Ecuador DEBATE Nº 67
ANÁLISIS
La identidad y la representación: elementos para una reflexión crítica sobre la idea de región
Pierre Bourdieu
La intención de someter los instrumentos más comúnmente utilizados por las ciencias sociales a una crítica epistemológica fundada sobre la historia social de su génesis y de sus utilizaciones encuentra en el concepto de región una justificación particular1.
En efecto, a quienes vean en este proyecto de tomar por objeto los instrumentos de construcción del objeto, de hacer de la historia social de las categorías del mundo social una suerte de desviación perversa de la intención científica, se les podría objetar que la certeza, en cuyo nombre privilegian el conocimiento de la "realidad" respecto del conocimiento de los instrumentos del conocer, nunca ha estado menos fundamentada como en el caso de una "realidad" que, siendo ante todo representación, depende también profundamente del conocimiento y del reconocimiento.
Las luchas por el poder de división
Primera constatación: la región es una apuesta de luchas entre sabios, obviamente geógrafos, que relacionados con el espacio, pretenden naturalmente el monopolio de la definición legítima, pero también historiadores, etnólogos y sobre todo, desde que existe una política de "regionalización" y de los movimientos "regionalistas", economistas y sociólogos. Bastará un ejemplo tomado al azar de las lecturas: "hay que rendir homenaje a los geógrafos, al ser los primeros en interesarse por la economía regional. A veces incluso tienden a reivindicarla como un coto cerrado. A este propósito, Maurice Le Lannou escribe: "Quiero que dejemos al sociólogo y al economista el cuidado de descubrir las reglas generales - si las hay - en el comportamiento de las sociedades humanas y el mecanismo de las producciones y de los intercambios. Para nosotros, lo concreto y diversificado que es el abigarramiento de las economías regionales... Las encuestas regionales de los geógrafos se presentan a menudo como estudios extremadamente minuciosos, extremadamente documentados de un espacio determinado. En general, estos trabajos tienen el aspecto de monografías descriptivas de pequeñas regiones; su multiplicidad, la abundancia de detalles impiden comprender los grandes fenómenos que conducen al surgimiento o el decline de estas regiones consideradas. Demasiada importancia igualmente se ha dado a los fenómenos físicos, como si el Estado no interviniera, como si los movimientos de capitales o las decisiones de los grupos no tuvieran efecto. El geógrafo se adhiere quizás demasiado a lo que se ve, mientras que el economista debe adherirse a lo que no se ve. El geógrafo se limita con frecuencia al análisis del contenido del espacio; no mira suficientemente más allá de las fronteras políticas o administrativas de la región. De ahí la tendencia del geógrafo a tratar la economía de una región como una entidad, cuyas relaciones internas son preponderantes. Para el economista, por el contrario, la región sería tributaria de otros espacios, tanto en lo que concierne a sus aprovisionamientos como a sus salidas; la naturaleza de los flujos y su importancia cuantitativa, subrayando la interdependencia de las regiones, constituyen un elemento que ha de ser privilegiado. Si el geógrafo considera la localización de las actividades en una región como un fenómeno espontáneo y dirigido por el medio natural, el economista introduce en sus estudios un instrumento de análisis particular, el costo"2. Este texto, que merecería ser citado todavía más extensamente, muestra bien que la relación propiamente científica entre las dos ciencias se arraiga en la relación social entre las dos disciplinas y sus representantes3: en la lucha por anexar una región del espacio científico ya ocupado por la geografía (a la cual reconoce el mérito del primer ocupante), el economista designa inseparablemente los límites de las estrategias científicas del geógrafo (su tendencia al "internalismo" y su inclinación a aceptar el determinismo "geográfico") y los fundamentos sociales de estas estrategias; y todo ello a través de las cualidades y los límites que asigna a la geografía y que son claramente reconocidos por el portavoz de esta disciplina dominada y llevada a contentarse "modestamente" con lo que se le acuerda, a cantonarse en la región que las disciplinas más "ambiciosas", sociología y economía, le imparten; es decir lo pequeño, lo particular, lo concreto, lo real, lo visible, la minucia, el detalle, la monografía, la descripción (por oposición a lo grande, lo general, lo abstracto, la teoría, etc.). Así, por un efecto que caracteriza apropiadamente las relaciones de fuerzas simbólicas como relaciones de (des)conocimiento y de reconocimiento, los detentadores de la identidad dominada aceptan, la mayor parte del tiempo tácitamente, a veces explícitamente, los principios de identificación, de los que es producto su identidad.
