Ecuador DEBATE Nº 50
TEMA CENTRAL
NORTE / SUR Y GLOBALIZACION:
nueva dimensión de la pobrezaJ. Sánchez Parga
El sistema CentroPeriferia pasa de una fase nacional, figurando la relación de una dependencia estructural entre países desarrollados y subdesarrollados, a una fase de transnacionalización entre sectores integrados y marginales, para concluir en un nuevo sistema de "globalización" atravesado por la división Norte/Sur y por la nueva dinámica de una estructural exclusión. Esta representación de la geopolítica mundial y sus cambios ha tendido a encubrir su estructura, reales procesos y relaciones internas; lo que ha dado lugar a nuevas formas y dimensiones de desigualdad y pobreza.
Transformaciones del sistema Centro - Periferia
El paradigma Centro/Periferia del sistema capitalista mundial, propuesto por la CEPAL y vigente hasta la década de los 70, representaba esquemáticamente la relación entre países desarrollados y subdesarrollados, y hacía comprender los ejes de las diferentes interacciones entre ellos . Pero si la metáfora geométrica permitía explicar la forma de "difusión del progreso técnico", de otro lado indicaba la centrípeta captación de los ingresos por parte del Centro, dando también cuenta de otras contradictorias relaciones entre Centro y Periferia como la desigual balanza comercial y de plusvalía laboral en el intercambio; o el consumo de bienes del Centro por parte de la Periferia, opuesto al proceso de acumulación necesaria de capital, que en la Periferia se pretendía impulsar para su desarrollo.
Esta topología tan espacial de Centro/Periferia distorsionó en gran medida las representaciones y políticas del desarrollo. De hecho, toda la teoría crítica sobre el desarrollo en América Latina podría resumirse en la idea de haber pensado y planificado tal desarrollo mucho más desde el subdesarrollo y la dependencia que desde un proceso de cambio social en las mismas sociedades latinoamericanas. Haber tomado el cambio social como objetivo y referencia hubiera sido más orientador y eficiente que ese imaginario desarrollista representado por las sociedades desarrolladas. Por ello, una de las consecuencias más sintomáticas y perjudiciales que tuvo en los países del subcontinente el abandono del paradigma desarrollista fue la creciente fractura entre las políticas económicas y las políticas sociales; se dejó de pensar en las consecuencias sociales de aquellas y en las consecuencias económicas de éstas .
En el gráfico del sistema explicativo de la CEPAL (O. Sunkel, o.c., p. 38) ya el factor determinante del modelo, que son las relaciones de dependencia, entre países desarrollados y subdesarrollados, se encuentra implícito y embrionariamente al interior de cada uno de los dos tipos de países. En dicho esquema se podía representar también el emplazamiento de las relaciones de dominación internacional como intranacional.En las últimas cuatro décadas es posible trazar las continuidades y rupturas de la transformación del sistema capitalista, la cual afectó tanto las condiciones socio económicas de la población de todo el mundo, con el aparecimiento de una nueva forma de pobreza, como su ordenamiento político, con el fin del ciclo del Estado nación. En el contexto de una "arqueología del empobrecimiento" en América Latina, hay que reconocer que toda la fecunda producción teórica suscitada desde el pensamiento de la CEPAL, de la cual éste mismo era parte, y que giró en torno a los conceptos de "dependencia" y "desarrollo del subdesarrollo", se encontró muy marcada por el sello de la economía política, y tanto más por los alcances políticos que por los presupuestos económicos. Por ello este período se diferenció del clima intelectual que dominará las décadas de los 80 y 90, cuando las preocupaciones económicas supeditaron las preocupaciones políticas, y todo el interés administrativo cifrado en el tema de la pobreza resultó teóricamente tan estéril como políticamente ineficaz.
Un primer factor que por su mayor dinamismo dirigirá toda la ulterior modificación del modelo centro/periferia es la rápida diversificación del centro en diferentes centros, lo que supuso una inicial desnacionalización de la hegemonía y de la centralidad, transnacionalizando ambas. Junto con el desarrollo de las economías norteamericana, europea y japonesa aparecieron los NIC's (New Industrialized Countries); y más tarde, en la periferia dependiente, los países de Economías Emergentes. Todo ello contribuyó a "horizontalizar" la economía mundial y a complejizar o variabilizar su geometría en base a nuevas mediatizaciones entre el anterior eje del Centro-Periferia.
Un segundo factor que modificará el modelo Centro-Periferia, basado en relaciones de intercambio, será la aparición de nuevas relaciones económicas también más complejas y diferenciadas, comandadas por el mecanismo de la deuda externa, de las incipientes economías tecnológicas y economías de servicios .
Las relaciones de dependencia del modelo dan lugar a un efecto de transformación: a) la dependencia entre países (desarrollados y subdesarrollados) reproduce a su interior una interdependencia que llega a integrar los sectores desarrollados de ambos tipos de países (desarrollados y subdesarrollados); b) mientras que las interdependencias entre sectores subdesarrollados (de países desarrollados y subdesarrollados) se vuelven cada vez más marginales. Este doble proceso, por un lado, de integración (de los sectores desarrollados de ambos tipos de países), y por otro lado de marginalización (de los sectores subdesarrollados también de ambos tipos de países) sólo es posible por el inicio de la quiebra del sistema político del Estado-nación, el que permitirá tanto el proceso de marginalización (intra-estatal-nacional) como el proceso de integración (inter-estatal-nacional).
En esta fase de transformación del modelo, la dinámica integradora de los sectores desarrollados es más fuerte que las unidades espaciales, hasta tal punto de quebrarlas, diferenciando sectores marginales y sectores integrados más allá de las continuidades del espacio nacional de los respectivos países.
De hecho, la teoría de la "dependencia estructural", sinónima de la internalización de una creciente dependencia al interior de los mismos países subdesarrollados, la cual funda y al mismo tiempo reproduce la dependencia entre países desarrollados y subdesarrollados, no hace más que anticipar lo que 30 años después parecerá como la crisis del Estado / nación, y su incapacidad para cumplir su función integradora de las sociedades nacionales.
Entre los años 70 y los 80 el endeudamiento externo introduce un nuevo factor económico y político de complejización y diferenciación de las relaciones CentroPeriferia. Los contenidos del intercambio se desplazan hacia la esfera financiera del capital, reforzándose todavía más la estructura asimétrica con una creciente transferencia de capital de la Periferia al Centro, devaluación de las exportaciones y una también progresiva dependencia de la Periferia en la economía de servicios, que vinculada a los desarrollos tecnológicos y financieros vuelve más dinámico este sector de la economía que el primario y secundario. A ello habrá que añadir la mayor subordinación del desarrollo agrario y rural al industrial. Por muy paradójico que parezca la deuda externa de los países subdesarrollados clausura toda condición de un real desarrollo, pone fin a las posibilidades de un real intercambio y deseconomiza las relaciones entre el Norte y el Sur .
