Ecuador DEBATE Nº 65
TEMA CENTRAL
¿Cómo hacer para que en Ecuador se abran paso y sean interiorizados los nuevos paradigmas, los mecanismos y las metodologías relativas a las nuevas posibilidades de la construcción territorial contemporánea? Parece difícil, en todo caso, imaginarlo sin pasar por un profundo y vasto debate acerca de los fundamentos del comportamiento de los actores que participan en el juego social en los diferentes escalones territoriales. El problema es que, para que haya debate, es previo que haya estudios sobre las cuestiones territoriales, que haya conocimientos acumulados sobre los actores en sus territorios, que hayan escenarios alternativos sobre los cuales discutir. ¿Por dónde comenzar? A mi juicio, es absolutamente indispensable dar prioridad a los estudios geopolíticos internos, sobre todo al estudio de los actores en sus intervenciones espaciales, de cuyos comportamientos depende la calidad de toda construcción territorial futura. Pero antes de abordar directamente el tema de los actores, veamos rápidamente algunos de los contenidos principales de los nuevos desafíos territoriales.
Las construcciones territoriales hoy
Como ya lo hemos sugerido, la crisis del modelo de acumulación liderado por el Estado Providencia ha dejado fuera de juego las concepciones y los instrumentos de la planificación territorial centralizada. La noción de construcción social de los territorios, ha venido a reemplazar, en efecto, al llamado ordenamiento territorial de los geógrafos o a la llamada planificación física o territorial de los planificadores regionales. Ella se refiere a un proceso por el cual las sociedades, en sus respectivos escalones geográficos, tejen sus entramados de relaciones y construyen sus patrimonios materiales y simbólicos. En los países desarrollados la noción de construcción social territorial ha entrado en las preocupaciones de las ciencias sociales y en las prácticas institucionales como un fenómeno acarreado por la globalización contemporánea y tiene para las sociedades territorializadas una significación altamente estratégica, puesto que ella sugiere no solamente la conservación o administración de la herencia de lo "construido histórico territorial" transmitido por las generaciones pasadas, sino que sobre todo contiene la idea de continuidad histórica e identitaria, de valorización y de potenciación del grupo o de los grupos sociales, de proyecto social estratégico, en fin, de proyecto de modernización para sobrepasar la crisis del desarrollo y para eliminar la pobreza.
La construcción social de los territorios sugiere algo que es fundamental en cuanto a la sustentabilidad del desarrollo: la necesidad del consenso de los actores territorializados como condición de todo proyecto estratégico. Toda iniciativa territorializante para que sea viable debe pasar necesariamente por la coordinación y la negociación entre los actores locales y otros exteriores (nacionales e internacionales) interactuando en un plano de igualdad en cuanto a las proposiciones y en cuanto a la toma de decisiones. Este tipo de negociación exige de los actores una cierta capacidad estratégica que en el caso de los leaderships provinciales y de las poblaciones locales latinoamericanas es generalmente inexistente como consecuencia del peso de la tradición cultural, de los déficits educativos, de la escasa profesionalización o del desconocimiento de otras realidades. En función de ello, la importancia acordada a los procesos de formación técnica, profesional y organizacional así como a la movilidad geográfica de los actores aparece como crucial. La noción de "cultura de la estrategia", que parece resumir las necesidades de formación en el nivel regional y local, adquiere de tal suerte una gran importancia, pues ella debería permitir a las poblaciones locales, y sobre todo a los líderes, trabajar lo territorial con nuevas herramientas, incorporar el tema de la diversidad, de la complejidad, y de la temporalidad y sobretodo concebir proyectos estratégicos viables, estrechamente vinculados a la tradición pero ampliamente abiertos hacia el exterior, hacia los procesos macro de la globalización.
