Ecuador DEBATE Nº 52
DEBATE AGRARIO
Mientras los análisis marxistas sobre mercados competitivos se encuentran sintonizados con las desigualdades estructurales relacionadas con el capital y el control sobre la mano de obra, minimizan lo que, de hecho, podría ser la disparidad esencial en las economías artesanales: las diferencias en los ingresos. Smith (1984) por ejemplo, menciona de paso que los tejedores ganan cantidades substancialmente diferentes, pero deja el tema mientras se dirige a mostrar la falta de concentración de capital al interior de cualquier taller o grupo de talleres en Totonicapán. Sin embargo, esta brecha en los ingresos es precisamente el problema que necesitamos explicar, ya que tal ingreso no solo confiere seguridad económica y oportunidad, sino también influencia política, posición social, y libertad artística. Consecuentemente, necesitamos aclarar la estructura de recompensas de las economías artesanales y preguntar: si es posible para un artesano, con solo una pequeña ventaja en términos de talento y ninguna en cuanto a capital fijo, recibir mejores ganancias que otros por sus esfuerzos, de una manera consistente.
GANADORES Y PERDEDORES EN EL MERCADO DE ARTE DE TIGUA
Volviendo primero a la evidencia cualitativa, quiero examinar a los pintores de Tigua de Cotopaxi, Ecuador, en más detalle, esbozando los varios grupos de practicantes, el criterio económico o artístico que los distingue, y un perfil de uno de ellos que ha llegado a la cima. Lanzado en los primeros años de la década de los 70 por Julio Toaquiza, en la comunidad de Huana Toro Pata en el sureño Valle de Tigua, este arte indígena tiene ahora un hogar en las diez comunidades del sector así como en Quito y otras ciudades de la región central andina en las que los inmigrantes del valle viven. Actualmente, siete asociaciones diferentes de artesanos representan el interés de esos pintores y tienen alrededor de 300 membresías. Algunos miembros, sin embargo, pintan solamente a medio tiempo, por temporadas, algunos se han dedicado a otras ocupaciones. Un pintor estimaba que solamente ochenta o noventa hogares podían mantenerse a través de su arte dedicándole tiempo completo. Otra manera de medir el número de tejedores activos (y la justificación para este estimado), proviene de seis galerías de folklore más importantes que venden pinturas de Tigua en Quito, las que contaban con pinturas firmadas de sesenta y siete artistas diferentes y un inventario adicional de pinturas sin firma de hasta veinte pintores en el verano de 1999. En contraste a aquellos que han tomado y dejado la pintura, el núcleo de los artistas activos que trabajan para mejorar sus composiciones, se dedican a alcanzar altos niveles de producción (aproximadamente 6 pinturas medianas - 40 cm por 30 cm - semanales) y a mantener los contactos de mercadeo necesarios para vender.
De este grupo más grande, dos sub-grupos que se entrecruzan han obtenido ingresos más altos en el oficio. El primero son los artistas de "primera" identificados por otros pintores, durante mis entrevistas en mayo-junio de 1999. Para ser atribuidos a esta categoría, los artistas deben haber sido considerados como aquellos que contribuyen significativamente al desarrollo del arte, demostrando un instinto creativo y ejecución cuidadosa en sus composiciones, y, cada vez más, un deseo de trabajar con óleo y pinturas acrílicas. Incidentalmente, ellos tienden a ser artistas con pocos problemas para vender sus pinturas. Dos miembros de la familia fundadora de los pintores de Tigua enunciados por la gente Julio Toaquiza y su hijo Alfredo Toaquiza eran los primeros en las listas de expertos. A más de ellos, las opiniones diferían con otros veinte entrevistados que ofrecían alrededor de otros quince nombres.
Cuando se mira a qué pintores los dueños de galerías (o sus representantes) prefieren, once se distinguen por ser los autores del 10% o más de los inventarios individuales de las galerías. Al mirar a través de los inventarios de las seis galerías, dieciséis pintores tienen trabajos que han sido comprados por más de una galería. Solamente dos artistas parecen estar lo suficientemente en demanda como para aparecer en ambas listas. En resumen, en estos términos más limitados del éxito - con respecto a sus iguales y a los comerciantes - veinte y cinco pintores más o menos han alcanzado alguna distinción, con alrededor de solo la mitad de ellos en una posición que les permita recibir consistentemente una buena paga por su arte.
El segundo grupo de pintores prósperos son aquellos que se han especializado en revender el trabajo de otros así como el propio. En el parque de El Ejido en el centro de Quito, por ejemplo, catorce familias monopolizan los puestos de venta que previamente estuvieron abiertos a todos los pintores que vivían tanto en Cotopaxi como en Quito. Aproximadamente la mitad de ellos viajan semanalmente al mercado de turistas los sábados en Otavalo, donde compiten con alrededor de seis pintores-comerciantes quienes se saltan los mercados de Quito y venden especialmente en el norte. Algunos pintores de Tigua desprecian a estos intermediarios/as. A pesar de que estos negociantes han pintado alguna vez y generalmente continúan pintando, estos "intermediarios" personifican los que algunos tiguanos piensan que es una comercialización destructiva de su arte. Los pintores jóvenes se quejan de que los revendedores han traído mucha competencia, han devaluado las pinturas y han sofocado la creación al insistir en que las mismas fiestas y escenarios campestres se pinten una y otra vez. Los comerciantes son particularmente injuriados por dominar el acceso a contactos lucrativos internacionales y pedidos del extranjero. Resumiendo estas quejas, el pintor y presidente de una asociación artística, Francisco Cuyo expresó:
"Desde 1990, los miembros de nuestras propias comunidades han trabajado como intermediarios. Han habido muchos cambios. Debido a los intermediarios, y por la competencia, hablando técnicamente, los compañeros no pueden mejorar. Para estos intermediarios no es necesario que sea bien hecho. Hay otras pinturas, por ejemplo como la de Alfredo Toaquiza, - que son- buenas pinturas que uno podría vender a buenos precios. Pero, desgraciadamente, como se lo dije a Ud., para los compañeros han habido intermediarios. Entonces en esas pinturas ha habido competencia y -los intermediarios- no tratan de valorar las pinturas."
- Michael Porter, un profesor de la Harvard Business School y un teórico moderno líder en estrategias competitivas es tal vez más optimista que Smith en su valoración de los beneficios sociales de la competencia. Concluye la introducción de su último libro de ensayos con la oración: "Si este compilación pudiera expresar un solo mensaje, yo quisiera que éste sea un sentido del poder desconcertante de la competencia de hacer que las cosas mejoren - tanto para las compañías como para la sociedad" (Porter 1998b:16).
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