La TRANSNACIONALIZACION supondrá, por consiguiente un núcleo en parte integrado y en parte transnacionalizado, y una periferia marginal y cada vez más localizada dentro del mismo espacio nacional. Ahora bien, según el modelo de Sunkel, no se opera una real transformación del modelo Centro/Periferia sino más bien únicamente una modificación, en la que se pone de manifiesto un nuevo centro, el "núcleo transnacionalizado", obviamente constituido o dominado por los sectores integrados de los países desarrollados en mayor porcentaje y de los subdesarrollados en menor; y una nueva periferia, donde se encuentran los sectores marginados de los países tanto desarrollados como subdesarrollados.
Lo más original en esta fase de cambio, es que los sectores dejan de estar integrados por el vector de las interdependencias para transnacionalizarse. Según esto, una figura diferente debería suprimir los ejes que siguen articulando países, ya que el núcleo transnacional sería el único factor de integración. Y otro cambio en esta última fase de la transformación del modelo sería la creciente fractura y desconexión entre los sectores marginados y los transnacionalizados tanto de países subdesarrollados como de países desarrollados. Lo que, indicábamos más arriba, constituye la quiebra del modelo del Estado/nación.
Sólo entendiendo que en esta fase de transformación del modelo, el factor dinámico de integración es más fuerte y eficaz que el factor local, y que aquel tiene un efecto adicional en la desintegración de la espacialidad geográfica, será posible entender más adelante la globalización no tanto ni tan sólo como una categoría espacial cuanto más bien como una categoría de dinámicas integradoras, pero también desintegradoras; de inclusiones y exclusiones. La globalización podrá representarse espacialmente, pero sólo puede ser pensada (y tener efectos de conocimiento) en su dimensión dinámica de flujos, interacciones e integraciones y deslocalizaciones, nuevos modelos organizativos, de comunicación e interdependencia, de "redes" y de "geometrías variables" (M. Castells) .
De hecho serán las cada vez más amplias e intensas interdependencias multilaterales entre Estados-naciones, que crecen durante el período posterior a la guerra fría (décadas 80 y 90), las cuales llevan al decline del modelo del Estado-nación, y a una también creciente supeditación de las espacialidades por las dinámicas integradoras e interdependientes. Las interdependencias entre Estados-nación adquieren tal realidad y consistencia, que se internalizan dentro de cada Estado-nación, hasta el punto de transformar las unidades nacionales en unificaciones de sus diferencias intranacionales. La globalización hace que las unidades (políticas, económicas, culturales) se vuelvan una abstracción supeditada a la mayor realidad y eficacia de las uniones . Esta ruptura de los espacios, por efecto de las dinámicas de interdependencia e integración, no sólo llevó a eliminar las separaciones espaciales entre países sino que por el mismo efecto, y por muy paradójico que parezca, desintegró las unidades nacionales, para introducir a su interior tanto nuevos espacios locales cuanto nuevos espacios de flujos, y cuyas relaciones de interdependencias dinamizaron y fortalecieron internamente lo que habían sido unidades nacionales globales relativamente homogéneas.
Ahora bien, el problema es que mientras los países desarrollados se encuentran dominados por dinámicas de integración e interdependencias tanto transnacionales como internas, quedando disminuidas o relegadas las dimensiones espaciales, en los países subdesarrollados las dimensiones espaciales/locales siguen siendo más amplias y efectivas que las dinámicas integradoras tanto intra- como inter-nacionalmente. Esto hace que el Estado-nación tenga funciones y competencias muy diferentes y hasta paradójicamente contradictorias en los países desarrollados y subdesarrollados . Mientras que en estos la acción estatal y sus desempeños socio/económicos y políticos siguen circunscribiéndose preferentemente a la espacialidad local de la nación, en los países desarrollados el Estado actúa cada vez más a nivel de redes, de flujos, de interdependencias, de integraciones internacionales, o más exactamente globales.
En la actual fase de globalización se desarrollan dos lógicas espaciales (y temporalidades de velocidad diferente); lo que Castells llama "espacios de flujos" y "espacios de lugares". Esto le lleva a definir las sociedades modernas como "sociedades de redes" ("network society"), donde "la mayoría de los procesos dominantes, que concentran poder, riqueza e información, se organizan en el espacio de los flujos" (II, 148); mientras que los procesos dependientes o no dominantes seguirían teniendo una espacialidad local.
Sin embargo, se simplificaría demasiado el sistema entendido en términos de una "disyunción entre las dos lógicas espaciales" (ibid). Hay una real y dominante disyunción (en los países subdesarrollados), donde el sector integrado en la globalización, su espacio de flujos y dinámicas de integración global, es mucho mayor que el sector marginal, y cuya espacialidad local limita sus posibilidades de interdependencias, y más bien crea las condiciones para las dinámicas de exclusión, como veremos más adelante. Sin embargo, el espacio de flujos, de la "sociedad de redes", puede conducir a una transformación de las espacialidades locales. De hecho, tanto la integración europea (EU) como los procesos de integración subregionales en otros Continentes (MERCOSUR, NAFTA) no tienen otro objetivo que reconstruir una nueva espacialidad local, transnacional, que sirva de soporte a los flujos y redes más dinámicos y de mayor integración e interdependencia.
Dentro de esta nueva "geometría variable" de espacialidades (locales y de flujos) se presenta el reto de graficar el nuevo sistema global de desarrollo, precisamente dominado por una fuerte desespacialización. Pero que muy contradictoriamente se encuentra representado por una tópica de intenso carácter geográfico: Norte/Sur.
Bajo la homogénea representación (espacial) de la globalidad, los sistemas de redes, de flujos, interdependencias y conexiones son tan plurales como diversas sus morfologías: una, por ejemplo, es la modalidad que adoptan los mercados financieros y otra distinta el comercio mundial de mercancías y productos (OMC), y otras en fin las fusiones de compañías, de firmas o empresas, de transnacionales, de las telecomunicaciones. Y en cada una de estas esferas los procesos y cambios responden a temporalidades y ritmos cada vez más diferenciados.
LA GLOBALIZACION: Norte/Sur
Mientras que el modelo Centro-Periferia tenía un uso de explicación más bien restringido a los medios económicos y tecnocráticos, aunque había servido de soporte a la teoría de la dependencia, por su parte la polaridad entre países desarrollados y subdesarrollados, aunque calcada sobre aquel sistema económico, había dado lugar a un empleo mucho más amplio, con referencias más concretas (dependencias ideológicas, políticas y culturales), pero también más operativas, ya que indicaba la orientación y el marco de referencia hacia donde dirigir las indagaciones, la elaboración de proyectos y la implementación de políticas y prácticas. Esto mismo resaltaba la eufemística sustitución de "subdesarrollados" por "países en desarrollo".
