Ecuador DEBATE Nº 64
 
 TEMA CENTRAL

Algo que se reclamó y con justificada razón, fue la ausencia de representantes de Derechos Humanos, tan activos cuando se ejerce la violencia estatal en contra de la sociedad civil, pero sugestivamente pasivos en situaciones que involucran a sectores organizados de la sociedad (sindicatos campesinos en este caso) contra ciudadanos comunes.

Probablemente, un rol más activo de Derechos Humanos hubiera evitado el desastre de Warisata. Unos días después del incidente, se supo de la existencia de otro grupo de ciudadanos atrapados en la localidad de Liquisani por un bloqueo campesino y que exigían a las autoridades del gobierno una intervención militar para llegar a sus hogares en la ciudad de La Paz y el interior del país. Esta vez actuaron los activistas de la Asamblea de Derechos Humanos y con muchísimas dificultades, en coordinación con efectivos militares y policiales, lograron rescatar a la gente, sin muertos y heridos.

La situación se tornaba muy complicada para el gobierno que, a partir de ese momento, adoptó una estrategia defensiva. En cambio, los partidos políticos de la oposición, básicamente el MAS y el MIP, asumían una estrategia ofensiva para impedir la venta de gas a Norteamérica, revisar sustancialmente la Ley de Hidrocarburos y abrogar el D.S. 24806 que otorgaba a las transnacionales petroleras, la propiedad en boca de pozo de los hidrocarburos.

En todo caso, el movimiento social que comenzaba a gestarse no tenía un liderazgo definido. Ni Evo Morales y menos Felipe Quispe podrían atribuirse su dirección. Lo que en realidad había ocurrido era la emergencia de varios dirigentes sectoriales radicalizados como Jaime Solares, Roberto de la Cruz, algunos más de la Central Obrera Regional de El Alto, dirigentes vecinales y gremiales de la misma ciudad; todos ellos convergían precisamente en la idea de la NO VENTA DEL GAS por Chile. Pero al mismo tiempo, en algún momento a lo largo de este proceso de incubación del movimiento, debieron darse cuenta que disponían de verdaderas posibilidades para el éxito. Operaban a su favor dos cosas: un conjunto de recuerdos, tradiciones e imaginarios colectivos como los que están referidos a la mediterraneidad boliviana que al ser reinterpretadas en términos estratégicos, permiten dotar al grupo de argumentos legitimadores para la rebelión o establecen eficaces vínculos programáticos, aún cuando los mismos expresen la precariedad de la coyuntura4.

Ahora bien, se menciona que la gran mayoría de los movimientos ocurridos en la historia no han generado organizaciones nuevas, sino que se gestan aprovechando instituciones o formas de sociabilidad preexistentes, ajenas en principio, a los motivos de la revuelta5. Precisamente este rol fue asumido por las juntas vecinales de la ciudad de El Alto, facilitando la movilización y constituyendo un factor clave para el éxito final. En este sentido, los dirigentes radicales que consiguieron instalarse en medio del movimiento social, fueron meros articuladores de una dinámica que cobró una notable autonomía de posiciones ideológicas y filiaciones partidistas.

3. Días Aciagos, Días de Violencia

Todo empezó el 8 de Octubre con el anunciado paro cívico en la ciudad de El Alto. Las demandas son muy variadas pero sustancialmente giran en torno a la defensa del gas y el rechazo al ALCA. El gobierno minimiza la protesta aún cuando es perceptible el acatamiento del paro, en gran parte forzado por las juntas vecinales y organizaciones gremiales que implementan la medida incluso en contra de la voluntad de la mayoría de sus afiliados.

En términos objetivos, el paro estaba destinado al fracaso si en un plazo no mayor a 48 horas el gobierno respondía de una u otra manera las demandas de El Alto. Pero luego del mediodía, se producen los primeros enfrentamientos en Senkata, camino a Oruro, entre fuerzas combinadas del ejército y la policía con mineros que llegaban a la ciudad de forma agresiva, apedreando a los vehículos que por allí transitaban. Hay muertos y heridos entre los mineros. Además, la red radiofónica ERBOL transmite en vivo y directo los sucesos activando un sentimiento de indignación en la población. La teoría del conflicto señala que una respuesta desproporcionada por parte de las autoridades, es frecuentemente interpretada por el grupo rebelde como una provocación ilegítima, propiciando el escalamiento de la violencia6. Precisamente esto ocurre, facilitando la cohesión del insurgente movimiento social y una aguda polarización socio ­ política. Por su parte, la coalición de gobierno lanza una de las peores señales a la población, eligiendo en el Parlamento a un desconocido como Defensor del Pueblo, a contrapelo del apoyo ciudadano que había recibido la ex ­ defensora Ana María Romero de Campero.

Entre el Viernes y el Sábado los caminos hacia la ciudad de La Paz se van cerrando. Lo más grave, la existencia de gasolina, diesel y gas licuado se agota, pues, no es posible el abastecimiento desde la planta de Senkata ubicada, precisamente en la ciudad de El Alto.

Funcionarios de rango intermedio del gobierno todavía intentan algún acercamiento con los dirigentes gremiales y vecinales de El Alto, pero toda negociación se frustra rápidamente ya que existe intransigencia de ambas partes. El conflicto social entra en un proceso de radicalización táctica, que arrastra las demandas de los grupos rebeldes hacia el maximalismo7. Se habla ya de la renuncia del Presidente si no se abroga inmediatamente el D.S. 24806 y se convoca a referéndum vinculante para consultar al pueblo el destino del negocio del gas.

Todo hacía prever que el fin de semana habría una especie de cuarto intermedio en el conflicto; finalmente, la ciudad de El Alto vive fundamentalmente del comercio y los días de paro dañan la economía de miles de ciudadanos. Sin embargo, nada de esto sucede, pues, vecinos y comerciantes se mantienen firmes en la protesta. Hay que tener en cuenta que el tipo de disciplina exigida es directamente proporcional con la radicalidad de la protesta. Juntas vecinales y sindicatos de comerciantes aplican mano dura a sus bases para evitar fisuras en el movimiento con lo que se establece una estrategia de movilización que puede desarrollarse por un tiempo prolongado, aumentando las opciones de éxito.



4 Cfr. Cadarso, Pedro Luis Lorenzo: Fundamentos Teóricos del Conflicto Social; Siglo XXI de España Editores, S.A.; España 2001; (p. 104 ­ 109).
5 Ibid.; (p. 116)
6 Cfr. Cadarso, Pedro Luis Lorenzo: Fundamentos; Ob. Cit.; (p. 173 ­ 175).
7 Ibid.; (p. 148 ­ 149).
 
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