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Ecuador DEBATE Nº 65
TEMA CENTRAL
Una propuesta para evaluar la regionalización
Iván Navarro Abarzúa*
La regionalización chilena se constituyó originalmente como una decisión geopolítica; se definieron trece regiones en 1974 y después los gobiernos regionales en 1991. Han surgido planteamientos secesionistas que proponen reconfigurar algunas regiones. El conjunto de problemas no resueltos de la regionalización chilena, requiere una evaluación que considere los aspectos relativos a la configuración regional, la ejecución de políticas públicas, la representación política y las identidades locales y regionales en el marco de la globalización.
Situando el tema: la experiencia chilena
El tema de la Regionalización ha ido cobrando una fuerza inusitada, en la misma medida en que el hombre y la mujer común, las instituciones y los centros de estudio, perciben que ésta abre un espacio de participación en la eventual democratización del poder, junto a una alternativa para responder, desde "la cercanía" a los desafíos de ese mundo lejano pero embriagador, difuso pero atractivo, desconocido pero aparentemente amigable que es la globalización. Se podría sostener que pertenecer a una Región se ha ido haciendo tan familiar como el sentido de pertenencia que naturalmente se tiene con la ciudad, pueblo, villorrio o lugar donde se ha nacido y del cual se habla como algo propio, cercano y a donde siempre se quiere regresar. La consecuencia más directa de este sentido de pertenencia creciente, es que en el caso chileno, el sistema de regionalización pareciese ser irreversible, sin perjuicio de eventuales modificaciones que siempre se pueden realizar. En otros casos, seguramente por lo novedoso que siempre resulta "el acercamiento al poder", aunque sea limitado u ocasional, esta valoración del propio territorio lleva también a sobrevalorar una eventual posibilidad de llegar a ser una Nueva Región, territorios que forman parte de alguna Región ya existente, pero que mantienen expectativas pendientes relacionadas con la distribución del poder al interior de aquellas y, más concretamente aún, con la calidad de capital o cabecera de Región que los reclamantes no tienen. El hecho es que pareciese haberse generado una tensión dialéctica entre esta irreversibilidad del proceso de regionalización y una siempre eventual modificación de su composición, situación que se presenta en territorios que reclaman mayor autonomía respecto de la Región a la que pertenecen y una mayor cercanía al poder.
Esta situación, sin embargo, se da en realidades en donde, como en la chilena, la regionalización de sus territorios está creada por una institucionalidad que la precede, por un poder ejecutivo que en un momento determinado creó artificialmente Regiones, motivado por razones geopolíticas y no necesariamente como resultado de un regionalismo pre existente al Estado y de raigambre histórica que por lo mismo es capaz incluso de imponerse a la voluntad del Estado, como el caso de las 17 autonomías españolas (Boisier, 2005-8), en donde las tensiones no se dan por nuevos secesionismos, sino por el reconocimiento de regionalismos ancestrales. De esta manera, podemos comprobar que la regionalización chilena obedece a un acto de voluntad política, pero que está aún por delante la tarea de "construir socialmente una región, (que es) un proceso de alta subjetividad que termina en el surgimiento de un sujeto colectivo: la REGION, algo que supone valores, cultura. identidad, emociones, lealtad, regionalismo militante" (Boisier, 2005: 9), o sea, un verdadero proceso de aprendizaje social que se verifica en el largo plazo y que tiene connotaciones complejas que hasta hoy no hemos evaluado en toda su magnitud.
En este complejo escenario se ha ido desenvolviendo la experiencia chilena por más de cincuenta años, aún cuando la actual configuración de la regionalización comienza en 1974, como lo desarrollaremos más adelante en este trabajo, llegando a constituir las 13 Regiones en que actualmente se divide Chile. Precisamente, por los ya largos intentos de regionalización en nuestro país, los primeros se remontan a los años cincuenta como parte de las estrategias de crecimiento económico industrial, parece hoy necesario evaluar la experiencia vigente, con la finalidad de corregir y proyectar su desenvolvimiento futuro, partiendo del supuesto que regiones más, regiones menos, la Región seguirá siendo una porción de territorio en que se consolidarán identidades, estructuras económico-productivas, rasgos culturales, sociales y experiencias políticas que caracterizarán la vida de las poblaciones que habitan y habitarán dichos territorios.