Ya en la década de los 60 A. G. Frank había cuestionado las condiciones de posibilidad del "desarrollo del subdesarrollo", lo que en base a todas las experiencias latinoamericanas llevaría a la constatación de que "no existía lógica de desarrollo del subdesarrollo" (Touraine). Sería necesaria la crisis de la deuda externa, a inicios de los años 80, para que salieran a la luz todos los equívocos que habían rodeado el concepto de desarrollo; pero también los grandes fracasos en la mayoría de los países latinoamericanos, cuyas políticas desarrollistas se orientaron hacia una supuesta salida del subdesarrollo que diera alcance a los países desarrollados, salvando las distancias de un retraso, sin considerar que tales distancias eran y se construían al interior de cada sociedad. Nunca se pensó que las distancias entre países desarrollados y subdesarrollados pudieran salvarse SOLO a medida que se acortaban y resolvían estas mismas distancias dentro de cada país. Por eso, desde 1982, cae bruscamente el interés y preocupación de los políticos e intelectuales por el tema del desarrollo, el cual será sustituido, de un lado, por el crecimiento económico y, de otro lado, por el nuevo fenómeno de la pobreza .
Dentro del mismo esquema, pero situándose semánticamente al margen de la polarización Centro-Periferia, desarrollo-subdesarrollo, la noción de "Tercer Mundo" se había más bien recargado de connotaciones políticas, en razón de la referencia diferencial respecto del "Primer Mundo" capitalista y del "Segundo Mundo" socialista, el que configuraba el sistema geopolítico ESTE/OESTE. Según esto, el "Tercer Mundo" aparecía como un espacio alternativo a la confrontación de los dos sistemas (socialista y capitalista) e incluso a la división geopolítica (este/oeste), lo que en cierto modo lo situaba si no en una clara confrontación al menos en una posición contestataria, la que se plasmaría en la formación de "países no alineados", pero cuya vigencia no transcendió más allá del fin de la guerra fría.
Ahora bien, en el transcurso de la década de los 80 tienen lugar un conjunto de fenómenos que, en primer lugar, y como ya hemos visto, modifican sustancialmente el modelo CENTRO-PERIFERIA. La globalización obliga a repensar la geoeconomía y la geopolítica mundiales desespacializadamente y sin referencias locales. Y esto será tan pertinente para la producción de "nueva" riqueza como para la generación de la "nueva" pobreza, que bajo la forma de exclusión más que un lugar social es un proceso y una dinámica que atraviesan no sólo las sociedades por dentro sino todo el mundo. Según esto, Norte y Sur no representarían más que las dos extremidades de un colosal o mundial proceso de exclusión .
En segundo lugar, también la polaridad desarrollo-subdesarrollo, precisamente en virtud de su carácter dinámico deja de ser explicativa del sistema económico mundial por tres razones principales: a) de un lado, algunos países subdesarrollados entraron en un claro proceso más o menos sensible de desarrollo, eliminándose la dualidad o contraposición entre ambas categorías de países; b) mientras que, contradictoriamente, de otro lado, para otros muchos países la brecha entre desarrollo y subdesarrollo no sólo se volvía cada vez más insalvable sino que incluso tenía efectos regresivos, dando lugar a que ya se comience a pensar en "países inviables" ; c) por último, los procesos de integración subregional (Comunidad Europea, Mercosur, NAFTA...) introducen nuevos factores de ordenamiento.Finalmente, la caída del muro de Berlín (1989) simbolizará el fin de un sistema geopolítico, que dividió el ESTE y OESTE, y de un sistema económico alternativo, el del "Segundo Mundo" comunista. Será también a partir de este momento que la otra categoría geopolítica de "Tercer Mundo" comienza a declinar en sus usos y hasta se carga con los acentos anacrónicos o peyorativos de "tercermundismo".
En este nuevo contexto el sistema económico mundial se plasmará en el nuevo modelo explicativo de la globalización, el cual por muy paradójico que parezca, producía una nueva comprensión de la división económica y geopolítica con una fuerte representación geográfica. Mientras que la diferencia NORTE/SUR dotaba a la división del mundo de una espacialidad local, que la idea de globalización más bien aparentemente eliminaba o pretendía eliminar. Por otra parte, se escamoteaban definitivamente los parámetros de desarrollo-subdesarrollo. Y finalmente se resituaba en unas nuevas coordenadas las posibles divisiones geopolíticas, donde el Norte-Sur sustituía el Este-Oeste.
Aunque la nueva división y separación NORTE/SUR no tiene su muro, las barreras y fronteras que impiden el tránsito de la riqueza del Norte hacia el Sur, y que bloquean y reprimen las masivas oleadas de pobres y desesperados en su intento de emigrar o huir hacia el Norte en busca de una salvación que ya no se encuentran en el Sur, han inaugurado ya en los años 90 una nueva era de colosales ghettos y masas de desplazados.
La representación espacial de la globalización con su aparente homogeneización tiene el efecto de impedirnos pensar o conceptualizar las lógicas de sus relaciones, dinámicas, flujos, fusiones, procesos de diferenciación, dependencias e interdependencias, desconexiones y redes, localizaciones y deslocalizaciones; o lo que en otros términos Castells denomina la sustitución y supeditación de un "espacio de lugares" por un "espacio de redes" .
Encubrimientos y desencubrimientos del nuevo orden
Tras esta nueva conceptualización del Sistema Mundial en cuanto globalización y bajo esta nueva división del espacio mundial en Norte/Sur, una también nueva unidad de análisis se impone para indagar las transformaciones ocurridas y las configuraciones o "geometrías variables" (M.Castells) espaciales y desespacializadas. Planteadas las cuestiones en términos concretos: ¿qué significa la global des-espacialización, por un lado, y, por otro lado, la re-espacialización mundial en Norte-Sur? ¿qué formas y orientaciones puede adoptar el futuro desarrollo? En otros términos las mismas preguntas se interrogan sobre las nuevas ideas, discursos y racionalizaciones encubiertos bajo la espacial representación Norte/Sur.
En el sistema de interdependencia económica Centro/Periferia el proceso de desarrollo adoptaba una orientación de sólo relativa autonomía, para equilibrar las relaciones de interdependencia, haciéndolas menos desiguales. En el actual sistema de transnacionalización y desarrollo del capital, la relación Norte/Sur ha roto el sistema de interdependencias, estableciendo un nuevo riesgo de creciente autonomía del Norte (que tiende a reproducirse sin el Sur) y dependencia del Sur.
Si los países de la Periferia no aprovecharon la relativa autonomía durante la fase cepalina del desarrollo, con la finalidad de que este fuera más endógeno y autárquico, sería muy contradictorio que en el actual esquema de la globalización, los países del Sur buscaran una ilusoria "desconexión", cuando ésta precisamente ha sido una condición, para que los países del Norte adquirieran una creciente autonomía respecto de los del Sur .
Pero el fenómeno de la globalización convierte en una falsa alternativa la disyuntiva entre desconexión y reconexiones. Muy por el contrario, será más bien toda una estrategia de diferentes conexiones, desconexiones y reconexiones, todas ellas globales y sectoriales o locales a la vez, la única que procuraría "Estados fuertes" (no en sus aparatos acumuladores y concentradores de recursos y de poder sino: a) en su capacidad gobernante reforzada por el creciente poder y autonomía de la sociedad civil; b) en sus regionales interdependencias económico políticas con otros Estados) y procesos de desarrollo, que ya no serán ni plenamente autónomos ni plenamente dependientes.
