Ecuador DEBATE Nº 65
PRESENTACION
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La cuestión regional, su forma discursiva encarnada en los regionalismos, es tan antiguo como la formación misma de los estados nacionales. Su politización exacerbada ha producido cruentas luchas, en algunos casos amparadas en diferencias étnicas. Asistimos a un momento de reivindicación de lo regional como una aspiración legitimada en las posibilidades, vía la explotación de recursos naturales localmente existentes, de nichos de mercado a lo que se insertaría un determinado producto, normalmente en condición primaria, e incluso bajo la forma de maquiladoras, para alcanzar el tan anhelado y al mismo tiempo tan lejano, desarrollo desde lo local-regional.
Este mirarse así mismo pone en cuestión al Estado-nación, una de cuyas razones de existencia es el "bien común", entendido como la capacidad y obligatoriedad de buscar el equilibrio entre territorios y sectores sociales, propiciando la igualdad de oportunidades, fundamento de la democracia. En sus versiones más radicales los regionalismos toman distancia del conjunto territorial, resquebrajando el ideal de solidaridad interna y por ende la razón de estado.
En esta perspectiva, aparece como una tarea necesaria el repensar la conformación y capacidades del estado, la idea de una patria de todos, no es suficiente, como tampoco la de descentralización de competencias, por acuerdos con los gobiernos locales como es el caso ecuatoriano, ya que las regiones pugnan por articularse, unilateralmente, a la mundialización de los mercados en curso, tienden a revalorizar y acentuar sus modos y maneras de ser, reforzando o reinventando diferencias culturales, un "otro" dentro del espacio de la nación, así como también a agruparse y expresarse políticamente en movimientos y opciones partidario-políticas locales. Los partidos nacionales o con intenciones de serlo, pierden capacidad de convocatoria y sus electores los acogen como expresiones de las reivindicaciones locales.
Tal es el caso de Ecuador y posiblemente sea una de las causas de la constante desinstitucionalización del sistema democrático, como señala R. Santana los prejuicios ideológicos pesan a la hora de asumir el problema y la ausencia de actores territoriales, asunto que debe ser estudiado y puesto a discusión, dificulta el asumir las realidades que exigen los actuales momentos en la relación de lo local con lo global.
Si bien el estado unitario se consolida en el siglo XX, sobre todo acompañado por los recursos manejados por el estado de los recursos generados por la exportación petrolera, en permanente disputa, esta visión, como indica H. Ibarra, coexistió con versiones en el plano local, produciéndose una reapropiación histórica y simbólica de particularismos locales. Estos particularismos, sobre todo en la dualidad Costa-Sierra, se han exacerbado y los límites entre la nación y la región son cada vez más porosos, faccionalistas, con pronósticos aunque pueden ser acusados de "descabellados", de fragmentación.
Una situación similar, quizá más visible, se vive en Bolivia, en el debate público sobre las autonomías está de por medio la transformación del estado unitario, desde un Estado simple a un Estado compuesto por autonomías, siguiendo a la experiencia española, según lo expuesto por F.X. Barrios, en su artículo.
La versión más cercana de un radical proceso de regionalización organizado desde el Estado, en el marco de un régimen dictatorial, es la chilena, como una decisión geopolítica que definió trece regiones. Sin embargo, según el aporte de I. Navarro, están surgiendo planteamientos secesionistas que buscan un replanteamiento de la regionalización ordenada en 1974. La evaluación de lo acontecido pone de manifiesto la necesidad de replantearse la representación política, las identidades locales y las transformaciones necesarias para contar con espacios regionales "competitivos e inteligentes", de cara a los efectos e inflexiones de la globalización imperante.
