Ecuador DEBATE Nº 67
TEMA CENTRAL
Entre la oposición y la colaboración: El Partido Socialista Ecuatoriano durante el gobierno de Galo Plaza (1948-1952)
Hernán Ibarra
La cuestión de la participación en el Estado fue algo que estuvo presente desde los mismos momentos fundacionales del Partido Socialista Ecuatoriano. La integración del Partido Socialista entre abril de 1951 y junio de 1952 al gobierno de Galo Plaza, en un pacto que incluyó la entrega de dos ministerios, constituyó un episodio que concluía la oposición que los socialistas habían declarado a Plaza. El marco de oportunidades políticas creadas por ese gobierno empujaron a los socialistas a la colaboración. Pero eran nuevas condiciones que instalaban el tema de la democracia en un período de estabilidad y nuevas opciones políticas.
Contrariamente a lo que se cree, el conocimiento de la trayectoria histórica de la izquierda ecuatoriana es bastante limitado. Excepto los orígenes y otros momentos circunstanciales, poco es lo que se conoce. En esto ha pesado mucho la ausencia de archivos personales o partidarios que sean accesibles. Por eso es que la memoria de la izquierda, en verdad es un sistemático olvido lleno de silencios y leyendas que en ocasiones se han reemplazado por versiones justificativas de tal o cual corriente de izquierda.
El propósito de este acercamiento a una coyuntura específica de la historia del Partido Socialista Ecuatoriano, es el de comprender como en un período de luchas democráticas se abrían nuevos desafíos que ponían en tensión a corrientes y líderes partidarios. Con el gobierno de Galo Plaza (1948-1952), comenzaba un período de estabilidad política que duró hasta 1963. El clima ideológico de la Guerra Fría, además incidió en los modos de expresión de la lucha política.
El PSE, tenía que enfrentar la cuestión de la participación en el Estado y el ejercicio de gobierno, algo que surgió en el marco de oportunidades políticas creadas por el gobierno de Plaza. Eran nuevas condiciones que instalaban el tema de la democracia.
Una definición general de democracia como aquella de que los electores pueden elegir regularmente a sus mandatarios en elecciones libres y competitivas bajo reglas claras, se cumplía parcialmente en el Ecuador. Pero la democracia supone una comunidad política de ciudadanos. Esta carecía de un importante contingente de la población que se hallaba al margen de la participación electoral. La existencia de jerarquías estamentales y la dominación étnica bloqueaban las relaciones sociales y políticas de la sociedad. Lo que nos remite a la condición de la ciudadanía.
Es necesario mencionar la definición clásica de Marshall sobre la ciudadanía. El pone al ciudadano como un proceso en el cual los individuos adquieren derechos civiles, políticos y sociales que tienen una realización institucional. Sería un camino ascendente que llevó desde el Estado liberal hasta el Estado de bienestar. Sobre todo en el caso de los derechos sociales, se trata de un proceso de universalización.1
En países como el Ecuador, ¿cómo se ha constituido históricamente la ciudadanía, si existían segmentaciones étnicas y sociales que impedían a amplios sectores poblacionales la constitución de individuos con derechos? Y también podemos preguntarnos acerca del papel de la izquierda en este asunto.
La ciudadanía como la construcción del individuo que porta un conjunto de derechos civiles, políticos y sociales, pasa por un proceso de incorporación de las clases bajas a los derechos ciudadanos como una condición fundamental de una comunidad política.2 En todo caso, las luchas democrático populares, son las responsables de la ampliación de la esfera de los derechos que constituyen el ejercicio de la ciudadanía, pero llama la atención como esta problemática se encuentra ampliamente ausente en la historia política ecuatoriana. Esto parecería deberse a que la trama de las conquistas democráticas tendía a resolverse como derechos sociales que se iban aplicando a sucesivos grupos de población que adquirían algún nivel organizativo. De este modo, eran una clase o pueblo.
