Ecuador DEBATE Nº 49
 
 COYUNTURA

INCERTIDUMBRE Y FRAGILIDAD CARACTERIZAN A LA ECONOMIA MUNDIAL

Marco Romero C.

Los procesos de liberalización y desregulación financieras, generalizados en el mundo e impulsados en los países en desarrollo y en Asia por las instituciones financieras multilaterales asociadas en el Consenso de Washington (denominado actualmente como el post consenso), han favorecido los flujos internacionales de capitales que constituyen el vector más avanzado de la globalización económica. Este proceso marcaría el predominio de un proceso de acumulación en el cual las inversiones financieras se han separado definitivamente de la acumulación en las actividades productivas; en síntesis, un modelo gobernado por las finanzas.

El funcionamiento de la economía mundial en el presente año presenta varios signos preocupantes, que pueden modificar la frágil recuperación que se pronosticaba. En este semestre se definirán algunos elementos fundamentales que marcarán la evolución que predominará en las principales economías industrializadas y definirán, por lo tanto, las condiciones para el mundo en desarrollo. Entre ellos los más importantes son: los precios del petróleo, las tasas de interés de los mercados financieros internacionales y la orientación de la economía japonesa. En este reporte analizaremos los aspectos principales de estas tendencias y su impacto probable sobre las economías menos desarrolladas; así como unas breves consideraciones sobre la evolución de la economía mundial en el largo plazo.

Incertidumbres de la presente coyuntura

Con su característica visión optimista, el Fondo Monetario Internacional prevé que la economía mundial se orientaría a un mayor ritmo de crecimiento en el presente y en los próximos años, luego de la pérdida de dinamismo registrada en 1998 y la ligera recuperación de 1999, tendencias resultantes de la crisis financiera en el Asia y sus repercusiones en el resto del mundo.
Las últimas previsiones realizadas por el FMI incluyen una revisión al alza frente a sus anteriores estimaciones; sin embargo reconoce que para que se registre efectivamente dicha evolución es necesario que se produzcan varios desarrollos, sometidos a la incertidumbre característica de la fase actual de la economía globalizada; entre los más importantes están: que la economía norteamericana tenga un aterrizaje suave, esto es, registre un ajuste progresivo y sin grandes sobresaltos en su ritmo de crecimiento, luego de la expansión continua más larga de la posguerra, sin generar un fuerte impacto desestabilizador en el conjunto de la economía mundial; que el ritmo de crecimiento de la actividad en los países de la región europea se fortalezca y que se afiance la recuperación del Japón.

Igualmente se confía en la continuidad de la recuperación en los países asiáticos, así como en el fortalecimiento de las principales economías latinoamericanas, que restablecerían el papel dinamizador del comercio y la inversión globales que venían jugando los denominados mercados emergentes de estas dos regiones en los años noventa.

No obstante, aún bajo dichos supuestos, el FMI reconoce que existen serios riesgos de una evolución menos favorable, derivados de la extrema volatilidad que sigue caracterizando a los mercados financieros, las tasas de interés y los tipos de cambio.

Uno de los elementos centrales que determinará la orientación de la coyuntura mundial es la evolución de los precios del petróleo, materia prima básica para numerosos procesos productivos y para el desarrollo del comercio y transporte. En octubre de 1999, el FMI consideraba favorable la recuperación de los precios del crudo, puesto que permitía mejorar los términos del intercambio y la recuperación de los ingresos por exportaciones de varios países en desarrollo exportadores de petróleo, aliviando sus desequilibrios externos y estimulando su demanda de importaciones.

Como se conoce, esta recuperación de los precios del crudo, que llegaron a situarse en torno a los 30 dólares por barril en los primeros meses de este año , se produjo gracias a la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), apoyada por otros importantes productores que no son miembros del cártel petrolero, de reducir los niveles de producción y exportación. Cuando el precio llegó a los niveles señalados, se generalizó la preocupación por su impacto acelerador de las presiones inflacionarias.

El aumento de los precios del crudo se vio favorecido también por dos factores adicionales: la significativa reducción de las reservas estratégicas de algunos países industrializados y fundamentalmente de los Estados Unidos; y, el incremento de la demanda, provocado por la rápida recuperación del ritmo de crecimiento, en particular en el Asia, luego de la crisis financiera de 1997-1998.

