Ecuador DEBATE Nº 68
 
 TEMA CENTRAL

Pasota es la expresión que a mediados de los años 70 comienza a ser utilizada en España para designar a esta nueva forma de rebeldía juvenil. El "pasota" es el que "pasa de todo" para quedarse con su mera identidad e intimidad sin participar en la vida publica. Es el que no cree en nada, no tiene nada como fin o como aspiración.

El movimiento juvenil en Ecuador (De los años 60 al fin del milenio)

Una de las características fundamentales de la juventud ecuatoriana, es que como movimiento siempre estuvo ligado a las causas y a las luchas políticas. Este fue un fenómeno muy propio de América Latina y que como hemos señalado fue muy diferente a los movimientos, sobre todo estudiantiles, europeos y norteamericanos.
Al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, las movilizaciones producidas en el país, que en un principio fueron de solidaridad con la Revolución, establecen la posibilidad de reunir a jóvenes alrededor de un movimiento político. El fenómeno de la Revolución, genera en el Ecuador el espíritu de liberación del país, la juventud empieza así ha buscar los mecanismos que le permitan su participación en este nuevo objetivo. No concebían que mientras en Cuba triunfaba un proceso revolucionario, y en otros países ya se empezaban a escuchar los "tiros", en Ecuador no sucedía nada.
Es así que, con impulso del Partido Comunista, nace el movimiento URJE, Unión Revolucionaria De Juventudes Ecuatorianas, que realiza su primera Convención constitutiva en Quito, en agosto de 1960. Allí, delegados de organizaciones estudiantiles y populares dan cuerpo a un movimiento juvenil, con características propias.
URJE rápidamente adquiere una característica de movimiento revolucionario. De un modo muy ingenuo y romántico, imbuido por todo el contexto de la Revolución Cubana, se comienza a plantear abiertamente la organización de la lucha armada en el país. Sus militantes organizados en Brigadas, llegaron a utilizar en las manifestaciones, desfiles y mítines, uniformes verde oliva y gorras. Era la aceptación y disposición a reeditar la epopeya cubana.
Si bien URJE tuvo una vida corta, pues desapareció en el año 63, su espíritu marcó a gran parte de la juventud de izquierda, en tanto desde su ideario, se constituyeron movimientos políticos de carácter subversivo. De la militancia de la Unión Revolucionaria de Juventudes Ecuatorianas -URJE-, hay una recuperación importante para la conformación en 1965 de un nuevo movimiento que se llamó Vencer o Morir -VM-.
En el quinto gobierno de Velasco Ibarra (1968-1972), los estudiantes universitarios y secundarios participan permanentemente en la política. Va a ser su propia demanda y problemática, en tanto estudiantes, la que los lleve a asumir un rol radical. Los exámenes de ingreso a los que debían someterse aquellos bachilleres que aspiraban a entrar a la universidad, se habían convertido en un obstáculo y filtro que daba lugar a tremendas injusticias sociales.
Para conseguir su supresión se planteó que había que luchar y se organizó a los estudiantes secundarios de todo el país, se hicieron algunos intentos para lograr la resolución de los Consejos Superiores de las universidades de Quito y Guayaquil hacia obtener la suspensión de los exámenes de ingreso pero; habían muchas resistencias.
Frente a la actitud de los jóvenes secundarios, que fueron los de mayor beligerancia, comenzaron a formarse grupos paramilitares de sectores de la burguesía dentro de la universidad, hijos de burgueses de Guayaquil, formaron verdaderas pandillas que procedían a secuestrar a jóvenes bachilleres a los que maltrataban y obligaban a abandonar sus reclamos, con el argumento de que la universidad no era para todos pero; se fue generando todo un movimiento de jóvenes secundarios que con una buena actitud de combate realizaron una serie de acciones: desde secuestrar a las autoridades universitarias, hasta enfrentar a los grupos paramilitares organizados por sectores de derecha y del CFP.
Al calor del movimiento juvenil y estudiantil de mayo de 1968 en París y otras ciudades del continente europeo, en Ecuador los estudiantes ocupaban a diario las calles y plazas de Quito y Guayaquil. Todo el mundo hablaba de revolución, era un movimiento en el que se expresaba una gran inspiración en Marcuse y en los movimientos de Francia del 68, se hacían loas al Che Guevara y a la Revolución Cubana.
