Ecuador DEBATE Nº 68
TEMA CENTRAL
vínculos sociales a través de interacciones grupales, que pueden darse a partir de conocidos en común o bien de invitaciones de sustancias embriagantes que suelen ser bastante eficientes.
En esta misma línea se puede advertir que el espacio público también tienen la virtud de posibilitar el reconocimiento del otro, aspecto fundamental en la construcción de la propia identidad. Al observar las diversidades juveniles es posible reconocer las pautas de lo que "no quiero ser", o sea con lo que "no me identifico", también de aquello que me gustaría ser, o simplemente una autoafirmación de lo que soy o con lo que me identifico. Este proceso elemental es posible en los lugares abiertos y accesibles a todos, ya que si la noche estuviera restringida a boliches y puertas cerradas no habría esta posibilidad de reconocerse frente a otros, de interacciones grupales y extensión de redes.
De tal manera que estos aspectos se convierten en una de las principales motivaciones para las apropiaciones nocturnas juveniles. Paralelamente se da el proceso de privatización de una acera, grada o calle en las que el grupo juvenil, en lugar de buscar encuentro, busca privacidad para la interacción exclusiva de sus miembros, aquí el espacio público se vuelve su espacio privado. Dos lógicas de ocupación que sirven para el encuentro juvenil en la calle.
Ahora bien, en el afán de entender las nuevas configuraciones territoriales del espacio urbano, es necesario relacionar estas motivaciones y razones al escenario donde se generan o ejercen las prácticas de apropiación juvenil, en este caso se trata del centro urbano de La Paz.
Croquis mentales y fantasmagorías
El centro paceño no puede ser simplemente un punto concreto en cualquier mapa geográfico, pues no se refiere exclusivamente a su emplazamiento dentro de determinada área, sino a una construcción social que incluye aspectos históricos, económicos, simbólicos y políticos. Con lo cual se puede establecer que el centro es una representación espacial que corresponde a los croquis, a lo imaginado y vivido por la sociedad urbana.
Entre las juventudes paceñas, el centro urbano comprende un territorio extendido desde la plaza Isabel la Católica, la plaza Avaroa, el Atrio de la UMSA, la plaza del estudiante hasta la Pérez Velasco, incluyendo las avenidas 6 de agosto, 20 de octubre, Mariscal Santa Cruz y el Prado, además del conjunto de calles adyacentes. Las fronteras siempre son flexibles así que para otros el límite se extenderá hasta la plaza Eguino y las calles que la rodean. Más allá ya corresponde a otro espacio, nuevas fronteras van emergiendo de estas delimitaciones.
Las fronteras imaginarias y los croquis urbanos van configurando demarcaciones espaciales que delimitan nuevamente la ciudad. Esta vez, construidas sobre los imaginarios y no sobre geografías o mapas urbanos. Entre los jóvenes que asisten a la plaza Avaroa y al Atrio estas fronteras impiden un cruce del Centro. El centro no se abandona, muchos de ellos incluso no abandonan nunca los lugares mencionados. Otros van incorporando, en sus itinerarios, locales ubicados en otros espacios. Algunos frecuentan la Ceja de El Alto y Villa Dolores, sobre todo los metaleros y punk que rompen con estas fronteras juveniles centralizadas y asisten a esta ciudad. Pero siempre configurando nuevas fronteras para su propia identidad: la zona sur corresponde a un espacio negado para esta actividad durante las noches. Tienen sus fronteras establecidas por su identidad y con ellas la ciudad es vivida de modo diferente. Algunos otros jóvenes también van más allá de los límites del centro, pero generalmente lo hacen motivados por la existencia de un boliche. Allí no se va a apropiarse de las calles o plazas.
Lo que demarca entonces el espacio "al que asisto" y al "cual no asisto" es una cuestión de fantasmagorías e imaginarios que los jóvenes comparten. Éstos se van nutriendo de una serie de emotividades y de sentimientos de seguridad y miedo con relación a zonas, barrios o espacios de la ciudad. Son éstos los aspectos que garantizan la existencia del territorio: los sentimientos de seguridad y pertenencia. Las dinámicas juveniles de apropiación garantizan estos sentimientos a través de las afectividades como la amistad, el amor o el re-conocimiento de la gente. Con ellos se crean lazos comunicacionales y de seguridad, un sentimiento de identificación mutuo que permitirá una comodidad ante esta gente. Por el contrario el no-territorio, aquel que está demarcado como lo no nuestro, lo ajeno, es construido con emotividades opuestas. El miedo, la inseguridad, el desconocimiento y las enemistades identitarias van demarcando territorios ajenos a los cuales no se va. Es una presencia fantasmagórica de lo no deseado, lo desconocido, lo temido.