Según esto, la dinámica u orientación del modelo de desarrollo y de inserción para los países subdesarrollados consistiría en sustituir el "desde afuera hacia dentro" por un "desde adentro hacia fuera", invirtiendo el momento de la articulación dependiente externa, y vinculando ésta a previas dinámicas de desarrollo local; haciendo de la apertura y de los espacios de articulación el objetivo pero también el resultado de dichos procesos endógenos primarios.
Desde que la tierra es redonda -y hace muy pocos siglos que (sabemos) es redonda-, existe el norte y el sur. Pero sólo como una referencia (al polo sur) o como un imaginario el sur existe multiplicado por una infinidad de sures, que se construyen, desconstruyen y reconstruyen dependiendo de las longitudes y latitudes de su medición. Siempre hubo un sur y todos los sures posibles en referencia a cualquier norte, pero el Sur, único y con mayúscula, nunca había existido realmente, hasta que hace pocos años fuera inventado por esa otra simultánea invención de un Norte .
Cuando fue necesario inventar una nueva división del mundo para marcar las diferencias, separaciones y distancias hemisféricas, que estaban destinadas a sustituir las anteriores y caducas distancias y separaciones, la división Norte/Sur logra casi abolir las correspondencias, complementaridades y posibles relaciones que marcaban los precedentes dualismos; como si no pudiera haber Centro sin Periferia, Este sin Oeste, mientras que el Norte pudiera ser pensado sin el Sur .
Toda división clasificatoria responde a un ejercicio de poder y tiene efectos de dominación; y el mismo poder que denomina simultáneamente normatiza y programa. Por eso la ecuación Norte/Sur categoriza conductas, competencias, maneras de relación y hasta modos de producción de discursos y prácticas... e incluso identidades. No es casual que el gran cambio de los años 80, económica y políticamente instrumentalizado por la deuda externa inaugure en todo el mundo esa monumental ideología e institucionalización de la pobreza. Pobres los hubo siempre en el mundo, pero la pobreza fue una moderna invención de los 80 .
Se podría objetar que este sistema de relaciones con sus prácticas y discursos existían ya antes entre los que eran paradigmas del Centro/Periferia, Desarrollo/Subdesarrollo, Este/ Oeste, Primer/Tercer Mundo...; sin embargo tales relaciones, prácticas y discursos entre los espacios de la división lejos de ser fijos se encontraban sujetos a distanciamientos y acercamientos, a modulaciones, cambios y hasta reales intercambios. La fórmula Norte Sur, por el contrario, no sólo fija sino que polariza, pero sobre todo substantiviza una dualidad, que por efecto de la misma polarización se muestra tan insalvable como irreversible. No es casual que frente a esta panorámica, se haya empezado a pensar en los "países inviables" (O. De Riveiro) dentro del Sur.
Todas las representaciones referidas a las relaciones Norte/Sur, a la creciente autonomía de aquel y dependencia de este, no dejan de encubrir bajo dicha división el fenómeno de la exclusión al nivel global. La figura Norte/Sur es la macro-metáfora de la exclusión a escala global. Lejos de ser entendida como una división real y como espacios geográficos y hemisféricos dicha ecuación Norte/Sur designa más bien el paradigma y el proceso de la exclusión. Y no es que entre Norte y Sur se haya abierto una brecha, y que esta brecha se haya ampliado tanto como profundizado; todo lo contrario Norte y Sur significan la misma brecha de exclusión que constante e intensamente se reproduce a todas las escalas y niveles en todo el mundo y al interno de ambos hemisferios, dentro de cada bloque regional y de cada sociedad particular, así como al interior de cada clase, grupo y sector sociales. La exclusión ha hecho que las luchas intracategoriales hayan en gran medida sustituido la lucha entre clases.
Esta figuración global Norte/Sur no pretende demostrar otra cosa que la división en el mundo más que estructural se ha vuelto dinámica, y por consiguiente categorial; es decir que no sólo en el Norte como también en el Sur hay nortes y sures, sino que la exclusión tiende a introducir esas rupturas, divisiones y separaciones a través de todas las categorías de lo social. Puesto que el principio que dinamiza la exclusión se encuentra en el centro de la misma sociedad: una desintegración que impulsa la desinserción de todos los elementos, componente y grupos de lo social. La globalización ha integrado y desnacionalizado o deslocalizado toda concentración y acumulación de riqueza desintegrándola cada vez más de los ámbitos de concentración y acumulación de pobreza.
Mientras que la división espacial Centro/Periferia había servido de soporte a la teoría de la dependencia, por la división dinámica entre Norte/Sur podrá explicarse la nueva teoría de la exclusión; una exclusión que no sólo rompe las anteriores dependencias hemisféricas, entre países desarrollados y subdesarrollados, y al interior de cada sociedad nacional, sino que reproduce un proceso de continuas y sucesivas exclusiones a todo lo largo del mundo y a todos los niveles de lo social. Este cambio del paradigma de la dependencia, y su sucedáneo el de marginalidad por el paradigma de la exclusión revela tanto la nueva geopolítica de la globalización como la nueva forma de la pobreza en el mundo. De otro lado, el mismo concepto de exclusión impedirá pensar el desarrollo desde el subdesarrollo (como si se tratara de acortar las distancias entre países subdesarrollados y desarrollados), tal como ya había sido criticado por los teóricos de la dependencia.
Producción destructiva y globalización de riesgos
El fenómeno de la globalización ha contribuido a visibilizar con gran relieve y mucha transparencia, lo que en épocas anteriores y en sociedades industriales permanecía más encubierto y menos claro: la pobreza en cuanto efecto destructor del desarrollo de las fuerzas productivas generadoras de riqueza; éstas en la actual fase de modernización del sistema capitalista producen un volumen y masa de riqueza, que es proporcional a sus efectos destructores (de participación social y de seguridades sociales, y de mecanismos distributivos) en la generación de pobreza. Los efectos productores y destructores de las fuerzas productivas se han vuelto tan diferenciados, tan desiguales, que han llegado a plasmarse en una división espacial con fuertes referentes geográficos entre el Norte y el Sur. Las fuerzas del desarrollo capitalista tienen efectos productivos en el Norte y destructivos en el Sur.
La división Norte/Sur representa una simplificación tan reveladora como encubridora de los reales procesos y relaciones, que se inauguran en el nuevo marco de la globalización, y de los diversos flujos (socio-económicos y políticos) que circulan entre las nuevas espacialidades tanto hemisféricas como regionales y locales. En este nuevo marco explicativo, y bajo su paradójica representación (global y polar), es necesario pensar cómo se articulan los procesos de producción de riqueza desde abajo, desde los grupos y sectores sociales inferiores y subalternos (desde los "sures") y su acumulación por arriba, en los espacios sociales superiores y dominantes (los "nortes"). Simultáneamente la acumulación y concentración de riquezas en el Norte provoca la división con el Sur, a donde se transfieren los resultados de la desigualdad global bajo la forma de masivos y crecientes empobrecimientos .
