Ecuador DEBATE Nº 53
COYUNTURA POLITICA
TRANSFORMACIONES DEL CONFLICTO, DECLINE DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y TEORIA DEL DESGOBIERNO
J. Sánchez Parga*
El conflicto democrático, en pos de mayor participación e igualdad sociales, se ha ido transformando en "conflicto neoliberal" generador de exclusión y mayor desigualdad. La implementación de gobiernos y políticas "oligarcas" en regímenes democráticos destruyen progresivamente la democracia, pero sin llegar a eliminarla completa y definitivamente, con la finalidad de garantizar la reproducción del modelo neoliberal.
Tres hechos han dominado la reciente coyuntura política nacional: un debate y conflicto tributarios que concluyen con la elevación del impuesto al consumo en un país donde los impuestos indirectos a todos los ciudadanos no cesan de aumentar mientras que disminuye el impuesto a la renta, es decir a la riqueza y su acumulación; una conflictividad social de características cada vez más complejas y monopolizada por el protagonismo del movimiento indígena; un gobierno limitado por las urgencias de pagar deudas y contraer otras nuevas, de gobernar con políticas ajenas tan cortoplacistas como generadoras de conflictividad, confundiendo así los principios de la gobernabilidad con los del desgobierno. Pero en lugar de un análisis de estos episodios coyunturales, más interesante y necesario para comprenderlos resulta el análisis de aquellos problemas socio/políticos que generan tales episodios y permiten comprender y explicar su coyunturalidad. Este análisis en la coyuntura tiene por objeto: las transformaciones del conflicto social, el "decline de los movimientos sociales" y una teoría del desgobierno.
Puesto que dentro de la particular epistemología de las ciencias sociales produce particulares efectos de conocimiento el hecho de pensar de manera aislada o diferenciada fenómenos que se representan juntos y pensar en su relación o en sus estrechas articulaciones fenómenos que se representan separados, nos parece importante el planteamiento conjunto de estas tres cuestiones, que la opinión pública, la ideología dominante y muchos encargos institucionales invitan con tanta frecuencia y tan poca inocencia a pensar aisladamente.
1. Las transformaciones del conflicto social
El conflicto social es uno de los fenómenos más sintomáticos de la democracia en el sentido de que la democracia es condición y factor del conflicto social, tanto como este condiciona y desarrolla la democracia. En su producción de conflictividad social la democracia no tiene límites ni en el orden de la frecuencia, de su extensión e intensidad. Sólo la reducción del conflicto (en frecuencia e intensidades) por debajo de ciertos umbrales mínimos relevaría de una real ausencia de democracia, o el rebasamiento de umbrales máximos de intensidad y frecuencia de la conflictividad social la harían democráticamente ingobernable1. En el primer caso, un déficit de conflictividad social demostraría que la democracia se encuentra sometida a gobiernos autoritarios y dictatoriales, mientras que en el segundo caso, un excedente de conflictividad social sólo podría responder a una democracia gobernada oligárquicamente, por poderes e intereses no democráticos. En esta última situación nos encontraríamos ante la alteración política de un conflicto que deja de ser democrático, dinamizado por una mayor participación, que reinvindica una mayor igualdad y distribución social, en lucha por libertades, poderes y recursos más compartidos, para transformarse en conflicto oligárquico, ejercido por las clases dominantes e implementado por las políticas neoliberales de los gobiernos, y que provocará en la sociedad reacciones conflictivas anti-oligárquicas. Por esta razón la conflictividad social adopta formas reactivas antiestatales y antigubernamentales, caracterizadas, por movilizarse y luchar, en parte, defensivamente contra una creciente exclusión, empobrecimiento y mayor desigualdad, y en parte hostilmente contra la mayor acumulación y concentración de poder y riqueza por parte de grupos cada vez más restringidos (oligarquía)2.
El conflicto democrático y el conflicto oligárquico serían en principio tan opuestos como incompatibles, ya que corresponden a dos regímenes políticos y de gobierno diferentes. Debería resultar impensable que en una democracia el conflicto social se movilice contra de las exclusiones y el aumento de la desigualdad, ya que ello contradeciría los principios y presupuestos de la democracia y hasta sus procedimientos y políticas de gobierno orientados hacia la mayor participación e igualdad sociales. Ya que si algo legitima la democracia es por ser el régimen político que mejor garantiza el interés público y el bien común sobre los intereses privados y los bienes particulares, y en tal sentido una democracia se corrompe cuando actúa en detrimento de la inclusión, en contra de la mayor participación. Puesto que no hay sociedad en la historia que sea igualitaria, sólo la democracia aparece como el único régimen político que puede corregir y limitar la desigualdad social, aun cuando nunca pueda llegar a eliminarla y abolirla.
* Investigador del CAAP
En dos estudios anteriores hemos trabajado esta problemática: cfr. J. Sánchez Parga, Conflicto y democracia en el Ecuador, CAAP, Quito, 1995; Las cifras del conflicto social en el Ecuador: 1980-1995, CAAP, Quito, 1996.
1 Aristóteles distingue el conflicto democrático, que lucha por más igualdad y por una participación cada vez más compartida de todo lo que produce una sociedad, del conflicto oligárquico que lucha por una mayor desigualdad, superioridad de una clase sobre otra y por un régimen de concentración y acumulación ilimitadas (Política, V, ii, 1302 a 25 28; 1303 b 4 8).
2 Aristóteles distingue el conflicto democrático, que lucha por más igualdad y por una participación cada vez más compartida de todo lo que produce una sociedad, del conflicto oligárquico que lucha por una mayor desigualdad, superioridad de una clase sobre otra y por un régimen de concentración y acumulación ilimitadas (Política, V, ii, 1302 a 25 28; 1303 b 4 8).
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