Ecuador DEBATE Nº 52
TEMA CENTRAL
LO PERVERSO EN EL DISCURSO SOCIAL Y POLITICO
Norma Alejandra (Marcia) Maluf*
¿Cuál es la ley si junto con la ley pacificadora de la Constitución existe el decreto, el estado de sitio, la "flexibilización" de las relaciones laborales? Una ley que asume el mandato del "amor al prójimo", y otra que asume la del goce. La ambivalencia de la Ley de la que es portadora el Nombre-del- Padre, y de las otras leyes constituiría la polisemia de la ética y la moral, la misma que "llena" el campo significante contemporáneo.
Este trabajo intenta articular problemáticas y categorías de las ciencias sociales con la teoría psicoanalítica. Si los conceptos del psicoanálisis no pueden sino probarse en la experiencia de la clínica, considero que sus premisas y conceptos pueden hacer un aporte efectivo a la comprensión de lo social. Y esto por dos razones principales: la primera, porque el sujeto y el sujeto del inconsciente- está implicado en el acontecer social, aunque las ciencias sociales no lo incluyan sistemáticamente. Pero si las ciencias sociales niegan la categoría de sujeto, el psicoanálisis por el contrario erige la de lo social como constitutiva de una estructura caracterizada por la imbricación fundamental entre lo subjetivo y lo colectivo. Esto ha quedado establecido desde el trabajo de Freud de Psicología de las Masas y Análisis del yo. En segundo lugar porque existe una articulación entre la subjetividad y lo transubjetivo, que es el discurso. Es en el discurso que se hace posible "leer" la estrecha imbricación entre el sujeto y el Otro.
Me referiré en este trabajo al discurso social o político como categorías aceptadas por las ciencias sociales, no obstante el psicoanálisis haga uso de una estructura de cuatro discursos que son conocidos como el de la histérica, el del Amo, el del analista y el universitario.
Con discurso social y discurso político me referiré a los discursos que se estructuran en las instituciones sociales y políticas, puestos de relieve generalmente a través de sus agentes y de la llamada "opinión pública".La inclusión del psicoanálisis en el estudio de estos discursos no evoca necesariamente la idea de que el discurso político o social revele la estructura del sujeto. Por lo contrario, lo que en él se revela es la ausencia de sujeto, la cobertura a través de lo simbólico, de lo que constituye el orden de la subjetividad y de lo inconsciente. Si como dice Lacan, en el acto analítico el sujeto está subvertido, las ciencias sociales constituyen el espacio discursivo privilegiado en que se expresa su exclusión. Y esto porque el mismo discurso está sometido a leyes según las cuales en toda sociedad se controla, selecciona y redistribuye su producción por mecanismos cuya función es la de conjurar poderes y peligros, y esquivar su "temible materialidad" que suele radicar en el deseo.
En este trabajo introduzco unas reflexiones que buscan una aproximación a la relación amplia entre la violencia en los discursos y la perversión, como parte de un estudio de más largo aliento sobre la violencia desde la perspectiva del psicoanálisis. ¿Por qué relacionar perversión y violencia, si la primera como las neurosis y las psicosis- es estructura clínica y la segunda pertenece a un fenómeno que puede presentarse en cualquiera de las estructuras?.
Una razón radica en que la perversión como toda estructura clínica, es un hecho de discurso. Es en el discurso donde el perverso denuncia su fantasía en relación con el goce, con el saber sobre el goce, y como dice Braunstein el fantasma de "sabergozar".
En el ejercicio de su sabergozar, el perverso goza en detrimento del otro semejante, persigue la división subjetiva del otro en su intento de no aceptar la falta en sí. La perversión sería entonces partidaria de un poder que no admite la participación, la existencia simbólica del otro, sino su victimación. Nada más cercano a la definición de la violencia que la búsqueda de la división subjetiva, la cual apunta al sufrimiento o a la anulación material o simbólica del semejante, reduciéndolo a la condición de objeto.
