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CADUCIDAD DEL ESTADO
NACIONAL, DEMANDAS ETNICAS Y CONFLICTO REGIONAL
Entrevista a Andrés
Guerrero* por Hernán Ibarra**
Hasta muy recientemente,
hablar de la globalización en el Ecuador era remitirse
a un horizonte distante. Aparecía como una problemática
cuyos nexos con el país eran tenues o débiles.
Más, en un breve lapso de tiempo, la globalización
se ha presentado en sus dimensiones más explícitas:
la transformación del Estado nacional, propiamente la
cancelación del Estado desarrollista, la emergencia de
un conflicto regional que dota de nuevo sentido a la lucha política
y los actores, y la demanda étnica que adquiere un nuevo
contenido en relación al frustrado ajuste estructural
Hernán
Ibarra. La situación del Ecuador se presenta con una alta
complejidad. Desde los sucesos previos a la caída de Mahuad,
cuando hay un alto protagonismo de la movilización indígena,
hasta los sucesos recientes de enero de este año en que
otra vez el protagonismo de la movilización indígena
se hace presente. Sin embargo, entre los dos eventos, hay la
presencia constante de un tema que está desde el levantamiento
de junio del 90, la irrupción de la demanda étnica
en la sociedad ecuatoriana. Curiosamente en los acontecimientos
de los dos últimos años, van tomando peso demandas
sociales relativas al ajuste estructural y los indígenas
terminan siendo como una especie de condensación de los
factores de resistencia y oposición al ajuste estructural.
Esta es una idea inicial que pongo en el tapete para la discusión.
Andrés Guerrero. Me parece que propones dos temas. El
primero es la caída del gobierno de Mahuad y, a partir
de ese hito, reflexionar sobre la crisis del Estado. El segundo,
sería repensar el movimiento indígena, en cuanto
al tipo de sujeto político cuya demanda aunque "étnica"
(una población discriminada por dimensiones a la vez de
la historia colonial y de la republicana, ambas presentes), es
cada vez más una exigencia, conjuntamente de un subproletariado
comunero rural-urbano, una población discriminada en la
vida cotidiana por el sentido común ciudadano y de una
formación en clase social con visión de los problemas
a escala nacional (o al menos serrana y amazónica). De
todas maneras, los acuerdos con el gobierno rebasan de mucho
lo que se supondría una exigencia, por así decir,
específicamente étnica y exclusivamente popular.
Dos componentes en tensión en su discurso y las aspiraciones
del movimiento desde los inicios en el núcleo fundador
Ecuarunari. Desde el intento de golpe de estado militar-indígena
a hoy en día, cuando se ve tal como se actuó el
movimiento indígena durante el levantamiento de hace unos
meses, pues me llama la atención el cambio que ha ocurrido
en su manera de accionar. Me refiero a dos aspectos, por un lado,
el giro de radical en la manera de hacer política luego
de un intento de golpe por un grupo de militares aliados a los
dirigentes indígenas. Luego, por otra parte, durante el
levantamiento del 2001, es sorprendente el abandono de una aspiración
de toma del poder al estilo caudillo o grupo jacobino o leninista
que venía de la política republicana desde hace
dos largos siglos. Hay todo un enorme cambio en ese giro en 180º
que da el movimiento indígena cuando en un año
da un vuelco hacia una búsqueda de comunicación
con el sentido común ciudadano actual, o sea, una estrategia
de sentir y percibir las consonancias implícitas entre
la población indígena y amplios sectores sociales
ciudadanos; por último, hubo un retorno a las experiencias
de negociación con el gobierno, como ocurrió en
los anteriores levantamientos; fue un volver al saber político
propio del movimiento, luego de haberse aventurado en una línea
golpista fuera de sus experiencias e ideas innovadoras de la
política.
Como que hubo, entre el descabalgamiento de Mahuad y el levantamiento,
en apenas un año, cuando el movimiento parecía
en problemas y quizás en decadencia (le había fracasado
un levantamiento en septiembre 2000); hubo una reelaboración
que se integró en el acervo de conocimiento político
(los hábitos adquiridos y elaborados, o la cultura política,
como se quiera llamarlo, de los últimas tres décadas
y de dos sino tres generaciones de dirigentes e intelectuales).
