Ecuador DEBATE Nº 52
TEMA CENTRAL
La depresión, ¿un malestar contemporáneo?
Gino Alfredo Naranjo *
En los últimos años en el Ecuador se han producido múltiples fracturas a nivel social, económico y político lo que ha generado una serie de consecuencias, una de ellas la desilusión ante el funcionamiento institucional. Dicho de otro modo se ha producido una ruptura con aquel mundo simbólico que de alguna manera garantiza y sostiene el funcionamiento regular de un grupo social. No nos parece que estamos especulando al afirmar que estos hechos están influyendo de manera directa en las manifestaciones psíquicas de la población, sea cual sea su situación social o económica.
Desde nuestro trabajo como psicólogo clínico estamos confrontados a diario con un fenómeno muy particular: el de la depresión (que en la actualidad es el primer motivo de consulta). Es decir que clínicamente estamos encontrando que los síntomas depresivos son la primera respuesta a aquella ruptura con lo simbólico que pensamos se está produciendo en nuestro medio. Es por esto importante detenerse y plantear hipótesis que nos permitan enfrentar esta situación y analizar sus consecuencias individuales y colectivas.
Llegar a una definición satisfactoria de la depresión es una tarea que no podrá ser resuelta en el desarrollo del presente artículo, sin embargo nos apoyaremos en la teoría psicoanalítica que, a nuestro modo de ver y en función de nuestra práctica clínica, aporta elementos valiosos para la comprensión de este malestar, a pesar de que ni Sigmund Freud (inventor del psicoanálisis), ni Jacques Lacan (fundador del psicoanálisis) no hablaron específicamente de este tema, pero que al haber hablado de duelo, pérdida, melancolía nos han dado suficientes pistas para encarar la depresión.
Dentro del psicoanálisis el debate está aun abierto sobre este tema de la depresión , pues para algunos no se trata más que de síntomas, es decir que no se la considera como una entidad clínica específica. Para otros la depresión es una patología claramente definida y estructurada, sobre todo dentro de la psicosis (maniaco-depresiva). En nuestro desarrollo nos interesaremos a la depresión en las "neurosis", es decir teniendo como premisa que se trata de "modificaciones del humor" y que tienen más bien que ver con el síntoma.
La hipótesis que planteamos afirma que la depresión es una manera de manifestación del malestar producido ante la ausencia de una respuesta coherente por parte de las instituciones, es decir: las instituciones no son capaces de cumplir con sus funciones, la arbitrariedad es un elemento "organizador", el silencio es la explicación a muchos hechos y evidentemente nadie es responsable de lo que hace. Con esta consideración, y apoyándonos en el psicoanálisis, podemos entender la depresión como una pregunta que el sujeto plantea a su medio en tanto que este medio (social, laboral, familiar) lo considera como un objeto de desecho y ya no un sujeto de deseo.
En la teoría lacaniana este "medio social" es uno de los representantes del gran Otro, el gran Otro no es únicamente nuestro alter-ego, sino que, más allá de las identificaciones imaginarias y especulares, el sujeto está determinado por un orden radicalmente anterior y exterior, un lugar donde se articulan los significantes que darán origen a ese sujeto. Por tanto es la relación que mantenemos con este Otro la que determina en buena medida nuestro estado de ánimo, nuestro humor. Lo que abre una nueva perspectiva para aprehender la depresión, ya que sí a la persona deprimida se la escucha con atención nos daremos cuenta que su situación es exactamente aquella que le ha sido asignada, es decir: "ya no esperamos nada de usted". Ahora bien, no necesariamente este "no esperamos nada de usted" tiene que haber sido enunciado como tal, pues la propia producción psíquica es la que puede construir esta formulación. Es decir que estamos determinados por nuestro inconsciente.
Así, si decimos que nuestro humor está íntimamente determinado por la relación que mantenemos con el Otro, esta relación puede perfectamente establecerse como una relación en la que el sujeto está en deuda y por la cual tiene que pagar de su existencia, es decir con el dolor de existir. Esto constituye de algún modo la manifestación de la subjetividad, de no dejarse anular, de pretender apropiarse de aquello que le es "íntimo" y que solo puede hacerlo deprimiéndose.
Además influye también mucho en nuestro humor el reconocimiento narcisista. Este reconocimiento tiene una dimensión simbólica, es decir puede no haber una retribución efectiva pero se reconoce y acepta su valor, por ejemplo la tarea de una madre en la educación de los hijos puede ser reconocida por la sociedad de diversos modos. Pero como hemos podido constatar en nuestra práctica, en la actualidad cada vez es menos frecuente esa valoración y muchas mujeres deprimidas dicen "que de nada ha servido su vida, que ya no sirven". Y habitualmente este discurso se lo hace a través de la queja. Además, aunque pueda parecer sorprendente el reconocimiento también puede ser el de la enfermedad, es decir, el depresivo busca que le reconozcan como enfermo, él busca al menos ese reconocimiento y la queja pasa a ser un elemento constitutivo de aquella interrogación dirigida al Otro, que como veremos más adelante es este caso el saber médico.
En efecto dentro de nuestra sociedad actual el rendimiento y la efectividad son las divisas mas preciadas, todo aquel que por una u otra razón no este en capacidad de cumplir con estos requisitos es relegado de alguna manera y en diversos grados. No es raro escuchar a personas que han trabajado 30 años o más y que de la noche a la mañana son despedidos de su trabajo que caen en un "hueco oscuro" y que ya no pueden salir. Es ahí cuando nosotros pensamos que la depresión es la manera actual de manifestar ese rechazo a la exclusión.
Situaciones como la perdida del trabajo, el divorcio, el matrimonio de los hijos, la falla o desaparición de un ideal colectivo, son frecuentes encontrarlas como desencadenantes de los períodos depresivos.
Es evidente que no todas las personas que se han visto confrontadas a estas situaciones desencadenan una depresión, lo que de una parte nos lleva a reconocer la particularidad y singularidad de cada persona y por otra parte que a partir de esta particularidad cada cual manifiesta sus síntomas. Lo que dicho sea de paso quiere también decir que no existe el tratamiento único para la depresión, si bien los antidepresivos son efectivos estos no siempre cumplen con su finalidad, pues muchas veces se olvida la dimensión subjetiva que es la que en definitiva produce este malestar.
No podemos negar la evidencia que la organización psíquica está íntimamente ligada a la organización biológica y que en la depresión encontramos manifestaciones neuro-hormonales que ciertamente tienen una relación con los momentos de ausencia de toda excitación. Es precisamente ahí donde, gracias a los medicamentos se pueden modificar el humor, sin embargo la relación al Otro se mantiene intacta y se sigue viviendo la culpa y el duelo del mismo modo, solo que con un estado de humor no acorde con esa realidad, artificial. Quizás esta sea una explicación a las frecuentes recaídas que adolecen los deprimidos.
* Psicólogo Clínico graduado en la Universidad Católica del Ecuador, especializado en psicoterapia en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
"Nuestro humor depende estrechamente de nuestra relación con lo que en la teoría lacaniana se llama el gran Otro es decir que no es únicamente la relación al semblante, al pequeño otro que es determinante- , sino principalmente la relación al gran Otro" Charles Melman.
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