Ecuador DEBATE Nº 65
 
 COYUNTURA

Desde la integración blanda y el comercio rígido al regionalismo autónomo*

Eduardo Gudynas **

Mientras los gobiernos ofrecen discursos anunciando la integración Latinoamericana, la realidad cotidiana muestra que esos intentos se enfocan en acuerdos económicos con pobres resultados. La década neoliberal ha cambiado sustancialmente nuestras sociedades y una de sus consecuencias es la defensa de una "integración blanda" que permite amparar los más diversos discursos pero que no logra una vertebración política entre los países ya que las condiciones de un "comercio rígido" hacen que unos compitan contra otros.

Los procesos de integración regional de América Latina están inmersos en una situación paradojal. Por un lado ha ganado terreno la defensa de una unión más vigorosa y estable entre países, la que es constantemente invocada desde las tribunas políticas. Pero; por otro lado no se logran concretar medidas efectivas para establecer esa integración más profunda, los conflictos comerciales se repiten, el fantasma de cierto nacionalismo simplista se asoma a cada tanto, y el camino de las alternativas concretas apenas se está esbozando.

Los análisis convencionales enfatizan los aspectos comerciales y económicos, tales como las medidas arancelarias. Pero esas cuestiones no alcanzan la médula de los problemas de la integración regional. La integración Latinoamericana no es un mero hecho comercial, y no puede ser analizada únicamente desde el campo económico, sino que en realidad expresa hechos políticos. En este artículo se abordan algunos de esos aspectos, y en especial aquellos que están pasando desapercibidos o bien aparecen confundidos con otras cuestiones. Entre otros se destaca el que a pesar de la supuesta "derrota" del neoliberalismo, se cumplieron casi todas las reformas propuestas, las que generan nuevos escenarios sociales y económicos; se analizan los efectos que generan aquellos nuevos gobiernos que se autodefinen como "progresistas" pero que todavía no logran concretar medidas económicas y comerciales alternativas. Cuando se incorporan esos temas olvidados se observa que se mantienen condicionantes económicas y estrategias comerciales rígidas, mientras que las propuestas de integración son imprecisas, recubiertas con declaraciones de aspiraciones muy variadas, y por lo tanto acomodando visiones muy distintas que logran pocas medidas efectivas.

La marcha reciente de la integración

Los esquemas de integración ensayados por los países Latinoamericanos desde mediados de la década de 1980 han sufrido muchos cambios. La crisis económica y política de aquellos tiempos terminó en una redefinición internacional de varios países. Por ejemplo, se redujo la competencia por el liderazgo regional (Colombia centró su atención en sus conflictos internos y estrechó sus relaciones con EE.UU., México avanzó en una asociación funcional de su economía a la de Estados Unidos, Argentina comenzó una dura reforma neoliberal, etc.). Los acuerdos regionales con una larga historia, como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o el Mercado Común Centroamericano (MCCA), sufrieron muchas modificaciones que si bien eran frecuentemente presentadas como un "relanzamiento", en realidad recortaban sus aspectos políticos y acentuaban los objetivos comerciales. Paralelamente se crearon nuevos acuerdos, destacándose el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur).

En el plano geopolítico, Estados Unidos continúa desempeñando un papel sobresaliente hacia condicionar y modificar la agenda regional, tanto por medios diplomáticos, como a través de instrumentos económicos o incluso intervenciones directas. En este plano EE.UU. está avanzando en una estrategia que abandona el multilateralismo para basarse en posturas unilaterales (con expresiones en temas comerciales, por ejemplo, prefiriendo los TLCs a las negociaciones globales en la OMC; Gudynas, 2004). La relación comercial que defiende Washington es asimétrica, basada en ganar acceso a los mercados de los países de América Latina mientras mantiene sectores domésticos protegidos (por ejemplo, agricultura), impone el libre flujo de capitales y regulaciones sobre temas como patentes y protección a las corporaciones. La propuesta del ALCA significaba profundizar esos cambios por medio de una ampliación de un acuerdo tipo TLCAN al resto del continente. Esta visión del "libre comercio" ha quedado asociada a su estrategia de seguridad nacional (véase US 2002).

En el plano económico y comercial, los intentos de integración también están limitados por la condición periférica y subordinada de los países Latinoamericanos (véase por ejemplo las discusiones en Arrighi 1998, Martins 2005). La estructura productiva muestra una fuerte participación de la extracción de materias primas, una alta proporción de ellas alimentando las exportaciones, siendo tomadores de precios internacionales, y por lo tanto muy sensibles a los vaivenes en los mercados globales. En muchos casos la deuda externa acentúa aún más las condicionantes impuestas por los agentes financieros, promoviendo reformas más profundas en busca de atraer inversiones. En casi todos los países se llevaron adelante reformas neoliberales que limitan las opciones económicas, pero que además condicionan las opciones posibles en la integración. Así, se efectuaron privatizaciones de empresas estatales, avanzándose en la transnacionalización de la economía, la liberalización del comercio y flujo de capitales; la inversión extranjera cobró un papel sustancial.

Las empresas estatales privatizadas terminaron en manos de un conjunto reducido de transnacionales que en la mayor parte de los casos son indiferentes o contrarias a los procesos de integración. En unos pocos casos, especialmente en el Cono Sur, fortalecieron algunas coordinaciones productivas en tanto implantaron nodos de actividad a nivel regional, donde solo se conservaban unas pocas filiales mientras se cerraban las demás con el consiguiente impacto laboral (por ejemplo, en el sector automotor se mantenía una o dos plantas de fabricación desde donde se abastecía todo el Mercosur, clausurándose las demás filiales).

En muchos casos tuvo lugar una desindustrialización con pérdida de puestos de trabajo genuinos, ocasionando el aumento de la informalidad y persistente pobreza para una enorme proporción de Latinoamericanos. Si bien crecieron las exportaciones, esto no se logró por un salto cualitativo en las capacidades de industrialización, ya que en muchos países se acentúo todavía más la exportación de productos primarios. Paralelamente las importaciones crecieron mucho más, generando déficits comerciales crecientes, a lo que se sumó el regreso del peso del endeudamiento externo (véase CEPAL 2001; Birch y Haar 2000; Martins 2005).


* El presente texto es una versión revisada de un artículo publicado en la "Revista del Sur", y ofrece adelantos de un próximo libro del autor sobre integración regional y desarrollo sustentable.
** Gudynas es investigador en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad ­ América Latina) y CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo, Uruguay (claes@adinet.com.uy).
 
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