Ecuador DEBATE Nº 52
 
 TEMA CENTRAL

La preeminencia del mercado, del pago de la deuda externa sobre la deuda social, la convocatoria al sacrificio de los ciudadanos (para no mencionar los discursos etnocentristas) se constituyen como discursos únicos e indiscutibles. Al apoyarse en las formas de la ley, este discurso oculta la transgresión que apunta a la eliminación del otro, y es por ello portador de violencia. El mandamiento parece ser "Todos debemos sacrificarnos" ¿Por qué?, ¿para quién? No hay respuesta fáctica para una pregunta que rara vez o jamás se formula libremente, en virtud de las leyes de control del discurso que menciona Foucault.

Pero Lacan dirá que el deseo perverso se sustenta en el goce del Otro, que cumple las veces de un dios. En el fantasma perverso, el objeto no es más que uno de los términos, pero, "cuando el goce se petrifica en él, se convierte en un fetiche negro en que se reconoce la forma claramente ofrecida en tal tiempo y lugar (...) para que se adore en ella a un dios." El efector es entonces un instrumento, un siervo del placer. La voluntad proviene del Otro, voluntad que es de goce. En este punto se reconocen las implicaciones del "sacrificio" que sigue resonando en nuestros oídos como el llamado a un ritual ofrecido a un dios de la antigüedad. Ese Otro del que proviene la voluntad de goce, que para los judíos era Yahvé, para Sade es la naturaleza y la pasión. Para el mundo contemporáneo, se trata de Otro oculto en las instituciones que "racionalizan" la vida social ­¿las finanzas, el mercado?- y que tiene preeminencia sobre los sujetos y las sociedades.

El discurso no aparece ante nosotros más que como una verdad que aparece como "suave e insidiosamente universal", e ignoramos que la voluntad de verdad es una "prodigiosa máquina destinada a excluir". Partición, división subjetiva, exclusión constituyen significantes que en sus diferencias dan cuenta de una estructura de amos y esclavos que se constituyen en el mundo contemporáneo por una voluntad de verdad apoyada en un saber. Saber que en el perverso es total por el saber-no-saber que oculta, pero que al parecer se presenta en toda la fuerza de cobertura de la falta que no quiere reconocer. Tal vez éste sea el sentido de la "fuerza" subjetiva, que Sade evoca como causa y efecto de lo que él mismo llama el "crimen".

La voluntad de verdad se corresponde con el acatamiento de los que "envidiamos" el acceso al goce, como si con esto participáramos en el goce del perverso. ¿Por qué no se denuncia la falsedad, o lo perverso en el discurso, o al menos su específica particularidad?. ¿Por qué generalmente aquél es acatado? Porque se apoya en una razón retenida como universal, según la máxima kantiana, condición precisa y suficiente para Lacan, para que un principio se haga ley.

Por eso esa verdad aparecería como un discurso incuestionable y creíble. Como que en este punto opera una "convocatoria" al sujeto, pero que no es solamente del orden del lenguaje. El acatamiento está en relación a la atracción que lo perverso ejerce sobre el neurótico. En este sentido dice Braunstein que mientras el neurótico está en la dificultad de saber sobre su deseo, el perverso tiene el problema resuelto. Por eso el neurótico se sometería a las premisas que expresan un saber-gozar, nunca alcanzado por éste.

Una segunda proposición se ubica en el problema de la interdicción en el mundo contemporáneo. En él la prohibición está presente, los sistemas jurídicos se perfeccionan, el derecho se internacionaliza. Pero con la ley, también hay un retorno continuo de la transgresión.

Si en el mito de la horda primitiva reside el origen de la prohibición, es porque la Ley adviene con la desaparición del padre. Lacan dice que incluso tras su muerte y sobre todo a causa de ella, no puede evitarse el refuerzo de la Ley; para él "...el goce permanece tan interdicto para nosotros como antes ­como antes de que supiésemos que Dios está muerto". La interdicción del goce le sobrevive a aquél ­el padre- que aparece como su principal obstáculo. Entonces, ¿cómo se puede entender la subsistencia del goce? Solo sería porque el padre de la horda, el padre cruel y gozoso, es él mismo portador de un mandato de goce.

En virtud de una correlación cada vez más acentuada entre la ley y la transgresión, y de la comprensión de la transgresión como otra ley, las leyes pacificadoras de la Constitución y los Derechos Humanos se constituyen en lo que podríamos llamar una otra transgresión. En este sentido Zîzêk afirma que la moral puede ser "la más osada de las conspiraciones". Esto explicaría por qué el señalamiento de la transgresión en las instituciones o en la política puede aparecer como la más grave de las críticas, y dar lugar a la ruptura del orden intersubjetivo que generalmente concluye con la exclusión del discurso del sujeto implicado en la crítica. Si, tal como lo denuncian los estudiantes sobre las formas de perversión en las instituciones educativas ­lo cual podría trasladarse a otras instituciones sociales- los profesores "callan las injusticias para conservar el puesto", para lo que "se calla" es para conservar un pacto, porque el ejercicio del derecho del otro, el otro derecho, aparece como una conspiración ante un orden establecido en el que la misma interdicción del goce está en entredicho. Cuando la verdad que reina es la del goce, ¿qué puede ser más transgresivo que la misma moral? La verdad de la moral pasa a ser aquello de lo que es mejor no hablar. Por eso pienso que lo que prevalece en el discurso singular de las instituciones es la ley del perverso, y no el discurso universalista que se hace explícito en las actas constitutivas y fundacionales.

Un problema a analizar en relación a la ley es la afirmación lacaniana ­inspirada por Hegel- según la cual la Ley constituye a la transgresión y en la transgresión está la Ley. En este sentido, pienso que la ley sin Ley aparece entonces como un pivote discursivo que puede operar tanto en un sentido como en otro, como una norma que regula tanto la transgresión como la ley.

Entonces, ¿qué se prohibe? podría ser la pregunta de un legislador imaginario. Lo prohibido podría muy bien estar tanto del lado del goce como de la propia interdicción, es decir, del lado de la negación de la ley. En nuestras sociedades, mientras unas leyes prohiben el crimen y lo regulan, otras prohiben la denuncia, la protesta y la defensa del sujeto.


León Febres Cordero, Alcalde de Guayaquil, en el mensaje habitual a los ciudadanos de los días jueves, mayo de 2000.
Palabras del presidente Fernando de La Rúa, Diario Clarín, junio de 2000 ante el veto del Congreso argentino a las reducciones efectuadas a las remuneraciones de los empleados públicos del país.
Braunstein, op. cit., pág. 178.
Lacan, La ética del psicoanálisis, op. cit., pág. 223.
Zizek, Slajov, "La violencia entre ficción y fantasma. Hacia una teoría lacaniana de la ideología", en Freudiana, No. 23, Asociación Europea para el Psicoanálisis, Sección Cataluña, 1998.
Me refiero a la metáfora paterna porque la perversión en el discurso puede hacer uso de todos los recursos simbólicos del lenguaje. La no-operación de la metáfora paterna implicaría la prevalencia de los pasajes al acto o de una estructuración más bien psicótica.
Lacan, Seminario Las formaciones del inconsciente, La metáfora paterna I. Versión en CD no autorizada.
Ibídem
 
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