Para el año 69, se dan grandes manifestaciones en favor del libre ingreso a la universidad, es así como en el mes de mayo, estudiantes secundarios, se toman las instalaciones de la casona universitaria en Guayaquil. El asunto llegó a tener tal trascendencia no solo en Guayaquil sino en todo el país, que intervino un grupo de paracaidistas. Las Fuerzas Especiales del Ejército intervinieron y los resultados fueron funestos. A pesar de que la FEUE dispuso la salida de los bachilleres de la Casona, hubo quienes se quedaron y fueron objeto de una masacre. Allí murieron unos treinta estudiantes, hubo más de cien heridos y doscientos detenidos.
Irónicamente, este luctuoso suceso vino a sensibilizar a las autoridades universitarias que como resolución de los Consejos Universitarios suprimieron los exámenes de ingreso. La masacre de los estudiantes el 29 de mayo de 1968 generaliza las protestas contra el gobierno de Velasco Ibarra. La indignación juvenil se canalizó en muchos casos en grupos armados locales que surgieron tanto en Quito como en Guayaquil.
La década del los 70 en cambio, se caracteriza por una fuerte presencia del movimiento estudiantil en la lucha contra la dictadura militar. Con el retorno a la democracia (1979) y el auge del triunfo de la Revolución Sandinista, que rompe los esquemas de las clásicas revoluciones de carácter marxista, en cuyos contenidos se recoge una serie de identidades, como es el cristianismo comprometido, se organizan varios grupos de jóvenes en torno a comités de solidaridad con Nicaragua, se produce la radicalización de ciertos sectores juveniles, especialmente de grupos cristianos que vienen reflexionando en torno a la Teología de la Liberación. Esta radicalización llevó a algunos de los jóvenes a ser parte de espacios políticos extralegales.
Un importante momento en las luchas populares y de amplia participación juvenil, fue la denominada "guerra de los cuatro reales" en 1982, bajo el gobierno de Osvaldo Hurtado, jornada de protesta popular que sitió la ciudad de Quito, por más de cuatro días. Por esos años, emergen públicamente dos movimientos insurgentes, Alfaro Vive Carajo (AVC) y Montoneras Patria Libre (MPL).
Para 1984, asume la presidencia de la República el ingeniero León Febres Cordero, el mismo que aplica políticas represivas durante su mandato, desmantela las organizaciones subversivas AVC y MPL, y desata una persecución sin precedentes a los jóvenes, a través de su famoso "Escuadrón Volante". Sin embargo las organizaciones juveniles logran significativos crecimientos, especialmente los grupos parroquiales y aquellos de carácter artístico y cultural. Es visible en los jóvenes en general el desarrollo de niveles de conciencia en torno a la realidad que se vive, lo que se demuestra de una u otra manera en las jornadas de protesta contra el régimen de Febres Cordero.
Avanza el decenio, asume el mando del Estado el doctor Rodrigo Borja, quién con su hábil política de concertación, desarticula el movimiento popular. A nivel internacional desaparece el "socialismo real", cae el muro de Berlín y comienza la crisis de paradigmas. Así entramos en la década del 90, dónde los pocos espacios de organización juvenil que aún se mantiene en funcionamiento, ante las crisis de paradigmas, encuentran en la solidaridad con el movimiento indígena una línea de accionar.
Un importante segmento de la juventud, entra en un proceso de escapismo, en búsqueda de exacerbar los sentidos; la globalización ha llegado, los referentes los establecen la televisión, especialmente canales internacionales como MTV, que construyen una imagen global del joven de los 90, sus referentes se constituyen desde artistas como Kurt Cobain, (que termina suicidándose), vocalista del grupo Nirvana, Marylin Manson, contestatario y desesperanzador, con imágenes que invocan el culto a la muerte.
Para otros jóvenes, empieza el temor al futuro, confrontando la necesidad de perfilar y asegurar su vida, en un mundo donde el elemento central es la competencia.
En los años finales de la década del 90, es observable un resurgir de los movimientos juveniles, especialmente de carácter urbano popular, que asisten a un proceso de cambio de los espacios de socialización tradicional de los sectores populares, en parte provocados por la reducción de la familia ampliada, la individualización de las relaciones urbanas, la pérdida de importancia relativa de los lazos comunitarios, la presencia de la escuela y de los medios de comunicación, que impulsan la necesidad de agruparse y ser reconocidos.

 
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