Ecuador DEBATE Nº 54
DEBATE AGRARIO
GITANOS, MAGREBÍES, ECUATORIANOS: UNA SEGMENTACIÓN ÉTNICA DEL MERCADO DE TRABAJO EN EL CAMPO MURCIANO (ESPAÑA)
Andrés Pedreño Canovas*
"La separación impuesta por la Corona, administró la discriminación de la sociedad colonial creando pueblos de españoles y pueblos de indios. Su resultado inmediato fue el nacimiento de una política de apartheid social, político y cultural sólo parcialmente roto por un mestizaje que sufrió y aprovechó ese apartheid. Categorizados los indios como menores de edad, sus bienes pasaron a ser administrados por los representantes de la Corona, quienes lentamente se convirtieron en dueños efectivos de sus vidas y de sus tierras, asumiendo la condición de oligarcas y caciques ladinos. Vetados en su ejercicio para decidir sobre su futuro en la sociedad colonial, no lo estuvieron, en cambio, para servir como mano de obra en las actividades económicas de exportación, haciendas, obrajes o servicio doméstico en los centros coloniales. Esta situación paradójica, de ser utilizados como fuerza de trabajo y al mismo tiempo excluidos social y políticamente, estableció una relación entre el mayor grado de explotación-opresión y el necesario mejor funcionamiento de las estructuras de poder colonial en la administración de los llamados asuntos de los pueblos indios" (Pablo González Casanova, 1996, p. 13).
"Nadie ha osado saludar el fin del colonialismo por temor a verle reaparecer por todas partes, como un diablo de su caja mal cerrada. Desde el instante en que el poder colonial denunciaba al hundirse el colonialismo del poder ejercido sobre los hombres, los problemas del color y de la raza adquirían la importancia de una competición de palabras cruzadas" (Raoul Vaneiguem, 1998/e.o. 1967, p. 31).
Escribir sobre la figura social del jornalero agrícola en el contexto de la Unión Europea pareciera rememorar una figura arcaica, que en claro declive en la estructura social, está llamada a desaparecer en la cibermodernización que nos sitúa en esa realidad que los analistas conceptualizan como sociedad informacional. Y sin embargo, las estadísticas nos muestran que lejos de ese supuesto, la categoría de trabajador agrícola por cuenta ajena invierte desde principios de los 90 su secular tendencia declinante, y crece cuantitativamente (ello lo está mostrando la encuesta de población activa, crecen los asalariados agrícolas situándose en 400.000 trabajadores, mientras que los agricultores disminuyen a un ritmo de unos 30.000 anuales). Es por ello necesario borrar esa imagen estereotipada del jornalero como una figura social arcaica llamada a su definitiva extinción en el interior de la lógica modernizadora.
Lejos de ese prejuicio nos llevaría un simple recorrido por las agriculturas de mayor productividad del conjunto de la Unión Europea, que se desarrollan en la vertiente mediterránea española, desde los campos de fresas de Huelva, pasando por las explotaciones de frutas tropicales de la costa granadina-malagueña, los invernaderos de tomate, pimiento y otros productos hortícolas de Almería, Aguilas y Mazarrón, las grandes plantaciones de lechuga y brócoli del Campo de Cartagena o de Lorca, las huertas de cítricos de Valencia, hasta llegar a las explotaciones de frutales de Lleida y Tarragona. Esta es la despensa de la huerta de Europa, aquí se plantan y recolectan las frutas y hortalizas que inmediatamente son transportados en camiones frigoríficos a los supermercados de las grandes ciudades europeas. Las demandas de las clases medias que mueven los circuitos de la economía informacional de las ciudades globales europeas son atendidas desde estas huertas y campos del mediterráneo español. Así se ha desarrollado una agricultura eminentemente exportadora, vanguardia en innovaciones tecnológicas y organizacionales, que ha posibilitado una producción de alimentos en fresco a lo largo de prácticamente todo el ciclo anual; superando la vieja limitación de la estacionalidad del producto en la agricultura tradicional. Un tipo de producción agroindustrial que dada su búsqueda permanente de inserción en los mercados más competitivos, donde las exigencias de calidad y diferenciación del producto son muy altas, ha incorporado para ello tecnologías informáticas que permiten una integración muy grande entre producción y comercialización, en definitiva, una agricultura informacional, dado que utiliza profusamente información, basada en el conocimiento para producir teniendo en cuenta y atendiendo las demandas de los mercados situados a gran distancia.
Debe destacarse e insistirse en la centralidad de la relación salarial en este tipo de agricultoras (por ejemplo, en una agricultura como la murciana, el 70% del trabajo se realiza en condiciones salariales). Los asalariados agrícolas que trabajan en las agriculturas mediterráneas, dadas las características descritas del sistema productivo al que nos referimos, están muy lejos de la figura tradicional del jornalero agrícola, presencia histórica en regiones como Andalucía o Extremadura. Y sin embargo, estos neo-jornaleros están sometidos a las viejas prácticas de eventualidad, sobreexplotación y máxima flexibilidad del jornalerismo más tradicional. ¿Cómo se produce y gestiona esta paradoja de una agricultura hipersofisticada, propia del siglo XXI, que sin embargo reproduce en su interior seculares relaciones de trabajo propias del jornalerismo decimonónico?
Esta paradoja fue el punto de partida de la investigación que llevé a cabo a lo largo de 1996 y 1997 sobre las relaciones de trabajo en las agriculturas de exportación de la Región de Murcia, y que se plasmó en una serie publicaciones (Pedreño 1999 a, b y c; Pedreño 2000). Recientemente he tenido ocasión de regresar a mi viejo objeto de estudio con motivo de una investigación sobre las condiciones de trabajo en el sector agroindustrial encargada por el Consejo Económico y Social (C.E.S.) de la Región de Murcia (Varios Autores, 2001; Castellanos y Pedreño, 2001; Pedreño, 2001). En esta nueva investigación, realizada entre los meses de julio de 2000 y marzo de 2001, he tenido oportunidad de profundizar en los planteamientos e hipótesis que ya puse en juego en la anterior investigación. Y sobre todo he captado los cambios en el ámbito de las relaciones de empleo y trabajo que se han venido introduciendo desde entonces. La tesis que trataré de mostrar en este artículo es que la evolución de la agricultura de exportación murciana ha sido posible por la reproducción permanente, a lo largo del tiempo, de una fuerza de trabajo segmentada étnicamente y variable según cada fase histórica.
La lógica de globalización de las agriculturas mediterráneas
El mercado de productos agrícolas en fresco, que es al que atiende la empresa agraria que opera en las agriculturas de exportación mediterráneas, requiere de una adecuada organización, para conseguir la
* Investigador y Profesor Departamento de Sociología y Política Social. Facultad de Economía y Empresa. Universidad de Murcia. Campus de Espinardo. 30100 Murcia, España.
<----