La problemática de la construcción social de los territorios está muy próxima de la noción de "recomposición" de los territorios de los geógrafos, para quienes "Describir las recomposiciones territoriales tiene que ver (...) a la vez con el análisis de las herencias (políticas, administrativas, institucionales, herencias formales e informales) y con la reflexión sobre la construcción de nuevos marcos para la acción (pública, colectiva, organizada) o para la acción de individuos y de grupos" (Gumuchian, 2003, 55). Como se ve, lo inmaterial toma en este discurso tanta fuerza como lo material, de la misma manera que pone énfasis en la transmisión de generación en generación, lo que nos trae de lleno al tema de la cultura y a los procesos llamados de patrimonialización, nociones claves en las estrategias territoriales contemporáneas. Si bien es cierto, el tipo de discurso territorializante puede ser vehiculizado por actores muy diversos, no es menos cierto que él se apoya sobre algunas constantes que lo estructuran: la afirmación de una continuidad entre el pasado y el presente, la capacidad de actualizar y de reinterpretar las características propias de los grupos que han construido las estructuras y las formas de esos patrimonios, en fin la posibilidad de creación de una identidad (o reactualización de una identidad ) por el grupo considerado.
Construcción territorial y sustentabilidad
Los procesos modernos de construcción territorial, por ejemplo, la "construcción de regiones", las "estrategias locales patrimoniales" o los llamados "territorios de proyecto", concebidos para su realización en el largo plazo, al menos para el tiempo que corresponde a una generación, en la medida en que están pensados para provocar un relanzamiento, una transformación o una actualización/adaptación del "construido histórico" territorial heredado, no podrían concebirse sin seguir de cerca los referenciales propios de la noción de "sustentabilidad". En efecto, los objetivos de una "construcción social territorial" contemporánea son básicamente los mismos que se trata de concretizar a partir de las definiciones del llamado "desarrollo sustentable", el cual pretende de manera voluntariosa o directiva conciliar tres elementos de naturaleza diferente y muy a menudo contradictorios : crecimiento económico (basado en ley del beneficio máximo a corto plazo, fundado sobre opciones exclusivamente privadas), equidad social (que tiene que ver con opciones políticas y éticas colectivas); y las exigencias de cuidado y protección del medio ambiente (bienes comunes de la sociedad). Yo no voy a insistir aquí sobre las múltiples variantes que asume la definición del concepto de desarrollo sustentable3 y voy a remitirme a un breve comentario acerca de su pertinencia y la responsabilidad de los actores.
Contrariamente a lo que ocurre con la noción de "desarrollo territorial" o "construcción territorial", sobre cuyo estatuto, contenidos y algunas conocidas orientaciones metodológicas, distintos sectores de las ciencias sociales parecen estar acordes en no ver allí ni ambigüedad ni falta de consistencia, no parece suceder lo mismo con la noción de desarrollo sustentable, la cual indudablemente se presta a algunas interrogaciones. En primer lugar, llama la atención la celeridad con la cual en un espacio de 15 años, el término se ha universalizado y está hoy en la boca de la mayoría de los actores institucionales y sociales, en los nivelas centrales y en el nivel local, entre los universitarios y los políticos y entre los técnicos y responsables de la acción. En las más apartadas comunidades indígenas del continente resuena hoy el discurso de la sustentabilidad. A priori, esto es formidable! El temor que me asalta es si esta adopción rápida va a servir para que los actores profundicen en las implicaciones ideológicas, prácticas y metodológicas del concepto, aplicable a los diferentes dominios de actividad, a la investigación, a la planificación y a la acción, o si va a tener la misma suerte de banalización de aquéllas bien conocidas de desarrollo "planificado", "equilibrado", de "participación" y otras, que en gran medida se han utilizado para ocultar prácticas de signo, sino contrario, muchas veces bien divergentes del objetivo propuesto. El miedo a que se transforme en una fórmula más, que los universitarios, los funcionarios, los profesionales y los líderes sobre todo, se pongan a repetir sin haberla sopesado suficientemente en un proceso de formación e interiorización personal.
3Una definición generalmente aceptada, seguramente por su simplicidad, es la siguiente : " El desarrollo sustentable responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de responder a sus propias necesidades".
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