Lo perverso en el discurso social y político, o mejor dicho, los rasgos perversos de esos discursos tienen un lugar en el concepto de la "voluntad de verdad" de la que escribe Foucault. Dice este autor que en la antigüedad el discurso "verdadero" era aquel discurso pronunciado por quien tenía el derecho y el poder de hacerlo, y según un ritual requerido. Si bien a través de la historia el poder del sujeto ha sido reemplazado por el contenido del enunciado y su referente, la voluntad de verdad aún se enmascara en el saber y en todo el soporte institucional en el que aquélla se apoya. La afirmación que hace Foucault acerca del desplazamiento de la enunciación por el enunciado desde el punto de vista lingüístico- es dudosa, y pienso que en ello radica la persistencia de la voluntad de verdad a través del desarrollo de las ciencias.
La combinación de deseo y poder que según Foucault encierra el discurso "verdadero" trae a colación algunos de los rasgos de lo perverso.
El fantasma perverso suele estar articulado a una ideología, a un sistema filosófico que se erige en un saber sostenido en una supuesta verdad. Según el psicoanálisis, esta articulación de saberes tiene por función desmentir la existencia de la falta. Uno de los paradigmas de esta construcción filosófica es la que se encuentra sin duda en la obra del Marqués de Sade. Aunque este discurso no aparezca en toda su crudeza en la discursividad social, algunos de sus fragmentos subsisten en situaciones de supuesta amenaza o de conflicto social.
La imposición sutil de la voluntad de verdad, por estar condicionada y a la vez determinada por el poder, excluye la participación discursiva del otro, por lo menos si éste no se ha adherido a la "verdad". Porque voluntad de verdad y poder están en relación, los rasgos perversos del discurso, los de la partición subjetiva del otro se articulan a los discursos políticos como si estuvieran dotados de pleno derecho. La partición del otro aparece entonces como constituyendo una racionalidad que se sostiene en las disciplinas la economía, el derecho- para imponerse y aparecer como incuestionable. Algo de esto nos recuerdan las insistentes afirmaciones de hombres de Estado contemporáneos sobre la "necesidad de aceptar el sacrificio para conformarse a los efectos del ajuste , o la de "no poner en riesgo la seguridad jurídica de la Nación" , en un llamado a aceptar los condicionamientos impuestos por los organismos financieros internacionales para el pago de la deuda externa. El político se erige en el agente de un discurso en el que prima una voluntad de verdad sostenida en una justificación jurídico-institucional, y en una voluntad que es de goce del Otro, como llevados a promover lo que Lacan menciona como "goce de los ricos: "la seguridad del goce de los ricos en la época en que vivimos está sumamente incrementada por lo que llamaría la legislación universal del trabajo."
Tanto la voluntad de verdad de Foucault como la perversión en Lacan, remiten a una idea de universalidad. "Para que la máxima haga la ley, es preciso y coherente que ante la prueba de tal razón pueda retenerse como universal por derecho lógico". El saber perverso, del orden de lo singular y lo particular se invierte, y pasa a pertenecer al orden de lo universal.
- * Psicóloga e investigadora social, Master en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México.
Freud, S., Psicología de las masas y análisis del yo, en Obras completas, Volumen 18, Amorrortu editores, Buenos Aires, 7ma. Reimpresión, 1997.
Empleo para este trabajo la acepción del término discurso de Émile Benveniste como "conversión individual de la lengua en discurso", "discurso en su extensión más amplia: toda enunciación que supone un hablante y un oyente, y en el primero, la intención de influir de alguna manera en el otro". Benveniste citado por Dominique Maingueneau, Introducción a los métodos de análisis del discurso. Problemas y perspectivas, Hachette, Buenos Aires, 1980, pág. 16- Lacan, Jacques, "La equivocación del sujeto supuesto al saber", Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, pág. 25-37.
Foucault, Michel, El orden del discurso, Tusquets editores, Barcelona, 1980, pág. 11.- A las estructuras clínicas reconocidas por el psicoanálisis corresponden las neurosis, las perversiones y las psicosis
Braunstein, Néstor, Goce, Siglo XXI editores, México, 1990, pp. 175-193
Idem, pág. 18
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