Ahora bien, el desarrollo de las fuerzas productivas en las sociedades modernas ha alcanzado tales proporciones, que el poder destructivo que liberan también es cada vez mayor. Siempre, a lo largo de la historia, al poder de reproducción de una sociedad (a su poder de producción de lo social) ha correspondido un proporcional poder destructivo. Lo que Schumpeter en el caso del modo de producción capitalista caracteriza como "destrucción creadora o creación destructora". Y la razón es obvia: los factores materiales y condiciones sociales que en una etapa anterior habían servido de base para el desarrollo de las fuerzas productivas se vuelven un impedimento en una fase ulterior para un nuevo desarrollo de dichas fuerzas, que para ser eficazmente productivas tienen que tener ineludibles efectos destructivos.
Hasta ahora, las sociedades habían logrado transferir hacia la naturaleza la mayor parte de los excedentes destructores de su reproducción y producción social; resultado de la acumulación de todos estos efectos destructivos en la naturaleza son las modernas alarmas ecológicas y medioambientales, que en este fin de milenio se han puesto a sonar con ecos de ultimátum. Sin embargo, en las sociedades modernas comienzan a visualizarse con mayor realismo y dramatizarse con más violencia los efectos destructores que el desarrollo de las fuerzas productivas también tienen en la misma sociedad. Y la razón es obvia: cuanto más inmateriales se vuelven las fuerzas productivas en sus progresivos desarrollos (las tecnologías informáticas es el ejemplo más representativo), más inmateriales son también sus efectos destructivos de toda aquella realidad que fue necesaria en una fase anterior de su desarrollo, pero que ahora se convierte en obstáculo del desarrollo de las nuevas fuerzas productivas. Por eso hoy las modernas fuerzas productivas ya no destruyen tanto "fuerzas naturales" cuanto "instituciones sociales". De ahí que desde hace más de una década se piense la modernidad de las sociedades modernas en cuanto "sociedades de riesgo" .
De otro lado, como no hay transformación de lo social que no comporte una transformación del conocimiento social, la "sociología del riesgo" (N. Luhmann) ha puesto en evidencia hasta qué punto los riesgos y peligros en apariencia exteriores a la sociedad son realmente producidos por ella. Sólo, por consiguiente, cuando tales riesgos son internalizados y reconocidos como intrínsecamente constitutivos del funcionamiento de la sociedad, pueden ser objeto no sólo de conocimiento sino también de tratamiento o intervención social. Tales planteamientos son particularmente decisivos en el caso de la pobreza, pues la sociedad moderna no sólo deberá reconocerse en cuanto productora de pobreza sino sobre todo que la moderna producción de pobreza se encuentra mucho más condicionada que nunca a la producción de riqueza, y asociada a la producción de riesgos.En las sociedades industriales los efectos destructores de las fuerzas productivas provocaban riesgos y peligros en el medio/ambiente, con destrucciones en los ecosistemas; pero en las actuales sociedades modernas y postindustriales el reciente desarrollo de las fuerzas productivas sin dejar de afectar destructoramente la naturaleza, han comenzado a internalizar sus efectos violentos en la misma sociedad, internalizando también en ella los riesgos resultantes, en sus instituciones (familia, trabajo), en sus relaciones sociales y formas de organización y de solidaridad (fin de la contractualidad matrimonial y laboral), y hasta en sus mismos valores y principios éticos.
Teniendo en cuenta que el fenómeno de la actual modernidad es parte del desarrollo del sistema capitalista, se comprende perfectamente que donde con más amplitud e intensidad se manifiestan los efectos destructivos de los modernos desarrollos de las fuerzas productivas sea precisamente en el campo del trabajo ; y que el primer efecto destructor haya sido la ruptura del pacto y colaboración entre el capital y el trabajo. De hecho, nada caracteriza mejor el moderno desarrollo de las fuerzas productivas que la destrucción de trabajo y de empleo .
Mientras que esta destrucción de trabajo y de empleo en el Norte se opera de manera limitada y controlada, selectiva y gradual, en el Sur el proceso destructor del trabajo y empleo es ilimitado y masivo, acelerado e indiscriminado; ya que en términos generales se trata de un trabajo comparativamente poco cualificado y de bajo rendimiento, y sobre todo completamente desprotegido de cualquier tipo de seguridad. La globalización de la economía permite además la producción de trabajo en el Norte repercuta en la destrucción de trabajo en el Sur, o que la mayor destrucción de trabajo en el Norte sea trasladada al Sur.
Esto significa que: a) las sociedades modernas junto con la producción de riqueza producen (destructivamente) riesgos y violencia; b) que la desigual producción de riqueza, generadora de "lucha de clases", se encuentra en un proceso de transformación, consecuencia de la también desigual generación de riesgos y violencias sociales, los cuales producidos desde arriba, desde los sectores y grupos dominantes, tienden a acumularse abajo en los espacios (hemisféricos, regionales, locales, de clases y sectores sociales) inferiores y subalternos vinculados con el mundo laboral, del trabajo y del empleo.
En contra de una supuesta supresión de la "lucha de clases" por una lucha contra los riesgos, las inseguridades y violencias, es necesario reconocer que los riesgos, inseguridades y violencias no sólo encubren las nuevas luchas sociales, sino que se convierten en los medios o instrumentos de dichas luchas. Ello ha conducido a que los ideales de igualdad se encuentren cada vez más sustituidos o suplantados por un ideal de seguridad, cuando de hecho la inseguridad se ha convertido ideológica y efectivamente en un instrumento en parte de dominación, en parte de explotación y en parte de reproducción de la inequidad .
No es casual que en las sociedades modernas la riqueza se traduzca en un colosal despliegue de dispositivos de seguridad y aseguramiento (desde los seguros financieros y de vida, hasta los seguros habitacionales y de residencia...), y que la inseguridad se haya convertido en una de las armas más mortíferas contra los pobres. Un estudio sobre la sociología de las (quizás mal) llamadas "catástrofes naturales" demostraría de manera demasiado cruel cómo son socio-económicas tales catástrofes y por qué cada vez más numerosas .
Por otra parte, hoy sabemos que las "catástrofes naturales" no son tan naturales. Los países del Norte, con su agresiva industrialización y descontrolado poder de contaminación, producen los riesgos atmosféricos y climáticos, que en el Sur darán lugar a devastadoras catástrofes humanitarias. Los riesgos producidos por el Norte son peligros sufridos por el Sur. Actualmente sólo el poder y la riqueza son generadores de cambios, mientras que los pobres y excluidos se resisten a ellos, porque sólo ellos se encuentran sujetos a sus "efectos indeseados".