En Perú, la regionalización, en una nueva versión distinta a la que se enunciara en la constitución que inaugura la reimplantación del régimen democrático, confronta dificultades que requieren superarse, ya que no se trataría, según el artículo de J. Azpur, de articular los antiguos y actuales Departamentos, en nuevas regiones, con ello se estaría abstrayendo las identidades conformadas históricamente, así como la tradición centralista y la fragmentación política. La representación política, la asignación y distribución de los recursos públicos, son puntos centrales para la decisión sobre una nueva conformación regional, que requiere de una decisión colectiva y un soporte desde el estado, tal como lo ocurrido en Europa en donde el proceso de regionalización fue paralelo al de europeización, alcanzando las regiones capacidades de gobernar e incrementar su peso económico, análisis que aparece en el trabajo de M. Caciagli.
De la lectura de los artículos que conforman el tema central de este número, se desprende tanto la vigencia de la cuestión regional, en sus variadas dimensiones, y la urgencia de confrontar las reivindicaciones locales hacia una reconfiguración de los actuales estados nacionales. Volver visibles y sujetos de debate los distintos planteamientos y aspiraciones constituye un requerimiento básico para lograr sólidos estados democráticos, quizá construidos desde las regiones y no tanto desde la descentralización desde el estado, que ha perdido capacidades de centralidad, sobre todo por el neoliberalismo acríticamente acogido, en la búsqueda al menos de una "respública" que contenga un proyecto colectivo identificatorio.
En Coyuntura, contando con el valioso aporte de P. Ospina, se analiza el abrupto final del gobierno de Gutiérrez, que tuvo como iniciales protagonistas a las clases medias y una posterior y menor participación de sectores populares. Que motiva a las clases medias a la protesta abierta y decidida, es una de las interrogantes. El que: "se vayan todos", como rechazo a la política y a toda dirección política, tiene como resultante una deslegitimación de los partidos y de la representación política. Desde 1977 la gente usa las calles para revocar el mandato presidencial.
La integración de las naciones de la región, es otro de los asuntos de noticia diaria, las ofertas de los gobiernos son recurrentes, sin embargo los resultados son pobres, casi inexistentes. Según el artículo de E. Gudynas, la época neoliberal que nos atraviesa ha producido importantes cambios en nuestras sociedades y como consecuencia estamos embarcados en modelos de "integración blanda", en los que caben todos los discursos sin que éstos logren una vertebración política entre países.
En la sección análisis, con la participación de R. Lalander a través de su trabajo comparativo entre los procesos de descentralización en Venezuela y Bolivia, volvemos sobre esta problemática a la que dedicáramos el número 61. Lalander nos recuerda que la descentralización en América Latina fue realizada en un contexto de reformas del estado y de las presiones de las agencias multilaterales. En el caso venezolano contribuyó a minar la hegemonía bipartidista, mientras que en Bolivia, la ausencia de una reforma más integral, que incluya a los Departamentos, impidió una descentralización real, en el marco de una aguda demanda desde las regiones.
Para un país de "vocación" migrante, la familia es uno de los temas vitales para las ciencias sociales. A esa intención y hacia centrar las diversas entradas, sobre todo para un acercamiento a la producción teórica, es de gran utilidad el artículo de R. Cruzata Santos conteniendo elementos indispensables para nuevos estudios y comprensiones.
Debate Agrario-Rural cuenta un novedoso ejercicio multidisciplinario teniendo como base la ingeniería ambiental, de los efectos y realidades en la cada vez más preocupante erosión de los páramos, fundamentales proveedores de agua y fuente de vida de una particular y única vida silvestre. En el deterioro de los suelos actúan tanto condiciones naturales como humanas. La precariedad, cada vez mayor, de los ingresos de los campesinos de altura, así como el crecimiento demográfico, presionan hacia ampliar hacia arriba la frontera agrícola, agudizando el proceso erosivo.
El tema central se presta, en momentos en que se ha vuelto a hablar de la reforma política, para un amplio debate y particularmente para acometer estudios e investigaciones que sustenten las diversas posiciones. En la medida de nuestras posibilidades, trataremos, desde varios de sus ángulos, de proseguir con el tema.
LOS EDITORES
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