Ecuador DEBATE Nº 55
 
 TEMA CENTRAL

En la encrucijada de la glocalización:
Algunas reflexiones desde el ámbito local, nacional y global

Alberto Acosta*

"Los que tienen el poder -de ahí sus borracheras de poder, sus prepotencias y el placer que encuentran en ello- saben que pueden cambiar las cosas sin necesidad de entenderlas. Los que no tenemos el poder, en cambio, tenemos que dedicar, antes, mucho tiempo, a la trabajosa tarea de conocer el mundo y entenderlo. (...) Quedarse en el puro entendimiento de las situaciones y no preocuparse por pasar a su cambio es, sin embargo, un ejercicio tal vez tan placentero como la erótica del poder, pero estéril, casi masturbatorio, casi autista."

José María Tortosa (20001)

Uno de los puntos más destacados en la reciente discusión sobre el desarrollo gira alrededor de la vigencia o el fracaso de "la gran teoría del desarrollo", mejor dicho de aquellas reflexiones teóricas que pretendieron, en algún momento, erguirse como una gran teoría. El debate parte de la constatación indiscutible, de que se vive un panorama desolador: desmoronamiento del Estado, pérdida de competitividad, violencia, miseria e inequidad crecientes, ausencia de mercados transparentes y eficientes. Los polos entre el mundo industrializado y el subdesarrollado, así como entre los minoritarios grupos de personas cada vez más acomodadas y las grandes masas desposeídas en los países subdesarrollados, se distancian cada vez más. Esto se refleja en el aumento de la pobreza y la exclusión, así como en los magros resultados obtenidos por la mayoría de los países subdesarrollados o empobrecidos en su empeño por superar su situación de retraso tecnológico, así como en una clara tendencia hacia un creciente empeoramiento de su situación...

Estos hechos reflejarían una contradicción entre teoría y realidad. Algo que no es casual. La economía neoclásica -dominante- se sustenta en el supuesto de una, por lo demás inexistente, igualdad de oportunidades entre todos los actores (nacionales e internacionales) y excluye la influencia de factores ajenos a la economía, como puede ser la desigualdad de poder, como palanca para la multiplicación del bienestar. Descuida que la continuada acumulación de capital y el incremento permanente del consumo, con su desgaste gratuito de la naturaleza, llevan a la destrucción del equilibrio ecológico. Este "pensamiento único", el neoliberal, no tiene respuestas para los más grandes retos de la actualidad, es decir, la desigualdad social y la crisis ecológica tanto a nivel nacional ni a nivel global. Las medidas que receta, como puede ser la adaptación estructural del FMI, muchas veces, agravan los problemas. Algo que se comprueba a diario en América Latina.

"Como última 'gran teoría', el neoliberalismo impresionó sobre todo por su simplificación. Con su ilimitada confianza en la 'magia del mercado' parecía que existiera una respuesta a todos los problemas del desarrollo. Se diagnosticó que el Estado era la raíz de todo mal y se le pararon los pies, a través de la desregulación y la liberalización", en palabras de Cord Jakobeit (2001). Si se toma en consideración los miserables resultados de esta gran teoría, instrumentada masivamente a raíz de la crisis de la deuda externa iniciada en 1982, cabría preguntarse cuál fue realmente el objetivo final de esta propuesta ideológica: el desarrollo o quizás simplemente el mantenimiento del servicio de dicha deuda... como palanca para provocar la inserción sumisa de las economías subdesarrolladas en la nueva división internacional del trabajo.

Sin embargo, cabe reconocer que, conjuntamente con el "retorno del neoliberalismo", para ponerlo en los términos del economista latinoamericano más connotado, el argentino Raúl Prebish (1901-1986), se derrumbó -al menos temporalmente- todo un instrumentario de análisis y crítica, como producto, entre otros factores, de prácticas desarrollistas y por cierto también por efecto de un keynesianismo congelado y reiterativo incapaz de reinterpretar las cambiantes condiciones. Esta debacle teórica, para ponerlo en palabras de José Sánchez-Parga (2000) se explica por "todos los equívocos que habían rodeado el concepto de desarrollo; pero también los grandes fracasos en la mayoría de países latinoamericanos, cuyas políticas desarrollistas se orientaron hacia una supuesta salida del subdesarrollo que diera alcance a los países desarrollados, salvando las distancias de un retraso, sin considerar que tales distancias eran y se construían al interior de cada sociedad. Nunca se pensó que las distancias entre países desarrollados y subdesarrollados pudieran salvarse SOLO a medida que se acortaban y resolvían estas mismas distancias dentro de cada país. Por eso, desde 1982, cae bruscamente el interés y preocupación de los políticos e intelectuales por el tema del desarrollo, el cual será sustituido, de un lado, por el crecimiento económico, y, de otro lado, por el nuevo fenómeno de la pobreza".

Ahora, sin embargo, superadas las visiones simplistas y dogmáticas, el mundo se enfrenta a nuevos y también viejos desafíos con menos ataduras ideológicas, lo cual permite recuperar la capacidad de análisis y de respuesta, reconociendo que las teorías anteriores no resultaron "el guerrero para abatir al


* Ecuatoriano. Economista, Universidad de Colonia, Alemania. Profesor universitario. Consultor internacional y del ILDIS-FES en Ecuador. Asesor de organizaciones sociales e indígenas. Autor de varias publicaciones. El autor reconoce los valiosos comentarios y las oportunas recomendaciones de Francisco Rhon Dávila. Dirección electrónica: alacosta@hoy.net - alacosta48@yahoo.com.

 
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