Ecuador DEBATE Nº 65
COYUNTURA
Al abrir audazmente los micrófonos a la gente que llamaba por teléfono, y al combinar la apertura de la emisora con el estilo mordaz y agitador del director de noticias Paco Velasco, se proporcionó el principal mecanismo práctico para una progresiva "auto - convocatoria" a las movilizaciones. Se resolvía así, de manera imprevista, el problema político central: cómo romper la desconfianza que inmovilizaba. Si en algo se pareció esta movilización a las multitudes negristas fue precisamente en el rechazo a toda forma de centralización organizativa, en la canalización improvisada de la creatividad para expresar la indignación, en la organización repentina de manifestaciones en varios sitios, que terminaban por tener una racionalidad que semejaba la planificación pero que en realidad nadie planificó. Pero a diferencia del ímpetu liberador, de la espontaneidad innata de la rebelión contra el poder, del deseo libidinal de liberación que anima a las multitudes negristas, las multitudes quiteñas salieron armadas no solamente de su indignación contra el autoritarismo y el desgobierno sino repletas de su historia cultural, de sus aspiraciones inmediatas, de su origen social y de sus prejuicios. Así son las revoluciones verdaderas7.
La movilización auto - convocada creció poco a poco. Las voces que se intercambiaban en Radio La Luna fueron haciéndose cada vez más decisivas conforme crecía. La gente en sus casas ponía los parlantes de sus transistores con dirección a la calle para que el resto pudiera oir los informes que otros manifestantes espontáneos daban por teléfono sobre lo que pasaba en su barrio, para comunicarse unos con otros y actuar. Sin embargo, este método improvisado de acción, por llamativo y notable que fuese, siguió siendo utilizado entre el 13 y el 18 de abril fundamentalmente por las clases medias indignadas. Hasta esa fecha, la movilización fue ante todo festiva, con inmensa participación de mujeres y familias, pacífica y de enfrentamientos limitados. Los sectores populares empiezan a participar lentamente, poco a poco desde el 16, pero solo lo harán más masivamente a partir del 19 ¿Cuáles fueron los acontecimientos que están en la base de ese cambio crucial del tamaño, del carácter violento y de la composición social de la movilización los días 19 y 20 de abril?
El primero parece ser la descalificación y minimización que Gutiérrez hizo de las movilizaciones quiteñas llamando a sus integrantes "forajidos". La movilización inorgánica y desordenada adquirió entonces algo que no tenía: identidad. Al retomar el nombre del acusador, los manifestantes se reconocieron entre sí, encontraron una denominación que los unificaba y los animaba. Una multitud sin organización centralizada pero con nombre propio. Ese detalle tuvo un profundo efecto psicológico.
El segundo fue el fracaso del Estado de Emergencia el día viernes 15 y el sábado 16 de abril. La señal fue clara. Gutiérrez no tenía un apoyo unánime de las Fuerzas Armadas. Las tropas no salieron. Hicieron compás de espera. Junto al Estado de Emergencia, Gutiérrez decretó la ilegal destitución a la Corte Suprema de Justicia ilegal (el ejecutivo no tiene facultad para destituir a los jueces). La medida, que negociada en el parlamento lo hubiera salvado dos semanas atrás, llegaba demasiado tarde. Exactamente lo mismo que le pasó a Bucaram con las medidas económicas del paquetazo de enero de 1997. Dio un paso al costado cuando el río desbordaba su cauce. ¿Por qué Gutiérrez no cambió la Corte cuando tuvo tiempo? ¿Por qué tuvo que esperar para cuando ya no importaba? La respuesta no está solamente en su incapacidad personal o la de sus asesores, sino en el carácter inestable y frágil de la mayoría parlamentaria de la que su poder dependió durante la crisis. La tensión entre Bucaram y Noboa por un lado, y las ambiciones interminables de los diputados independientes (a los que solo podía mantener a su lado mediante constantes concesiones) lo tenían de rehén mucho más que de dictador. Bucaram estaba obligado a volver al país independientemente de las especulaciones que podamos hacer sobre su pacto con Noboa para dejarle el paso libre en las siguientes elecciones (Noboa y Bucaram compiten por el mismo electorado). El Partido Roldosista Ecuatoriano había sido el gran derrotado de las elecciones de octubre, se desgajaba por todos lados en sus bastiones tradicionales de las provincias pequeñas de la costa y tenía enormes dificultades para mantener su popularidad. La manifestación organizada que lo esperó a su regreso del exilio en Guayaquil el día de la muerte del Papa fue mucho menos numerosa de lo que cualquier observador informado podía esperar. La ruptura de la alianza parlamentaria que mantuvo mayoría en el Congreso ocurrió unos pocos días antes del desenlace, cuando no estaba anunciado que volvería de Panamá, salvo para los amigos íntimos: Noboa empezó entonces a pedir la renuncia de Gutiérrez y éste empezó a presionarlo desde el Servicio de Rentas Internas. La ruptura de la mayoría parlamentaria cayó por su tensión más evidente. El delicado equilibrio que permitió a Gutiérrez mantener la mayoría, le impedía resolver el problema de la Corte.
