Ecuador DEBATE Nº 71
 
 COYUNTURA

Fin de la representación, pugna de representatividades y democracia caudillista

J. Sánchez Parga*

Si la política no se entiende mejor que en sus contradicciones, la actual coyuntura ecuatoriana proporciona dos, extraordinariamente significativas y cargadas de un alto potencial interpretativo. Por primera vez en la moderna historia republicana del país un candidato a la Presidencia gana las elecciones y comienza a gobernar sin un partido político ni representación parlamentaria en el Congreso. Y, de otro lado, precisamente cuando las instituciones democráticas de la representación política (partidos, Congreso, diputados, elecciones) habían alcanzado su clímax de mayor deslegitimación y hasta corrupción, la convocatoria electoral a una Asamblea Constituyente ha desencadenado un frenesí de candidatos, representantes no sólo de los partidos tradicionales sino sobre todo de nuevas agrupaciones y movimientos políticos, de movimientos sociales, de medios de comunicación, de ONG's, grupos empresariales, de la farándula, "reinas de belleza", deportistas y de la misma Iglesia; incluso de quienes hace pocos meses se habían manifestado contra la partidocracia, habían reclamado "que se vayan todos", "fuera todos" los diputados, demostrando contra la "clase corrupta" de los congresistas y partidos1.

La actual coyuntura combina el largo ocaso de la representación política, y su sustitución por un representativismo político, con la aparición de un caudillismo democrático según el modelo de Chávez, Morales y Correa. Nada demuestra mejor que la política y lo político ya no son lo que habían sido como las profundas mutaciones de la política: antes, representante político era quien ejercía una representación política en el Congreso Nacional, mientras que hoy se vuelven representantes políticos, quienes - personas, personajes o personalidades - son representativos. Esta mutación es fundamental, ya que la representación no sólo es una categoría política, que significa el vínculo y correspondencia entre el gobernante y sus gobernados, sino que identifica la especificidad de la democracia: no de cuanto el pueblo se encuentra representado en sus gobernantes sino sobre todo en las políticas que lo gobiernan2.

Por su parte, el actual fenómeno del caudillismo democrático (en América Latina y en Ecuador) responde a la radical crisis de la representación política: "una confiscación casi total de la soberanía popular por parte de los elegidos" (Carré de Malberg) ha hecho que "todo el sistema representativo esté considerado como un mal conductor de la voluntad popular"; resultado de lo cual es la emergencia de los actuales caudillos democráticos no sólo capaces de conducir dicha voluntad popular sino también de enfrentarse a un dominio neoliberal, y sobre todo restaurar la relación entre la democracia gobernante y la democracia gobernada y ello sobre la deslegitimación de las mismas instituciones democráticas3. Puesto que la llamada crisis institucional no es más que una crisis de representación política

1. Progresivo decline de la representación política

En Ecuador (como en general en América Latina e incluso en todo el mundo) la representación política se ha ido debilitando y deslegitimando por dos series de factores, estructurales unos e institucionales otros.

a) Factores estructurales

Además de la arraigada "heterogeneidad estructural" de la sociedad ecuatoriana, en el transcurso de las dos últimas décadas las políticas y gobiernos neoliberales y las crecientes iniquidades sociales resultado del nuevo modelo de crecimiento económico han segmentado profundamente el tejido social, ampliado las desigualdades, abriendo brecha entre mayoría empobrecidas y minorías enriquecidas, y confrontando los poderosos intereses de unos grupos con las crecientes necesidades de otros. Todo esto ha hecho mucho más difícil la representación política de "intereses colectivos" de un "bien común, de proyectos compartidos en la sociedad ecuatoriana. Más aún si sólo lo público es políticamente representable los imperativos, las fuerzas y lógicas de la privatización constituyen un tenaz impedimento para la representación política.

Este modelo de crecimiento económico concentrador y acumulador de riqueza en la medida que polariza de manera irreconciliable la sociedad, reduce, debilita y deslegitima las clases medias, que de reciente formación, pequeña y nunca suficientemente hegemónicas, siempre fueron necesarias no sólo para atenuar las contradicciones y conflictos sociales sino también para definir el "bien común" y los intereses más compartidos de la sociedad. Finalmente en una sociedad de mercado cuanto más fuertes son los intereses privados mejor se imponen como si fueran intereses públicos al resto de la sociedad; lo cual hace que su representación política incurra en un tal descrédito, que termine por ser impugnada4.

Las instituciones de la representación política (sistema electoral, sistema de partidos, diputados y Congreso) siempre fueron incapaces, o contaron con extraordinarias dificultades, para representar políticamente las demandas y reivindicaciones mayoritarias y más urgentes surgidas de la sociedad, y las que más intensamente protagonizaron e interpretaron los diferentes grupos y sectores de ella. Tal fracaso de la representación política comienza a agravarse en la década de los 80 y más aún durante los años 90, cuando en el contexto de la transición democrática los movimientos sociales incrementan e intensifican sus exigencias y reivindicaciones por una mayor participación (socio-económica, política y cultural). Al malograrse así la representación política los movimientos sociales se politizaron, para convertirse ellos mismos en representantes de sus propias demandas y requerimientos. Y este proceso de politización de los movimientos sociales se radicaliza y refuerza en la medida que los movimientos sociales entran en un ciclo político de la protesta emprendiendo movilizaciones sociales cada vez más violentas contra un modelo económico que impide toda posible distribución de la riqueza y por consiguiente toda esperanza de participación en ella.

Los factores de orden estructural terminaron minando las instituciones de la representación política como eran los partidos políticos, sin cuya mediación aquella no es posible. Una sociedad invertebrada


* Investigador del CAAP (Centro Andino Acción Popular).
1 En abril del 2006, con la caída de Gutiérrez, y en 2007 con la expulsión de 25 parlamentarios del Congreso, hubo dos amagos de linchamiento de diputados.
2 Para un tratado sobre la representación política cfr. Hannah F. Pitkin, El concepto de representación, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1985. Sobre el primer gran teórico de la representación política moderna cfr. Jean - Denis Bredin, Seiyès. La clé de la Revolution Francaise, Edit. de Fallois, París, 1988.
3 Jacques Juillard, "Nous le peuple. Crise de la représentation", Le Débat, n. 143, janvier-fevrier 2007.
4 Estos argumentos y los que siguen han sido ya planteados y desarrollados en J. Sánchez-Parga, "¿Por qué se deslegitima la democracia? El desorden democrático", Ecuador Debate, n. 62 agosto, 2004.

 
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