Ecuador DEBATE Nº 52
TEMA CENTRAL
PODRIAMOS HABLAR DE PSICOSIS SOCIAL?
Marcel CZERMAK*
Entre la angustia y el miedo, qué escoger? Si escogemos el miedo, estamos seguros de tener la angustia por añadido. Si escogemos la angustia, nos arriesgamos tal vez en perder el miedo
Quisiera entregarles un cierto número de reflexiones: las unas son de mi cosecha, si tal es que se pueda decir son siempre de nuestra cosecha, las otras proceden de intercambios con un cierto número de colegas, pero no solamente. De hecho no hablaré solamente de mi posición de analista, ya que por razones, si puedo decirlo así, de alojamiento en la vida institucional médica y administrativa, estoy llevado a echar un vistazo sobre cosas que no están fuera de mi preocupación. Por ende, lo que me preocupa hoy es este tema, ya presente en los escritos de Lacan, de la psicosis social. En esta dirección, Lacan llegó hasta hablar de la forclusión, de la castración propia al discurso capitalista, fórmula masiva como lo ven.
En la medida en que este tema me preocupaba, estuve preguntándome cómo abordarlo. Desde luego este asunto de la psicosis social concierne muy de cerca la cuestión de la paranoia. Pero, si me permiten, quisiera abordar este problema desde un poco más lejos, de una manera algo inusitada. Con gusto tomaré esta cuestión bajo un ángulo dejado de lado, el de la manía, para volver quizás después a la paranoia. Ya que veo aquí a algunos de mis amigos con los cuales en nuestra juventud nos hemos formado, se acordarán sin duda cómo Henri Ey, retomando Binswanger, podía decir que un maníaco tenía unas grandes fauces. Sin embargo la experiencia enseña más bien lo inverso, a saber que por lo común un maníaco hace la demostración de la manera cómo él se encuentra enteramente aspirado, incluso engullido por todo lo que pasa a su alcance y esto sin ninguna resistencia. Por cierto Kraepelin podía decir: "Es curioso, para los maníacos, todo esta afuera." Cuando digo "sin ninguna resistencia" aludo a este hecho que, contrariamente a lo que Freud enseñaba, a saber que el psicótico resiste a la transferencia, que no hay transferencia, es todo lo inverso lo que se produce. A mi parecer los psicóticos demuestran en su relación al Otro, que resisten mal a la transferencia.
Aludiendo a este hecho, tengo en memoria a una mujer joven, examinada hace un cierto tiempo y con quien prácticamente no había tenido que decir la más mínima palabra, porque reaccionaba al más mínimo fruncido del ceño, a la más mínima mímica mía, al más mínimo gesto mío. Arrancaba a toda velocidad, en un dos por tres, en una relación perfectamente directa y orientada hacia mi persona, por lo tanto no tenía estrictamente ninguna resistencia a la transferencia, estaba piloteada al dedo y al ojo. ¿Pero, qué hacía yo en esto si no fuera participar yo mismo de estas grandes fauces abiertas, que no cesaba de aspirarla? Todo esto por supuesto relativiza considerablemente todo lo que hemos podido decir sobre el análisis de los sujetos en estado maniático, por ejemplo. Bajo este título, "los accesos maníacos", esta especie de desbocamiento sin límite, a mis ojos son ejemplares en su función de indicio del lugar del Otro en la psicosis, lugar forcluido que, por el mismo hecho, vuelve a ocupar, realmente, todo el terreno.
Este tipo de sujeto nos indica muy claramente lo que es un verdadero desmantelamiento, para retomar el término de Lacan. Esta mujer de quien estoy hablando, ponía muy bien el acento sobre el carácter indiferenciado de la oralidad que la aspiraba, hasta el punto que todo tomaba para ella el aspecto de unas grandes fauces, que sea mi oreja, mi mirada, mi voz, mi imagen, el color de mi corbata o de la de mis calcetines. Digamos que captándose por deslizamiento, por metonimia infinita en tal o cual aspecto que se presentaba a ella, mostraba perfectamente bien que no tenía estrictamente ninguna resistencia. Lo que estoy apuntando aquí, a partir de un caso extremo pero patente, concierne el campo transferencial mismo de las psicosis, pero también la posición de una empresa terapéutica en el campo de las psicosis.
Por ende parto de esta cuestión clínica de la relación al Otro en la manía para llegar a cuestiones infinitamente más políticas, ya que se trata, en este tipo de caso ilustrado por esta mujer joven, de la dimensión propiamente totalitaria de una cierta relación al Otro. En este tipo de relación la cuestión misma del sujeto está completamente volatilizada, el sujeto viene a reducirse a un objeto paseante, contingente, indiferente e indiferenciado. Objeto apto para ofrecerse o colmar a lo que venga de frente, para aspirar el sujeto como objeto, y para reformar el tipo mismo de la completud, es decir ninguna contingencia de parte del Otro, ya que todo lo alimenta. En tal caso de figura, el sujeto mismo se equipara a cualquier objeto por más contingente que sea. Si el maníaco no resiste, sabemos que el paranoico, él, es rebelde frente a esta coyuntura. Se rebela, dice que no, dice no a la ausencia de contingencia en el Otro, introduciendo en ella la ley de su corazón.
* Psiquiatra y Psicoanalista. Médico del Centro Hospitalario Especializado de Santa Ana de París, Miembro de la Asociación Grendiane Internacional
<----