales, se eliminaron competencias del Congreso, se centralizaron las decisiones económicas y presupuestarias, se autonomizaron jurídicamente instituciones como el Banco Central y la Corte Suprema de Justicia. En síntesis, afirmando la autoridad contestada del Presidente de la República. La ruta parecía al fin despejada para la ansiada "gobernabilidad".
A la luz de los acontecimientos de los años siguientes, la crisis no se resolvió. Al contrario se repite incesantemente, ignorando tercamente las soluciones legales. Libros como el de Jorge Enrique Adoum sobre la identidad nacional recurren a otro diagnóstico. Cansados de las explicaciones estructuralistas e impersonales, asumen el expediente del carácter psicológico de sus habitantes:
A fines de 1998 comenzó a hablarse con insistencia de la "necesidad de imprimir personalidad ecuatoriana a nuestro fútbol", como si no la tuviera, como si fuera cuestión de decidirlo, de pronto, y hacerlo, como si el desorden, el descuido, la falta de disciplina, el desaliento, la improvisación, que son características de nuestros equipos, no fueran algunas de nuestras señas particulares () Toda indagación acerca de los rasgos que caracterizan nuestro comportamiento obtendrá como respuesta, entre cualesquiera otros, inevitablemente, la pereza, el incumplimiento, la improvisación y la "viveza criolla" (Adoum 2000: 261 y 267)
"Así mismo somos". La crisis política expresa nuestra verdadera forma de ser. Nuestro verdadero yo. Tenemos los gobernantes que nos merecemos, los que nosotros mismos elegimos. Son el resultado de una especie de vocación masoquista y sufridora. Hay poco que hacer más que esperar el lento trabajo de la "educación" para cambiar nuestro voluble carácter y nuestra esencia profunda.
Propongo alejarnos de los diagnósticos psicológicos que llevan al desaliento, de los remedios jurídicos que han probado su fracaso y, hacer una lectura histórica de la crisis política actual. ¿Cómo puede hacerse algo así en una época que ha olvidado cómo se piensa históricamente? Sugiero una forma de hacerlo. La situación actual no es única en la historia. Hemos vivido períodos análogos en el pasado. De las analogías históricas podemos aprender más sobre el futuro de lo que creemos. Son un recurso insustituible en períodos de incertidumbre estructural y de grandes transformaciones políticas. Revisar un período de transformaciones estructurales semejante, sopesar sus resultados, analizar sus diferencias, ponderar los factores que influyeron en su desenlace y comparar sus variantes, es tal vez una de las mejores maneras de despejar un poco de la niebla que domina el análisis político1.
El supuesto central de este análisis es que la crisis política actual responde a una mutación estructural del Estado y la sociedad ecuatoriana. La llamaremos transición estatal. De esa mutación deriva su extraordinaria profundidad y persistencia. Siguiendo los pasos de las viejas escuelas de la sociología latinoamericana, asumimos que estas modificaciones políticas provienen tanto de alteraciones en las articulaciones latinoamericanas al capitalismo mundial como del resultado de las luchas sociales acumuladas, cristalizadas, en los diferentes tipos de Estado que surgieron del período inmediatamente anterior2. Pero no es una mutación única en la historia. Transformaciones parecidas ocurrieron entre 1530 y 1600 cuando se fundó el Estado colonial; entre 1780 y 1870, cuando se fundaron los estados oligárquicos sobre las ruinas del imperio borbónico; y en el siglo XX, cuando los órdenes políticos oligárquicos se disolvieron lenta y pantanosamente. Por ahora me concentro exclusivamente en las analogías con la última gran transición.
¿Qué nos puede decir, entonces, una lectura histórica de la crisis ecuatoriana? En la primera mitad del siglo XX el capitalismo mundial viviría la más sangrienta y prolongada crisis sistémica de su historia. En varios momentos pareció que sucumbiría durante el proceso de cambio. Fue, en sus diferencias y similitudes, un recambio estructural análogo al que vivimos en la actualidad. El recambio en el modelo de acumulación supuso al menos dos modificaciones cruciales. Primero, la transición desde la hegemonía inglesa sobre el sistemamundo hacia la hegemonía norteamericana mediada por una intensa y devastadora competencia con el capitalismo alemán. Cada hegemonía estaba basada en distintos tipos de empresas capitalistas líderes de la acumulación a escala mundial: mientras en la primera dominaban las empresas familiares por acciones, en las segundas dominarían las grandes empresas transnacionales. La segunda modificación fue el paso desde un capitalismo de librecambio hacia un capitalismo que podría llamarse "fordista keynesiano", donde el Estado asumía funciones empresariales, redistribuidoras y de búsqueda de conciliación entre clases opuestas. El correlato del fin de la hegemonía inglesa fue un proceso de relativo enclaustramiento nacional y proteccionismo económico. El mercado mundial se fragmentó y se abrieron oportunidades para la consolidación de mercados nacionales segmentados parcialmente independientes del mercado mundial3.
Nos encontramos ahora, desde fines del siglo XX, en medio de un recambio estructural análogo. Fuera de las intensas discrepancias sobre su diagnóstico y significado, el único acuerdo seguro sobre ellas es que en el transcurso de un período definido entre los años setenta y el fin del siglo XX, se produjeron reestructuraciones revolucionarias en la economía mundial, las manifestaciones culturales y el orden político4. Es lo que algunos autores llaman la "globalización" y que otros, de forma más específica, llaman el "postfordismo" o el "régimen de acumulación flexible". Para algunos, este cambio coincide con el lento declive del imperio americano y la emergencia de un "archipiélago capitalista" en el sudeste asiático donde se concentra el poder financiero contemporáneo. Esa transformación general en el patrón de
- * Profesor del área de historia de la Universidad Andina Simón Bolívar e investigador del Instituto de Estudios Ecuatorianos. Este texto fue presentado en la mesa redonda "Ecuador en los últimos veinte y cinco años: Estado, democracia y participación", organizado por la Asociación de Historiadores del Ecuador, ADHIEC, 17 de marzo de 2005, Quito.
- 1 La metáfora de la "niebla" fue inicialmente mencionada por Hobsbawn (1994). La retomo de Arrighi y Silver (2001 [1999]: 22), cuya comparación de transiciones hegemónicas en el capitalismo histórico sirve de referente para este ensayo.
2 La referencia es, por supuesto, la teoría de la dependencia, especialmente el trabajo de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faleto (1969 [1967]).
3 La mejor síntesis de la historia del capitalismo, que busca situar estos períodos de transición entre un régimen de acumulación y otro, sigue siendo la de Giovanni Arrighi (1999 [1994]: para el período aquí considerado, cfr. especialmente pp. 288-390). Sobre el origen de la idea de "regímenes de acumulación" y su aplicación al capitalismo del siglo XX, cfr. Aglietta 1979; Lipietz 1987. Ver también Harvey 1998 [1989]: cap. 7 al 11). Una reciente crítica a la teoría de la regulación francesa en Brenner y Glick (2003).
4 Una excelente síntesis de los principales debates en Arrighi y Silver (2001[1999]: 9-28). Las controversias que han despertado los libros de Antonio Negri y Michael Hardt (2002 [2000]) y, en menor medida, el de Manuel Castells (2002 [1996]), atestiguan estos desacuerdos.
<----