En la tradición de la socialdemocracia europea estuvo presente desde fines del siglo XIX el tema de la participación electoral con la conformación de partidos de masas. Esta participación, llevó a la intervención parlamentaria y después de 1930 a la participación directa en gobiernos. Los partidos socialdemócratas debieron entrar en compromisos y colaboraciones, sobre todo como consecuencia de la imposibilidad de alcanzar la mayoría electoral. Estos compromisos servían para lograr "una serie de reformas intermedias que podían realizarse con éxito dentro de los confines del capitalismo." 3 Esta política permitió la consolidación del Estado de bienestar después de la Segunda Guerra Mundial.
Las circunstancias de la participación electoral fueron muy limitadas hasta los años treinta del siglo XX en el Ecuador, cuando se produjeron importantes cambios estatales. Las bases sobre las que se edificó la intervención estatal, fueron las simientes ya echadas desde la revolución juliana, que abre una época de creación de aparatos estatales modernos y políticas públicas interventoras. La generación de una legislación social desde la década de 1930 e instituciones que permitían arbitrar los conflictos laborales urbanos y rurales, definen rasgos de un Estado interventor. Desde allí en adelante, quedaba abierta la participación electoral en una cancha definida por la polarización liberal- conservadora.
La vigencia de la polarización liberal-conservadora
La polarización política liberal /conservadora, que hacía equivalentes el liberalismo a la izquierda y el conservadurismo a la derecha se encontraba vigente hacia la mitad del siglo XX. Esta afirmación puede parecer extraña si ya existía una izquierda política propiamente dicha, desde la constitución del Partido Socialista en 1926 y luego el Partido Comunista en 1931. Era una definición de izquierda identificada con la adopción del marxismo como doctrina, pero las circunstancias de la lucha política entre los años treinta y sesenta del siglo XX, juntaron a la izquierda política con corrientes liberales en distintos momentos. Lo que unía a socialistas y comunistas con los liberales, era el laicismo como valores opuestos a la vinculación religiosa católica que ostentaban los conservadores.4
El laicismo, implantado desde las reformas legales de comienzos de siglo que introdujeron la educación laica y el matrimonio civil, constituía el núcleo central del alineamiento hacia la izquierda. Los conservadores defendían sobre todo la vigencia de la autoridad religiosa de la Iglesia Católica y sus principios. Sin embargo, la corriente de reformas sociales que implicaba la intervención estatal, obligaba a todas las corrientes políticas a situarse en torno a la intervención del Estado, especialmente después de 1925. Por ello, los conservadores guiados por la doctrina social de la Iglesia Católica, necesitaron formular planteamientos de reforma e incluso intervenir activamente en la disputa organizativa de los sectores populares.
En este espacio político polarizado, irrumpieron el Velasquismo y la Concentración de Fuerzas Populares, dos movimientos populistas que desafiaban la polarización liberal conservadora. Y eran opciones políticas que minaban las bases populares que tenía la izquierda.
La lenta expansión del sistema escolar y la promoción de la alfabetización incidieron en el crecimiento de la población alfabetizada. Esto produjo un aumento de la participación electoral que, a mediados del
1 Thomas Humphrey Marshall, "Ciudadanía y clase social", Revista Española de Investigaciones Sociológicas, No. 79, jul.-sep. 1997, Madrid, pp. 297-344.
2 Reinhard Bendix, Estado nacional y ciudadanía, Amorrortu, Buenos Aires, 1974, pp. 83-104.
3 Adam Przeworski, Capitalismo y socialdemocracia, Alianza, Madrid, 1988, p. 51.
4 Los principios básicos del pensamiento laico, son el reconocimiento de la existencia de una pluralidad de opiniones y creencias en la sociedad que implican el desarrollo de la tolerancia. Ver Michelangelo Bovero, "El pensamiento laico", Leviatán, No. 51/52, Madrid, 1993, p.120.
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