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una preferencia a realizar
estudios desde la perspectiva de la relación subordinada
del migrante al esquema legal establecido por el Estado. Estas
ausencias y limitaciones tienen implicaciones no sólo
para el saber sino también para la formulación
y aplicación de políticas públicas en temas
migratorios. Porque, por ejemplo, en el supuesto caso de que
inversionistas y gobiernos quisieran estimular la actividad económica
en los sitios de origen de los migrantes, ¿cómo
saber de qué localidades se trata, cuáles son las
actividades posibles, qué recursos humanos se encuentran
capacitados, etc., si no se cuenta con la información
necesaria? Sin este conocimiento concreto, cualquier tipo de
pronunciamiento de abatir la oferta de mano de obra es sólo
un enunciado macroeconómico sin correlativo real. Más,
por otra parte, suponiendo que con los pocos elementos disponibles
se impulsaran los mercados y ocupaciones locales en los sitios
de origen de los migrantes, ¿cómo saber que éstos
sólo son expresión del desempleo, subempleo y salarios
depreciados? Este conjunto de medidas respondería, de
ser exitoso, a los migrantes potenciales con motivaciones económicas.
Pero, ¿qué se propone para los que no responden
en sentido estricto a lo económico inmediato, para los
que están en pleno tránsito y para los que ya han
llegado a su destino? Las medidas de detección y expulsión
para estos casos, aunque puedan ser efectivas en lo inmediato,
lo que estimulan son nuevas formas sociales de evasión
de los marcos institucionales, a la vez que se deja de encauzar
los aprendizajes que los migrantes adquirieron durante su travesía
y lugar de destino.
Las remesas económicas han devenido importantes para los
países de origen de los migrantes (entre los principales
rubros nacionales generadores de divisas para México,
Centroamérica o el Caribe, por ejemplo), pero tanto los
estados de procedencia como de destino han dejado pasar la oportunidad
de potenciar los conocimientos técnicos, organizativos,
culturales y sociopolíticos adquiridos por quienes ya
han pasado a formar parte del proceso migratorio. Lo económico
es una aportación y una limitante; de lo primero hay variadas
evidencias, tantas que centran en demasía la atención
de los gobiernos. Lo segundo no siempre es considerado como tal
debido precisamente al peso excesivo otorgado a lo económico.
Se presenta así una distorsión en la manera de
concebir y tratar el proceso migratorio. El principal inconveniente
es que la variable económica, aunque a veces se matice
su importancia diciendo que es la principal pero no la única
razón de la migración, se convierte en eje articulador
de las iniciativas gubernamentales que pretenden incidir en el
proceder de los migrantes y de los agentes sociales con que se
relacionan. Así, hay un reduccionismo contraproducente
que se evidencia cada vez que se anuncia y aplican nuevas medidas
de contención a la migración indeseada por los
gobiernos. Pronto, los destinatarios de las medidas gubernamentales
desarrollan nuevas formas de obviar los alcances y efectividad
de las políticas de control. Ello ocurre porque se deja
de lado el aspecto social. Es decir, habría que partir
de la noción de que la migración internacional
es un proceso que no sólo involucra a los cientos de miles
de personas que se desplazan de un país a otro, sino también
a un número impreciso de agentes sociales dispersos a
lo largo de amplios territorios, en vínculos múltiples,
flexibles e informales que sólo pueden ser entendidos
en términos relacionales entre sí, por un lado,
y, por el otro, con el ejercicio de las autoridades públicas
en materia migratoria.
Sobre las líneas
de investigación y debate contemporáneo
La migración autónoma
del poder estatal es una práctica social y no una política
formalmente constituida, explicitada en texto alguno o expuesta
ante alguna autoridad competente. Ella surge como una práctica
entre miembros de un mismo entorno familiar o social como mecanismos
de respuesta a situaciones indeseadas. En esta práctica
migratoria autónoma hay una riqueza social que se desaprovecha
porque no se le reconoce, debido al peso excesivo de lo económico
en el análisis. Mientras el enfoque no cambie, se seguirán
observando acciones parciales en tanto que se analiza la migración
"desde fuera" (desde las leyes del Estado) y desde
lo económico, teniendo como resultado único cifras
más o menos constantes de la cantidad de expulsiones de
determinadas nacionalidades por año y una cifra menor
de traficantes de migrantes detenidos.
