Ecuador DEBATE Nº 67
 
 TEMA CENTRAL

De la "traición aprista" al "gesto heroico": Luis de la Puente Uceda y la guerrilla del MIR

José Luis Rénique

"No me importa lo que digan los traidores,
hemos cerrado el pasado con gruesas lágrimas de acero."

Javier Heraud1

Octubre de 1965. Un escueto parte militar da cuenta del aniquilamiento -en la zona de Mesa Pelada, parte oriental del departamento del Cuzco- de la llamada guerrilla Pachacutec. Luis de la Puente Uceda esta entre las bajas. Caía con él la dirección del movimiento. Menos de seis meses le tomaría al ejército peruano suprimir el alzamiento protagonizado por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

Una mera nota a pie de página de la guerra fría latinoamericana. En su ¿Revolución en la Revolución?, Regis Debray -reconocido analista de la experiencia guerrillera de la era castrista- le dedicaría nada más que una mención al paso.2 Desde la perspectiva de la historia peruana, sin embargo, los miristas dejarían un legado importante: (a) como factor catalizador de la "revolución militar" velasquista; (b) como antecedente de una "nueva izquierda" surgida al margen de los grandes partidos populares de los años 20, el APRA y el PC que entre fines de los 70 y los 90 sería protagonista principal de la política nacional y (c) como punto de inicio de un debate dentro de la izquierda sobre el camino armado que desembocaría en el MRTA y el PC-SL de los años 80.

Diversos trabajos han explorado el vanguardismo latinoamericano de los 60 en el que surgieron proyectos como el representado por el MIR.3 Queda por explorar la dimensión nacional. Pequeños grupos -lindantes muchas veces con la marginalidad- compensan sus debilidades con una intensa elaboración mental: conciben campesinos revolucionarios y "largas marchas" del campo a la ciudad; extrapolan categorías y discursos "internacionalistas" para pintar escenarios locales de confrontación absoluta. Para aspirar a ser el gran catalizador vanguardista deben construir una identidad capaz de proyectarlos al país, capaz de resonar en la memoria de la gente; entretejiendo para ello lo nuevo y lo cosmopolita con lo tradicional y lo local. El fenómeno insurgente es un fenómeno sincrético cuya comprensión requiere un esfuerzo de contextualización. En el caso del MIR, esa historia desde dentro conduce, retrospectivamente, a la experiencia insurreccional aprista. Es en referencia a esta que el MIR define su ethos revolucionario.

Este trabajo explora la construcción de una nueva identidad política -militante, guerrillera, subversiva- en un contexto particular de la historia peruana: de emergencia del Perú rural, de un lado, y de revisión y renuncia por parte del APRA de aspectos fundamentales de su propia tradición de lucha. En esta historia, Luis de la Puente Uceda emerge como eslabón entre las tradiciones insurreccionales novecentistas -rearticuladas en el aprismo primigenio- y el guerrillerismo contemporáneo.

1948

El 3 de octubre de 1948 un movimiento insurreccional, supuestamente concebido con participación del APRA, sacó a la superficie las tensiones que ese partido había ido acumulando a través de casi dos décadas de lucha política. En 1930 había sido fundado como partido. Al año siguiente, su líder, Víctor Raúl Haya de la Torre, postulaba a la Presidencia de la República. El comandante Luis M. Sánchez Cerro sería declarado vencedor. Los apristas denunciaron fraude y comenzaron preparativos revolucionarios. Se inició entonces una sistemática represión que -con breves pausas- se prolongaría hasta 1945 cuando, a cambio de su apoyo electoral a José Luis Bustamante y Rivero como candidato de un Frente Democrático Nacional, el Partido Aprista Peruano (PAP) recuperó el status legal que le había sido suspendido a comienzos de los 30.

Al carisma de su "jefe-fundador" se atribuiría, en gran medida, la sobrevivencia del PAP a la persecución. A su capacidad, en particular, para construir una organización cohesionada y una identidad fuerte, avaladas por la disciplina partidaria y por el mito de su propia indestructibilidad; por la certeza, más aún, de que tras la larga noche represiva emergerían de las "catacumbas" para cumplir con su destino de "salvar al Perú". Unos cinco mil mártires reclamaría el aprismo de aquella primera era en la clandestinidad. Heroísmo, lealtad, consecuencia, fueron algunos de los valores que hicieron del APRA subterráneo una verdadera "comunidad emocional". Psicológicamente -observaría uno de sus más cercanos colaboradores- "nada afectaba más a Haya que la "traición" al partido que, en las atribuladas circunstancias de aquellos años, estaba "personalizado en él".4 El "jefe máximo" había desdeñado la seguridad del exilio, purgando carcelería como sus más humildes compañeros. La memoria aprista, en tales circunstancias, fue estructurándose como una sucesión de héroes y mártires -y también renegados- articulados todos ellos por la genialidad y entrega del indiscutido "hermano mayor" Víctor Raúl.

