Ecuador DEBATE Nº 52
 
 TEMA CENTRAL

LA CARENCIA DE CULTURA EN EL LAZO SOCIAL: MENORES INFRACTORES
Marie-Astrid Dupret
 
La mayoría o casi todos los jóvenes delincuentes no tienen una familia "institucionalizada", integrada estructuralmente a una comunidad más amplia; no conocen ninguna cultura propia y menos aún están reconocidos por una sociocultura determinada porque ningún grupo social les considera como parte de su comunidad y porque el amor de su madre no basta para inscribirles en la dimensión simbólica. El resultado evidente es que sus comportamientos sólo pueden ser alquilados a otros, a una sociedad que no les devuelve ninguna identidad a cambio.
 
De los muchos nuevos fenómenos que caracterizaron el siglo veinte, sobre todo en su segunda mitad, las megápolis son uno de los más importantes en cuanto a sus efectos sobre la vida individual y comunitaria. Reúnen a poblaciones muy diversas tanto en el plan social o étnico como en cuanto a su nivel económico; incluso hay ciudades pequeñas donde no faltan chabolas y barrios periféricos pobres. En América Latina este crecimiento poblacional se debe a las emigraciones desde el campo que se han vuelto imparables.
Esta situación ha dado lugar a un gran número de personas que viven fuera de los lazos sociales más elementales y en un entorno cultural precario. Es el caso de todos los menores infractores que hemos conocido; nos servirán para ilustrar los efectos de la carencia de un sociocultura sobre el desarrollo del sujeto. De allí entenderemos mejor por qué de no tomar en cuenta los aspectos psíquicos de los fenómenos sociales, la violencia y la anomia crecerán de manera insostenible. Por otro lado, a partir de estas consideraciones, se podría pensar una nueva orientación de los programas sociales que tome más en cuenta a las personas en sus necesidades psíquicas y en su deseo fundamental de ser como sujetos.
Las migraciones
Si bien las migraciones son parte de la historia humana, existe un factor nuevo en la actualidad: ya no son movimientos grupales como por ejemplo en el tiempo de las "hordas bárbaras", sino que consisten en procesos individuales que se suman los unos a los otros, un poco al azar: se va una primera persona para probar su suerte en la ciudad, y después un primo, un cuñado, y por fin mujeres .ºEl abandono de la familia por niños que van a engrosar el número de los llamados chicos de la calle sigue las mismas pautas: se fue un hermano mayor como cobrador en un bus interprovincial y se quedó en la capital donde encontró una comida más fácil que la escasez familiar y a veces una protección momentánea; entonces se va el siguiente, y así no más.

Esta situación ha dado lugar a un gran número de personas que viven fuera de los lazos sociales más elementales y en un entorno cultural precario. Es el caso de todos los menores infractores que hemos conocido; nos servirán para ilustrar los efectos de la carencia de un sociocultura sobre el desarrollo del sujeto. De allí entenderemos mejor porqué de no tomar en cuenta los aspectos psíquicos de los fenómenos sociales, la violencia y la anomia crecerán de manera insostenible. Por otro lado, a partir de estas consideraciones, se podría pensar una nueva orientación de los programas sociales que tome más en cuenta a las personas en sus necesidades psíquicas y en su deseo fundamental de ser como sujetos.
 

 
* Psicoanalista, Miembro de la Asociación Freudiana Internacional.
1 Si bien muchos chicos de la calle en Ecuador tienen todavía recuerdos de su familia y de su dirección, el fracaso de los programas de reinserción muestran que la familia a menudo carece de institucionalidad y por ende no constituye una fuerza de integración para los hijos, de tal modo que el fenómeno de atomización del grupo familiar se repite sin fin.
Las pretendidas culturas a las cuales se adscribe a veces algunos de esos grupos o las pandillas suelen más bien ser modas limitadas tanto en sus contenidos como en sus elaboraciones
 
  <----

---->