Ecuador DEBATE Nº 52
DEBATE AGRARIO
LA PERCEPCION DE LA PROBLEMATICA ECOLOGICA Y ETICA POR LOS CAMPESINOS COCALEROS EN BOLIVIA (Sinopsis de una encuesta de opinión)
H. C. F. Mansilla
Entre los campesinos cocaleros es bastante difundida la creencia de que el descarte de productos químicos, como los usados por muchos de ellos en la elaboración de la primera etapa de pasta básica de cocaína, no puede contaminar algo percibido como inmenso y hasta ilimitado, tal cual parece ser la naturaleza en el Chapare-Bolivia y posiblemente en zonas de otros países donde se produce esta situación.Mediante una encuesta de opinión pública, llevada a cabo entre julio y agosto de 1999 en los Yungas de La Paz y en el Chapare (Cochabamba), es posible reconstruir de manera más o menos fidedigna lo que piensan los campesinos productores de coca en torno a las consecuencias ecológicas y éticas de su quehacer cotidiano . Se eligió ambas áreas por una razón elemental: en los Yungas de La Paz se concentran las plantaciones de coca de origen ancestral, cuyo producto final sirve al llamado consumo tradicional de la coca de parte de la población rural y minera boliviana, mientras que el Chapare de Cochabamba destina su producción de coca a la elaboración de pasta básica de cocaína y cocaína más o menos refinada. Aunque no se trata de una encuesta representativa en sentido estricto, sino de una de índole indicativa, la encuesta permite elucidar con alguna seguridad las concepciones de los mismos campesinos acerca de la temática aquí tratada. Tanto en los Yungas como en el Chapare fueron interrogados cien campesinos por zona. Se les presentó un conjunto de unas veinte preguntas, pudiendo contestar a ellas de forma libre y no prefigurada, sin limitación de tiempo. Por un comprensible interés sociológico y politológico se reproducen textualmente algunas respuestas y comentarios de los campesinos encuestados; estos pasajes no pretenden ser representativos. La selección de los encuestados fue de carácter estrictamente aleatorio .
El valor de la encuesta debe ser tomado, como toda operación de este tipo, cum grano salis. Una gran parte de los encuestados contesta siempre de modo evasivo, tratando de enunciar lo que parecería corresponder a los designios del interrogador. Otro grupo trata de salir del paso lo más rápidamente posible, evitando respuestas comprometedoras sobre una temática claramente incómoda. Pero esto conforma el problema menor de toda encuesta. En todo caso es muy arduo llegar al núcleo de las motivaciones profundas de los interrogados, porque ellos mismos están en duda o experimentan móviles contradictorios. Por otra parte, los encuestados tienden a respuestas convencionales (y posiblemente falsas) en torno a ciertos problemas, aunque se les interrogue de la manera más indirecta y astuta. Por ejemplo todos los grupos involucrados - y, en el fondo, cualquier encuestado -contestan que se preocupan seriamente por preservar el medio ambiente, que les gusta el bosque incólume y que les da pena ver tierras erosionadas; sólo interrogados de forma más cuidadosa y hasta oblicua admiten que la preservación de la naturaleza les es indiferente y que primero está la supervivencia de ellos y de sus familiares.