Esta nueva situación ha dado lugar no tanto a una "nueva pobreza", sino a la manifestación de una dimensión oculta o latente de toda pobreza: su condición de inseguridad. Más bien habría que sostener que en las sociedades modernas los pobres además de ser pobres, y más que carecer de seguridad, se encuentran en tales condiciones de inseguridad, que ésta resulta todavía más peligrosa y hasta mortífera (y vivida con más miedo) que la misma carencia de bienes materiales y servicios sociales .
Ahora bien, esta inédita condición de inseguridad no puede ser pensada, como se desarrollará más adelante, al margen de esa nueva forma de pobreza que es la exclusión. Lo cual supone una relación muy estrecha entre el moderno fenómeno de la exclusión con la sociedad de riesgo.
La pobreza siempre fue sinónimo de inseguridad, pero el desarrollo de las fuerzas productivas en las sociedades modernas, productoras de la "nueva" riqueza y reproductoras de su propia modernidad, liberan tales coeficientes de destrucción, que la inseguridad y violencia resultantes al mismo tiempo que aparecen como síntoma de una pobreza extrema revelan la verdad oculta de toda pobreza: su inseguridad y su violencia. Y si las alarmas ecológicas advierten de los riesgos que suponen las destrucciones del medio ambiente, las violencias que invaden y penetran por doquier las sociedades modernas son el síntoma y la demostración de los riesgos sociales y de la destrucción de lo social en dichas sociedades, los efectos de sus exclusiones y desintegraciones.No es por ello casual que la ideología dominante se haya propuesto "luchar contra la pobreza" de la misma manera que se ha emprendido la "lucha contra la violencia" (o la "lucha contra el narcotráfico" o cualquier otro de los modernos flagelos), como si la violencia y la pobreza enemigos exteriores a las sociedades modernas, y no fueran producidos por los mismos poderes e intereses que pretenden combatirlas. Tal externalización de los problemas más arraigados en la reproducción de la sociedad es demasiado sintomática para que no haya sido tomada en cuenta bajo poderosas razones ideológicas.
Si el Norte se representa como el lugar emblemático de la acumulación de riqueza y de la producción de riesgos (inherentes a aquella acumulación), mientras que el Sur aparece como el lugar de generación de pobreza y acumulación de inseguridades, es necesario considerar en qué medida tras la aparente homogeneidad de ambos espacios tienen lugar procesos muy contradictorios: por un lado, en el Norte se globalizan las dinámicas dominantes de organización social (en redes, flujos, interdependencias y cooperaciones...), en el Sur, por otro lado, junto con la "individualización de la desigualdad social" asistimos a un decline de la experiencia colectiva de la pauperización, que según Marx había estado reforzada organizativamente por la dinámica de la lucha de clases, y al aparecimiento de una pobreza aisladora, de pobres solitarios, sin relación social alguna . Hoy se habla ya de la pobreza de las familias, de la pobreza de las mujeres, y de los niños, como si se tratara de pobrezas específicas, y los pobres ya se volvieran hasta incapaces de compartir nada en su pobreza.
Mientras que la globalización significa la extraterritorialidad que han alcanzado las nuevas formas de riqueza y de poder, al eliminar las distancias en sus procedimientos económicos y ejercicios políticos, quedando el Norte asimilado a "el fin de la geografía" (P. Virilio) por efecto de sus posibilidades de movilización y de comunicación, la pobreza parece encontrarse cada vez más condenada a su propia geografía, el Sur se ha vuelto sinónimo de inmovilidad y de incomunicación o subcomunicación.
No sólo los "riesgos naturales" producidos por el (efecto invernadero) por el desarrollo (destructor) del Norte son trasladados al Sur, donde también tienen lugar sus consecuencias más catastróficas, también los "riesgos bélicos" producidos en el Norte (desde la confrontación de intereses geopolíticos hasta el competitivo mercado de armas) son trasladados al Sur y transformados en guerras nacionales y civiles, sino también las mismas luchas socio-económicas enfrentan a los países del Sur, que incapaces de compartir carencias y pobreza se disputan los escasos recursos disponibles o potenciales (ayudas externas, dirimendos fronterizos, contiendas comerciales y arancelarias...).
Mientras que las transformaciones políticas, tecnológicas y culturales de la globalización producidas y conducidas desde el Norte, encuentran en el Norte suficientes recursos institucionales para su adaptación, en el Sur destruyen la poca institucionalidad estatal y nacional existente, dando lugar a desgarramientos de países y sociedades, y a cruentas violencias étnicas y religiosas, a "pulsiones de muerte" colectivas donde no queda nada que salvar. Las guerras en el Sur de "baja intensidad" pero altamente mortíferas se encuentran asociadas con ese síndrome africano, que a los países más miserables los vuelve más guerreros y suicidiarios.
El Sur aparece además como el lugar y la forma más emblemáticos, que adopta la "nueva pobreza" efecto de la globalización: la exclusión. En otras palabras, sin exclusión no hubiera sido posible o necesario representarse el mundo dividido entre el Norte y el Sur. La división Norte/Sur encubre la exclusión entre ambos ámbitos del mundo, y marca el final de lo que había sido la cooperación entre los países desarrollados y subdesarrollados. De hecho, "los intercambios financieros y comerciales del Norte y del Sur sólo han aumentado marginalmente en las dos últimas décadas". Siendo obvia la razón de que entre el Norte y el Sur los intereses se han vuelto contradictorios, puesto que en la lógica global "el crecimiento de unos sólo puede hacerse a costa de los demás" . En la década de los 60 y 70 los países desarrollados apoyaban el desarrollo de los países subdesarrollados, que además se representaban en cuanto "países en subdesarrollo", puesto que el crecimiento de estos era complementario al de aquellos. Actualmente las categorías desarrollo y subdesarrollo han perdido competencia explicativa, y ya no dan cuenta de los nuevos ejes que atraviesan las antiguas diferencias, ya que un mayor desarrollo de los países desarrollados lleva consigo una profundización del subdesarrollo de los países subdesarrollados.
Una estrecha equivalencia entre la fijación espacial y el inmovilismo provoca en el Sur, en los sectores sociales pobres y dominados, una terrible apariencia de que nada cambia con la casi necesidad de que nada cambie, no siendo los cambios reales ni vividos ni percibidos, por la simple razón de que ni el Sur, ni tales sectores son actores en dichos cambios; más bien se sienten como víctimas. Mientras que el Norte, las clases dirigentes y sectores dominantes practican más que nunca un "realismo político" con apuestas a mediano plazo y cada vez a más largo plazo; por el contrario, el Sur, clases subalternas, sectores pobres y populares adoptan con mayor desesperación estrategias de resistencia, de inútiles inmediatismos y "utopías reaccionarias", opuestas a los cambios o apostando en el peor de los casos a posibles desbarajustes catastróficos.
