Ecuador DEBATE Nº 65
 
 TEMA CENTRAL

En la disciplina historiográfica, una corriente muy importante es la historia local, que tendría una cualidad: captar la totalidad histórica en un ámbito pequeño y localizado geográficamente, que permitiría "el análisis profundo de una localidad, se trate de un poblado o de una provincia, en un intento por escribir una "historia total" dentro de un marco geográfico controlable, y al hacer esto esclarecer problemas más amplios con respecto a las transformaciones históricas." 7 También la noción de microhistoria, que tiene muchos significados, tales como la reconstrucción profunda de eventos y actores históricos de tipo singular y local, se ha utilizado para caracterizar históricamente pueblos y microregiones. Así, un ejemplo notable es Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia de Luis González. Publicado originalmente en 1968, fue el resultado del año sabático de un historiador profesional, que decidió regresar a su pueblo natal, para escribir su historia. Lo más remarcable de este texto fue el modo en el que González, capturó la dimensión local de la historia y la vinculó a los eventos nacionales, sin que lo local pierda su especificidad, y más bien contribuyó a una problematización del significado de una historia local confrontada con el predominio de una perspectiva nacional dominante.8 La merecida fama de que goza este libro, reside además en la capacidad de combinar fuentes tradicionales con la historia oral.

Luis González, propone definir a la microhistoria en oposición a la macrohistoria, donde la historia municipal y provincial se contrapone a la historia nacional. "Matria, en contraposición a patria, designaría el mundo pequeño, débil, femenino, sentimental de la madre; es decir, la familia, el terruño, la llamada hasta ahora patria chica. Si nos atrevemos a romper con la tradición lingüística, el término de historia matria le viene como anillo al dedo a la mentada microhistoria".9 Por eso, hacer historia de pequeños pueblos, ciudades y regiones, resulta ser la historia "matria" en oposición a la historia "patria", puesto que se trataría de captar la vida de la gente y la singularidad de los procesos locales.

Si se puede asumir que la historia urbana es en cierto modo historia local, es interesante observar las imágenes iniciales de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX: "Hay un primer grupo de miradas que, esquemáticamente podríamos llamar celebrativas: de un momento histórico de la ciudad, de su presente, de su futuro. Coinciden todas en una visión reconciliada y en un circuito, de hechos y lugares, que no difiere mucho de un circuito turístico: como un manojo de postales se reúnen en el relato monumentos al progreso y arrabales pintorescos. Son narraciones que se autosometen, en toda su extensión, a la complicada pregunta sobre qué se debe "mostrar" de una ciudad." 10 Estas miradas casi turísticas, predominan en las visiones de Quito y Guayaquil de comienzos de siglo XX, y fueron importantes porque definieron el papel progresista de la urbanización.

Existen antecedentes en la segunda mitad del siglo XIX relativos a la descripción de situaciones locales. Son conocimientos resultantes de las vinculaciones administrativas del Estado. Los Informes de Gobernadores de provincia, que resumían frente a los Ministros del Interior la situación de las provincias, describían la población, cuestiones administrativas, eventos políticos, etc. Ciertas descripciones geográficas como las de Villavicencio y Wolf, aportaron a un conocimiento concreto de regiones y localidades.

Llamo la atención sobre dos textos que fueron influyentes en proponer una imagen de la nación y sus articulaciones desde una perspectiva nacionalista. En El Ecuador en Chicago (1894), emerge simultáneamente una representación escrita y visual de la nación con las particularidades locales, que fija una norma de lo que es una ciudad, diferenciándola de un simple pueblo, y apuntando a realzar las capitales de provincia y los espacios rurales desde la perspectiva de los terratenientes. A comienzos del siglo XX, la Guía Comercial, Agrícola e Industrial de la República (1909), tiene una sección geográfica general y secciones monográficas y directorios por provincias y cantones. Las elites constan en cargos públicos y judiciales, los propietarios y comerciantes, ocasionalmente los artesanos. Estos dos textos, fijaron un modelo que sirvió para la confección futura de monografías. Cumplieron una función "autor", que consiste en "la posibilidad y la regla de formación de otros textos".11

Las condiciones para el aparecimiento de las monografías, son de índole administrativa, con los procesos de cantonización y parroquialización que demandan una justificación de la importancia de una localidad. Así mismo, los procesos de urbanización que tornan importantes y reconocibles a ciudades situadas en zonas con crecimiento económico por actividades mercantiles o agroexportadoras. Algunos escritores publicaron profusamente monografías cuando encontraron justamente latente el deseo de ver retratadas ciertas localidades.12 No menos importante, es la existencia de alguna actividad comercial o profesional que permita insertar avisos pagados para financiar la publicación.

