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 Ecuador DEBATE Nº 65
 
 TEMA CENTRAL

Integración Europea e identidades regionales

Mario Caciagli*

Paralelo al proceso de europeización, ha sido el de regionalización al interior de los Estados nacionales de Europa. La regionalización, promovida por demandas autonomistas en unos casos ha sido también impulada por los Estados en el marco de procesos de descentralización. Frecuentemente, la regionalización crea identidades regionales. Las regiones europeas han aumentado su peso económico, han obtenido mayores derechos y poderes al interior de los propios Estados y se han perfilado como sujetos capaces de gobernar en el marco de la globalización y la europeización. Dos procesos paralelos: europeización y regionalización, son dos desarrollos político-institucionales que tenían la representación de los Estados nacionales.

Tres conceptos

La exposición que sigue gira en torno a tres conceptos, los cuales corresponden a otros tantos procesos políticos de europeización, regionalización y regionalismo. Por europeización se entiende el proceso de integración, que se realiza en el marco de la Unión Europea. Este proceso, como es conocido y como recordaré mejor más adelante, ha conocido en el último decenio una fuerte aceleración. Se trata de un proceso hasta ahora prevalentemente económico e institucional, pero que parece destinado a convertirse también en un verdadero y propio proceso político con la formación de organismos supra-nacionales dotados de poder y competencias más amplias que las actuales.

Por regionalización se entiende la creación y el reforzamiento de instituciones subestatales al interior de los actuales Estados nacionales de la Europa occidental. Las formas de autonomía subestatal pueden ir de la simple "descentralización" a la verdadera y real "regionalización" hasta las "federalizaciones". El término "región" es por consiguiente usado para indicar instituciones político-administrativas diversas pero similares, que desarrollan la función de la articulación entre los Estados. Las regionalizaciones son las reformas institucionales, con las cuales el poder central del Estado transfiere poderes y funciones a estructuras periféricas.

También la regionalización es finalmente un verdadero y real proceso político. El proceso obedece a exigencias funcionales de los Estados actuales, pero responde también a demandas que han surgido en las respectivas sociedades. Las reformas por la autonomía o por el autogobierno han aparecido en la agenda política gracias también al impulso de los movimientos, que las han requerido en nombre de identidades específicas. La "identidad" reclama entonces el tercer concepto, el regionalismo. Por regionalismo se entiende el proceso cultural, que se funda precisamente sobre un específico tipo de identidad como es la territorial. El regionalismo es por consiguiente un movimiento socio-político, que con formas organizativas diversas, casi siempre investidas de un partido político, quiere representar y defender características étnicas lingüísticas e históricas, en una palabra culturales, de una población que ocupa un territorio al interior de un Estado nacional.

Los objetivos de los movimientos regionalistas / nacionalistas van desde la exigencia de una mayor autonomía dentro de la unidad estatal hasta la independencia. También en este caso el término región puede no corresponder a territorios geográficos bien definidos. En algunos casos el mismo término regionalismo es rechazado por los interesados directos y sustituido por el término "nacionalismo".

Las cuestiones a las cuales la exposición que sigue pretende responder son las siguientes: ¿hay una relación entre europeización y regionalización? ¿Es una relación de influjo recíproco? ¿Qué papel han desempeñado las identidades regionales en estos dos procesos y en particular qué esperan los movimientos regionalistas del progreso en la integración europea?

La Comunidad Europea, que en los inicios de los años 80 era un grupo esclerótico y moribundo de Estados nacionales, se ha transformado en los últimos 20 años en una dinámica Unión Europea que ha acelerado su integración. En las mismas décadas, en algunos grandes Estados de la Europa Occidental, radicales reformas institucionales han creado o potencializado las unidades subestatales con bases regionales.

Pues bien ¿ha favorecido el reforzamiento "desde arriba" de la Unión Europea las regionalizaciones? ¿Las regionalizaciones han satisfecho fuertes identidades regionales y han precisamente con ello contribuido a despertar otras en parte del continente? A su vez ¿los regionalismos antiguos y nuevos impulsan "desde abajo" hacia una siempre más desarrollada integración europea?.

Finalmente, ¿la lenta pero quizás imparable formación de una identidad europea, que debería debilitar la identidad nacional, puede exaltar las identidades regionales?

La Europa de las regiones

Este estudio no tiene la ambición de responder plenamente a estas cuestiones. Faltan suficientes datos empíricos para establecer todas y cada una de las causas. Sobre todo es difícil hacer pronósticos sobre fenómenos todavía en curso, que tienen desarrollos cambiantes y que deben medirse con obstáculos de naturaleza muy variada.

La cuestión, como se sabe, no es absolutamente nueva. Tiene incluso un nombre antiguo: la Europa de las regiones. La Europa de las regiones es el programa político, que ha aparecido cada vez, que han sido puestos bajo acusación los estados naciones, por las dramáticas consecuencias de su rivalidad. La idea circulaba en ambientes intelectuales franceses ya en los años 30, y fue retomada al fin de la segunda guerra mundial en círculos filosófico-religiosos, que hacían prospecciones sobre un nuevo orden político para el continente, es decir una Europa unida y federal.

El rápido renacimiento de los Estados nacionales sofocó todo proyecto, concreto hasta que en el curso de los años 60 un intelectual francés Denis de Rougemont, elaboró en escritos e intervenciones de naturaleza muy diversa la idea de una federación de unidad de mediano nivel, como se dice hoy, que pudiera conciliar los derechos personales de la libertad con las exigencias de la sociedad industrial. El Estado nacional primera causa de los conflictos bélicos se había quedado demasiado pequeño para las exigencias económicas, políticas y militares, pero sin embargo demasiado grande para garantizar los derechos de participación de los propios ciudadanos. Hacia la mitad de los años 70 Daniel Bell, un sociólogo americano, mucho más conocido que Rougemont, habría repetido con mayor resonancia, que el Estado nacional es ya hoy demasiado pequeño, para enfrentar los desafíos de la sociedad industrial avanzada, y al mismo tiempo demasiado grande para responder a las necesidades y a las demandas de los ciudadanos.

Solamente en los años 80, después de los procesos ya recordados y que serán ilustrados más adelante, la idea de la Europa de las regiones ha comenzado a afirmarse como un posible proyecto político. Esa ha sido contrapuesta a la "Europa de las Patrias" de De Gaulle y se contrapone hoy a la "Europa de los Estados".

La desconstrucción de los Estados nación es, admitiendo que sea posible, una meta indudablemente lejana. Quizás tienen razón sus enemigos que no sólo la definen como una utopía, sino incluso como una utopía negativa.

Lo que es cierto, como será ilustrado más adelante, es que la Unión Europea reconoce hoy a las regiones un papel propio. Quien sostiene este desarrollo, afirma que las mejores posibilidades de decisión democrática a nivel regional, se podrían articular con la recuperación de identidad por los ciudadanos de las mismas regiones. En el frente opuesto, y es bueno recordarlo, hay quien deja entrever no solamente los riesgos del aislamiento y de la fragmentación, sino también aquellos de un nuevo tribalismo, como aquel terrible ejemplo ofrecido por las regiones de la ex ­Yugoslavia1 .


* Catedrático de Ciencias Políticas. Facultad de Ciencias Políticas. Universidad de Florencia.
1Para este género de consideraciones cfr. U. Bullmann, Regionen im Integrationsprozess der Europäischen Union, en Id. (hersg.), Die Politik der dirtten Ebene. Regionen in Europa der Union, Nomos Verlagsgeselleschaft, Baden-Beden, 1994, pp.15-41.
 
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