Las nuevas desigualdades y pobreza de la globalización
De acuerdo al argumento elaborado más arriba, el moderno desarrollo de las fuerzas productivas ha alcanzado tal clímax en las sociedades actuales, que sus efectos destructores no sólo liquidan bienes ya capitalizados de otros "modos de producción" (recursos naturales), sino también bienes capitalizados por el mismo "modo de producción capitalista" (como el trabajo), pero destruyen además todos aquellos bienes que podrían impedir el ulterior e ilimitado desarrollo del capital. Por eso, con las instituciones (familia, Estadonación, contrato laboral o conyugal...), con las formas de organización social y política, el moderno desarrollo de las fuerzas productivas (tecnológicas, organizativas, comunicacionales...) destruyen incluso principios y valores de la sociedad, como son los derechos sociales, el ideal de igualdad, de distribución, participación, solidaridad...
Dentro de estas mismas consideraciones habrá que hipotetizar sobre la duración de los ideales democráticos en Occidente, o en qué medida la globalización los modifica, altera y readecúa a sus futuros intereses y necesidades que con el tiempo se vuelvan irreconocibles. Pues si la democracia fue funcional al desarrollo del capitalismo nada garantiza que deje de ser funcional a los futuros desarrollos del capital. Y si hoy la democracia todavía legitima la exclusión y empobrecimiento globales, nada asegura su futura deslegitimación, ni tampoco la necesidad de sustituirla por otro régimen político que siga garantizando los procesos de una mayor exclusión y pobreza.
Es en razón de estos presupuestos, que en las sociedades modernas se funda y legitima la generación de pobreza, el empobrecimiento ilimitado y la exclusión. La globalización hace posible la crisis distributiva (A. Figueroa), cuando las sociedades rebasan un determinado umbral de pobreza absoluta y pobreza relativa, que la vuelven "socialmente insostenible" . La de crisis distributiva era una categoría pertinente en el contexto del Estado-nación y de las sociedades nacionales, donde las políticas estatales garantizaban y regulaban la distribución social, así como sus correspondientes derechos e igualdades sociales.
Sin embargo, en el contexto de la globalización, los procesos de concentración y acumulación de la riqueza rebasan las competencias y poderes de los Estados-nación, volviéndose impotentes para organizar y regular la distribución de la riqueza globalizada (en los mercados financieros); incluso han abdicado de intervenir en las "fusiones" de grandes empresas transnacionales, que tanta riqueza acumulan y concentran ("creación de valor") a costa de la desigualdad y pobreza que generan (destrucción de empleos y trabajo). En estas nuevas condiciones la globalización hace posible que tal crisis distributiva pueda ser socialmente aceptada, puesto que las sociedades actuales, sobre todo del Sur, no harían más que internalizar la lógica antidistributiva de la acumulación y concentración de la riqueza del Norte en el mundo .
De otra parte, no es que los Estados-nación en sus nuevas formas de regionalizaciones internacionales no puedan controlar la acumulación de riqueza y regular su distribución a escala global. Las 200 firmas transnacionales más billonarias hacen que los 17 países desde donde operan sean considerados los más ricos y poderosos del mundo. En este sentido, estos mismos Estadosnación no parecen tener ningún interés en organizar la distribución de tal riqueza, puesto que la pobreza que ésta genera con todos sus "horrores económicos, ecológicos y sociales" (V.Forrester) son fácilmente externalizados hacia el Sur, debiendo aceptar el Norte únicamente costos residuales pero muy relativos .
RIQUEZA DE LAS 200 MAYORES EMPRESAS DEL MUNDO
Comparaciones 1982 1998
PIB mundial (miles millones $) 11.179 26.854
PIB de 150 países no/OCDE 28.60% 24.50%
Cifra de negocios de las 200 Empresas Transnac.más ricas 27.20% 26.30%FUENTE. NNUU.
Elaboración: F.F. Clairmont, Le Monde Diplomatique, Dec. 1999.Las 200 mayores empresas del mundo por sus ganancias, que se sitúan en 117 países, poseen una cifra de negocios de 7.592 mil millones de dólares, y una cifra de beneficios de 345.7 mil millones de dólares. Las 176 empresas más poderosas en seis países los más ricos tienen una cifra de negocios de 6.790 mil millones de dólares y de 312 mil millones de dólares de beneficios. Si las empresas transnacionales son más fuertes que los mismos Estados nación es porque la riqueza y el poder de aquellas hace el de estos.
Mientras que antes cada sociedad debía soportar las propias desigualdades a su interior, hoy el logaritmo de la globalización hace que todas las desigualdades resulten exteriores, pudiendo ser localizadas siempre en el Sur; poco importa que este Sur sea hemisférico o la dimensión socialmente septentrional de cada país. Así, la crisis distributiva, condición de posibilidad de la misma globalización, se vuelve globalmente soportable en la medida que la mayor parte de sus costos en términos de desigualdad y empobrecimiento son transferibles del Norte al Sur. De esta manera se comprende perfectamente en qué medida es funcional, por muy paradójica que parezca, la división NorteSur en el contexto de la globalización.
La división NorteSur se ha vuelto además muy emblemática de las nuevas formas que adquieren las desigualdades y la pobreza a nivel global. En primer lugar, hoy las desigualdades ni se comprenden ni se explican coherente y plenamente sin referencia a la globalización y a la división NorteSur. Si las desigualdades y la pobreza nunca fueron un fenómeno exclusivamente económico (como siempre pretendió interpretarlo la ideología liberal), sino más bien social y político, tanto en sus orígenes y fundamentos como en sus consecuencias, hoy más que nunca en las sociedades modernas se pretenden ocultar tales aspectos socio-políticos, precisamente cuando son éstos los que mejor explican las morfologías de la nueva pobreza en la era de la globalización.
En segundo lugar, como nunca hasta ahora, la pobreza actual (incluso en su aspecto económico) tiende a la exclusión social, ya que despoja a los pobres del único medio que no sólo les permitiría superar su pobreza sino también integrarse socialmente: el trabajo. Entender la exclusión como un proceso y no como un estado, situación o condición, tal y como enfatizan los autores (Perret & Roustang, Fitussi & Rosanvallon) significa reconocer las particulares singularidades, que en el contexto de la globalización adoptan las "nuevas desigualdades". Si de una parte, en la dimensión global, la riqueza se acumula cada vez más, concentrándose cada vez en menos manos, de otra parte, las desigualdades se multiplican y amplían con una creciente localización, se vuelven intracategoriales, intraclasistas, segmentando cada grupo y sector sociales. La exclusión habrá de ser entendida como una dinámica, que las "desigualdades friccionales" imprimen desde dentro a fuera y de norte a sur a través de todo lo social.
Aunque tanto las "desigualdades" como la "exclusión" se manifiestan con la máxima visibilidad en las situaciones que caracterizamos de pobreza y marginalidad, sin embargo tales formas extremas sólo son posibles porque desigualdad y exclusión atraviesan todas las categorías, niveles, estratos, clases, ámbitos, grupos y sectores de la sociedad. Tal es la innovación de la modernidad y el principal efecto de la globalización: que la exclusión económica se haya vuelto también exclusión social: "la exclusión, que podía ser considerada como una realidad marginal, aparece desde ahora como un fenómeno en expansión, dinámico, en cuanto la consecuencia de una dinámica económica y social " .
