Ecuador DEBATE Nº 52
 
 ENTREVISTA

CADUCIDAD DEL ESTADO NACIONAL, DEMANDAS ETNICAS Y CONFLICTO REGIONAL

Entrevista a Andrés Guerrero* por Hernán Ibarra**

Hasta muy recientemente, hablar de la globalización en el Ecuador era remitirse a un horizonte distante. Aparecía como una problemática cuyos nexos con el país eran tenues o débiles. Más, en un breve lapso de tiempo, la globalización se ha presentado en sus dimensiones más explícitas: la transformación del Estado nacional, propiamente la cancelación del Estado desarrollista, la emergencia de un conflicto regional que dota de nuevo sentido a la lucha política y los actores, y la demanda étnica que adquiere un nuevo contenido en relación al frustrado ajuste estructural

Hernán Ibarra. La situación del Ecuador se presenta con una alta complejidad. Desde los sucesos previos a la caída de Mahuad, cuando hay un alto protagonismo de la movilización indígena, hasta los sucesos recientes de enero de este año en que otra vez el protagonismo de la movilización indígena se hace presente. Sin embargo, entre los dos eventos, hay la presencia constante de un tema que está desde el levantamiento de junio del 90, la irrupción de la demanda étnica en la sociedad ecuatoriana. Curiosamente en los acontecimientos de los dos últimos años, van tomando peso demandas sociales relativas al ajuste estructural y los indígenas terminan siendo como una especie de condensación de los factores de resistencia y oposición al ajuste estructural. Esta es una idea inicial que pongo en el tapete para la discusión.
Andrés Guerrero. Me parece que propones dos temas. El primero es la caída del gobierno de Mahuad y, a partir de ese hito, reflexionar sobre la crisis del Estado. El segundo, sería repensar el movimiento indígena, en cuanto al tipo de sujeto político cuya demanda aunque "étnica" (una población discriminada por dimensiones a la vez de la historia colonial y de la republicana, ambas presentes), es cada vez más una exigencia, conjuntamente de un subproletariado comunero rural-urbano, una población discriminada en la vida cotidiana por el sentido común ciudadano y de una formación en clase social con visión de los problemas a escala nacional (o al menos serrana y amazónica). De todas maneras, los acuerdos con el gobierno rebasan de mucho lo que se supondría una exigencia, por así decir, específicamente étnica y exclusivamente popular. Dos componentes en tensión en su discurso y las aspiraciones del movimiento desde los inicios en el núcleo fundador Ecuarunari. Desde el intento de golpe de estado militar-indígena a hoy en día, cuando se ve tal como se actuó el movimiento indígena durante el levantamiento de hace unos meses, pues me llama la atención el cambio que ha ocurrido en su manera de accionar. Me refiero a dos aspectos, por un lado, el giro de radical en la manera de hacer política luego de un intento de golpe por un grupo de militares aliados a los dirigentes indígenas. Luego, por otra parte, durante el levantamiento del 2001, es sorprendente el abandono de una aspiración de toma del poder al estilo caudillo o grupo jacobino o leninista que venía de la política republicana desde hace dos largos siglos. Hay todo un enorme cambio en ese giro en 180º que da el movimiento indígena cuando en un año da un vuelco hacia una búsqueda de comunicación con el sentido común ciudadano actual, o sea, una estrategia de sentir y percibir las consonancias implícitas entre la población indígena y amplios sectores sociales ciudadanos; por último, hubo un retorno a las experiencias de negociación con el gobierno, como ocurrió en los anteriores levantamientos; fue un volver al saber político propio del movimiento, luego de haberse aventurado en una línea golpista fuera de sus experiencias e ideas innovadoras de la política.