Por otra parte, sería
igualmente limitado observar la migración internacional
sólo desde "adentro", definida por sus propias
particularidades. El resultado, en este caso, sería el
de recoger las impresiones inmediatas de los sujetos y agentes
sociales involucrados en el proceso, que darían cuenta
de sus razones para migrar, los obstáculos para hacerlo,
las colaboraciones recibidas de manera casuística, los
peligros generalizados y las expectativas de llegar a establecerse
en el lugar de destino. Ciertamente ésta sería
una contribución importante, pero también presentaría
limitantes en enfoques y contenidos. Entre ellas, y a diferencia
de los diagnósticos que hacen hincapié en lo macro
y general, éstas se centrarían en lo micro e individual;
mientras que aquéllos trabajarían para efectos
en el mediano y largo plazo, éstas buscarían resultados
en el corto plazo, obviamente, sin perder de vista el futuro;
las institucionales hablarían de legalidad, éstas
de búsquedas legítimas de realización; aquéllas
tendrían presente las relaciones entre los estados y éstas
los vínculos sociales; aquéllas verían sólo,
o de manera preferente, lo económico y éstas, aunque
lo incluyan, hablarían de una vida más plena, segura
y, sobre todo, promisoria. En síntesis: unas verían
lo concerniente al poder estatal y su ejercicio, las otras harían
caso omiso de él, o lo subordinarían de manera
notable, en aras de destacar los méritos sociales del
fenómeno migratorio independiente de la vida institucional.
Desde una perspectiva amplia e integral, la migración
internacional sólo puede ser concebida en relación
con las diversas fuerzas y circunstancias que le vinculan. Su
naturaleza se establece por la manera en que ella se vive o experimenta
y no sólo por las razones que originan los flujos o los
encaminan a determinados destinos, en tanto que se trata de procesos
sociales diferenciables en los que ocurren vínculos relacionales
de diverso tipo. De ahí que las razones que pudieran explicar
un primer flujo no necesariamente son similares a las de un segundo
o un tercero, así provengan del mismo lugar en que pervivan
las circunstancias socioeconómicas observadas en el momento
de la primera migración. La migración internacional
está compuesta por diferentes tipos de personas en distintas
circunstancias; si todas fueran iguales no habría la diversidad
de flujos migratorios que hoy en día observamos.
Algunos Estados han resuelto atender de manera drástica
la migración autónoma que ocurre por sus fronteras,
mientras que otros siguen sin ocuparse de ella. Al posponer su
atención, o hacerlo de manera tardía, los gobiernos
ganan tiempo, pero no cancelan la posibilidad de que en un momento
dado el fenómeno migratorio adquiera perfiles de problema
(interno o internacional) y entonces se vean obligados a actuar
con apresuramiento y no siempre provistos del conocimiento necesario,
de las herramientas institucionales que se requieren ni de un
clima social propicio para acciones legales, legítimas
y socialmente aceptables. Por el contrario, lo que se observa
es una preocupación constante por desarrollar leyes, reglamentos
y operativos unívocos de los estados que ven resistencias
y obstáculos a vencer en las tramas sociales de los migrantes
y en los migrantes mismos. Mientras que para los gobiernos tiene
implicaciones de gobernabilidad o de acatamiento social de las
leyes, la resistencia y obstáculos tienen un significado
diferente para los migrantes. La fortaleza y resistencia de la
migración son, entonces, producto de su pluralidad, de
su heterogeneidad en formas, tiempos, alcances, expectativas,
realizaciones y también de la desatención gubernamental
que sólo observa sus implicaciones económicas y
trata de responder a ellas o sacar el mejor partido posible en
su relación con los gobiernos vecinos. Es evidente que
esta manera de enfocar y participar en el proceso migratorio
no fortalece a las sociedades y sus gobiernos.
En la actualidad, por las fronteras nacionales ocurre y transita
prácticamente la diversa variedad de tipos de desplazamientos
que contiene todo catálogo de las migraciones internacionales;
con permisos migratorios de los más variados o carentes
de ellos. Por los volúmenes anuales y complejidades sociales
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