Ecuador DEBATE Nº 68
TEMA CENTRAL
Comprender lo joven
Sublimación y condena: los desencuentros del discursoFrancisco Cevallos Tejada*
Sumario: De la sublimación a la condena, la política, el mercado, los medios de comunicación, la academia o la iglesia han generado su discurso acerca de los jóvenes; se han vuelto práctica institucional y lugar común de estereotipos y contradicciones que anulan la diversidad, la heterogeneidad y la sociabilidad. Discursos construidos en ausencia de la propia juventud, y en favor de una sociedad urgida de actores emergentes para sostener su funcionamiento y culpar de sus problemáticas.
El primer desencuentro
En toda sociedad, la construcción del discurso en torno a sus actores - del que la juventud no ha escapado -, ha tendido a "asignarles" un rol y un lugar particular; pero más aún, les ha "dotado" de características particulares que se han construido - muchas veces - en ausencia de sus propios actores; es decir, el discurso se construye sobre la base de la imposición, el estereotipo, la funcionalidad, etc. La prohibición y la moral, también son características que, entre otras, nutren los discursos del poder y la autoridad, que se impregnan en la sociedad y sus instituciones, sobre todo cuando de jóvenes se trata.
De cómo la juventud se construye, hoy por hoy, depende en gran medida de discursos, enfoques e imaginarios ya establecidos alrededor de ellos. Discursos que se vuelven prácticas y realidades sobre las cuales los y las jóvenes tiene mucho que decir, pero no a quién. En otras palabras, la juventud transita entre la emergencia y la invisibilidad de una sociedad excluyente que no la escucha, y que cuando lo hace, no la entiende.
"¿Sabe usted cuál es la diferencia con los jóvenes de ahora? Que les conocemos menos, que casi no hablamos con ellos; pensamos que el alcohol, la violencia o las drogas nacieron en esta generación joven; vivimos cavilando que son promiscuos, que solo les importa la fiesta o el deporte, que no tienen valores, que no respetan. La sociedad aprendió a no reconocerse en ellos, como no se reconocen en lo indio, lo negro, lo pobre, lo popular, lo excluido, se prefiere hablar de lo que ellos no deberían ser, antes de lo que efectivamente son." (Cevallos C., 2005: 29-33).
El discurso estereotipado: la (con)fusión del saber común y el saber científico
Todo saber es una construcción teórica circunscrita a fenómenos efímeros y mutables en el tiempo. Generar conocimiento en torno a los jóvenes es un pequeño, pero significativo paso en la tarea científica de construir, saber sobre las realidades sociales de fin de siglo e inicios del nuevo. Principalmente cuando los jóvenes siguen siendo una gran interrogante para las ciencias sociales, y la diversidad juvenil continúa en la oscuridad cognitiva. (Medina Carrasco, 2000:10-11).
Pero no solo esta oscuridad se remite al ámbito científico. De lo que se habla a lo que se reflexiona acerca de la juventud existe una gran brecha. Del lugar común del estereotipo, al lugar común para la convivencia con estos sujetos, también. De allí que, habría que diferenciar y contraponer el conocimiento "común", del conocimiento "científico".
Si bien, en tanto saber "científico", existe cierto consenso frente a que las definiciones de la juventud son una construcción sociocultural que responde a cada momento histórico de una sociedad determinada, el debate ha generado varios disensos: a) Cuando no existen diferencias en cuanto a las categorías de riesgo o vulnerabilidad relacionadas con la juventud, o de su reconocimiento como actores estratégicos del desarrollo (visión un tanto funcionalista para con el rol de la juventud en la sociedad); b) existe diferencias frente a que esta etapa de vida es un estado en sí mismo, o una transición entre la niñez y la adultez (privilegiando por tanto un modelo adultocéntrico). Finalmente, el saber científico resultaría un debate para "iniciados", muchas veces alejado de otros saberes y reconocimientos.