Otro rasgo importante: esta lucha por la autoridad científica es menos autónoma de lo que no quieren creer, quienes se encuentran comprometidos con ella; y se verificaría sin esfuerzo que las grandes etapas de la concurrencia entre disciplinas a propósito de la noción de región corresponden, a través de diferentes mediaciones, de las que los contratos de investigación no son la concurrencia menos importante, a momentos de la política gubernamental en materia de "ordenamiento territorial" o de "regionalización" y a las fases de la acción "regionalista" 4. Es así como la concurrencia entre los geógrafos, hasta entonces en situación de quasi-monopolio, y los economistas parece haberse desarrollado fuertemente a partir del momento, en que la "región" (en sentido administrativo del término, ¿pero hay otro?) ha comenzado a interesar a los economistas que, en Alemania con August Lösch y en los Estados Unidos con la regional science, después en Francia con la ola del "aménagement du territoire", han "aplicado a la realidad regional su aptitud específica a la generalización", como dice un geógrafo con la "modestia" estatutaria asignada a la profesión5. La irrupción de los sociólogos que a
* El texto es una traducción del artículo "L´identité et la représentation. Eléments pour une réflexion critique sur l´idée de région", publicado en Actes de la Recherche en sciences sociales, n. 35, París 1980. Agradecemos a Jérome Bourdieu y al College de France el permitirnos su publicación.
1 Este texto, como los precedentes, es la conclusión de un trabajo emprendido con la ayuda de la DGRTS, en el marco de un grupo integrado por economistas, etnólogos, historiadores y sociólogos. Sólo un ejemplo de estudios de caso orientados con la intención de captar la génesis del concepto de región y las representaciones asociadas, describir los roles y las apuestas, en los cuales y por los cuales ha sido producido: el campo literario en el caso del estereotipo elaborado por los novelistas regionales, el campo universitario en el caso de la unidad inseparablemente física y social recortada por los historiadores, los geógrafos o los politólogos, el campo social en su conjunto en el caso de la unidad política reivindicada por los movimientos regionalistas; todo ello podía dar una idea del universo de presupuestos, más o menos profundamente sumergidos, que se encuentran comprometidos en cada uno de los usos de este concepto. Por eso, a los estudios presentados aquí se añadirán ulteriormente el de Rémi Ponton sobre los novelistas regionalistas y sobre la evolución temática de las novelas regionales (en relación con las transformaciones del campo literario y del sistema escolar) y la de Jean Louis Fabiani sobre el mercado de bienes culturales regionales (en el caso de Córcega). Y también el artículo de Enrico Castelnuovo y Carlo Ginzburg a propósito de los efectos de la dominación simbólica sobre la producción pictórica en Italia después del Renacimiento.
2 R. Gendarme, L´analyse économique régionale, Paris, Ed. Cujas, 1976, pp. 12-13 (y M. Le Lannou, La géographie humaine, Paris Flammarion, 1949, p.244).
3 Se sabe que los geógrafos y la geografía se encuentran situados en la más baja jerarquía social (medida por índices como el origen social y regional de los profesores) de las disciplinas de las facultades de letras, mientras que la economía ocupa una posición elevada en las facultades de derecho globalmente situadas más altas que las facultades de letras en esta jerarquía.
4 Se encontrarán elementos útiles para una historia social de la política oficial en materia de regionalización y de los debates que la han rodeado en el seno del personal político, al mismo tiempo que una evocación de las tesis regionalista, en P. Lagarde, La réginalisation, Paris, Seghers, 1977.
5 E. Juillard, La région, essai de définition, Annales de géographie, sept-oct. 1962, pp.483-499. Será necesario analizar las diferentes estrategias, que el cuerpo de geógrafos ha opuesto a las tentativas de anexión de la economía, disciplina socialmente más poderosa y capaz por ejemplo de dar un fundamento empírico, sino una justificación teórica, a la región de los geógrafos, con el análisis estadístico de los efectos de contiguidad (cf. J.R. Boudeville, Aménagement du territoire et polarisation, Paris, Ed. M. Th. Génin, 1972, pp.25-27). Como es siempre el caso en las luchas simbólicas, los geógrafos parecen encontrarse divididos entre estrategias que, aunque opuestas en apariencia (como el rechazo irredentista por la politización y la acumulación sincrética de tradiciones propias y de tradiciones alógenas, du paisaje de los antiguos y de los espacios funcionales de los economistas), compartían aceptar la definición dominante en su forma directa o invertida.
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