Ecuador DEBATE Nº 53
 
 TEMA CENTRAL

Política y Economía en los Nuevos y Viejos Populismos

Carlos de la Torre
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La falta de derechos civiles en el día a día, o la falta de confianza en modelos de democracia que no han dado beneficios a las mayorías y que han sido usados por las élites para marginar y silenciar a los pobres, hacen que el populismo, contrariando las expectativas de los políticos e intelectuales modernizantes, no desaparezca y continuamente reemerja.

El análisis de los estudios sobre el populismo permite explorar cómo se han concebido las relaciones entre economía y política en América Latina. Los estudios influenciados por las teorías de la modernización y de la dependencia entendieron el populismo como un fenómeno político derivado de la economía pues se lo analizó como un movimiento político o como un régimen que correspondió a una fase en el desarrollo económico de la región. Los primeros lo concibieron como una etapa transitoria en el proceso de modernización de los países latinoamericanos asociado a la crisis de la sociedad tradicional y a los avatares producidos por los abruptos procesos de industrialización y urbanización. Los dependentistas vieron al populismo como un fenómeno político ligado a la sustitución de importaciones. Es así que para los dependentistas y algunos marxistas el populismo es producto de una fase estructural del desarrollo económico y que los regímenes nacional-populares promueven la sustitución de importaciones, el nacionalismo y políticas keynesianas redistributivas. En la actualidad y contradiciendo las hipótesis de estas dos tradiciones académicas que preveían que el populismo no tendría cabida en una nueva fase económica neoliberal y "globalizada," varios cientistas sociales sostienen que hay un renacer populista que va de la mano del neoliberalismo.

Un gran número de politólogos y sociólogos explican los éxitos electorales de Alberto Fujimori en el Perú, Carlos Menem en la Argentina, Fernando Collor de Mello en el Brasil, Abdalá Bucaram en el Ecuador, Arnoldo Alemán en Nicaragua y Hugo Chávez en Venezuela por la profunda crisis económica, política e ideológica de la región latinoamericana. Se argumenta que los partidos políticos son reemplazados por gente marginal a la política o por políticos de viejo cuño que se sitúan al margen de la política tradicional y se auto-proclaman redentores de la nación. Estos políticos han interpretado la crisis, al igual que muchos electores, como el resultado de las acciones de los políticos tradicionales y han argumentado tener la voluntad y la capacidad técnica para resolver todos los problemas de la nación. Los científicos sociales han usado las categorías de "neopopulismo" (Knight 1998; Novaro 1996; Roberts 1995; Weyland 1996, 1999, en prensa), "democracias delegativas" (O'Donnell 1994) y "la política de la anti-política" (Panfichi 1997; Schedler 1996) para explicar por qué emergen estos líderes y para discutir cuál es su impacto en las democracias latinoamericanas.

Las transformaciones de la estructura socioeconómica asociada a la crisis del modelo de sustitución de importaciones, el fin de las políticas estatales keynesianas y nacionalistas, el notable incremento de la pobreza y del número de personas que se desempeñan en el sector informal de la economía y el vacío ideológico dejado por el marxismo explicarían, según estos investigadores, el ascenso de estos "caudillos electorales de la posmodernidad"(Vilas 1995).

Al concentrarse en el análisis de las transformaciones de la economía y de la estructura de clases, se puede explicar las diferencias entre los movimientos usualmente denominados populistas y estas nuevas experiencias. La base social de los llamados neopopulismos, por ejemplo, son el producto de una alianza entre élites emergentes con los más pobres, excluyendo a los trabajadores estatales, al proletariado y la burguesía industrial que fueron sustento del apoyo de los populismos clásicos tales como el peronismo y el varguismo. Los líderes neopopulistas han promovido políticas económicas basadas en las privatizaciones de empresas que en muchos casos fueron nacionalizadas por sus predecesores populistas, en la apertura de la economía, la reducción del aparato estatal especialmente los subsidios y los servicios sociales, y la confianza, casi ciega, en el mercado. Estas políticas económicas son tan opuestas a las políticas keynesianas de sus predecesores que varios estudiosos han cuestionado el uso de la categoría populismo antecedida por la articulación "neo" para analizar los gobiernos de Bucaram, Collor, Fujimori y Menem (Quijano 1998; Lynch 1999). Pero como lo demuestran Marcos Novaro (1996), Kenneth Roberts (1995), Alan Knight (1998) y Kurt Weyland (1996, 1999) estos líderes no sólo continúan con un tipo de retórica política y de liderazgo personalista similar a sus predecesores, sino que también las políticas macroeconómicas neoliberales excluyentes se acompañan de políticas micro-distributivas que parcialmente incluyen a los más pobres a expensas de los beneficiarios de la sustitución de importaciones.

A modo de ejemplo, resumo el análisis de Kurt Weyland sobre las afinidades entre el neoliberalismo y el neopopulismo: 1) tanto los líderes neopopulistas como los ideólogos del neoliberalismo buscan el apoyo de "masas" desorganizadas que se desempeñan en el sector informal de la economía. 2) Los neoliberales y los neopopulistas tienen una relación adversa con las organizaciones intermedias de obreros sindicalizados, trabajadores públicos y sectores empresariales ligados a la sustitución de importaciones y al proteccionismo estatal. 3) Neoliberales y neopulistas buscaron fortalecer la autoridad del ejecutivo para realizar políticas de ajuste que fueron vistas como "necesarias" y exitosas por varios sectores de la población en contextos hiperinflacionarios. La inflación llegó al 144 por ciento mensual en la Argentina, al 81 por ciento mensual en Brasil y al 63 por ciento mensual en el Perú. Y por último, 4) tanto los neoliberales como los neopopulistas coincidieron en la necesidad de emplear políticas focales para combatir la pobreza y ganar el apoyo de los más pobres en el sector informal (1999: 181-189).

Este artículo discute críticamente las ideas resumidas en esta introducción con el objetivo de explorar cómo los investigadores explican las relaciones entre los líderes neopopulistas y sus seguidores y los impactos de estos liderazgos en las nuevas democracias latinoamericanas. No pretendo discutir toda la bibliografía escrita sobre el tema. Más bien, a través de la reflexión crítica sobre algunos trabajos recientes, exploro cómo los problemas no resueltos en el debate sobre el "populismo clásico" reaparecen en los trabajos sobre el "neopopulismo." Este trabajo también presenta una aproximación diferente para el estudio de los populismos desarrollada con más profundidad en mi libro Populist Seduction in Latin America.


1 Profesor de Sociología de la Drew University, Madison NJ, USA. Investigador del CAAP. Agradezco a Carmen Martínez por sus sugerencias y comentarios

 
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