Ecuador DEBATE Nº 53
 
 COYUNTURA POLITICA

Un análisis de la actual conflictividad en el Ecuador desde hace poco más de una década, y después de una década de transición a la democracia, demostraría la existencia, en apariencia contradictoria, de un conflicto predominantemente anti-oligárquico en un régimen democrático, donde las luchas se han vuelto cada vez más "reactivas" contra una creciente exclusión y desigualdad y contra la concentración y acumulación de poder y riqueza. Lo que conduce a plantear una tesis en cierto modo impensable en el contexto del pensamiento político clásico (desde Aristóteles hasta Maquiavelo) y de una democracia realmente democrática, y según la cual nos encontraríamos con un régimen democrático y un gobierno oligárquico; es decir una constitución e instituciones, órdenes, legislaciones y procedimientos democráticos, pero controlados, dominados y gobernados por poderes patrimonialistas, de personas, grupos y sectores minoritarios (tal es el sentido etimológico de "oligarquía").

En el actual contexto de hegemonía neoliberal, posee una extraordinaria pertinencia la definición aristotélica de oligarquía: un sector minoritario de la sociedad que en base de algunas desigualdades de hecho funda una desigualdad de derecho (o derecho a las desigualdades) en lucha por una ilimitada (apeiron) concentración y acumulación de riqueza. Según esto, nos hallaríamos en presencia de una configuración política aparentemente contradictoria: un régimen democrático con gobiernos y políticas gubernamentales oligárquicos. Esto es posible y se explica por dos razones principales. En primer lugar, las modernas democracias en lugar de ser una evolución de la clásica democracia participativa según el modelo ateniense, han sido el resultado de una evolución de los gobiernos representativos de las monarquías constitucionalistas. Puesto que "el mayor peligro y peor de los males del gobierno representativo" es "someterse a la influencia de intereses que no se identifiquen con el bienestar general de la comunidad" 3. Sobre esto se funda la única condición para que pueda combinarse un régimen democrático con un gobierno oligárquico: la separación entre participar en el gobierno y participar en la producción y acumulación de riquezas; tanto más si se considera que la oligarquía no es el gobierno de los pocos ricos sino un gobierno "en beneficio de los intereses de los ricos" por parte de otros 4. En segundo lugar, el actual desarrollo de las fuerzas productivas hace que éstas se vuelvan cada vez más inmateriales, y que también el correspondiente modelo de dominación se modernice, y adopte a su vez formas cada vez más inmateriales, institucionales e ideológicas. Nada expresa mejor esta situación neoliberal que los gobiernos y políticas oligárquicos en regímenes democráticos, y nada traduciría mejor el clásico concepto de "oligarquía" como el moderno "neoliberalismo". Fenómeno este que se reproduce tanto a nivel nacional como internacionalmente a nivel global. Y precisamente por esto es tan necesaria la globalización de los regímenes democráticos para la acumulación y concentración globales del capital.

Los conflictos contra las políticas neoliberales de los gobiernos democráticos tiene el extraordinario efecto ideológico de entablar luchas sin adversario, como si el neoliberalismo y las políticas neoliberales fueran anónimas, no contaran con el soporte de una clase social, no fueran producto de fuerzas sociales muy identificables, carecieran de sujeto social y no respondieran a los intereses de grupos y sectores bien definidos: las oligarquías nacionales e internacionales; como si las movilizaciones sociales contra determinadas políticas, programas y actuaciones de gobierno, como si los movimientos de protesta carecieran de adversario social y no fueran parte de relaciones sociales, más allá de los gobiernos que las implementan; como si tales políticas y gobiernos neoliberales beneficiaran a unos sectores más que a otros, por simple efecto de las condiciones de desigualdad existentes, cuando en realidad responden de manera indirecta y exclusiva a beneficiarios precisos.

Que los gobiernos y políticas neoliberales se ejerzan al interior de un régimen democrático tiende a encubrir el carácter clasista y de lucha de dichas políticas. Tal encubrimiento clasista se refuerza aún más en la medida que estas políticas neoliberales transcienden los intereses de clase de la sociedad nacional, para responder a los intereses más abstractos de la acumulación capitalista global. De otro lado el carácter "ilimitado" que posee la concentración y acumulación de riqueza, al no fundarse en las particularidades sociales de la burguesía sino en la implacable competitividad del mercado, tiende a desmoralizar dicho enriquecimiento ilimitado 5. Por eso no hay gobierno democrático que se resista a implementar políticas neoliberales y oligárquicas, pues perjudicaría las condiciones y capacidades de competitividad de la acumulación del capital de las burguesías nacionales dentro del marco global de la acumulación y concentración capitalistas.

Todos estos factores de la conflictividad, que la vuelven extremadamente compleja, deberían conllevar a un muy elaborado procesamiento y traducción políticos de los conflictos sociales; cuando en realidad, como veremos, ocurre todo lo contrario: su creciente despolitización.


3 John Stuart Mill, Consideraciones sobre el gobierno representativo, p.131. Para el pensador liberal en los gobiernos representativos el poder en la sociedad tiende a convertirse en poder político, pero no necesariamente, pudiendo ejercerse al margen de este; por otro lado el poder no es gobernante, pudiendo los poderes sociales ejercerse sobre el gobierno al margen del poder representativo. En el actual neoliberalismo, lo que era excepcional en el liberalismo clásico se vuelve normal: la desconexión entre poder político y poder social o económico. (cfr. Ibid. P. 123).

4 También aquí el pensamiento de Aristóteles muestra una rigurosa precisión: nada garantizaría mejor en un régimen democrático el gobierno "en beneficio de los intereses oligárquicos" (pros to sinpheron to tôn euporôn) que la "separación entre los cargos políticos y la participación en la riqueza" (Política, III, v, 1279 b 8; V, vii, 1308 b 38ss).

5 Desde Aristóteles ("las necesidades ­ ponêria ­ de los hombres son insaciables ­ aplêston - ... y la naturaleza del deseo ilimitada - apeiros ": II, iv, 1267 b 2ss) hasta Maquiavelo (gli appetiti umani insaciabili... avendo dalla natura de potere e volere desiderre ogni cosa: Discursos, II, proemio), el pensamiento político clásico funda el carácter ilimitado de la acumulación en sus presupuestos antropológicos, por la ilimitada insatisfacción del deseo; para el desarrollo capitalista , en cambio, la acumulación ilimitada se funda en el mercado y su competitividad.

 
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