De sus orígenes marxistas, durante los 30, el APRA se había deslizado hacia el centro, optando, eventualmente, por revisar su "antiimperialismo" original para amistarse con los Estados Unidos de los tiempos del "buen vecino". Abandonar el recurso insurreccional, reafirmando su vocación de partido democrático, sería la otra punta de la estrategia hayista para contrarrestar el veto de la oligarquía y los militares. Los militantes de base, sin embargo, siguieron siendo afines al estilo primigenio, "defensista" y "vanguardista", modelado tras el ejemplo de la revolución popular aprista de Trujillo de 1932. Tras su áspero debelamiento, Haya de la Torre había desalentado el recurso al alzamiento de masas; favoreciendo, más bien, el de una revolución incruenta en alianza con militares nacionalistas como vía hacia el poder.5 La fe en su palabra, el desgaste natural de la era de las catacumbas, la secreta promesa de que el retorno a la legalidad sería nada menos que la antesala de la "revolución aprista", fueron algunos de los factores que coadyuvaron a la aceptación del viraje partidario que derivó en su participación en la "primavera democrática" de 1945. Con su inicio, "vanguardistas" y "defensistas" quedaron en compás de espera, hasta aquella madrugada del 3 de octubre de 1948 en que, las contradicciones engendradas por los cambios en el perfil partidario saldrían a la superficie en las calles del Callao, donde bases del PAP y personal de la Armada iniciaban, supuestamente, el camino hacia la verdadera "revolución aprista".6 Tres semanas después era el propio Ejército el que se encargaba de derrocar a Bustamante y Rivero, marcando el inicio de ocho años de régimen militar bajo la conducción del General Manuel Odría. El APRA entraba con ello a su segunda era de clandestinidad.

APRA: crisis y exilio

La ausencia de Haya de la Torre -exilado por cinco años en la Embajada de Colombia en Lima- marcó la diferencia fundamental entre los dos grandes ciclos de la clandestinidad aprista. Por primera vez desde 1931 el Jefe no estaba al frente de la organización. En su ausencia, el debate interno se desplegaría


1 Del poema «Palabra de guerrillero» en Javier Heraud, Poesías completas y cartas, Lima: Biblioteca Peruana Peisa, 1976.
2 Regis Debray, ¿Revolución en la Revolución?, La Habana: Cuadernos de la revista Casa de las Américas, 1967.
3 Richard Gott, Guerrilla Movements in Latin America, New York: Anchor Books, 1972; José Rodríguez Elizondo, La crisis de las izquierdas en América Latina, Caracas: Instituto de Cooperación Iberoamericana/Editorial Nueva Sociedad, 1990; Timothy Wickham-Crowley, Guerrillas and Revolution in Latin America: a comparative study of insurgents and regimes since 1956, Princeton, NJ: Princeton University Press, 1992 y Luis Mercier Vega, editor, Guerrillas in Latin America, New York: Praeger, 1969.
4 Luis Alberto Sánchez, Apuntes para una Biografía del APRA (Una larga guerra civil), Lima: Ediciones Mosca Azul Editores, 1979, p. 114.
5 Para una historia del insurreccionalismo aprista véase: Luis Chanduví Torres, El APRA por dentro: lo que hice, lo que vi, y lo que sé, 1931-1957, Lima: Tall. Gráf. Copias e Impresiones, 1988.
6 Versiones antagónicas de este movimiento pueden encontrarse en Víctor Villanueva, La Sublevación Aprista del 48. Tragedia de un Pueblo y un Partido, Lima: Editorial Milla Batres, 1973 y Armando Villanueva del Campo, «La Otra Revolución» (Entrevista) en Domingo Tamariz Lúcar, La ronda del general, Lima: Jaime Campodónico/Editor, 1998, pp. 116-125.
 
  <----

---->