En el caso chileno no se está siguiendo un camino lógico de evaluar para cambiar, sino el de cambiar para eventualmente mejorar. En el caso específico de la Regionalización, esto se ha traducido en varios intentos secesionistas respecto de la actual Regionalización que, a partir de virtudes y cualidades reales y también algunas supuestas, ha llevado a la lucha por crear "nuevas Regiones" en la Primera, Quinta, Séptima, Octava y Décima Región de Los Lagos.
El intento no es de carácter menor, ya que en la medida en que se aumenta la presión por cambiar el status de la actual Regionalización, se generan tensiones en los territorios que, en mi concepto, tienen incidencia en las estrategias de desarrollo de dichos territorios y en la capacidad productiva y negociadora que deben tener precisamente frente a la economía global.
Si bien es cierto, la mayoría de estos intentos secesionistas nacen con la propia Regionalización, justificada por la aplicación de criterios geopolíticos y poli funcionales de inspiración autoritaria, más que propiamente técnicos, socioculturales y especialmente políticos en su origen, ellos han ido creciendo en intensidad y abriendo camino hacia una eventual revisión de la actual Regionalización en el país. Ello explica que la materia esté contemplada entre los cambios constitucionales que actualmente se tramitan en el Congreso Nacional y que, al menos en cuanto a legislación general, abrirá nuevos espacios de discusión y análisis.
La difÍcil tarea de evaluarla regionalización!
En mi concepto, antes de proponer modificaciones a cualquier modelo de regionalización en aplicación, sea para ampliar o comprimir el número de ellas, es necesario evaluar la Regionalización que se ha logrado desarrollar hasta el momento de proponer las modificaciones. Ello se debe hacer en el contexto histórico que hoy nos corresponde vivir y abarcando lo que se podría denominar la eficiencia interna y externa de cada una de las Regiones y de ellas en su conjunto, de manera tal que se perciban las fortalezas y debilidades del proceso, en relación con las demandas heterogéneas y cambiantes del mundo global y con el marco legal y conceptual que les dio origen, tratando de armonizar todo ello con las esperanzas y expectativas que emanan del mundo local y regional.
Sin embargo, el problema más profundo es el qué evaluar y de qué manera abordar la tarea para que sea técnicamente consistente, administrativamente posible y políticamente pertinente, de manera que no desanime los cambios, pero a la vez consolide los avances logrados en su desarrollo hasta la evaluación. Ciertamente, el "que" de toda evaluación consiste en sacar a luz las ventajas comparativas del territorio o la región evaluada, respecto de parámetros de similitud, pero a la vez involucra las cualidades, bienes y competencias que permiten avanzar de donde lo evaluado se encuentra hacia estadios de mejora cualitativa y/o cuantitativa. Es lo que Boisier (2003: 20) reconoce como factores ganadores de los territorios, sobre la base de los cuáles debe construirse la evaluación, si es que la evaluación se hace para mejorar las condiciones del desarrollo regional y para avanzar hacia lo que el mismo autor denomina una región que aprende, primero, para tratar de arribar al estadio de una región inteligente, que vendría a ser como la utopía principal: la primera es la que es capaz de hacer de su capacidad de aprendizaje una condición para ser región ganadora, en tanto la segunda se aplica a territorios capaces de innovar, que abren espacio a la creatividad, que tienen disposición para aprender y que están atentas a los factores que determinan sus propios procesos de cambio.
* Investigador del Centro de Estudios Regionales CEDER, de la Universidad de Los Lagos. Osorno, Chile.
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