Me parece que fue un retorno a contar sobre sí mismos,
como una fuerza política autónoma capaz de un discurso
propio (y no ese saber e historia golpista, hoy ambos tal vez
caducos, de militares presos de la nostalgia). Los dirigentes
volvieron a contar con su saber práctico, que fue lo que
quizás permitió que en los momentos más
críticos, cuando parecía indefectible una represión
violenta lanzada por los sectores duros del gobierno (el ministro
de gobierno Manrique estaba muy dispuesto, lo mismo que un sector
de la cúpula militar), que los dirigentes indígenas
delinearan tan rápidamente una estrategia exitosa que
detuvo el enfrentamiento y giró el conflicto, desde un
plano de oposición frontal violenta, hacia torcerle el
brazo al presidente y los ministros, y obligarles a sentarse
en la mesa de negociaciones del Palacio Carondelet, como en los
otros levantamientos.
HI. Obviamente estoy pensando en los sucesos del año 99
cuando ocurre una cristalización del grado más
agudo de conflicto sociopolítico de los últimos
años. En el año 99 tenemos una confluencia del
conflicto del ajuste en relación a las medidas que han
sido tomadas cíclicamente en términos de estabilización
macroeconómica que han originado protestas y luego estas
protestas llevan a un estilo de negociación; se retardan
nuevamente las medidas de ajuste macroeconómicas. Así,
las grandes medidas de ajuste estructural que tiene que ver con
la reforma del Estado y las privatizaciones, otra vez entran
en un curso de paralización. En el año 99 teníamos
un gran momento en el que se produjo una crisis económica
de las más fuertes en los últimos 20 ó 30
años. En esas circunstancias la población indígena,
el descontento de los sectores medios y la propia dinámica
del conflicto regional planteaba en sus propios términos
una direccionalidad del ajuste estructural, transfiriendo al
juego político una demanda que había estado latente
pero que nunca se había canalizado a niveles políticos.
AG. Se puede analizar el problema del ajuste estructural desde
el punto de vista de la imposibilidad instrumental de medidas
eficaces y la neutralización de la noción de política
desde el Estado nacional. La imposibilidad tiene un componente
de demanda popular muy fuerte, entonces realizar los cambios
estructurales y los ajustes económicos tiene un costo
social que el sistema político, el gobierno de turno no
puede resistir. Un ejemplo son las privatizaciones, como la del
Seguro Social. En ésta imposibilidad también han
jugado las Fuerzas Armadas como otro de los grupos de poder que
han amortiguado y al final neutralizado los ajustes estructurales
del Estado. Otro aspecto es la desintegración de un proyecto
político de cambio estructural en el sentido de que, y
esto se vincula con el conflicto regional, casi hay dos proyectos
nacionales en curso, aunque ambos se han ido debilitando: uno
que sería el de la Sierra que mantiene el proyecto de
un Estado nacional como tal era el proyecto decimonónico,
una tendencia histórica que quiere continuar aunque con
modificaciones. Lo cual significa que los conflictos sociales
serían negociados a través del Estado nacional,
lo que si ocurre en la Sierra. Pero en los últimos sucesos,
se hizo más evidente que nunca un corte radical entre
Sierra y la Costa.
* Andrés Guerrero
es un reconocido cientista social ecuatoriano que ha contribuido
decisivamente al conocimiento del siglo XIX y XX con estudios
históricos y sociológicos. Escribió inicialmente
sobre temas agrarios, recopilados en De la economía a
las mentalidades (1991). La semántica de la dominación
(1991), marca un hito dentro del conocimiento de la hacienda,
las relaciones laborales y los discursos. Recientemente compiló
Etnicidades (2000). En el año 2000 recibió la Mención
de Honor del Comité de Premios de la Conferencia sobre
Historia de América Latina al mejor artículo sobre
América Latina publicado en 1999 en revistas académicas.
Actualmente investiga sobre los linchamientos en la Sierra ecuatoriana
y un estudio comparativo de los cambios en la sociedad indígena
en Ecuador y Perú. Esta entrevista se realizó en
Madrid en febrero de 2001.
** Sociólogo. Autor de La otra cultura. Imaginarios,
mestizaje y modernización (1998). El CAAP publicó
en su serie Diálogos La guerra de 1941 entre Ecuador y
Perú. Una reinterpretación (1999).
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