- LA CARENCIA DE CULTURA
EN EL LAZO SOCIAL: MENORES INFRACTORES
- Marie-Astrid Dupret
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- La mayoría o casi
todos los jóvenes delincuentes no tienen una familia "institucionalizada",
integrada estructuralmente a una comunidad más amplia;
no conocen ninguna cultura propia y menos aún están
reconocidos por una sociocultura determinada porque ningún
grupo social les considera como parte de su comunidad y porque
el amor de su madre no basta para inscribirles en la dimensión
simbólica. El resultado evidente es que sus comportamientos
sólo pueden ser alquilados a otros, a una sociedad que
no les devuelve ninguna identidad a cambio.
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- De los muchos nuevos
fenómenos que caracterizaron el siglo veinte, sobre todo
en su segunda mitad, las megápolis son uno de los más
importantes en cuanto a sus efectos sobre la vida individual
y comunitaria. Reúnen a poblaciones muy diversas tanto
en el plan social o étnico como en cuanto a su nivel económico;
incluso hay ciudades pequeñas donde no faltan chabolas
y barrios periféricos pobres. En América Latina
este crecimiento poblacional se debe a las emigraciones desde
el campo que se han vuelto imparables.
- Esta situación
ha dado lugar a un gran número de personas que viven fuera
de los lazos sociales más elementales y en un entorno
cultural precario. Es el caso de todos los menores infractores
que hemos conocido; nos servirán para ilustrar los efectos
de la carencia de un sociocultura sobre el desarrollo del sujeto.
De allí entenderemos mejor por qué de no tomar
en cuenta los aspectos psíquicos de los fenómenos
sociales, la violencia y la anomia crecerán de manera
insostenible. Por otro lado, a partir de estas consideraciones,
se podría pensar una nueva orientación de los programas
sociales que tome más en cuenta a las personas en sus
necesidades psíquicas y en su deseo fundamental de ser
como sujetos.
- Las migraciones
- Si bien las migraciones
son parte de la historia humana, existe un factor nuevo en la
actualidad: ya no son movimientos grupales como por ejemplo en
el tiempo de las "hordas bárbaras", sino que
consisten en procesos individuales que se suman los unos a los
otros, un poco al azar: se va una primera persona para probar
su suerte en la ciudad, y después un primo, un cuñado,
y por fin mujeres .ºEl abandono de la familia por niños
que van a engrosar el número de los llamados chicos de
la calle sigue las mismas pautas: se fue un hermano mayor como
cobrador en un bus interprovincial y se quedó en la capital
donde encontró una comida más fácil que
la escasez familiar y a veces una protección momentánea;
entonces se va el siguiente, y así no más.
Esta situación ha dado lugar a un gran número de
personas que viven fuera de los lazos sociales más elementales
y en un entorno cultural precario. Es el caso de todos los menores
infractores que hemos conocido; nos servirán para ilustrar
los efectos de la carencia de un sociocultura sobre el desarrollo
del sujeto. De allí entenderemos mejor porqué de
no tomar en cuenta los aspectos psíquicos de los fenómenos
sociales, la violencia y la anomia crecerán de manera
insostenible. Por otro lado, a partir de estas consideraciones,
se podría pensar una nueva orientación de los programas
sociales que tome más en cuenta a las personas en sus
necesidades psíquicas y en su deseo fundamental de ser
como sujetos.
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- * Psicoanalista, Miembro
de la Asociación Freudiana Internacional.
- 1 Si bien muchos chicos
de la calle en Ecuador tienen todavía recuerdos de su
familia y de su dirección, el fracaso de los programas
de reinserción muestran que la familia a menudo carece
de institucionalidad y por ende no constituye una fuerza de integración
para los hijos, de tal modo que el fenómeno de atomización
del grupo familiar se repite sin fin.
Las pretendidas culturas a las cuales se adscribe a veces algunos
de esos grupos o las pandillas suelen más bien ser modas
limitadas tanto en sus contenidos como en sus elaboraciones
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