Ecuador DEBATE Nº 67
 
 TEMA CENTRAL

¡Alfaro vive carajo! y la lucha por el olvido

Juan Fernando Terán

Cuando murió Arturo Jarrín, también desapareció el líder cuyo carisma lograba crear la apariencia de uniformidad en la heterogeneidad y de coherencia en el desacierto. Entonces, AVC adquirió tantas ideologías como autodeclarados comandantes existían.

Empecemos desde el presente

A principios del 2006, una periodista me solicitó una entrevista para discutir sobre "AVC, revelaciones y reflexiones sobre una guerrilla inconclusa", un libro publicado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1994. Esta solicitud ocurrió cuando algunos ex guerrilleros y familiares de los difuntos combatientes habían anunciado su intención de entablar nuevos juicios contra León Febres Cordero, por los crímenes de Estado cometidos durante su gobierno entre 1984 y 1988. Pensando en el futuro y no en el pasado, acepté la entrevista, aunque con una buena dosis de desconfianza. Permítaseme explicar la razón.

Comencé a escribir ese libro en la cárcel, en 1986, cuando murieron los comandantes históricos de Alfaro Vive Carajo (AVC). Por aquel entonces, el texto tenía como propósito incitar a los alfaristas a una discusión despiadadamente crítica de sus propias prácticas, creencias e ideas. Este anhelo resultó infructuoso. Años después, el documento adquirió su forma final imaginando como sus destinatarios a las nuevas generaciones de luchadores sociales. Para evitar que éstas reprodujesen nuestros desaciertos, "AVC, reflexiones sobre una guerrilla inconclusa" buscó proporcionar una interpretación del fracaso que no estuviese centrada en el testimonio, la anécdota, la casualidad, la represión, la infiltración u otros recursos exculpatorios similares. En lugar de ello, el libro abordó esta experiencia insurgente tomando como referencia a las estructuras y procesos políticos, económicos y culturales ecuatorianos. Como efecto de esta opción político-metodológica, el análisis desembocó en un resultado aparentemente contra-intuitivo, a saber, AVC fracasó porque representó la continuación de la izquierda ecuatoriana y no su superación.

Quizás debido a las incómodas y siempre vigentes implicaciones de esta conclusión, los editores del libro decidieron cambiarle el título para "revelar" muchas cosas, pero suprimiendo el prólogo y la introducción. En estas secciones, se dejaba perfectamente claro que aquella guerrilla no fue derrotada por un sofisticado aparato contrainsurgente, por los avatares de la fortuna o por la muerte de sus comandantes. Aunque suene menos espectacular, ese intento rebelde comenzó a desvanecerse cuando emergieron las condiciones adecuadas para la reproducción inercial de un conjunto de prácticas cuya presencia todavía coarta el futuro de nuestra "izquierda", dígase, la sustitución de un proyecto político por simbolismos con contenidos huecos; la proliferación de dirigentes que se asumen como iluminados e imprescindibles; la perpetuación de una militancia afecta a repetir mitos fundacionales y frases trilladas; o la incapacidad para delimitar un programa coherente de acción política a corto y largo plazo.

A continuación, me referiré a algunos aspectos de un análisis efectuado en un libro de 250 páginas, destacando aquello más relevante para una publicación dedicada a diseccionar lo que fue, es y podría ser la izquierda ecuatoriana.

Elementos para entender a AVC

Entre 1983 y 1987, e independientemente de su eficiencia para lograr transformaciones políticas a largo plazo, Alfaro Vive desorganizó el "modus vivendi" de la izquierda. Debido a su carácter público, las prácticas alfaristas devinieron en un cuestionamiento fáctico a las fórmulas discursivas tradicionalmente utilizadas para justificar las acciones u omisiones de las dirigencias de los partidos y gremios "progresistas". Acaso en respuesta a ésta circunstancia, los observadores del intento insurgente comenzaron a acuñar toda una mitología sobre AVC y los acontecimientos coyunturales. Así surgió, por ejemplo, la imagen de Alfaro Vive como una organización de "muchachos" bien intencionados pero "desubicados" e "inexpertos". Aunque benevolente, esta representación era equivocada.

