Ecuador DEBATE Nº 52
DEBATE AGRARIO
ARTESANIA, COMPETENCIA, Y LA CONCENTRACION DE LA EXPRESION CULTURAL EN LAS COMUNIDADES ANDINAS
Rudi Colloredo
¿Qué es lo que hace que un artesano prospere en América Latina? El etno-turismo, las galerías de arte y los libros "populares" no solo que han expandido los mercados para los bienes artesanales, sino también han enriquecido, bajo estándares - algunas veces internacionales - a un pequeño número de artesanos.Las explicaciones para este éxito se dividen: algunas enfatizan el talento, el momento oportuno y el sentido común de los artesanos individuales, mientras otros proponen las desigualdades estructurales en el mercado. Al presentar una tercera alternativa, este trabajo muestra el creciente poder económico y cultural de la posición relativa de los artesanos dentro de los mercados. Entre artesanos de creatividad y recursos económicos MAS O MENOS equivalentes, el tener una reputación como el mejor practicante de la artesanía puede conferir ingresos desproporcionados.
Comparando dos comunidades indígenas ecuatorianas diferentes -tejedores de fajas de Imbabura y pintores de Cotopaxi- propongo que los artesanos que tienen éxito deben hacerse un nombre para ellos tanto dentro de su comunidad como en el mercado más amplio, de acuerdo a múltiples conjuntos de normas que además son potencialmente conflictivos. La emergencia, o por lo menos la intensificación, de tal competencia por la posición ha producido versiones locales de economías en las que el ganador se lleva todo, en las que desigualdades económicas excesivas coexisten con una nueva expresión creativa. En vista de tales cambios, los antropólogos deben agudizar las reflexiones teóricas sobre la competencia, como un proceso simbólico que infunden un nuevo vigor a los mundos indígenas sociales y expresivos, aún cuando éste restringe las oportunidades de su participación en ellos.
COMPETENCIA EN LAS COMUNIDADES ARTESANALES
La competencia no necesita ser destructiva. El pintor de Tigua Francisco Cuyo, por ejemplo, me habló de una época productiva en el desarrollo de su arte comunitario entre 1985 y 1990, en la que "había mucha competencia entre nosotros. Veníamos al parque (para vender nuestros cuadros) y tratábamos de hacer una buena presentación. Se mejoró mucho." Así describe Adam Smith a la competencia. A través del tiempo, el mercado - la mano invisible - se asegura de que los fabricantes depositen su esfuerzo en las tareas más remunerativas, que los productos se diversifiquen a través de innovaciones en calidad y diseño y que más y más gente tenga acceso a bienes que sean bien hechos y a precios bajos. Como el incentivo básico para una buena administración en asuntos de negocios, la competencia, argumentaba Smith, "nunca puede perjudicar al productor o al consumidor" (Smith, 1976-1776-#270:362). En un mundo Smithniano, la prosperidad iría hacia los pioneros - aquellos que crean nuevos objetos, mejoran técnicas, abren nuevos mercados, etc. (Frank 1999:146).
Más allá de eso, la teoría moderna sobre la competencia asegura que los empresarios y empresas que deben maniobrar sin cesar para lograr una posición en su propio terreno, en los mercados regionales o nacionales, disfrutan de una mayor éxito en mercados globales más amplios (Porter 1988ª ).
Los antropólogos han documentado a manera de aprobación esta "selección por mérito" (Landes 1998:43) en ciertas economías artesanales - a pesar de ciertas reservas que tuvieren en cuanto al impacto del capitalismo sobre sociedades indígenas o rurales (Graburn 1976; Ryerson 1976). En algunos recuentos sobre tejedores y comerciantes de Otavalo, por ejemplo, el éxito viene de la industriosidad, creatividad y el riesgo tomado por los empresarios (Buitrón 1947; Buitrón 1962) (Chávez 1982; Colloredo-Mansfeld 1999; Meisch 1998; Salomon 1981). Igualmente, el análisis de Chibnik (n.d.-a; n.d.-b) sobre la globalización y la diferenciación que marca el trabajo en madera en Oaxaca subraya la importancia del talento artesanal. Los alfareros japoneses (Moeran 1997), los escultores africanos (Steiner 1994), y los tejedores indígenas protestantes en Guatemala (Annis 1987) han sido todos señalados por prosperar al leer con perspicacia el mercado, haciendo las inversiones apropiadas, y/o beneficiándose de los rigores de una PATRIA intensamente competitiva.
Y aún por todas las mejoras que la competencia puede traer, también tiende a distribuir las recompensas basándose en la ventaja material acumulada en el pasado. El campo de juego frecuentemente se encuentra dominado por unos pocos, mientras cada vez más gente se encuentra con pocas opciones excepto el competir en él. El resultado es un fortalecimiento de desigualdades. Marx arguye que tales crecientes brechas son inevitables ya que las "leyes cohercitivas de la competencia" provienen de leyes del capitalismo que son aun más profundas: los imperativos de incrementar productividad, bajar costos, y capturar más del valor del producto (Marx 1990:433). Derivada de procesos capitalizados de producción a gran escala, la competencia se internaliza como motivaciones individuales. Más allá de eso, se universaliza como la relación normativa entre actores económicos. Perdiendo su benignidad, la competencia recompensa a aquellos quienes acumulan recursos y se despojan de sus inhibiciones de explotar cada una de las ventajas a su disposición. Su operación se caracteriza por ser "implacable" y "rapaz" (Schumpeter 1950:80) y finalmente, según Marx (1978:70), "el resultado necesario de la competencia es la acumulación del capital en unas pocas manos."
Un número de antropólogos han analizado el éxito artesanal en términos de acceso al capital y su control (Stephen 1991; Tice 1995), afirmando la importancia de las fuerzas materiales en los procesos competitivos. En su estudio sobre tejedores en Totonicapán, Guatemala, por ejemplo, Smith (1984) detalla los leves obstáculos para la entrada, las tasas salariales relativamente altas, el uso estratégico de recursos de subsistencia, y la competencia con otras industrias por mano de obra local que limitan el nivel de acumulación para todos los artesanos. Al no poder capitalizar sus operaciones, los tejedores campesinos "no se han diferenciado en dos clases (a pesar de que se han diferenciado mucho con respecto a los ingresos)" (Smith 1984:61). Asimismo, Cook arguye que la acumulación en baja escala, "endo-familiar" permite que los negocios de tejedores y de fabricantes de ladrillos prosperen (Cook and Binford 1990). Al mismo tiempo, sin embargo, "la hegemonía del capital de mercado" finalmente supera las oportunidades de los artesanos para un avance económico significativo (Cook 1986:79).
* Este trabajo fue presentado en los Encuentros Anuales de la American Anthropological Association, Chicago 1999. La traducción de este artículo estuvo a cargo de Consuelo Fernández Salvador.
** Antropólogo. Profesor de la Universidad de IOWA.
<----