- El Estado nacional no
tiene el mismo papel en la Costa. Sigue una corriente histórica
desde los inicios de la República. La Costa, sobre todo
en el área de influencia del Guayas, donde se considera
que el Estado nacional es algo así como un artefacto manejado
por los serranos, artificial y explotador contra el cual hay
que resistir. La Costa busca ya una autonomía en cuanto
a su inserción sin mediaciones nacionales como región
productora en el mercado mundial, al estilo de la experiencia
decimonónica, pero en el contexto actual de la globalización.
Entonces, el ajuste estructural se imposibilita no solamente
por las repercusiones que provoca la resistencia social y étnica,
y por un Estado que ya no dispone de instrumentos para hacerlo,
sino por las dimensiones de una desarticulación regional
del país. Una posibilidad que parece estar en el ambiente
podría ser un autoritarismo estatal que se imponga en
ambos aspectos, una tendencia que quizás está en
curso y que cada vez más se podría definir como
un ejercicio de violencia sobre la resistencia popular y el empuje
de las exigencias de autonomía regional. La dolarización
puede ser leída en este sentido. Mantener o sostener la
dolarización en las crisis financieras que se vendrán
tarde o temprano y la extensión del conflicto colombiano
pueden dar las razones de mayor peso para un salto a un autoritarismo
estatal.
HI. Todo esto vendría a hacernos volver a la Coyuntura
del año 99 cuando el conflicto regional instala la demanda
de la descentralización también desde otros actores.
Emergen actores como Manabí, se instalan peticiones desde
autoridades regionales, locales. Esta demanda tiene un sentido
múltiple pero diríamos que en el caso de la demanda
regionalista de Guayaquil, nos encontramos con una región
que tiene un fuerte desarrollo económico y con la posibilidad
de articularse al mercado mundial en forma diversa a lo que ha
sido su vinculación.
AG. Una vinculación autónoma del Estado
nacional aunque no independiente.
HI. La autonomía de Guayaquil o la cuenca del Guayas tendría
que ver con la constitución de un espacio socioeconómico
con la capacidad de generar su propia autoridad política.
A.G. El problema es que probablemente esa autoridad política
no es tan necesaria en el sentido del proyecto decimonónico
de Estado nacional para la Costa. Digo que la Costa también
retoma un proyecto de hace dos siglos pero en una situación
de globalización. En el siglo XIX, en torno a Guayaquil
sobre todo, los territorios vinculados al mercado mundial con
la apertura de la frontera agrícola cacaotera y el poblamiento,
se iban esbozando en regiones por medio de esa vínculo.
La Costa de alguna manera se desarrolló así. Las
vinculaciones Sierra Costa eran muy esporádicas y distendidas,
casi inexistentes durante una buena parte del año puesto
que viajeros y arrieros no podían transitar por los caminos
durante meses de lluvia, cuando la corriente de Humboldt se aleja
y entra la del Niño. Hay que leer a los viajeros del siglo
XIX al respecto. No hay relaciones económicas relevantes
hasta aún décadas luego de la construcción
del ferrocarril a fines del siglo XIX y, sobretodo, hasta la
crisis del cacao y la mundial de 1930. Tampoco había casi
vínculos culturales. En cuanto a las políticas,
las había pero distendidas. Recordemos que fue recién
la Revolución Liberal que en 1912 consigue una real vinculación
económica de las dos regiones y que en 1925 la Revolución
Juliana prosigue la unificación nacional a nivel del estado
de las políticas públicas con la fundación
de instituciones, como el Banco Central, los organismos de regulación
de las entidades financieras, el monopolio estatal de la emisión
monetaria. Una pregunta que siempre me intrigó es: ¿por
qué la Costa siguió junto a la Sierra en un proyecto
conjunto a lo largo del siglo XIX y el primer cuarto del XX?
Quizás, la respuesta sea simple: porque era la alternativa
que mayor autonomía daba a los poderosos grupos familiares
de plantadores, banqueros y comerciantes guayaquileños,
esa pequeña oligarquía que emerge en la segunda
mitad del siglo; era tal vez la alternativa que menos amenazaba
su vinculación autónoma con el mercado mundial
de aquella época. La otra alternativa hubiera sido una
supeditación al Perú, una desventajosa competición
con grupos familiares aún más poderosos de banqueros,
terratenientes y exportadores de la Costa peruana (del guano,
el azúcar y el algodón) y la supeditación
a un Estado con mayor capacidad de intervención.
- Hay que contar con las
refluencias del pasado sin duda, pero también con las
afluencias del presente: el avance de la globalización,
la extensión de las redes internacionales, la caducidad
del Estado nacional. Hoy en día, la cuenca del Guayas
tiene la posibilidad, tanto como de hecho tendría la Sierra,
de vincularse al mercado mundial casi directamente por medio
del sistema internacional de transportes, los canales de comercio
internacionales, las redes de información y las financieras
ubicuas. Para ninguna de ellas es imprescindible del Estado nacional,
más aún con una apertura general de las fronteras
económicas que tiende a eliminar las aduanas. Al fin y
al cabo es lo que nos demuestra una de las más poderosas
y exitosas economías mundiales de exportación:
la de las drogas. Esa vinculación autónoma, sin
un Estado nacional que negocie las condiciones de inserción,
es una posibilidad realizada. La dolarización es un paso
más en ese sentido, una preparación aún
más avanzada para la inserción autonomizada de
algo así como ciudades con regiones de influencia o control
en el mercado mundial y las redes. Precisamente, la dolarización
lo que trataba es de eliminar las tentaciones de una política
monetaria, una regulación del cambio monetario, una regulación
estatal general. Ahora queda pocos instrumentos de lo que fue
la noción del siglo XX de una política económica
nacional. La pregunta que se esboza ahora sería por lo
tanto: ¿una ciudad región como la guayaquileña
o la quiteña necesita un Estado nacional para insertarse
en el mercado y las redes globalizadas? Tal vez lo que se requiere
es una suerte de nueva Gobernación del Guayas y las instituciones
de una sociedad civil regional, como la Junta de Beneficencia,
la Comisión de Tránsito, los organismos de gestión
de la ciudad y de la cuenca fluvial, etc.; o sea instituciones
de administración local. Tal vez hoy en día, ya
los peligros de absorción o de supeditación de
los países vecinos ya no son tales, como lo fueron en
el siglo XIX y al menos hasta mediados del XX y la región
del Guayas puede realizar un nuevo proyecto de autonomía,
con apenas pocos vínculos y negociaciones con la Sierra
y sin ningún proyecto político nacional.
HI. Aquí cabría preguntarse sobre los alcances
de un proyecto regionalista, en el sentido de si sería
factible pensar en una articulación federal del Estado
ecuatoriano. La factibilidad de que existiera una redefinición
de un Estado nacional que reconoce la autonomía de diversas
unidades regionales, eso sería una alternativa a otra
posibilidad, a otra hipótesis que podría ser la
secesión del Estado nacional en un caso extremo.
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