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Política y Economía
en los Nuevos y Viejos Populismos
Carlos de la Torre1
La falta de derechos
civiles en el día a día, o la falta de confianza
en modelos de democracia que no han dado beneficios a las mayorías
y que han sido usados por las élites para marginar y silenciar
a los pobres, hacen que el populismo, contrariando las expectativas
de los políticos e intelectuales modernizantes, no desaparezca
y continuamente reemerja.
El análisis de
los estudios sobre el populismo permite explorar cómo
se han concebido las relaciones entre economía y política
en América Latina. Los estudios influenciados por las
teorías de la modernización y de la dependencia
entendieron el populismo como un fenómeno político
derivado de la economía pues se lo analizó como
un movimiento político o como un régimen que correspondió
a una fase en el desarrollo económico de la región.
Los primeros lo concibieron como una etapa transitoria en el
proceso de modernización de los países latinoamericanos
asociado a la crisis de la sociedad tradicional y a los avatares
producidos por los abruptos procesos de industrialización
y urbanización. Los dependentistas vieron al populismo
como un fenómeno político ligado a la sustitución
de importaciones. Es así que para los dependentistas y
algunos marxistas el populismo es producto de una fase estructural
del desarrollo económico y que los regímenes nacional-populares
promueven la sustitución de importaciones, el nacionalismo
y políticas keynesianas redistributivas. En la actualidad
y contradiciendo las hipótesis de estas dos tradiciones
académicas que preveían que el populismo no tendría
cabida en una nueva fase económica neoliberal y "globalizada,"
varios cientistas sociales sostienen que hay un renacer populista
que va de la mano del neoliberalismo.
Un gran número de politólogos y sociólogos
explican los éxitos electorales de Alberto Fujimori en
el Perú, Carlos Menem en la Argentina, Fernando Collor
de Mello en el Brasil, Abdalá Bucaram en el Ecuador, Arnoldo
Alemán en Nicaragua y Hugo Chávez en Venezuela
por la profunda crisis económica, política e ideológica
de la región latinoamericana. Se argumenta que los partidos
políticos son reemplazados por gente marginal a la política
o por políticos de viejo cuño que se sitúan
al margen de la política tradicional y se auto-proclaman
redentores de la nación. Estos políticos han interpretado
la crisis, al igual que muchos electores, como el resultado de
las acciones de los políticos tradicionales y han argumentado
tener la voluntad y la capacidad técnica para resolver
todos los problemas de la nación. Los científicos
sociales han usado las categorías de "neopopulismo"
(Knight 1998; Novaro 1996; Roberts 1995; Weyland 1996, 1999,
en prensa), "democracias delegativas" (O'Donnell 1994)
y "la política de la anti-política" (Panfichi
1997; Schedler 1996) para explicar por qué emergen estos
líderes y para discutir cuál es su impacto en las
democracias latinoamericanas.
Las transformaciones de la estructura socioeconómica asociada
a la crisis del modelo de sustitución de importaciones,
el fin de las políticas estatales keynesianas y nacionalistas,
el notable incremento de la pobreza y del número de personas
que se desempeñan en el sector informal de la economía
y el vacío ideológico dejado por el marxismo explicarían,
según estos investigadores, el ascenso de estos "caudillos
electorales de la posmodernidad"(Vilas 1995).
Al concentrarse en el
análisis de las transformaciones de la economía
y de la estructura de clases, se puede explicar las diferencias
entre los movimientos usualmente denominados populistas y estas
nuevas experiencias. La base social de los llamados neopopulismos,
por ejemplo, son el producto de una alianza entre élites
emergentes con los más pobres, excluyendo a los trabajadores
estatales, al proletariado y la burguesía industrial que
fueron sustento del apoyo de los populismos clásicos tales
como el peronismo y el varguismo. Los líderes neopopulistas
han promovido políticas económicas basadas en las
privatizaciones de empresas que en muchos casos fueron nacionalizadas
por sus predecesores populistas, en la apertura de la economía,
la reducción del aparato estatal especialmente los subsidios
y los servicios sociales, y la confianza, casi ciega, en el mercado.
Estas políticas económicas son tan opuestas a las
políticas keynesianas de sus predecesores que varios estudiosos
han cuestionado el uso de la categoría populismo antecedida
por la articulación "neo" para analizar los
gobiernos de Bucaram, Collor, Fujimori y Menem (Quijano 1998;
Lynch 1999). Pero como lo demuestran Marcos Novaro (1996), Kenneth
Roberts (1995), Alan Knight (1998) y Kurt Weyland (1996, 1999)
estos líderes no sólo continúan con un tipo
de retórica política y de liderazgo personalista
similar a sus predecesores, sino que también las políticas
macroeconómicas neoliberales excluyentes se acompañan
de políticas micro-distributivas que parcialmente incluyen
a los más pobres a expensas de los beneficiarios de la
sustitución de importaciones.
A modo de ejemplo, resumo
el análisis de Kurt Weyland sobre las afinidades entre
el neoliberalismo y el neopopulismo: 1) tanto los líderes
neopopulistas como los ideólogos del neoliberalismo buscan
el apoyo de "masas" desorganizadas que se desempeñan
en el sector informal de la economía. 2) Los neoliberales
y los neopopulistas tienen una relación adversa con las
organizaciones intermedias de obreros sindicalizados, trabajadores
públicos y sectores empresariales ligados a la sustitución
de importaciones y al proteccionismo estatal. 3) Neoliberales
y neopulistas buscaron fortalecer la autoridad del ejecutivo
para realizar políticas de ajuste que fueron vistas como
"necesarias" y exitosas por varios sectores de la población
en contextos hiperinflacionarios. La inflación llegó
al 144 por ciento mensual en la Argentina, al 81 por ciento mensual
en Brasil y al 63 por ciento mensual en el Perú. Y por
último, 4) tanto los neoliberales como los neopopulistas
coincidieron en la necesidad de emplear políticas focales
para combatir la pobreza y ganar el apoyo de los más pobres
en el sector informal (1999: 181-189).
Este artículo discute críticamente las ideas resumidas
en esta introducción con el objetivo de explorar cómo
los investigadores explican las relaciones entre los líderes
neopopulistas y sus seguidores y los impactos de estos liderazgos
en las nuevas democracias latinoamericanas. No pretendo discutir
toda la bibliografía escrita sobre el tema. Más
bien, a través de la reflexión crítica sobre
algunos trabajos recientes, exploro cómo los problemas
no resueltos en el debate sobre el "populismo clásico"
reaparecen en los trabajos sobre el "neopopulismo."
Este trabajo también presenta una aproximación
diferente para el estudio de los populismos desarrollada con
más profundidad en mi libro Populist Seduction in Latin
America.
1 Profesor de Sociología
de la Drew University, Madison NJ, USA. Investigador del CAAP.
Agradezco a Carmen Martínez por sus sugerencias y comentarios
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