El tercero, y finalmente decisivo, fue la movilización de partidarios de Gutiérrez desde las provincias de la costa, traídos por su primo, Renán Borbúa. Era una táctica que ya le había dado resultados en enero y febrero al organizar contramarchas más pequeñas a las marchas de la oposición. El carácter y tamaño de las manifestaciones sociales hasta el lunes 18 podía alentar perfectamente la idea de que la operación se haría otra vez exitosamente. La calma relativa de las manifestaciones el domingo y el lunes ("tiempo de descanso y respiro"), así como el regreso a clases de los estudiantes el lunes y el martes sin grandes sobresaltos, también hacía pensar que era una táctica viable. Por último, es claro que se trató de un recurso orquestado luego de la negativa militar a intervenir en la represión de las manifestaciones. No es descabellado pensar que tal vez fue una operación que tenía el propósito adicional de involucrar a ciertos batallones y oficiales leales al gobierno en la resolución de la crisis: por eso varios contingentes de la costa fueron transportados en convoyes militares.
La magnitud de la manifestación nocturna del martes 19 de abril, cuando ya se sabía la posible llegada de convoyes de contra - manifestantes, hizo dudar de estos cálculos. La participación se volvió abrumadora. La marcha que salió de los Shyris, al norte de la ciudad, se fue alimentando sorpresivamente en el camino al Congreso con una marea humana salida de ningún lado. Fue la primera señal de una participación popular significativa, aunque todavía minoritaria, que se entremezcló con la de las clases medias. La dura represión policial esa noche cobró la primera víctima y el salto desde manifestaciones de clase media festiva hacia manifestaciones con sectores populares, dio su primer paso firme. Un muerto parecía demasiado en un país como Ecuador y en una ciudad como Quito, con un presidente tan débil.
La represión de ese día alentó la resistencia del siguiente. El día miércoles 20 de abril la batalla contra los "buses de monos" fue inusitada 8. Los manifestantes festivos de la primera fase de la movilización dejaron de asistir a los lugares claves del enfrentamiento que vendría. Me relataron el caso de la entrada por la Floresta en el camino desde Guápulo, al nororiente de la ciudad. Convoyes militares con no menos de un millar de contra - manifestantes armados resguardados por efectivos del ejército fueron atajados por las poblaciones de Guápulo. Lograron sortear el primer escollo. Pero al llegar a la Floresta, el barrio entero se movilizó contra los invasores. Varios miles de moradores armados de palos y piedras no se arredraron ante los disparos que provenían de los convoyes. Lograron pasar el segundo obstáculo pero con mayores dificultades y, sobre todo, con menos seguridad en sí mismos y su fuerza. No esperaban semejante resistencia. Esperaban que la gente se asustara con los disparos. No sabían a lo que venían. Al llegar a la Vicentina se encontraron con un tercer escollo igual de multitudinario: miles de estudiantes de la Escuela Politécnica, de la Universidad Católica y de la Universidad Andina armados de palos, piedras e incluso algunas armas, que ya habían aparecido en la Floresta. La batalla campal fue descomunal para los estándares ecuatorianos. En la confusión, un grupo de contra - manifestantes del convoy cayó cuando el conductor buscaba acelerar para esquivar a los defensores de la ciudad y una mujer fue arrollada por la ambulancia militar que los seguía. Fue la segunda víctima. Ante la tragedia, bajó la combatividad de los miembros de los convoyes, que se rindieron a la multitud. Fueron desarmados, algunos apaleados y otros expuestos ante los medios de comunicación para que confesaran que venían pagados y que no sabían lo que les esperaba. Es solo un ejemplo de la magnitud inédita de la resistencia. En las afueras del Ministerio de Bienestar Social se vivió una jornada de violencia similar justo ante las puertas de quien sintetizó la defensa mafiosa del gobierno y el odio condensado de las clases medias: el Subsecretario de Bienestar Social, Bolívar González.
7Hardt, Michael y Antonio Negri 2002 [2000]. Imperio. A. Bixio (trad.). Buenos Aires, Barcelona, México: Paidós. Estado y Sociedad 95, pp. 323-74.
8"Monos" es el apelativo despectivo que en la sierra se usa para designar a los habitantes de la costa.
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