Ecuador DEBATE Nº 68
 
 ANÁLISIS

una preferencia a realizar estudios desde la perspectiva de la relación subordinada del migrante al esquema legal establecido por el Estado. Estas ausencias y limitaciones tienen implicaciones no sólo para el saber sino también para la formulación y aplicación de políticas públicas en temas migratorios. Porque, por ejemplo, en el supuesto caso de que inversionistas y gobiernos quisieran estimular la actividad económica en los sitios de origen de los migrantes, ¿cómo saber de qué localidades se trata, cuáles son las actividades posibles, qué recursos humanos se encuentran capacitados, etc., si no se cuenta con la información necesaria? Sin este conocimiento concreto, cualquier tipo de pronunciamiento de abatir la oferta de mano de obra es sólo un enunciado macroeconómico sin correlativo real. Más, por otra parte, suponiendo que con los pocos elementos disponibles se impulsaran los mercados y ocupaciones locales en los sitios de origen de los migrantes, ¿cómo saber que éstos sólo son expresión del desempleo, subempleo y salarios depreciados? Este conjunto de medidas respondería, de ser exitoso, a los migrantes potenciales con motivaciones económicas. Pero, ¿qué se propone para los que no responden en sentido estricto a lo económico inmediato, para los que están en pleno tránsito y para los que ya han llegado a su destino? Las medidas de detección y expulsión para estos casos, aunque puedan ser efectivas en lo inmediato, lo que estimulan son nuevas formas sociales de evasión de los marcos institucionales, a la vez que se deja de encauzar los aprendizajes que los migrantes adquirieron durante su travesía y lugar de destino.

Las remesas económicas han devenido importantes para los países de origen de los migrantes (entre los principales rubros nacionales generadores de divisas para México, Centroamérica o el Caribe, por ejemplo), pero tanto los estados de procedencia como de destino han dejado pasar la oportunidad de potenciar los conocimientos técnicos, organizativos, culturales y sociopolíticos adquiridos por quienes ya han pasado a formar parte del proceso migratorio. Lo económico es una aportación y una limitante; de lo primero hay variadas evidencias, tantas que centran en demasía la atención de los gobiernos. Lo segundo no siempre es considerado como tal debido precisamente al peso excesivo otorgado a lo económico. Se presenta así una distorsión en la manera de concebir y tratar el proceso migratorio. El principal inconveniente es que la variable económica, aunque a veces se matice su importancia diciendo que es la principal pero no la única razón de la migración, se convierte en eje articulador de las iniciativas gubernamentales que pretenden incidir en el proceder de los migrantes y de los agentes sociales con que se relacionan. Así, hay un reduccionismo contraproducente que se evidencia cada vez que se anuncia y aplican nuevas medidas de contención a la migración indeseada por los gobiernos. Pronto, los destinatarios de las medidas gubernamentales desarrollan nuevas formas de obviar los alcances y efectividad de las políticas de control. Ello ocurre porque se deja de lado el aspecto social. Es decir, habría que partir de la noción de que la migración internacional es un proceso que no sólo involucra a los cientos de miles de personas que se desplazan de un país a otro, sino también a un número impreciso de agentes sociales dispersos a lo largo de amplios territorios, en vínculos múltiples, flexibles e informales que sólo pueden ser entendidos en términos relacionales entre sí, por un lado, y, por el otro, con el ejercicio de las autoridades públicas en materia migratoria.

Sobre las líneas de investigación y debate contemporáneo

La migración autónoma del poder estatal es una práctica social y no una política formalmente constituida, explicitada en texto alguno o expuesta ante alguna autoridad competente. Ella surge como una práctica entre miembros de un mismo entorno familiar o social como mecanismos de respuesta a situaciones indeseadas. En esta práctica migratoria autónoma hay una riqueza social que se desaprovecha porque no se le reconoce, debido al peso excesivo de lo económico en el análisis. Mientras el enfoque no cambie, se seguirán observando acciones parciales en tanto que se analiza la migración "desde fuera" (desde las leyes del Estado) y desde lo económico, teniendo como resultado único cifras más o menos constantes de la cantidad de expulsiones de determinadas nacionalidades por año y una cifra menor de traficantes de migrantes detenidos.