Pero la misma exclusión no es más que la contraparte o la otra extremidad de la globalización: ésta significa, por un lado, todos los fenómenos y procesos de integración e interdependencias, de redes por las que fluyen bienes, servicios e informaciones; la exclusión, por otro lado, consiste en todo lo contrario: aislamientos, ruptura de relaciones, desvinculaciones del bien común y de lo social en su conjunto, quiebra de las interdependencias, colaboraciones y solidaridades, en definitiva de incomunicaciones. La figura y el lugar globalizados de la exclusión es el Sur, no sólo por referencia al Norte sino en cuanto espacio donde se reproducen y multiplican y diversifican todas las escalas de la exclusión. Ya que la exclusión, hay que insistir de nuevo, más que una situación o estado social terminal es una dinámica que recorre todo el tejido social.
Merece también recordar aquí otra vez, que una de las formas de la nueva pobreza o nuevas desigualdades es precisamente su experiencia individualizadora y privada, ya no colectiva y compartida como un destino de clase; más aún, las nuevas pobrezas y desigualdades, vividas como biografías particulares, internalizadas como desgracia, como culpa o responsabilidad propias (y ya no referidas a un hecho social) conducen a soledades peligrosas y aislamientos antisociales; fenómenos no ajenos a latentes violencias o posibles delincuencias. Nada ilustra mejor este situación que el efecto global de uniones de intereses y fuerzas en el Norte, mientras que en el Sur el mismo efecto de la globalización provoca múltiples y las más diversas desuniones y hasta confrontaciones .
En tercer lugar, la globalización ha logrado transformar una pobreza resultado de la explotación en una pobreza resultado de la exclusión. Y también en este sentido, el Sur aparece muy paradigmático de este efecto global, donde las fuerzas productoras y relaciones sociales, que generan tales volúmenes de exclusión en el mundo, han perdido la visibilidad y el grado de concreción material, que poseían aquellas anteriores fuerzas productoras y relaciones sociales de explotación. Actualmente la pobreza, pero aun más la exclusión, han dejado de ser entendidos y explicados como hechos sociales, al borrarse y quedar completamente encubiertas las relaciones sociales y procesos sociales que los generan. La pobreza y la explotación de las sociedades industriales se explicaba en razón de las contradicciones y "lucha de clases", y las desigualdades en cuanto resultado de una inequidad distributiva; en las actuales sociedades modernas han desaparecido los antagonismos y con ellos las responsabilidades o culpabilidades.
En el esquema desarrollo/subdesarrollo la pobreza se representaba como una situación de déficit o retraso al interior de un proceso supuestamente evolutivo; mientras que para el esquema centro/periferia la pobreza respondía a una desigual redistribución de la riqueza. De acuerdo a ambos esquematismos, la pobreza hubiera podido resolverse por una participación del subdesarrollo en el desarrollo o por una mayor integración de la periferia en el centro. Por el contrario, actualmente la globalización con su representación de la nueva pobreza, revela la verdad encubierta por aquellos esquemas precedentes: la división entre riqueza y pobreza en la división Norte/Sur demostraría que el desigual reparto de la riqueza deja de ser "un efecto negativo producto de circunstancias particulares o de errores políticos. Es el producto de la lógica del sistema y de la polarización mundial que le es inmanente" (Samir Amín, 1995: 28).
En fin, que las inequidades se hayan ampliado y profundizado en todo el mundo sólo se explica porque la globalización ha hecho posible no sólo un debilitamiento de los principios de igualdad, sino también la eliminación de los mecanismos distributivos, que estructuraban las sociedades. Hoy aquellos han dejado de ser necesarios para la reproducción de estas, puesto que los principios de cohesión y organización se han vuelto anacrónicos y obsoletos. Mientras que la igualdad estructural de las sociedades hacía antes posible, que dichas sociedades pudieran reproducirse con umbrales de reducidas diferencias, las actuales desigualdades estructurales han dado lugar a que las diferencias se amplíen ilimitadamente y se diversifiquen en todos los sectores (ingresos, salarios, rentas, consumos, patrimonios, acceso a servicios y seguros, salud y educación y todos los demás bienes sociales).
Al despensar la pobreza rompiendo con sus representaciones cotidianas y transcendiendo los saberes, informaciones y datos más ideológicos, empíricos e inmediatos sobre ella, estamos en mejores posiciones para comprender y explicar no sólo por qué la pobreza aparece como una fenómeno exclusivamente económico, de carácter predominantemente estadístico, cuantitativo y cuantificable, administrativo y hasta moralizable, con referencias tan locales y focalizadas (individuos, familias, grupos, áreas, regiones, barrios...), sino también por qué el tratamiento de la pobreza y su solución se han cifrado en términos de una "lucha" y "combate", precisamente cuando en las sociedades modernas los antagonismos sociales declinan y la "lucha de clases" se ha vuelto un mito anacrónico sin el más mínimo reconocimiento explicativo .
Desde la perspectiva de la globalización, desde las divisiones NorteSur, el problema de las desigualdades y de la pobreza adquieren nuevas dimensiones y requieren nuevas interpretaciones; de la misma manera que las luchas sociales se han transformado en otras luchas y acontecimientos de características muy diferentes. Pero aunque esta misma perspectiva obligue a pensar la pobreza desde la globalización, para poder actuar políticamente desde lo más local (localmente), siempre habrá que respetar un imperativo de principio: "el costo de combatir la pobreza resulta así ser bastante elevado: para llegar a los pobres hay que pasar por los ricos" (A. Figueroa, 1975:160). Este programa tan teórico como político sigue siendo una asignatura pendiente en América Latina.
El presente artículo ha sido tomado del cap. IV del texto inédito Repensar la pobreza desde la exclusión: una arqueología del empobrecimiento desde América Latina, CAAP, Quito, 2000.
La revista Pensamiento Iberoamericano, n. 11, enero / junio de 1987 estaba toda ella dedicada al tema "El sistema Centro-Periferia en Transformación". Entre los estudios publicados, dos a los que nos referiremos, introducen la problemática central: Norberto González, Vigencia actual del Sistema Centro Periferia; Osvaldo Sunkel, Las relaciones Centro Periferia en la transnacionalización.
El núcleo duro de esta teoría crítica del desarrollo estuvo interpretado por las obras de A. G. Frank, América Latina: subdesarrollo o revolución, Edit. Era, Barcelona, 1969; Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, Siglo XXI, México, 1970; Sobre el desarrollo capitalista, Siglo XXI, México, 1091; F. H. Cardoso & E. Faletto, Dependencia y Desarrollo en América Latina, Siglo XXI, México, 1969; C. Furtado, La economía latinoamericana. Formación histórica y problemas contemporáneos, Siglo XXI, Mëxico, 1971. Cabe agregar de Marshall Wolfe, El desarrollo esquivo, CEPAL, Fondo de Cultura Económica, México, 1976.
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