La elevación de los precios del petróleo ha significado la aceleración de las presiones inflacionarias en las economías industrializadas, fortaleciendo, en los Estados Unidos, la posición de los sectores preocupados por dicho riesgo, en particular del presidente del Fondo de la Reserva Federal, Alan Greenspan quien ha determinado pequeños pero sucesivos aumentos de las tasas que aplica la FED para las operaciones de redescuento, las cuales repercuten inmediatamente en las tasas interbancarias y en el resto del sistema de tasas del mercado financiero. Esta política monetaria restrictiva busca propiciar explícitamente un aterrizaje suave de la economía luego de una prolongada expansión impulsada por la demanda interna, los incrementos de productividad y las extraordinarias ganancias en el mercado de valores norteamericanos.

La economía de los Estados Unidos se ha beneficiado de la afluencia de los capitales que escapaban de los frágiles e inseguros mercados asiáticos y latinoamericanos afectados por la crisis financiera internacional, hacia la seguridad y elevados rendimientos que les ofrecía principalmente la bolsa de Nueva York, cuyos índices registraban continuos récords, en una euforia bursátil liderada por los valores vinculados a los sectores de alta tecnología, especialmente con negocios que explotan los servicios de internet.

La elevada valorización de dichos papeles, que ha perdido cualquier relación con los fundamentos y las reales perspectivas de las empresas que cotizan en bolsa, unida a la promesa de ganancias fáciles, ha atraído al mercado a una creciente masa de población; efectivamente, un porcentaje muy significativo de los hogares norteamericanos ha adquirido papeles y recibe un porcentaje de sus ingresos mayor que en cualquier período anterior, de operaciones en bolsa.

Los procesos de liberalización y desregulación financieras, generalizados en el mundo e impulsados en los países en desarrollo y en Asia por las instituciones financieras multilaterales asociadas en el Consenso de Washington (aún en el presente, que se ha denominado como el post consenso), han favorecido los flujos internacionales de capitales que constituyen el vector mas avanzado de la globalización económica. Este proceso marcaría el predominio de un proceso de acumulación en el cual las inversiones financieras se han separado definitivamente de la acumulación en las actividades productivas; en síntesis, un modelo gobernado por las finanzas.

Cabe recordar que, como conocemos desde los trabajos de Keynes, si bien es posible que exista una burbuja especulativa en un mar de producción, no puede subsistir por largo tiempo una burbuja de producción en un mar de especulación. El propio Greenspan ha expresado su preocupación por la prolongación irreal de la euforia bursátil, señalando la necesidad de eliminar la burbuja, para lo cual contribuirán las periódicas elevaciones de la tasa de interés.

No obstante, el proceso de globalización financiera ha involucrado en forma muy diversa a los países, debido no sólo al tamaño de su economía, sino al desarrollo de sus instituciones financieras y de gestión del riesgo. La magnitud del limitado impacto de la globalización financiera para una gran mayoría de países del mundo se evidencia en diversos indicadores disponibles; por ejemplo puede señalarse que debido a consideraciones de solvencia, sólo 25 países en desarrollo han podido participar en mercados privados de bonos, créditos comerciales y acciones de cartera; el financiamiento destinado en 1996 a países en desarrollo y las denominadas economías en transición se habría concentrado casi en un 94% en sólo 20 naciones.

Aún entre los países industrializados existen significativas diferencias, con los Estados Unidos marcando la pauta de las innovaciones y de los productos en los mercados financieros; esta tendencia ha sido denominada como la "financierización" que de acuerdo a diversos indicadores se encontraría mucho mas avanzada en ese país.

La articulación de la expansión más prolongada de la economía desde que existe información confiable, a mediados del siglo XIX, con la euforia bursátil antes mencionada, ha llevado a muchos sectores norteamericanos a plantear que la economía habría entrado en una nueva fase, en la cual desaparecería el ciclo y sería posible lograr un crecimiento ilimitado, abandonando los temores respecto de la inflación o de la recesión. Todos los instrumentos conceptuales de la teoría económica resultarían inadecuados para explicar este comportamiento y sería necesario desarrollar los fundamentos de esta "nueva economía".