Como que hubo, entre el descabalgamiento de Mahuad y el levantamiento, en apenas un año, cuando el movimiento parecía en problemas y quizás en decadencia (le había fracasado un levantamiento en septiembre 2000); hubo una reelaboración que se integró en el acervo de conocimiento político (los hábitos adquiridos y elaborados, o la cultura política, como se quiera llamarlo, de los últimas tres décadas y de dos sino tres generaciones de dirigentes e intelectuales). Me parece que fue un retorno a contar sobre sí mismos, como una fuerza política autónoma capaz de un discurso propio (y no ese saber e historia golpista, hoy ambos tal vez caducos, de militares presos de la nostalgia). Los dirigentes volvieron a contar con su saber práctico, que fue lo que quizás permitió que en los momentos más críticos, cuando parecía indefectible una represión violenta lanzada por los sectores duros del gobierno (el ministro de gobierno Manrique estaba muy dispuesto, lo mismo que un sector de la cúpula militar), que los dirigentes indígenas delinearan tan rápidamente una estrategia exitosa que detuvo el enfrentamiento y giró el conflicto, desde un plano de oposición frontal violenta, hacia torcerle el brazo al presidente y los ministros, y obligarles a sentarse en la mesa de negociaciones del Palacio Carondelet, como en los otros levantamientos.
HI. Obviamente estoy pensando en los sucesos del año 99 cuando ocurre una cristalización del grado más agudo de conflicto sociopolítico de los últimos años. En el año 99 tenemos una confluencia del conflicto del ajuste en relación a las medidas que han sido tomadas cíclicamente en términos de estabilización macroeconómica que han originado protestas y luego estas protestas llevan a un estilo de negociación; se retardan nuevamente las medidas de ajuste macroeconómicas. Así, las grandes medidas de ajuste estructural que tiene que ver con la reforma del Estado y las privatizaciones, otra vez entran en un curso de paralización. En el año 99 teníamos un gran momento en el que se produjo una crisis económica de las más fuertes en los últimos 20 ó 30 años. En esas circunstancias la población indígena, el descontento de los sectores medios y la propia dinámica del conflicto regional planteaba en sus propios términos una direccionalidad del ajuste estructural, transfiriendo al juego político una demanda que había estado latente pero que nunca se había canalizado a niveles políticos.
AG. Se puede analizar el problema del ajuste estructural desde el punto de vista de la imposibilidad instrumental de medidas eficaces y la neutralización de la noción de política desde el Estado nacional. La imposibilidad tiene un componente de demanda popular muy fuerte, entonces realizar los cambios estructurales y los ajustes económicos tiene un costo social que el sistema político, el gobierno de turno no puede resistir. Un ejemplo son las privatizaciones, como la del Seguro Social. En ésta imposibilidad también han jugado las Fuerzas Armadas como otro de los grupos de poder que han amortiguado y al final neutralizado los ajustes estructurales del Estado. Otro aspecto es la desintegración de un proyecto político de cambio estructural en el sentido de que, y esto se vincula con el conflicto regional, casi hay dos proyectos nacionales en curso, aunque ambos se han ido debilitando: uno que sería el de la Sierra que mantiene el proyecto de un Estado nacional como tal era el proyecto decimonónico, una tendencia histórica que quiere continuar aunque con modificaciones. Lo cual significa que los conflictos sociales serían negociados a través del Estado nacional, lo que si ocurre en la Sierra. Pero en los últimos sucesos, se hizo más evidente que nunca un corte radical entre Sierra y la Costa.


* Andrés Guerrero es un reconocido cientista social ecuatoriano que ha contribuido decisivamente al conocimiento del siglo XIX y XX con estudios históricos y sociológicos. Escribió inicialmente sobre temas agrarios, recopilados en De la economía a las mentalidades (1991). La semántica de la dominación (1991), marca un hito dentro del conocimiento de la hacienda, las relaciones laborales y los discursos. Recientemente compiló Etnicidades (2000). En el año 2000 recibió la Mención de Honor del Comité de Premios de la Conferencia sobre Historia de América Latina al mejor artículo sobre América Latina publicado en 1999 en revistas académicas. Actualmente investiga sobre los linchamientos en la Sierra ecuatoriana y un estudio comparativo de los cambios en la sociedad indígena en Ecuador y Perú. Esta entrevista se realizó en Madrid en febrero de 2001.
** Sociólogo. Autor de La otra cultura. Imaginarios, mestizaje y modernización (1998). El CAAP publicó en su serie Diálogos La guerra de 1941 entre Ecuador y Perú. Una reinterpretación (1999).

 
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