Ecuador DEBATE Nº 54
TEMA CENTRAL
LOS NIÑOS DE LAS REMESAS Y TRAUMAS DE LA GLOBALIZACION*
Jason Pribilsky**
"Tan pronto como su padre se fue, los chicos quedaron con un tremendo dolor de corazón; no dormían, no comían, no salían de la cama y se negaban ir a la escuela. Al principio, simplemente tenían pena, luego ésta se convirtió en ira, esto son los nervios" (madre de 4 hijos, alrededor de los 40 años).Además de las huelgas y protestas, posiblemente ningún otro hecho ha servido como indicador de la frustración de los ecuatorianos en tiempo de crisis, como son las olas masivas de migración. En los últimos dos años, las redes de migración tradicional que unían al Ecuador y a los Estados Unidos (particularmente en el área metropolitana de las ciudades de New York y Chicago) se han intensificado, mientras los ciudadanos han forjado nuevos lazos con España y otros países de Europa. Ciudadanos de todas las clases y etnias han buscado un alivio a la crisis eligiendo salir; en los primeros seis meses de 1999, 172.320 personas salieron a España y esta cifra tuvo incrementos fijos una vez que la crisis se intensificó. En el sur del Ecuador, en las provincias de Azuay y Cañar, en donde la migración ha sido una parte del paisaje social, económico y político desde finales de los 60, el número de detenciones de migrantes que trataban de llegar a los Estados Unidos ilegalmente aumentó significativamente, mientras la crisis amenazaba más vidas.
La migración laboral -como una estrategia de supervivencia en tiempos de crisis financiera- a menudo no toma la forma deseada por aquellos que se involucran en ella. Para las familias campesinas de la sierra, la migración frecuentemente forma parte de una estrategia para generar múltiples ingresos que pueden incluir la producción agrícola y artesanías, adicionalmente a la migración laboral interna e internacional. (Lentz: 1991). De aquí que, la migración frecuentemente vincula la separación de los miembros de la familia en la medida en que algunos de ellos viajan hacia fuentes de trabajo fuera de los dominios familiares, mientras otros deciden quedarse, para desarrollar otro tipo de trabajo cerca de sus hogares. Cualquiera que sea la configuración de las ganancias económicas de esta estrategia, usualmente genera costos emocionales y sociales para los miembros de la familia involucrados.
En las provincias de Azuay y Cañar, la migración de parientes a los EEUU ha afectado a las familias rurales. En los últimos años, en la medida en que las oportunidades de desempleo y subempleo han disminuido, cientos han asumido el riesgo de migrar hacia los EEUU, particularmente hombres jóvenes, muchos recién casados y generalmente con niños pequeños, que alguna vez miraron hacia las herencias de tierra como la forma de construir sus propios hogares, ahora fijan su mirada en los EEUU, especialmente hacia New York y Chicago, a trabajos en restaurantes y servicios. Desde la mitad de la década de los 60, se estima que alrededor de 400.000 ecuatorianos, casi el 80% de las provincias de Azuay y Cañar, han migrado a los Estados Unidos (Borrero y Vega, 1995; CONUEP, 1995; Jokisch, 1998) y se estima que el 70% han entrado a los EEUU como indocumentados.
A pesar de que las corrientes de migrantes fuera de Azuay y de Cañar, se facilitan por las rutas clandestinas usando la economía informal de prestamistas o "chulqueros" y coyotes, éstos no han podido escapar al escrutinio de los periodistas y los investigadores sociales locales, varios reportajes, tesis, artículos publicados y libros, han prestado considerable atención a los efectos sociales de la migración en las comunidades de la región Azuayo- Cañari1. Particular interés ha concentrado las presunciones sobre los efectos que la migración tiene en la vida de las mujeres2 y niños que han sido abandonados cuando los esposos migran. Respecto a los niños; profesores, trabajadores de salud pública y los representantes de las iglesias locales han reportado un marcado decrecimiento en el desempeño de las escuelas más pobres y un incremento en el uso de drogas y alcohol, casos de depresión y violencia (Ochoa, 1998; Pinos y Ochoa, 1999). Con una pequeña variación, los investigadores han basado su explicación a estos problemas en la destrucción de las familias, la célula de la sociedad, precipitada por la migración.
En las comunidades migrantes, los problemas con los niños forman parte de un discurso recurrente sobre la migración. Durante el trabajo, de campo en el bajo Cañar, fui testigo de cómo las madres en particular marcaban su preocupación hablando sobre un pronunciado incremento de un grupo de nuevos desórdenes en los niños, que se manifiestan en una pena3 extrema, ira explosiva, actos de maldad y violencia, sumados a un rechazo general al llevar a cabo las actividades diarias. Casos de nervios -el término más comúnmente utilizado por la gente para referirse a la totalidad de comportamientos individuales- se manifiestan en los niños cuando son separados de sus padres por largos periodos de tiempo, casi siempre en casos en los que el padre ha migrado a los EEUU. Compartiendo una serie de síntomas comunes con la depresión euroamericana, los nervios empiezan con una profunda tristeza y desesperación expresadas en el dolor de corazón por la pérdida, pero pronto transformadas en expresiones abiertas de ira; si esto no se controla, conduce a las víctimas a agredir su cuerpo y en el peor de los casos a intentos de suicidio.
En Ecuador, al igual que en la mayor parte de América Latina, los nervios son una enfermedad popular (Low, 1985), sin embargo, éstos han sido típicamente entendidos como una aflicción de las mujeres adultas y no se los asocia generalmente a los niños (Finerman, 1989; Davis y Low, 1989; Guarnaccia, 1993). En mi investigación, me refiero a las discusiones sobre esta nueva enfermedad centrada especialmente en los niños, con mayor frecuencia en los varones, cuyos síntomas se atribuyen al haber sido abandonados por sus padres, o generalmente al sufrimiento consecuencia de la negligencia familiar.
* Partes de este artículo aparecen en Pribilsky (2001). El autor desea agradecer el apoyo financiero de la Comisión Fullbright para la investigación de campo en Ecuador, 1999 - 2000.
Traducción al Castellano por María Fernanda Lobos y Ana Lucía Torres.
** Candidato doctoral en Antropología, Syracuse University, N.Y. EEUU.
1 La literatura especializada sobre la migración es demasiado vasta para resumirla aquí. Ver Carpio y CONUEP para una compilación de la investigación local.
2 Este ensayo no cubre adecuadamente los efectos psicológicos de la migración sobre la vida de las mujeres en la sierra. Ver Clearfield (1999) y Miles (1997) para una breve discusión sobre la migración y la depresión en las mujeres. Ambas concluyen que las mujeres forman un grupo particularmente vulnerable a los problemas psicológicos en el contexto de la migración, en la medida en que ellas deben simultáneamente cubrir la ausencia del esposo y aumentar su demanda de trabajo. Finerman (1989) provee una profunda discusión sobre las habilidades de la mujer para cubrir con preocupación la aflicción nerviosa en la Comunidad Saraguro.
3 Ver Miles (1997) y Tousignant (1984) para discusiones sobre la pena en la sierra ecuatoriana.
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