Alfaro Vive no fue una guerrilla compuesta por jóvenes sin experiencia política o militar previa. Tampoco estuvo integrada solo por aquellas personas cuyos nombres se volvieron públicos debido a su desaparición, encarcelamiento o muerte. Esta organización surgió como resultado de la confluencia de distintas generaciones de activistas sociales. Para fines analíticos y a grosso modo, tales generaciones podrían ser diferenciadas considerando la situación política nacional en la cual los individuos tradujeron por vez primera sus inquietudes ideológicas en una participación política pública o en un accionar clandestino.

En la primera generación o "histórica", se encontraban algunos individuos que participaron en aquellas organizaciones clandestinas constituidas desde los partidos y los gremios, con o sin el conocimiento y consentimiento de sus dirigencias. Durante la década de los setenta, estas organizaciones abrazaron una "estrategia de acumulación de fuerzas" que implicaba, por un lado, la realización de "acciones de recuperación" encaminadas a la obtención de recursos económicos para financiar su funcionamiento y comprar armas; y, por el otro, el trabajo de organización de pobladores y trabajadores en ciertas regiones del país consideradas como potenciales frentes y retaguardias para un futuro foco guerrillero.

Dado que estas organizaciones surgieron mucho antes del triunfo de la revolución sandinista, sus militantes estaban familiarizados con alguna variante de las doctrinas marxistas y, por ende, colocaban a la construcción del socialismo como un objetivo histórico irrenunciable. No obstante, puesto que su condición de clandestinidad no significó un enajenamiento total de la dinámica pública de la lucha política y sindical desplegada durante los gobiernos militares, esta generación desarrolló paulatinamente una actitud crítica hacia su propia matriz, la izquierda ecuatoriana.

En esencia, los alfaristas históricos desconfiaban de estructuras partidistas cuyas prácticas concretas habían desembocado en la creación de reductos intrascendentes de "poder popular" al interior de las organizaciones gremiales y sindicales, en la promoción de huelgas nacionales para objetivos que no llegaban ni siquiera al efímero reformismo o en la incorporación de los militantes a una dinámica electoral centrada en el patrocinio de las carreras políticas de unos cuantos líderes destacados. A principios de los ochenta, en lugar de aceptar las pomposas justificaciones discursivas para el viejo corporativismo y el nuevo clientelismo, esta generación mantenía la convicción de que las grandes transformaciones sociales emergerían por fuera de, y con independencia de, los partidos de izquierda.

Una segunda generación de alfaristas comenzó a gestarse con el retorno de la democracia en Ecuador y con el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua. En este grupo, se encontraban aquellas personas que, antes de incorporarse a las filas alfaristas, dedicaron sus esfuerzos a transformar "desde adentro" a los partidos de izquierda y sus sindicatos, a la Izquierda Democrática e, incluso, a la Democracia Cristiana. ¿Qué pretendía esta generación? Básicamente, construir estructuras partidistas con capacidad para organizar a la población para fines no meramente electorales, buscando así también una "acumulación de fuerzas" que les permitiese a los sectores populares utilizar los espacios y momentos de la democracia electoral y no ser utilizados por ésta. Al margen de que este intento de transformación fue frustrado "desde adentro" por los dirigentes de los partidos, aquellas personas comenzaron a radicalizar sus propuestas conforme el gobierno de Osvaldo Hurtado evidenciaba la disolución de la esperanza reformista inaugurada por Jaime Roldós.

También, en la segunda generación de alfaristas, se encontraban algunos ecuatorianos cuyas inquietudes políticas los condujeron a vincularse con las guerrillas colombianas. Aparentemente, y hayan o no estado familiarizados con las doctrinas marxistas, estos compatriotas optaron por la insurgencia influidos por el

 
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