Por otra parte, sería igualmente limitado observar la migración internacional sólo desde "adentro", definida por sus propias particularidades. El resultado, en este caso, sería el de recoger las impresiones inmediatas de los sujetos y agentes sociales involucrados en el proceso, que darían cuenta de sus razones para migrar, los obstáculos para hacerlo, las colaboraciones recibidas de manera casuística, los peligros generalizados y las expectativas de llegar a establecerse en el lugar de destino. Ciertamente ésta sería una contribución importante, pero también presentaría limitantes en enfoques y contenidos. Entre ellas, y a diferencia de los diagnósticos que hacen hincapié en lo macro y general, éstas se centrarían en lo micro e individual; mientras que aquéllos trabajarían para efectos en el mediano y largo plazo, éstas buscarían resultados en el corto plazo, obviamente, sin perder de vista el futuro; las institucionales hablarían de legalidad, éstas de búsquedas legítimas de realización; aquéllas tendrían presente las relaciones entre los estados y éstas los vínculos sociales; aquéllas verían sólo, o de manera preferente, lo económico y éstas, aunque lo incluyan, hablarían de una vida más plena, segura y, sobre todo, promisoria. En síntesis: unas verían lo concerniente al poder estatal y su ejercicio, las otras harían caso omiso de él, o lo subordinarían de manera notable, en aras de destacar los méritos sociales del fenómeno migratorio independiente de la vida institucional.

Desde una perspectiva amplia e integral, la migración internacional sólo puede ser concebida en relación con las diversas fuerzas y circunstancias que le vinculan. Su naturaleza se establece por la manera en que ella se vive o experimenta y no sólo por las razones que originan los flujos o los encaminan a determinados destinos, en tanto que se trata de procesos sociales diferenciables en los que ocurren vínculos relacionales de diverso tipo. De ahí que las razones que pudieran explicar un primer flujo no necesariamente son similares a las de un segundo o un tercero, así provengan del mismo lugar en que pervivan las circunstancias socioeconómicas observadas en el momento de la primera migración. La migración internacional está compuesta por diferentes tipos de personas en distintas circunstancias; si todas fueran iguales no habría la diversidad de flujos migratorios que hoy en día observamos.

Algunos Estados han resuelto atender de manera drástica la migración autónoma que ocurre por sus fronteras, mientras que otros siguen sin ocuparse de ella. Al posponer su atención, o hacerlo de manera tardía, los gobiernos ganan tiempo, pero no cancelan la posibilidad de que en un momento dado el fenómeno migratorio adquiera perfiles de problema (interno o internacional) y entonces se vean obligados a actuar con apresuramiento y no siempre provistos del conocimiento necesario, de las herramientas institucionales que se requieren ni de un clima social propicio para acciones legales, legítimas y socialmente aceptables. Por el contrario, lo que se observa es una preocupación constante por desarrollar leyes, reglamentos y operativos unívocos de los estados que ven resistencias y obstáculos a vencer en las tramas sociales de los migrantes y en los migrantes mismos. Mientras que para los gobiernos tiene implicaciones de gobernabilidad o de acatamiento social de las leyes, la resistencia y obstáculos tienen un significado diferente para los migrantes. La fortaleza y resistencia de la migración son, entonces, producto de su pluralidad, de su heterogeneidad en formas, tiempos, alcances, expectativas, realizaciones y también de la desatención gubernamental que sólo observa sus implicaciones económicas y trata de responder a ellas o sacar el mejor partido posible en su relación con los gobiernos vecinos. Es evidente que esta manera de enfocar y participar en el proceso migratorio no fortalece a las sociedades y sus gobiernos.

En la actualidad, por las fronteras nacionales ocurre y transita prácticamente la diversa variedad de tipos de desplazamientos que contiene todo catálogo de las migraciones internacionales; con permisos migratorios de los más variados o carentes de ellos. Por los volúmenes anuales y complejidades sociales

 
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