Ecuador DEBATE Nº 64
 
 TEMA CENTRAL

un verdadero Manual de Carreño personificado. Lucio Gutiérrez carece de los mínimos modales de una persona educada. No muestra capacidad para manejar con eficiencia la complejidad del país. Las clases medias quiteñas son tal vez las más "aristocráticas" y "meritocráticas" de todo el Ecuador, con la sola excepción de la ciudad de Cuenca. No porque la aristocracia domine la composición social de las clases medias, sino porque le ha transmitido sus valores, ademanes y sentido de "civismo".

Es en oposición a esta doble combinación (autoritarismo huachafo) que las clases medias quiteñas pueden movilizarse con más facilidad. Y es por eso que la consigna de una legalidad que funcione, que sea respetada y que se aplique, puede adaptarse a sus aspiraciones más fuertes; aquellas, que la impulsan a la movilización. En la "legalidad" encuentran un dique al autoritarismo; en un sistema que funcione aspiran a encontrar un dique al "populismo" que repudian. Ambas, por separado, son molestas; pero juntas, son la pólvora de la toma de las calles. En cierta forma puede argumentarse que reclaman y aspiran a ser "ciudadanas" de un Estado que funcione bien, aunque fracciones importantes de las clases medias no se movilizan por el "contenido" de ese funcionamiento (por ejemplo, para acelerar las reformas neoliberales o para hacer lo contrario). No es que no les importe, pero no las convoca tanto como para salir a las calles. En ese sentido podemos decir que las clases medias en Ecuador (o una fracción relevante de ellas) son la base social potencial en la búsqueda de un "Estado liberal" (un marco de funcionamiento abierto a la disputa de distintos contenidos políticos e ideológicos). De hecho, los sectores medios fueron, a lo largo del siglo XX en otros países de América Latina, impulsores importantes e incluso decisivos en ciertas coyunturas, de la instauración exitosa de "Estados liberales". En el Ecuador nunca se instaló un "Estado liberal", pero sobrevivió como una aspiración inconclusa y como una declaración vacía.

En esto las clases medias actuales se distancian en parte del ejército, que se mantiene como bastión de lo poco que quedó del corporativismo; pero se distancian también de las clases dominantes, como veremos luego. Toda la importancia del contenido democrático de su demanda, así como varios de los principales límites sociales de su programa, aparecen en su acción reciente.

La clave para la comprensión de las limitaciones en el poder real que tuvieron las instituciones corporativistas en el desmonte del estado oligárquico y en la formación del estado moderno en Ecuador, debe remitirse a las dificultades que los sectores sociales ligados al ejército tuvieron para vincularse establemente a otros sectores sociales antioligárquicos. A lo largo de los años 1920 y 1930 se produjo una oleada de rebelión campesina andina, que precedió y acompañó la crisis del régimen liberal7. Aunque puede postularse que existe alguna relación entre ambos, la verdad es que las clases medias urbanas que alimentaron la profesionalización del ejército ecuatoriano, en los primeros años del pasado siglo, estuvieron en la práctica muy alejadas de esa rebelión campesina. Un verdadero abismo cultural alejaba a los mandos militares y a todas las clases medias urbanas de ese mundo andino del que huían como de un fantasma de atraso y humillación. La distancia étnica entre dominantes y dominados fue una de las matrices de la debilidad política de las clases medias y de los partidos modernizadores citadinos o costeños en todos los países andinos8. En el momento mismo de su emergencia, esos partidos que buscaban unir fuerzas contra las oligarquías dominantes, carecían de lazos culturales, herramientas intelectuales y formas organizativas adecuadas para romper la barrera étnica que los distanciaba de sus posibles aliados rurales. La ruptura étnica, que parecía ligar mucho más entre sí a las oligarquías y a los dirigentes políticos de las clases medias, debilitó las resistencias unificadas a un orden oligárquico todavía poderoso.