Aunque carece de significación decisiva para este estudio, no es superfluo mencionar algunos datos generales sobre el origen geográfico y las causas de emigración a las zonas cocaleras. Mientras que en el Chapare sólo un 16% de los encuestados eran oriundos de la región (o de áreas aledañas), el 73% de los interrogados en los Yungas provenía de la misma región. (La migración interdepartamental entre La Paz y Cochabamba parece ser de escasa significación en el universo encuestado.) El Chapare constituye evidentemente una zona con alta movilidad geográfica: la mayoría de los encuestados abandonó su lugar de origen para probar suerte en tierras subtropicales. La causa principal para la emigración parece ser la falta de terrenos agrícolas adecuados para mantenerse a sí mismos y a sus familias (46% de las respuestas). El emprobrecimiento de los suelos conforma otro de los móviles (31% de los encuestados). De todas maneras, estas cifran dan a entender que la inmensa mayoría de los encuestados son campesinos de origen o pertenecientes a familias del área rural; los ex-mineros constituyen un grupo importante, pero minoritario: 15%. Este dato es tanto más importante para los fines de este análisis cuanto los encuestados son mayoritariamente de proveniencia campesina (y aparentemente de larga data), y no mineros u otros desempleados que por ello podrían aducir ignorancia de los problemas medio-ambientales. La gravedad de la destrucción ecológica tiene entonces que ser vista con el trasfondo de grupos humanos consagrados a las labores agrícolas y compenetrados desde su infancia con el medio rural, es decir con gente que se percata de los riesgos ecológicos de su quehacer cotidiano -o que debería hacerlo-. El conocimiento previo de la zona de colonización no es ciertamente óptimo, pero tampoco es tan deficiente como para justificar bona fide un desconocimiento total de la problemática ecológica.
En cuanto a las formas primordiales de apertura y tratamiento del terreno para su cultivo es importante hacer notar el alto porcentaje (altísimo a nivel mundial) de corte y quema del manto vegetal (método de slash-and-burn) para iniciar las labores anuales de preparación del suelo y siembra (60%, sin grandes diferencias según la región, contra 21% sin quema y 19% de abstención). Este procedimiento, sometido internacionalmente a críticas cada día más severas, es ligeramente más usual en el Chapare que en los Yungas; en esta última región, a causa de la escasez de suelos agrarios, es más corriente el desmontar en forma más espaciada y dedicarse más intensamente al cultivo de lo ya desmontado. La conformación topográfica y la ocupación casi exhaustiva de los suelos en los Yungas y en el Chapare permiten, por otra parte, sólo un avance anual muy moderado hacia el "trópico virgen". De todas maneras sorprende el uso tan dilatado de la quema de la cubierta vegetal y de los grandes árboles, puesto que el peligro de erosión es particularmente grave cuando se conjugan tres factores como ser una capa delgada de humus, una pendiente más o menos acentuada y un régimen pluvial generoso - que es precisamente lo habitual en las zonas cocaleras. Sorprende, entonces, la opinión muy difundida, expresada por un campesino del Chapare, oriundo de ahí mismo: "El chaqueado no perjudica en nada la producción, más bien nos protege cuando hay lluvias"
* Ph.D. en Ciencias Sociales. Profesor Universitario. Co-editor Revistas: Occidente de México; Laward Society, Alemania; Estudios Latinoamericanos de América Latina, Israel.
El autor realizó una encuesta más amplia sobre esta misma temática a mediados de 1994 precisamente en las regiones mencionadas aquí. La primera encuesta, que contenía más preguntas de carácter claramente político, fue implementada por encargo de la institución boliviana SEAMOS (Sistema Educativo Antidrogas y de Movilización Social), sin ningún condicionante ideológico o de cualquier otro tipo. Esta segunda etapa se cumplió por encargo de la Asociación Suiza de Estudios sobre América Latina (Berna), obviamente sin ninguna clase de con-diciones. Los resultados de ambas encuestas son muy similares en lo referente al contenido de las respuestas y de las opiniones vertidas por los campesinos, posiblemente debido a que la distancia temporal entre ambas encuestas ha sido reducida y a que la situación general del campesinado cocalero boliviano no varió casi nada en tres años. El autor es el único respon-sable por la implementación y la interpreta-ción de la encuesta, aunque ha tratado de ser muy parco a la hora de formular opiniones concluyentes en este breve ensayo.
En esta sinopsis, que por razones de espacio renuncia a cuadros estadísticos, generalmente no se menciona el grado de abstención (no responde / no sabe), salvo en varios casos donde la abstención tiene una clara connotación de valor sociológico y politológico.
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