Ecuador DEBATE Nº 54
 
 ANALISIS

Una Agenda Social para la Integración Andina*

Francisco Pareja Cucalón**

Es verdad que el Acuerdo de Cartagena contempla un tratamiento preferencial para Bolivia y Ecuador, los dos países de menor desarrollo relativo en la subregión, pero nada significativo se ha avanzado en este campo y, por otra parte, la provisión aludida nada contempla con relación a regiones menos desarrolladas al interior de cualesquiera de los cinco países.

Al cumplir en 1999 tres décadas de vida azarosa, la Comunidad Andina de Naciones asumió el compromiso de conformar un mercado común subregional hasta fines del año 2005.1 Circunscrita hasta el presente principalmente al ámbito comercial, con la decisión presidencial de conformar el mercado común, sin embargo, la integración andina tiene ante sí un conjunto de temas y asuntos mucho más importantes, amén de complejos y de difícil concreción. Muchos de éstos son de naturaleza social; tienen relación con la libertad de movimiento, trabajo y residencia de las personas dentro del espacio subregional, con el reconocimiento recíproco de títulos profesionales y con los sistemas educativos, con las jubilaciones, con la salud, la pobreza, la exclusión y la iniquidad social, asuntos que deberán ser abordados si la meta de constituir un mercado común andino ha de trascender el plano de la retórica. Esta ampliación del campo temático de la integración, por otra parte, afectará a un espectro mayor de sectores sociales que en el pasado y, consecuentemente, requerirá niveles de compromiso y la efectiva participación de un número mayor de actores.

La conformación del mercado común no es el único desafío que enfrentan los países andinos en el futuro inmediato. El proceso de globalización que hoy vivimos obliga a mejorar sustancialmente la competitividad de nuestras economías y sociedades, a fin de lograr una inserción proactiva en la economía mundial y evitar nuestra definitiva marginación del progreso técnico, económico y social. Para alcanzar ese propósito, naciones y economías pequeñas como las andinas, y aún economías considerablemente más grandes, como las europeas y muchas asiáticas, no tienen mejor opción que la de integrar sus procesos tecnológicos, productivos y comerciales para, de manera conjunta, superar las dificultades y desafíos que impone una economía mundial altamente compleja, caracterizada por relaciones de poder asimétricas. Así, inserción competitiva e integración van de la mano, y hasta puede afirmarse que la segunda es condición de la primera. Por otra parte, no debe olvidarse que la competitividad es sistémica y que, por tanto, necesita, entre otras cosas, una educación y capacitación pertinentes y de buen nivel, colaboración entre los agentes productivos y, en general, hombres y mujeres sanos y mentalmente despiertos, con capacidad creativa y flexibilidad en su desempeño. Comprende, pues, aspectos sociales de igual o mayor importancia que los de naturaleza netamente económica o técnica.

La ampliación de la agenda integracionista, junto con el imperativo de volver más competitivas a las economías andinas, obliga pues a considerar seriamente dimensiones sociales de la integración antes casi olvidadas, incluyendo entre éstas la participación ciudadana. Pero no es dable esperar que la participación se fortifique si la población en su conjunto no percibe al proceso de integración, y a la inserción en la economía global que lo acompaña, como pertinente y de relevancia directa para sus vidas. Simultáneamente, es poco probable que el proceso de integración responda a las necesidades de las mayorías si éstas no asumen un rol más activo en su evolución. Por eso participación ciudadana y pertinencia de la integración para el conjunto de la población deben ser vistos como mutuamente condicionantes.

El desafío de impulsar una Agenda Social que comprenda también la participación ciudadana en el proceso de integración se convierte, así, en un objetivo prioritario del proceso de integración andina en la etapa actual, tal como insistentemente lo han señalado los presidentes y otras autoridades andinas, así como sectores representativos de la sociedad civil. Es así como recientemente, en su reunión de Valencia, Venezuela, de los días 23 y 24 de junio del presente año, los presidentes andinos ratificaron su decisión de impulsar la Agenda Social de la integración mediante un Plan Integrado de Desarrollo Social a ser adoptado este año por los cinco países para su ejecución en el futuro inmediato. Al adoptar la Agenda Social y disponer la confección de un programa de acciones específicas para concretarla, el Consejo Presidencial Andino ha tomado una decisión de trascendencia para nuestro proceso integracionista, que las autoridades nacionales y comunitarias, amén de los actores sociales de los cinco países, están llamados a concretar si esta decisión presidencial ha de trascender el ámbito de las buenas intenciones y convertirse en un nuevo impulso y hasta un golpe de timón para la integración subregional.

La dimensión social de la integración y del mercado común

La clara identificación de la dimensión social de la integración es todavía, a diferencia de la experiencia europea, terreno escasamente explorado en América Latina. En el ámbito subregional andino, si bien el Acuerdo de Cartagena contempló desde su versión original objetivos de naturaleza social, así como mecanismos e instrumentos para impulsarlos2, en la práctica la atención ha estado concentrada en otras dimensiones. Pero a partir de la década de 1990 las autoridades andinas se han visto forzadas a prestar


* Este artículo es una versión resumida y actualizada de una consultoría efectuada por encargo de la Secretaría General de la Comunidad Andina de Naciones, a quien el autor agradece por su autorización para publicarlo, así como a sus funcionarios técnicos por los comentarios y observaciones recibidos en el curso de un taller realizado en Lima, en febrero del presente año. El autor agradece especialmente los valiosos y oportunos aportes generosamente ofrecidos recientemente por el Dr. Adolfo López, funcionario de la Secretaría General, que permitieron actualizar el contenido del artículo incorporando las últimas decisiones adoptadas por las autoridades andinas con ocasión del XIII Consejo Presidencial celebrado en Venezuela, en junio del 2001. El contenido del artículo, sin embargo, es de exclusiva responsabilidad del autor
** Economista, M Phil. Consultor de la Secretaría General de la Comunidad Andina de Naciones
1 La decisión de conformar un mercado común andino hasta el año 2005 se hace explícita en la Declaración de Cartagena de Indias del XI Consejo Presidencial Andino, en mayo de 1999
2 Las dimensiones socio-laboral, educativa y cultural, y de la salud, debían instrumentarse a través de los convenios Simón Rodríguez, Andrés Bello e Hipólito Unanue, y la participación de los sectores empresarial y laboral, a través de los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral. Estos mecanismos, sin embargo, a excepción del Convenio Andrés Bello, han tenido escaso protagonismo

 
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