A partir de estas delimitaciones se van construyendo imaginarios sobre los barrios. Son fantasmas urbanos que se asientan en determinada territorialidad. De hecho, la caracterización de zona negra otorgada a determinadas espacialidades corresponde a la presencia de estos "fantasmas", de miedos e inseguridades. Son formas de poblar la ciudad. Así la zona negra está rodeada, dentro del imaginario, de asaltos, "maleantes" y peligros que sobre todo tienen que ver con el riesgo material (robo o pérdida) y corporal (pelas, golpes, armas, muerte). Y aunque estas fantasmagorías pueden variar de lugar a lugar, es la avenida Buenos Aires, las laderas de la ciudad, y la ciudad de El Alto los que se pueblan de las mayores fantasmagorías juveniles; es para resaltar que mientras más alejado del centro se ubica un lugar, mayores fantasmagorías se originan en torno a él.
Para otras colectividades juveniles, la zona sur es el territorio imaginario de lo no deseado. Donde no se va por los fantasmas que habitan este barrio: una serie de elementos "exclusivos" que restringen el acceso y que por lo tanto son indeseados, o rechazados por gran parte de la juventud paceña: "En la zona sur las chicas primero se fijan qué auto tienes para salir contigo, cuando sales con ellas del boliche te preguntan cuál es tu auto y si no tienes se van. Y en el boliche todos toman media cerveza y luego la botan porque ya no está fría..." (testimonio juvenil)
Son comportamientos que otorgan una identidad a esta área de la ciudad. Una de estas identidades tiene que ver con la inaccesibilidad económica. Los elevados precios son una característica de las discotecas de esta zona y aunque siempre están las excepciones, también están los estereotipos que guían estos imaginarios e identidades territoriales de la ciudad. Todos estos elementos hacen de la zona sur un territorio ajeno a muchos jóvenes.
Si bien estos fantasmas son imprescindibles para la demarcación de fronteras territoriales urbanas, son elementos que muchas veces están presentes en el mismo centro. De hecho ni las peleas, ni los asaltos están ausentes de una noche en el centro. Y ni qué decir de los costos elevados en algunos boliches o de la gente que utiliza su auto para apropiarse de alguna porción de asfalto.
De todas maneras, son otras fronteras, extra geográficas, que van construyendo nuevos territorios, imaginarios y fantasmagorías y estableciendo los lugares a los que se va y a los que no se va. El centro es el lugar para todos a pesar de las negaciones sociales y étnicas del pasado. Pero dentro de él tampoco todo es accesible o todo es territorializado por todos. Entre los mismos jóvenes noctámbulos del centro, hay lugares que no son considerados seguros, por lo tanto no forman parte de su territorialidad. El testimonio de un joven noctámbulo, cuyos lugares de acción están restringidos a la zona sur y la plaza Avaroa, expresa sus construcciones fantasmales del centro: "uuuuuh, no, el Atrio es puro maleantes".
Estos son los desencuentros. Las fronteras, también sociales, que van delimitando el centro y a la gente que asiste a él durante las noches. Estos desencuentros permiten notar las diferencias al interior de la colectividad juvenil que se apropia de las calles y plazas del centro paceño. Son los parámetros para medir lo nuestro y lo ajeno como formas territoriales.
Territorialidades: encuentros y desencuentros
"Otro de los changos de ese grupo se acercó con un vaso y nos invitó un poco de ron, rolamos el vaso y le agradecimos" (Diario de campo I, 2004:26)
"Se acerca un chico del grupo de al lado con un vaso de plástico en la mano y nos lo invita, primero al Ale, que está de pie, él me lo pasa a mí y yo se lo doy al Chelo" (Diario de campo II, 2004:22)
"además de interactuar los changos en sus mismos grupos empezaron a interactuar entre grupos llevando vasos con trago de un grupo al otro" (Diario de campo III, 2004:22)
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