El saber "común", por su lado, está cargado de estereotipos y lugares frecuentes1. Lo que existe es un discurso social que no solo pide, solicita, demanda, exige y se esperanza en las nuevas generaciones como protagonista del cambio social, sino que - a su vez - es generador de connotaciones negativas como sus atributos: sucios, vagos, rebeldes, ladrones, desadaptados, irrespetuosos
Una sociedad escalofriada y esquizofrénica, reduce los márgenes de tolerancia hacia lo diferente; encuentra en la apariencia y el prejuicio el pretexto "perfecto" para cancelar el espacio heterogéneo, y atribuye todo tipo de connotaciones negativas a los jóvenes. Es decir, se genera a su alrededor un discurso que no reconoce al sujeto en su presente, a menos que sea para condenarlo. Basta fijarse en la discursividad de los medios de comunicación en torno a la juventud: lo que existe es una estereotipia a sus acciones, sus éticas y estéticas que (con)funden al sujeto juvenil en el ideal de joven y de una sociedad futura, y que - simultáneamente -, lo estigmatiza y censura. En otras palabras, el y la joven, lo joven, lo juvenil se convierte en la "esperanza bajo sospecha".
Más aún, ambos saberes (el común y el científico) se desarrollan en una suerte de tipificación frente al sujeto joven: blanco, hombre, urbano, estudiante y súmese a este "ideal" juicios de valor y moral: bien vestido, educado2 excluyendo a todo aquel que no cumpla con aquellas características. Constituyéndose así en un discurso que oculta la diversidad.
La tendencia de las ciencias sociales para estudiar a las generaciones jóvenes en cada tiempo histórico ha tenido en el centro de sus críticas su desencuentro epistémico; los enfoques utilizados han carecido de integralidad, pues han compartimentado a sus sujetos de estudio y "perversamente" los ha llevado a estigmatizar y signar sobre ellos generalizaciones sobre la base de sus roles o características particulares, se los llama: "estudiantes", "hippies", "yupies", "roqueros", "raperos", etc.; o sobre la base de la influencia del contexto socioeconómico se las ha llamado generaciones: "NAFTA", "perdida", "X", "Y", "del desencanto", "del suspenso", "@". Es con este antecedente que la sociedad en su conjunto, y dentro de ellas las instituciones académicas han partido para sus análisis.
Las premisas investigativas por generalizar los "fenómenos" sociales, y homogenizar socialmente a los grupos de estudio ha llevado a la (con)fusión del sujeto y sus colectivos. Ante tamaña diversidad de la juventud, ésta se ha vuelto en contra de sí misma y ha descartado toda capacidad para recuperarla, por lo menos en mucho de la tarea investigativa. Es la concepción del ser y como tal su movimiento en el tiempo, la que se halla en debate.
El único discurso diferenciado, es excluyente y moralista
El discurso en torno a la juventud también está diferenciado, pero no por ello deja de ser general y excluyente. Así, uno es el discurso aplicado a los jóvenes según su procedencia de clase y estrato social. Por ejemplo, provenir de un colegio público o privado, o la universidad de la que provienen - para los pocos casos de los que han accedido -, tiene repercusiones en el mundo laboral y social. Es sabido que los jóvenes con mayores posibilidades económicas pueden tener mayor acceso a estudios de calidad y la calidad, en el discurso - así también en la práctica -, casi ya no se la adquiere en los sistemas públicos de educación, sino en los privados y de preferencia en el extranjero.
- * Pedagogo e investigador social. Catedrático universitario. Impulsó el Sistema de Indicadores de la Juventud en el Ecuador _ SIJOVEN. Consultor en temas de desarrollo, educación y políticas públicas de juventud.
- 1 El estereotipo reduce, esencializa, naturaliza y fija la "diferencia"; constituye una estrategia de separación-división tendiente a dividir lo normal y lo aceptable de lo anormal e inaceptable, es excluir o expeler todo lo que no calza, que es diferente, enviándolo a un exilio simbólico porque es intolerable (Hall, 1997: 86).
2 Lo que entra en juego es la "normalidad" y la "moralidad", habrá que cuestionarse entonces qué es lo normal y lo que significa lo "bueno" sea en la vestimenta, en el lenguaje o el comportamiento
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