No obstante, los sectores menos fundamentalistas y crédulos consideran que el desinflamiento de la burbuja es inevitable, faltando sólo establecer cuando se producirá el desenlace y cual será su magnitud. La evidencia histórica del capitalismo en el siglo XX, certeramente analizada por Kindleberger comprueban esa predicción.

De cualquier forma, para enfrentar las presiones inflacionarias generadas por la elevación del precio del crudo, los Estados Unidos desplazaron a varios altos funcionarios hacia las capitales de los principales países petroleros (especialmente Arabia Saudita, México y Venezuela), para ejercer fuertes presiones y llevarles a flexibilizar su posición y elevar la producción diaria en alrededor de 2 millones de barriles. Los resultados de dicha presión se verán en la próxima reunión de la OPEP; lo más probable es que se registre un aumento de la producción, pero menor que el mencionado.

En lo que respecta a las perspectivas para la economía japonesa en el presente año, los enormes paquetes de estímulo fiscal orientados a reactivar definitivamente la economía, parecen ser todavía insuficientes; pese a su magnitud y repetición, únicamente han logrado breves y limitadas reacciones, incapaces de colocar a ese país en un sendero que le permita salir de una prolongada recesión. En el mejor de los casos, sólo cabe esperar que su PIB no caiga en este año. El impacto de esta evolución sobre las tendencias de la economía mundial es muy importante, puesto que contribuiría a debilitar la recuperación de las economías asiáticas y la dinámica del comercio mundial.
Débil recuperación en América Latina

Las economías de América Latina se estancaron en 1999, con un crecimiento regional de apenas 0.3%, marcando un claro deterioro frente a la dinámica de los dos años anteriores, en los cuales creció 5.3% y 2.3%, en 1997 y 1998, respectivamente . Si bien la inflación sigue siendo muy baja, los desequilibrios se han manifestado fundamentalmente en el plano fiscal y en el sector externo.

Para el presente año, el BID ha previsto un crecimiento del producto interno bruto que se situaría entre el 2 y el 3 por ciento. Considerando que el crecimiento demográfico regional sigue siendo elevado, a pesar de su reducción en los últimos años, el ritmo de crecimiento previsto no permitiría casi ningún mejoramiento en el ingreso per cápita de los latinoamericanos en el presente año.

Peor aun, la elevación de las tasas de interés norteamericanas, que determinarán similar tendencia en los mercados financieros internacionales, incidirán negativamente sobre la región, puesto que elevan el costo del servicio de la deuda externa y, muy probablemente, reducirán los flujos de capitales. Las reformas introducidas en el campo comercial y financiero, así como en el tratamiento al capital extranjero, por parte de los países de la región, no son suficientes para garantizar la venida del financiamiento requerido, debido al predominio de una percepción riesgo país todavía muy elevada y a la atracción que ejercen otras regiones más dinámicas y seguras, como los países europeos y asiáticos. Desde luego que los mercados emergentes de la región, como México, Brasil, Argentina y Chile, tendrían mejores condiciones que el resto.

El modelo económico aplicado exige como precondición para su viabilidad una permanente inyección de capitales extranjeros, acentuando la vulnerabilidad del proceso, frente a las frecuentes oscilaciones de los flujos de capitales. Precisamente esa volatilidad creciente de los movimientos de capitales es una característica central del funcionamiento de la economía mundializada; y, como se mencionó anteriormente, existen diferencias muy importantes entre las condiciones económicas e institucionales que presentan los diversos países. Por lo tanto, la incertidumbre y las bruscas fluctuaciones son características intrínsecas de los flujos de financiamiento, y dejan un margen muy estrecho para las acciones de política que puedan emprender los países, con el fin de atraerlos.

Según diversos análisis empíricos e históricos, las economías latinoamericanas sufren un impacto mucho mayor por la reducción del nivel de actividad en los EEUU que por la subida de las tasas de interés. Como se ha mostrado anteriormente, en el corto y mediano plazo es segura esa evolución de la economía norteamericana, y las propias autoridades económicas buscan ese objetivo; ello incidirá en una menor demanda para las exportaciones de la región.

