Ecuador DEBATE Nº 53
COYUNTURA INTERNACIONAL
El funcionamiento de estos Fondos ha sido explicitado en el Informe relativo a "Las actividades y el control del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial" presentado a la Asamblea Nacional Francesa por el diputado Yves Tavernier el 13 de diciembre del 2000. En el Informe Anual 2000 del FMI y en el documento redactado por Yves Tavernier se advierte que las sumas efectivamente desembolsadas por el FMI entre la fecha de la iniciativa para los PPAE en 1996 y el año 2000 son del orden de los 400 millones de dólares, monto inferior al pagado a los 2.300 empleados del FMI (451 millones de dólares en el 2001).
En cuanto a la suma desembolsada por el Banco Mundial, ésta es inferior a sus ganancias anuales que alcanzan a los 1.500 millones de dólares. Además es preciso destacar que lo que desembolsan el FMI y el BM, vuelve a reingresarles inmediatamente bajo la forma de reembolsos. Lo así desembolsado se dirige a los diferentes Fondos fiduciarios cuyo objetivo es servir al reembolso de las deudas de los PPAE, con relación a las mismas instituciones, que no renuncian jamás a cobrar ningún crédito.
El alivio de la deuda de los PPAE solo responde parcialmente a las deudas bilaterales. En este caso las anulaciones proceden de los Estados acreedores (generalmente coaligados en el seno del Club de París). Y también allí hay malicia, porque cuando un gobierno de un país industrial anuncia la anulación, su monto es sistemáticamente exagerado. El verdadero costo de una anulación ronda en general entre el 10 y el 25% de la deuda públicamente reconocida. De modo que cuando Bélgica, anuncia por ejemplo, que está dispuesta anular 36 millones de créditos públicos otorgados a Vietnam (país PPAE) su costo para el tesoro belga es del orden de un 25% es decir de no más de 9 millones de dólares. Además esta suma no se destina a Vietnam sino que se contabiliza como gastos de las finanzas públicas belgas destinadas a recomprar un crédito cuyo valor nominal es de 36 millones de dólares. El equivalente a 9 millones de dólares son aportados por la Secretaría de Estado para la Cooperación Exterior belga a la Oficina de Ducroire, organismo público belga que asegura a los exportadores belgas (similar a lo que en Francia hace el organismo privado Coface).
Francia, exige en su caso, a los PPAE, el reembolso de la deuda bilateral. Una vez realizado este reembolso Francia se lo devuelve en concepto de donación. Resulta totalmente arbitrario llamarle a esto anulación.
El último informe de la OCDE ha dedicado abundantes referencias a lo precedentemente expuesto: "La iniciativa para los PPAE no se traducirá jamás en una reducción del valor nominal del monto de la deuda porque los alivios se referirán esencialmente al perdón de los intereses y de las donaciones destinadas a financiar el servicio de la deuda, y no de perdones directos al monto de la deuda" (OCDE, op. cit.p.10)
La finalidad de la iniciativa consiste en disminuir un poco el peso de la deuda sobre las finanzas de los países más pobres con el objeto de mantenerla. Los PPAE permanecen encadenados a los acreedores lo que les permite imponer a los gobiernos la continuidad de las políticas que responden a los intereses de los países más industrializados y a sus multinacionales. El BM y el FMI se encargan de dictar tales políticas junto al Club de París en el marco de las Facilidades para la reducción de la pobreza y el crecimiento (FRPC) y los documentos estratégicos para la reducción de la pobreza (DERP), que son el nuevo nombre con que se designan las políticas de ajuste estructural.
La aceptación de estas políticas constituye una condición sine qua non impuesta por el FMI, el BM y el Club de París a cambio de la promesa de futuros alivios de la deuda y de nuevos créditos para el ajuste. Estas directrices políticas (denominadas "condicionalidades" en la jerga de las instituciones de Breton Woods) implican la aceleración de las privatizaciones de los servicios (agua, electricidad, telecomunicaciones, transportes públicos); la privatización de las empresas públicas industriales; la supresión de los subsidios a los productos básicos (pan u otros alimentos básicos); el aumento de los impuestos pagados por los pobres con la generalización del IVA (a un valor único del 18% como sucede en la Unión Económica y Monetaria del Oeste Africano); el abandono de las protecciones aduaneras; la liberalización de la entrada y salida de capitales (lo que generalmente se traduce en una salida masiva de los capitales); la privatización de la tierra; la política de cobro de las inversiones en salud y educación.
Las condiciones son tan draconianas que dos países que habían sido seleccionados por el BM y el FMI para integrar el grupo de los 41 PPAE decidieron en el 2000, rechazar la oferta. Estos países fueron Ghana y la República de Laos.
Si se quisiera mejorar realmente la situación de alrededor de 400 millones de habitantes de los PPAE, se debería anular totalmente la deuda externa de esos países, y abandonar al mismo tiempo las políticas de ajuste y reintegrarles lo que le ha sido expoliado a dichos pueblos (lo que normalmente se llama bienes mal adquiridos).
La anulación de la deuda de los países más pobres no debería ser más que un primer paso.
En realidad luego de la explosión de la crisis de la deuda en 1982, los flujos han transitado desde los países en vías de desarrollo hacia los países ricos y no a la inversa como infundadamente pretenden los dirigentes de las instituciones financieras internacionales. De este modo se asiste desde hace dos décadas a una transferencia neta y masiva de riquezas.
El mecanismo de reembolso de la deuda se ha agregado a otros ya preexistentes (desigual intercambio comercial, pillaje de las riquezas naturales y humanas, fuga de cerebros, repatriación de los beneficios hacia las casas matrices, etc) y además los ha reforzado poderosamente. Desde 1982 los países en vías de desarrollo han transferido a sus acreedores el equivalente a varias decenas de planes Marshall 2 (mientras las élites capitalistas locales cobran de paso su comisión).
2 El Plan Marshall (1948-1951) fue concebido por la administración del Presidente demócrata Harry Truman bajo el nombre de European Recovery Program, pero fue inmediatamente conocido con el nombre del Secretario de Estado de esa época Georges Marshall (que fue Jefe de Estado Mayor General entre 1939 y 1945) encargado de ponerlo en marcha...Entre abril de 1948 y diciembre de 1951, los EEUU acordaron en calidad de préstamo a dieciséis países europeos, una ayuda de 12,5 mil millones de dólares. Este Plan tenía por objeto favorecer la reconstrucción de Europa devastada durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Es necesario tener en cuenta que actualmente hacen falta 6,28 dólares para el equivalente de un dólar de 1948, de modo que el costo del Plan Marshall sería hoy en día de 78.5 mil millones de dólares. Si se computa el total de los reembolsos efectuados por el Tercer Mundo en 1999 por su deuda pública, es decir 240 mil millones de dólares (Fuente Banco Mundial, DGF, 2000) a los países industrializados, se concluye que ha sido el equivalente a 3 Planes Marshall. Siguiendo esta idea, desde 1980 hasta la fecha, los países del Tercer Mundo han transferido a sus acreedores de los países centrales un total de 42 Planes Marshall (más de 3.350 mil millones de dólares).
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