Ecuador DEBATE Nº 65
TEMA CENTRAL
Acerca del localismo ecuatoriano
Hernán Ibarra C.
En el Estado unitario centralizado ecuatoriano, las ideologías territoriales tuvieron una consolidación en el siglo XX, coexistiendo con versiones de estas ideologías en el plano local. Efectivamente, entre 1920 y 1960 emergieron determinadas manifestaciones de identidad local cuyas huellas fueron la prensa local y las monografías de localidades y pueblos. Se produjo una reapropiación histórica y la construcción de símbolos identitarios que confluyeron en el particularismo local. Fueron representaciones sociales elaboradas por intelectuales de provincia que adaptaron al plano local los modos de construcción nacional y sustentaron el éxito relativo del Estado nacional en diseminar una ideología territorial y la aceptación de los símbolos patrios.
Desde 1830 hasta la actualidad, el Ecuador ha atravesado un proceso de construcción nacional que pasó desde los intentos por establecer un sentido nacional en el siglo XIX hasta la consolidación de un Estado centralizado después de 1930. Este ciclo de construcción estatal nacional llegó hasta 1980, cuando empieza un proceso de redefinición de las relaciones entre Estado y sociedad en el marco del ajuste estructural. A fines del siglo XX, se produce una nueva situación dada por lo que Appadurai ha llamado lo posnacional, definido por los cambios en los imaginarios nacionales y las funciones clásicas de los Estados, cuando irrumpen simultáneamente las presiones de la globalización y otras de tipo local y regional.
Todo esto significa un cambio en la concepción del Estado nacional en su papel como expresión de la soberanía y proveedor de imágenes unificantes en lo que se concibe como identidad nacional.
La existencia de una situación posnacional, trae una circunstancia de cuestionamiento al Estado nacional como fuente principal de identidad. Lo posnacional alude a que se abre un abanico de lealtades e identidades que ya no son exclusivamente definidas por imaginarios nacionales1. Por tanto, se produce una crisis de lo que se suele concebir como identidades nacionales. Estas se encuentran asediadas por cuestionamientos étnicos que demandan la asunción del pluralismo cultural y presiones regionalistas que apuntan a un protagonismo político de las regiones.
Los idearios ahora en declinación- que sustentaban el Estado nacional fueron muy vigorosos y anclados en los mecanismos de dominación política y cultural. Como dice Geertz, las ideologías nacionalistas, tienen su origen en los grupos dominantes que buscan con un marco simbólico integrador, dar sentido a una profunda diversidad social y étnica en nombre de una identidad general2. A esto también alude Mann, con su argumento de que son los "nacionalistas estatistas" quienes crean inicialmente el sentimiento nacionalista, sustentándose en los funcionarios del Estado y la extensión del sistema educativo. Es un nacionalismo que se implanta inicialmente en las elites y las clases medias, para diseminarse luego a las clases bajas3.
Según la conocida definición de Benedict Anderson, la nación es una comunidad política imaginada, surgida a través de la creación de nuevos lazos que han desplazado el mundo ideológico tradicional anterior4. Uno de los argumentos centrales de Anderson, tiene que ver con lo que el denomina el aparecimiento del "capitalismo impreso". Este sería la publicación masiva de textos que contribuyeron a desarrollar procesos imaginarios. Tanto la novela como el periódico, surgidos en el siglo XVIII, tuvieron una forma de representación imaginaria en la cual puede ocurrir una simultaneidad de tiempos con personajes distantes y distintos que sin embargo se hallan vinculados por la trama literaria.
El Estado nacional construye una territorialidad, que define tanto los límites externos con otros Estados, e internos con las relaciones de las regiones o zonas internas con el territorio nacional. Los limites internos, son demarcaciones administrativas que en los modelos estatales centralizados, tienden a efectuar definiciones que garantizan el control del centro sobre la periferia.
De esta manera, el territorio en sus limites externos e internos, recurre a la historia y la geografía. Con la historia, en tanto se construye una historia nacional circunscrita a un territorio. Con la geografía, en cuanto hay un espacio encerrado en distintos límites. Todo esto contribuye a generar una identidad nacional. La organización política estatal está relacionada con el territorio geográfico y su procesamiento se expresa como una ideología territorial con sus símbolos unificantes y criterios de pertenencia en la historia y geografía particular de su territorio, su cultura, tradiciones, lenguaje y paisaje5.
En el caso de un Estado unitario centralizado como el ecuatoriano, las ideologías territoriales tuvieron una consolidación en el siglo XX, coexistiendo con versiones de estas ideologías en el plano local. Efectivamente, entre 1920 y 1960 emergieron determinadas manifestaciones de identidad local cuyas huellas fueron la prensa local y las monografías de localidades y pueblos. Pero ese florecimiento se desarrolló en el marco de sociedades locales caracterizadas por la desigualdad y una ciudadanía restringida. Esto implicaba una reapropiación histórica y la construcción de símbolos identitarios. Este particularismo local, no impulsó agregaciones más amplias de escala regional. Se trata de representaciones sociales que adaptaron al plano local los modos de construcción nacional.
I Durante el siglo XX, se desarrolló en el Ecuador la producción de monografías locales. Hasta mediados del siglo pasado, se aprecia un caudal continuo de estos estudios6. Después de 1960, disminuye la producción de esta literatura, pero se reanima con el comienzo de los procesos de descentralización del Estado. Algunas monografías de este ciclo actual, han sido auspiciadas por municipios y consejos provinciales.
En términos generales, las monografías tienden a insertar la vida local en el espacio y la historia nacional. Fue una manera en que los intelectuales de provincia, interiorizaron la historia nacional, ubicándola en un ámbito administrativo local. Así, una parroquia fue vista desde la época precolonial hasta la era republicana, período al que se le prestó mejor atención. Se indicaban las personalidades que se han destacado en las distintas épocas históricas, los momentos de formación de parroquias y cantones, las rivalidades o conflictos con pueblos vecinos. Con mayor o menor detalle, se proporcionaban datos de tipo económico, tales como listados de haciendas, empresas manufactureras, actividades artesanales y comerciales. Aparecieron también informaciones demográficas de tipo general.
1Arjun Appadurai, La modernidad desbordada, FCE/Trilce, B. Aires, 2001, p. 177.
2Clifford Geertz, La interpretación de las culturas, Gedisa, Barcelona, 1990, 4a. reimp., pp. 192-196.
3Michael Mann, Las fuentes del poder social, II. El desarrollo de las clases y los Estados nacionales, 1760-1914, Alianza Universidad, Madrid, 1997, p.109.
4Ibíd, p. 25.
5James Anderson, "Nationalism and Geography", en The rise of modern State, Harvest Press, Brighton, 1986, p. 116.
6En un artículo publicado hace tiempo, habíamos evaluado estas monografías y las guías comerciales como fuentes de conocimiento histórico. También incluimos allí un listado parcial de textos. Ver: Hernán Ibarra, "Monografías y guías comerciales como fuentes de historia social y regional", Revista Andina, vol. 4, No. 1, julio 1986, Cusco, pp. 237-251.
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