Ecuador DEBATE Nº 54
 
 COYUNTURA

TERRORISMO Y ANTITERRORISMO DEL ORDEN GLOBAL

J. Sánchez ­ Parga

El terrorismo es comprensible y explicable sin necesidad de justificarlo, y sólo "racional" sin ser "razonable" a condición de no "autorracionalizarse". Resultado de una despolitización de todos los terrores y violencias del orden global, el terrorismo más que subvertir los poderes legítimos trata de provocar su más extraordinario reforzamiento para que se manifieste el terror de su violencia, cuestionando el monopolio de su legitimidad y la legitimidad de su monopolio. Una espiral de la violencia terrorista y antiterrorista arrastraría al orden mundial de la globalización al estado de la venganza primitiva.

Si son hechos sociales, históricos y políticos, los atentados del 11 de Septiembre no pueden dejar de entenderse desde el nuevo orden mundial de la globalización: este explica tanto el terrorismo y la guerra antiterrorista como estos permiten comprender mejor muchas implicaciones y alcances del orden global hasta ahora no eran suficientemente manifiestas.

"Externalidad" o internalidad" del terrorismo respecto del orden global
El saber sociológico se funda sobre un principio muy simple en su enunciado, aunque arduo y difícil en su práctica: todo hecho social, además de explicarse desde la sociedad que lo produce, él mismo contribuye a mejor comprender dicha sociedad. Esta, entre otras, es una razón por la cual toda una corriente de pensadores parece haberse resistido a pensar la violencia en cuanto hecho social, considerando que se trata de un fenómeno contra lo social, tan radicalmente destructor de sociedad, que ni puede explicarse desde ésta ni tampoco puede interpretarla1.

Esto mismo cabría sostener, con mayor razón, todavía sobre el terrorismo, con el agravante adicional de que cualquier explicación o intento de comprender el terrorismo resultaría aun más sospechoso de justificación y de pretender legitimarlo; cuando, como se verá más adelante, la única interpretación admisible para los enemigos del terrorismo consiste precisamente en la negación de su legitimidad. El terrorismo, supuestamente, relevaría tal irracionalidad, que cualquier posible discurso sobre él se volvería terrorista; desprovisto de toda socio ­ lógica, tampoco podría ser explicado por la sociedad que lo produce, y por consiguiente ni siquiera se le debería reconocer la condición de hecho social. Si ya se consideraba la violencia en cuanto "simplificadora de inteligencia", el terrorismo aparece mucho más y para muchos más como la negación de toda inteligibilidad; nada mejor para calificarlo de "inhumano" o "irracional", aunque en realidad posea sus propias lógicas, símbolos y discursividades.

Según esto, más que un objeto de discurso, el terrorismo sería un tabú mental, que no puede ser pensado. A la alergia de pensar la violencia por parte de algunos pensadores, se añadirían la indolencia y autocensura más o menos irresponsables de tampoco pensar sociológica y políticamente el terrorismo 2. Mientras que desde Aristóteles hasta Maquiavelo se ha reconocido la presencia de la violencia en la política, también se ha pensado una cierta asimetría entre ambos fenómenos, considerando que la política representa una "eliminación progresiva y sublimación" de la violencia" 3. Por el contrario, otra corriente de pensamiento, teóricamente más fundada, considera que son precisamente fenómenos como la violencia y el terrorismo, desde el hambre hasta las drogas y el narcotráfico, pasando por las peores corrupciones o perversidades, los que "obligan a un nuevo tipo de mirada sobre lo social, y desde este punto de vista el recurso al término violencia más que cualquier otro, atestigua una manera de ver el campo social que no siempre ha estado presente" (ibid.).


1 Mientras que para René Girard se trata de una "negación de lo social" (La violence et le sacré, Grasset, Paris, 1972), para Hannah Arendt es una negación de lo político, de la misma manera que para G. Sorel (Réflexions sur la violence, M. Riviére, Paris, 1946). Yves Michaud interpreta esta corriente de pensamiento considerando que "la noción de violencia es indefinible; es el pensamiento de lo inconceptuable; es decir de la negación de lo social frente a lo social" (Violence et politique, Gallimard, Paris, 1976). Sin embargo, Hannah Arendt no deja de señalar que en determinadas circunstancias (?) la violencia se vuelve "la única forma de equilibrar los platillos de la justicia" (Du mensonge à la violence, Agora Press Pocket, p. 162).
2 Para Alfred Simon el desconocimiento por parte de las ciencias de la cultura de la violencia esencial se encuentre en el centro de la crisis sacrificial, de la que el hombre es actor indiferenciado, a la vez que víctima y sacrificador" (cfr. Esprit, abril, 1973).
3 Yves Michaud (Violence et politique, Gallimard, Paris, 1978) establece una crítica a todas las posiciones contrarias a la naturaleza política de la violencia y del terrorismo, para fundamentar su tesis sobre la específica politicidad de ambos fenómenos. En la misma línea argumentativa se sitúa Julien Freund (L`essence du politique, Edit. Sirey, Paris, 1986), precisando todavía más el concepto de terrorismo con sus precisiones políticas respecto del concepto más general de violencia.
 
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