Las monografías, serían una clara muestra de que mientras se desarrollaba la configuración del espacio nacional, también se promovía una toma de conciencia de la importancia de lo local. Esto tiene que ver con el hecho de que si bien ya la mayoría de las provincias serranas y costeñas prácticamente quedaron configuradas en la segunda mitad del siglo XIX, no fue así con la demarcación político administrativa hacia el interior de las provincias, donde prosiguió una incesante creación de cantones y parroquias durante el siglo XX. La fundación de un cantón, es un momento digno de ser considerado como hecho histórico. En términos proporcionales hay menos monografías de parroquias.

II

Las monografías de cantones y parroquias, son la constatación de los alcances de un conocimiento local logrado por sus representantes o intérpretes intelectuales. Más interesados en retratar a las elites locales que a los habitantes comunes, aportaban a la definición del universo de la vida local con limitaciones de conocimiento e información. El saber producido en las monografías es una puesta en escena de los aspectos mostrables de la vida local ignorando hechos y actores que muestren rasgos no compatibles con las elites. El relato monográfico es como un espejo que refleja aquello que los notables quieren y desean ver. Mirarse a si mismos con la particularidad que les confiere su posición. En realidad lo que interesaba era ponerse a la altura de lo que se suponía era el desarrollo del Estado nacional.

Este tipo de descripciones surgieron en contextos de predominio rural y amplios sectores poblacionales iletrados que duraron hasta más allá de 1970, cuando la urbanización adquiere un ritmo sostenido, se expande el sistema escolar y retroceden las tasas de analfabetismo.

Los autores de las monografías, eran personas de las mismas localidades o residentes en ellas por bastante tiempo. Se trata de maestros, sacerdotes y periodistas. Lo que nos acerca a la noción de intelectual tradicional que acuñó Gramsci, quien situó a los abogados, notarios y sacerdotes como las expresiones concretas de este tipo de intelectuales, aunque sin mencionar su vínculo con la producción escrita. Según la noción gramsciana, los intelectuales tradicionales son aquellos que cumplen un papel de mediación entre el Estado nacional y las sociedades rurales. Son poseedores de un saber intelectual que les permite vincularse a los campesinos.13 Con esta definición amplia de intelectuales, Gramsci se estaba refiriendo a los sectores ilustrados locales.



7Lawrence Stone, El pasado y el presente, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1986, p. 42.
8Luis González, Pueblo en vilo, [1968], FCE, México D.F., 1984.
9Luis González, Invitación a la microhistoria, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1986, p. 15. En su percepción del "espíritu" microhistórico, González anota los defectos de estas visiones históricas: "Como la fachada de las vidas política, militar y religiosa produce documentación abundante y asequible, nuestra historia parroquial sigue adicta a los sucesos bélicos, políticos y religiosos de relumbrón. Como el historiador parroquial generalmente es un empleado de la autoridad civil o de la autoridad religiosa o de la autoridad económica o de las tres, acostumbra añadir a sus efemérides chorizos de semblanzas prosopopéyicas de sus patrocinadores y de los parientes de sus patrocinadores. La mayoría de la historia matria calla casi siempre los aspectos más significativos de la vida lugareña; deja fuera lo mejor; solo cultiva las porciones menos fértiles de su campo" Ibid, p. 65.
10Adrían Gorelik, "Miradas sobre Buenos Aires: itinerarios", Punto de Vista, No. 41, dic. 1991, B.Aires, p.21.
11Michel Foucault, "¿Qué es un autor?", en Obras Escenciales, Vol. I, Paidós, Barcelona, 1999, p. 344.
12El periodista costeño José Buenaventura Navas, encontró un "filón" en la necesidad de visibilidad que tenían las localidades costeñas. Sus monografías, ponen mucha atención en retratar a las personalidades con sus familias. Si bien Navas declara estar realizando un trabajo para incorporar a los lugares que el reseña en la historia nacional, rescatándoles del olvido. Ver: Monografía histórica e ilustrada del cantón Vinces, Guayaquil, 1924; Monografía histórica e ilustrada de la parroquia de Manglaralto, Imp. Guayaquil, 1923; Monografía histórica e ilustrada del cantón Daule, Imp. Comercial, Guayaquil, 1931; Monografía histórica e ilustrada del cantón Jipijapa, Imp. Guayaquil, 1933; Monografía histórica e ilustrada de la provincia de Manabí, Imp. Comercial, Guayaquil, 1936.
13Antonio Gramsci, "Apuntes y notas para un grupo de ensayos sobre la historia de los intelectuales", en Cuadernos de la Cárcel, T. 4, Ed. Era, México D.F., 1986, p. 359.
 
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