Otro elemento central que deberá considerarse es la significativa elevación del nivel de endeudamiento externo de América Latina en la década pasada, y las crecientes presiones que exigirá su servicio; las renegociaciones bajo la iniciativa Brady han ampliado los plazos y han reducido los intereses y en menor medida el capital, pero no han significado una solución definitiva del problema, como lo demuestra la moratoria de los bonos Brady del Ecuador. Muchos autores consideran que estaríamos iniciando una segunda crisis de la deuda, frente a la cual iniciativas como la de los países pobres altamente endeudados, caracterizadas por una elevada condicionalidad y por un ritmo muy lento de su tratamiento por parte del G7, serán absolutamente insuficientes. Un escenario de menores flujos de capital y de una pérdida de dinamismo del comercio mundial precipitaría una agravación del problema de la deuda.

El fracaso de la denominada Ronda del Milenio de la OMC en Seattle, debido a la decidida oposición de múltiples sectores de la sociedad civil, como también a la falta de acuerdo entre los principales actores que determinan las tendencias del comercio: Europa, Japón y los Estados Unidos, respecto del alcance y la forma en que deberían continuar las negociaciones comerciales multilaterales: globales o sectoriales.

El predominio de un comercio administrado y marcado por el neo proteccionismo; al igual que la presencia de tendencias proteccionistas en varios de los bloques regionales que se forman en el mundo, podrían aumentar los niveles de conflictividad comercial. Nuestros países no pueden seguir apostando casi exclusivamente al mercado mundial y a la inversión extranjera como dinamizadores del crecimiento. El propio BID está reiterando la necesidad de incrementar el ahorro interno y el papel del mercado interno en el desarrollo de la región. Esto significaría además, revalorizar y dinamizar los procesos de integración regional, como alternativa y elemento central de nuestro desarrollo.

No obstante, el impacto de la crisis financiera internacional y de errores de política económica en su tratamiento, sumados a la fragilidad institucional han determinado, al igual que en los años ochenta, una retracción de los flujos comerciales intraregionales y la multiplicación de diversas trabas a los procesos. Esto es particularmente agudo en el caso de la Comunidad Andina, dentro de la cual Colombia, Ecuador y Venezuela, los países que marcaban el mayor dinamismo de la región atraviesan una grave crisis, con profundas caídas del PIB y, en los dos últimos, con los mayores niveles de inflación en toda América Latina que multiplican varias veces el promedio regional.

Frente a dicho panorama, el Presidente colombiano ha señalado que su país aplicaría para ingresar al TLC, considerando que estaría en condiciones de competir y beneficiarse en dicha relación; también manifiesta su descontento con el escaso dinamismo de la Comunidad Andina. Se desconoce la respuesta norteamericana frente a un pedido como este, y están claras las limitaciones en los propios Estados Unidos, más aun en un ciclo electoral para que se haga efectiva esta incorporación. Sin embargo, es previsible que la suma de la dolarización decidida en Ecuador con esta vinculación significaría un golpe decisivo para la Comunidad Andina.

Conclusión

La generalización de la fragilidad financiera y las características predominantes en el comercio mundial, plantean serias amenazas para los países menos desarrollados cuya vinculación a la globalización exhibe múltiples vulnerabilidades. Los beneficios de la globalización en estos países son parciales y muy concentrados en una fracción de la población, mientras reciben plenamente los impactos desestabilizadores de dicho proceso.

Coincidiendo con Boyer , es necesario lograr un nuevo equilibrio entre la dinámica interna y extravertida de las economías, en primer lugar; y, por otro lado, deben introducirse sustanciales reformas para evitar la repetición de las grandes crisis financieras, características de la década pasada.

Está planteado el debate sobre la nueva arquitectura financiera internacional que levanta esperanzas en los países en desarrollo; sin embargo, los organismos multilaterales y el gobierno norteamericano, por múltiples vías , han establecido ya los límites dentro de los cuales consideran que ella debe implementarse. La pugna por la sucesión en la dirección del FMI evidencia las diversas perspectivas respecto de las funciones que se pretende asignar a ésta y a las demás instituciones multilaterales. Desde luego que la perspectiva norteamericana se encuentra muy alejada de las tesis levantadas por la CEPAL, peor aún frente a los planteamientos críticos de organizaciones de la sociedad civil y de otros sectores académicos.

Sólo una dramática profundización de la crisis en economías principales evidenciará la necesidad de "disciplinar las finanzas y organizar la internacionalización".

 
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