Ecuador DEBATE Nº 52
DEBATE AGRARIO
Aun en el caso de los Yungas, donde los modos tradicionales de hacer agricultura están arraigados desde tiempos inmemoriales y donde la cultivación de coca ha desarrollado técnicas más o menos adecuadas al paisaje y a la calidad de los suelos, sorprende el porcentaje excepcionalmente alto de campesinos que consideran su ocupación actual como una etapa transitoria que abandonarían inmediatamente si hubiese una alternativa real de cambio (40% de las respuestas); sólo el 17% de los mismos percibe sus tierras como substancialmente buenas y, por ende, dignas de ser vistas como un empleo permanente (38% en el Chapare).
En ambos casos investigados, un porcentaje similar (alrededor del 40%) cree que sus parcelas son difíciles de trabajar, pero que el esfuerzo vale la pena. Aquí debe tenerse en cuenta que es muy problemático el averiguar el grado verdadero de apego a la ocupación o profesión ejercida en un momento dado: el encuestado tiende a responder dando hacia afuera la impresión de un afecto a la misma mayor que en la realidad. De todas maneras, los lazos emocionales con la tierra no parecen ser los más sólidos, sobre todo si observamos cómo los interrogados perciben el futuro de los propios hijos.
Una proporción muy reducida quisiera que los hijos prosiguieran con la profesión de agricultores, y aun en este caso bajo la precondición de una mejor educación (23% en el Chapare y únicamente 9% en los Yungas). 90 % de los encuestados en los Yungas y 69% en el Chapare expresaron enfáticamente su anhelo de que los hijos tengan una ocupación totalmente diferente a la de campesino y que adquieran una educación o formación vocacional substancialmente más sólida. Es representativo lo dicho por un campesino del Chapare (proveniente de los valles cochabambinos):
"Por mí yo quisiera que en mí acabe lo de ser agricultor. A mis hijos como sea yo tendré que hacer estudiar. Quiero que salgan del Chapare, y como padre tengo que esforzarme hasta lo último porque yo ya he visto que la carrera del agricultor es una cosa pesada. Y si alguno de mis hijos quiere quedarse aquí, yo, cuando sean más grandecitos, les voy a decir cómo es la situación del agricultor; viendo eso ellos se van a poner a pensar".
Es probable, entonces, que los agricultores, así sea de forma subconsciente, no se preocupan demasiado por el destino de sus tierras a largo plazo, es decir tomando en cuenta varias generaciones, que es lo corriente en otros lugares del planeta. Este enunciado debe ser, empero, relativizado por el notable esfuerzo que hacen los encuestados por ahorrar (y parcialmente por construir una casa), pese a sus ingresos relativamente bajos y a su escasa disponibilidad de tiempo.
En cuanto a la percepción propiamente dicha de problemas medioambientales se puede aseverar que las opiniones manifestadas por los interrogados reflejan sólo una cara de la problemática. En el texto completo de las entrevistas aparece a menudo la afirmación de que los encuestados sienten pena al ver laderas peladas, restos de árboles quemados, terrenos baldíos estropeados por la erosión y una larga serie de imágenes de este tipo. Pensaron probablemente que esta era la respuesta adecuada que el encuestador quería escuchar. Al ser preguntados directamente si había algún problema de erosión o de superficies estropeadas en la región (causadas por la mano del hombre), un porcentaje muy alto en el Chapare (62%) contestó que no había ningún signo de destrucción ecológica de este tipo o que el problema era "poco grave" (14% en el Chapare y 43% en los Yungas). Esta opinión contrasta con la realidad palpable en la región. Sobre todo en el Chapare una porción exigua de los entrevistados (1% contra 16% en los Yungas) está dispuesta a admitir que existen efectivamente problemas graves de superficies erosionadas por las labores agrícolas y, en general, por la "apertura" de las tierras tropicales y subtropicales a las actividades económicas.
Esta actitud de no querer percibir algo reconocido por otros grupos sociales, incluyendo sus propios dirigentes y representantes gremiales, tiene que ver con las concepciones colectivas de feracidad y fertilidad que normalmente están asociadas al trópico y al bosque frondoso. Relativamente pocos colonizadores del Chapare y zonas similares están dispuestos a admitir que las tierras tropicales no son tan ricas cómo se habían imaginado al llegar a su nuevo destino; la buena calidad de las primeras cosechas y la relativa abundancia de tierras vírgenes los induce a inferir que la potencialidad agrícola del trópico es casi inagotable. Como aseveró un colonizador del Chapare proveniente de Capinota (Cochabamba): "La capa de tierra buena debe ser tan profunda como altas son las copas de los árboles".
Preguntados directamente si la selva virgen y los grandes árboles pueden ser considerados como obstáculos o, por lo menos, como impedimentos para el "progreso" [material], es decir para la construcción de carreteras, escuelas e infraestructura en general y para las labores agrícolas, 54% de los encuestados (tanto en el Chapare como en los Yungas) contestó que así era efectivamente. 43% de los interrogados en los Yungas respondió, por el contrario, que los bosques y los grandes árboles son útiles porque protegen la tierra de la erosión y que, por consiguiente, deberían ser conservados. Unicamente el 15% del muestreo en el Chapare comparte esta opinión. La cantidad de los que no sabían o no querían contestar esta pregunta en el Chapare es significativamente alta (31%), mientras que el mismo porcentaje en los Yungas es muy reducido (3%). Provisoriamente se puede inferir que los campesinos de los Yungas han desplegado a lo largo del tiempo una proto-consciencia más avanzada de la necesidad de respetar, así sea muy parcialmente, las arboledas porque éstas contribuyen a evitar o a aminorar la erosión de los suelos, consciencia que es deplorablemente limitada entre los agricultores del Chapare.
Esta actitud poco favorable hacia principios conservacionistas y ecologistas queda patente en el comportamiento frente al desmonte mediante corte y quema (chaqueo), que es una de las actividades centrales de toda actividad agrícola en las áreas investigadas. Se trata de un procedimiento aceptado de manera general, como algo obvio para lo cual no hay no hay aparentemente ningún otro método alternativo. 24% de los encuestados en los Yungas (contra un 0% en el Chapare!) dice practicar un respeto liminar a la cubierta vegetal (lo que equivaldría a tomar en serio en la praxis los ya mencionados principios ecologistas ). 38% de los encuestados en el Chapare y 36% en los Yungas afirmaron "respetar" algunos árboles durante el chaqueo; hay que señalar, empero, que se trata de un respeto muy relativo, pues se preservan aquellos árboles (como palo maría, laurel y almendrillo) que representan una utilidad muy "tangible" en el futuro: pueden ser vendidos a causa de su madera. Es decir: se difiere la tala de estos árboles por un tiempo hasta encontrar un mercado para ellos. 54% de los encuestados en el Chapare (contra sólo 38% en los Yungas) afirmó que hay que cortar todo árbol grande, pues bajo su sombra la producción agrícola sería muy baja o nula.
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