Desde el punto de vista aquí abordado el surgimiento de movimientos políticos socialistas, anarquistas y comunistas, puede considerarse como un intento adicional de vincular a las clases medias ante todo urbanas y costeñas, con los sectores populares9. En las cuatro primeras décadas del siglo estos movimientos emergentes también lograron adhesiones en el ejército entre las que destaca la presencia del coronel Luis Larrea Alba, dirigente de la Vanguardia Revolucionaria Socialista y los dirigentes socialistas cercanos al general Alberto Enríquez Gallo. Esta misma época vio surgir un movimiento de huelgas fabriles y agitación obrera que no mermaría hasta mediados de los años cuarenta. Aunque en la costa estos grupos lograron dirigir y organizar a sectores importantes del naciente obrerismo militante, en la sierra la conducción de la organización de artesanos y obreros urbanos correspondió a la Iglesia y a sectores católicos sensibilizados por el "problema social" dentro del partido conservador. El sindicalismo obrero católico constituirá el primer germen de la futura Democracia Cristiana y de la radicalización que surgiría más tarde en amplios sectores de la Iglesia. En cualquier caso, en este período el control conservador de una fracción apreciable de la organización de obreros y artesanos urbanos conspiró contra la fortaleza de un bloque antioligárquico eficiente.

La exitosa resistencia oligárquica tanto en Ecuador como en Perú solo pudo doblegarse en los años sesenta y setenta cuando se resquebrajó en el medio rural una de las principales piezas de la estabilidad del orden aristocrático. En los años sesenta, una fracción relevante de la Iglesia Católica animados por la modernización del Concilio Vaticano II, se compromete con los sufrimientos diarios de los campesinos que inundan sus parroquias. El movimiento político y doctrinario conocido como Teología de la Liberación (y sus influencias doctrinales y prácticas menos directas) cambiará ese frágil equilibrio político en el campo que el orden estatal había podido conservar precariamente a fuerza de concesiones moleculares y constantes. Lo que las clases medias urbanas radicalizadas no lograron entre los años 1920 y 1950; los agentes de pastoral y la Iglesia comprometida con los pobres lo logrará en los años 1960 y 197010. La Iglesia mantenía un lazo de trabajo pastoral y una permanencia en las zonas rurales que ningún otro actor social urbano podía igualar. La Iglesia "comprometida" terminó por debilitar aquel orden oligárquico rural afectado estructuralmente por los cambios moleculares inducidos por la modernización bananera. El activismo de agentes de pastoral se vinculó al activismo, más limitado, de los partidos de izquierda, y ambos confluyeron en la reivindicación por la reforma agraria, verdadera señal de retirada del orden oligárquico nacional11.

Ayer como hoy, la ruptura entre los sectores más radicales de las clases medias y las amplias masas empobrecidas, campesinas o urbanas, sigue distinguiendo el proceso político ecuatoriano. Pero; a diferencia de lo que ocurrió en la transición estatal anterior, que coincidió con un auge notable del movimiento organizado de artesanos, obreros fabriles y campesinos (entre 1920 y 1945 y entre 1961 y 1978); en la actual, las clases populares parecen en todas partes en retirada. Las reformas neoliberales han debilitado al pequeño movimiento obrero fabril. Solo los trabajadores de las empresas públicas mantienen una apreciable tasa de sindicalización y de movilización. La Iglesia comprometida con los pobres está arrinconada después de 25 años de pontificado conservador. El movimiento urbano ha sido sometido por el clientelismo municipal y por el abandono de casi todo activismo político socialista después de la caída del Muro de Berlín. En la costa las clases populares siguen sin mostrar fisuras, la emergencia de movimientos políticos liderados por la dirigencia empresarial exportadora e importadora con una fidelidad llamativa. El sectarismo de la práctica de ciertas fracciones de la izquierda política ha llevado a la anulación de todo movimiento estudiantil autónomo. Solo el poderoso movimiento indígena logró romper con la monotonía de debilidad social. Lo más ambicioso de sus planteamientos políticos fue hecho público en los años previos a la Asamblea Nacional Constituyente de 1998. No es exagerado ni abusivo calificar las propuestas de la CONAIE como las de un neocorporativismo social: representaciones


7 La bibliografía es relativamente amplia; ver Baud (1993), Becker (1999), Clark (1999). Hernán Ibarra (2004: 193) le llama "marea ascendente de conflictos rurales". Ver también Rosero et al (1990).
8 Algo incluso más claro en Perú y Bolivia con el APRA y el MNR
9 Un buen resumen en Páez (1996 [1990]: 129-54); los trabajos clásicos son los de Patricio Icaza (1986) y Hernán Ibarra (1984).
10 La importancia de la influencia de la iglesia católica en la democratización política de la época fue señalada por Huntington (1991: 72-85).
11 La importancia de la Iglesia en el origen de organizaciones rurales e indígenas ha sido documentado ampliamente. Al respecto ver los trabajos de Santana (1995 [1992]) o Zamosc (1993: 292) y recientemente el interesante estudio de caso sobre los salesianos en Cotopaxi de Carmen Martínez Novo (2004).

 
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