Ecuador DEBATE Nº 55
 
 COYUNTURA

La Reforma Política como Mito

Fernando Bustamante

El Ecuador ha vivido su existencia cívica presa de la reforma y en proceso de reforma permanente. Pero toda esta sobreabundancia del cambio político, parece haber sido siempre impotente para lograr su meta o telos interno.

La reforma política en el Ecuador, es un tópico o lugar del discurso que recorre la historia nacional con la persistencia de una obsesión. Desde los orígenes mismos de la república tal parece que las elites no han podido hacer otra cosa que escenificar el debate de las "reformas políticas" y tratar, mal que bien de llevarlo a la práctica. El Ecuador se halla desde sus inicios, sometido o al discurso de la reforma o a la pragmática de la reforma. Todo gobierno que se precie de tal, todo actor político mínimamente pretencioso, ha debido poner sobre el tapete una nueva constitución, unas reformas a la carta fundamental entonces vigente, unas propuestas de nuevos "mecanismos" institucionales, unas ideas, al menos, destinadas a refundar total o parcialmente a la vida pública del país.

El Ecuador ha vivido su existencia cívica presa de la reforma y en proceso de reforma permanente. Pero toda esta sobreabundancia del cambio político, parece haber sido siempre impotente para lograr su meta o telos interno. En efecto, todo el discurso de la reforma gira en torno a la siempre recomenzada búsqueda alquímica del "buen orden", a la tarea sisifeana de dar con la clave de un orden político digno de tal nombre, de, finalmente, encontrar y poner en juego el secreto del buen gobierno, el cual, por otra parte parece eludir burlonamente todos los esfuerzos una y otra vez esbozados para establecer (en el sentido de dar estabilidad y fijeza) un orden político legítimo, eficaz y capaz de dar predictibilidad y coherencia a lo que se presenta como la perenne volatilidad pendenciera del tablado político y de la acción pública.

Esta búsqueda se halla sostenida por la incuestionable creencia que el Ecuador es un país "ingobernable". El sentido de esta "ingobernabilidad" debe, él mismo, ser desentrañado. ¿Qué se quiere decir cuando se afirma que la gobernabilidad del país es precaria o insuficiente?

En general, el término parece remitirse a la idea de que "algo" no puede ser controlado o llevado en la dirección que se desea. Pero, la noción de un "algo" que no está bajo comando, implica un sujeto, que desde la sombra del término es impotente para lograr sus metas. La palabra no presenta ni revela la voluntad ni la existencia de este sujeto, el cual puede quedar oculto tras el escenario. El sujeto que se lamenta de la "ingobernabilidad" no da la cara, no se presenta en cuerpo y apariencia para presentar su queja respecto al sistema no bien gobernado (no bien dirigido, encaminado, comportado). En realidad todo ocurre como si la "ingobernabilidad" fuese un atributo de este objeto recalcitrante, y lo que brilla es su recalcitrancia, su rechazo a seguir los caminos para él trazados en el proyecto de ese alguien pudoroso. Así, la incapacidad de gobierno es el problema de aquello que no se gobierna bien, y no del sujeto que no lo gobierna. El drama de Pinocho es el del inmaduro y pueril muñeco de palo, y no la imperfección o inhabilidad de su creador, de Pepe Grillo, del hada Madrina, los sujetos escamoteados; aquellos cuyos recursos, destreza y sabiduría no pueden sujetar a la criatura indómita y des-ordenada. La política Ecuatoriana se presenta discursiva como el cuento/mito de Collodi y realiza un similar trucaje de la representación. Este trucaje permite omitir la pregunta sobre Gepetto, el Hada o el Grillo, cuya lucha en contra de sus limitaciones y de las limitaciones de su control nunca queda bajo la luz del reflector. Después de todo son ellos los autores del personaje mal comportado y de las raíces de su ser que no pueden (sino al cabo de toda una parábola de la Bildung) encaminar por los senderos de la conducta autónoma y responsable. La metáfora presentada, puede proporcionar una luz sobre la estructura discursiva presente en el tópico de la "gobernabilidad".

Sin embargo, en la historia de Pinocho, el personaje al final alcanza la humanidad y la madurez de persona auto-gobernada. En el caso del Ecuador, la historia no tiene fin, sino que un eterno recomenzar de la frustración del proceso. La historia no puede tener final feliz, el héroe nunca deviene un ente logrado. Esta circularidad ya no es la historia (la de Pinocho), sino la del mito, en donde el tema no es al proceso conquistador de un futuro diferente de las raíces, sino que se enfoca en reproducir las bases de su interminable repetición. En otras palabras, de lo que se trata de poner en marcha es un dispositivo que hace la recapitulación obsesiva de la inhabilidad de un sujeto que no se delata. Posiblemente esto debe vincularse a una inconfesada necesidad que tiene ese sujeto-autor de no mostrar(se) su rostro, a fin de dejarlo incólume, igual a sí mismo, a salvo de una posible historia, de una posible "Bildung" que lo aliene de sí y lo obligue a entrar en las aguas de la auto-negación y del auto-extrañamiento de su ser así constituido.

Desde la óptica clínica del síntoma, una búsqueda interminable y siempre reiniciada , nos habla en el lenguaje de la obsesión o de la neurosis. Nos indica que la búsqueda incansable está diseñada precisamente para no terminar nunca, que está allí para preservar las bases de su propio recomienzo. En la neurosis: la víctima se autoconvence de que busca algo, que por su naturaleza misma, es secretamente sabido como inalcanzable. Pero esta meta y este intento ocultan y se ocultan aquello que no se quiere ver, ni cambiar, ni confrontar: la entidad misma que se protege tras el señuelo de la búsqueda. Si esta hipótesis (confesamente analógica), fuese sostenible, la tarea intelectual que se abre ante nuestros ojos, debería ser la de la investigación de qué es aquello que se esconde detrás de una tarea tan repetitiva como circular, tan estéril cuanto necesaria, tan obsesiva como cautivante. De aquello, que en definitiva, necesita presentar el seudo-drama de la "ingobernabilidad". Ese sujeto escamoteado.

En suma, la afirmación que se quiere utilizar como punto de partida es que el estado de perpetua reforma política en que vive el Ecuador es tan constitutivo de ese gesto mitológico que es la nacionalidad, como es el hecho de su contumacia en fracasar siempre y sin excepción. El Ecuador es como es y es lo que es porque y en la búsqueda interminable de unas reformas que no pueden ni deben dar en el blanco. El sistema político Ecuatoriano y la práxis pública en la que se sustenta, se nutre de la savia de este quehacer cerrado sobre sí mismo.
Sin embargo, esta constatación originaria debe ser complementada con un segundo nivel de lectura: esta

 
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