Ecuador DEBATE Nº 55
 
 TEMA CENTRAL

dragón del atraso", como decía Albert Hirschamn; "pretendido aniquilador de dragones (que) se tropezó con su propia espada", en palabras de Amartya Sen, Premio Nobel de Economía de 1998.

Y, un asunto fundamental que se debe reconocer, es que en los casos en los cuales un número muy reducido de países del mal llamado "tercer mundo" superó parte de las condiciones de pobreza y retraso reinantes, lo hizo sin ajustarse a las recomendaciones del esquema neoliberal. De todas maneras, las limitaciones teóricas no pueden conducir a una apreciación equivocada, que confundiría los medios con los objetivos: "Se clama contra la teoría, cuando en realidad se quiere acusar al objeto!", afirma con razón Rainer Tetzlaf (2001).

De la gran teoría a la multiplicación de teorías

El subdesarrollo es una situación compleja. No puede ser aprehendida con fórmulas simplistas. Las explicaciones monocausales, que reconducen la situación de subdesarrollo a una única causa, articulan, en el mejor de los casos, medias verdades que conducen a sonados fracasos. Esto exige una construcción teórica inteligente, que entienda de una vez por todas, que no hay como proporcionar respuestas válidas para todos los tiempos, todos los lugares y todos los problemas. El desarrollo -si todavía hay como aferrarse a este concepto- representa un proceso continuo de búsqueda y aprendizaje, en el que se aprende de las experiencias y de los errores. Hoy hay, sin duda, una búsqueda de nuevos caminos a partir de una recuperada modestia, lo cual de por sí ya es un avance.1

Si se aceptan las reflexiones anteriores, entonces no es posible esperar que se proporcione, con un máximo de datos empíricamente seguros, la mejor explicación del estado de cosas observable, sus desenvolvimientos y su contexto. Menos aún se puede definir totalmente lo que se debería hacer para alcanzar metas con base normativa. Esto resultó, a todas luces, una pretensión inalcanzable.

Sería, sin embargo, un grave error suponer que las anteriores teorías han perdido totalmente su valor. En primer lugar, las teorías mismas siguen siendo necesarias. No han perdido ni su objeto ni las cuestiones necesitadas de explicación. Tampoco "la historia ha terminado" y por lo tanto hasta la tan denigrada teoría de la dependencia, originada especialmente en América Latina, para explicar gran parte de las causas del subdesarrollo, mantiene su vigor.2 Dependencia exterior que constituye expresamente el supuesto básico de un reciente libro de José María Tortosa, intitulado "El juego global ­ Maldesarrollo y pobreza en el capitalismo mundial" (2001), quien afirma que "el problema del llamado subdesarrollo se origina en los países llamados desarrollados, se agudiza gracias a estos últimos con la visible colaboración de las elites de los países pobres..."
La dependencia, más marcada aún en épocas de acelerada mundialización del capital, se podría traducir en que "el éxito de los países industrializados es el fracaso de los países en vías de desarrollo: la ventaja de los primeros, en cuanto a capacidad de maniobra en política económica, se corresponde con la mayor dependencia de los segundos, su alto nivel de empleo con la dificultada creación de ingresos de aquéllos. Esto se refiere a un estado de cosas ya diagnosticado por la teoría de la dependencia. De hecho, la teoría monetaria del desarrollo, se fundamenta en una especie de dependencia monetaria de los países en desarrollo" (Schelckle 2001).

De todas maneras, la crisis de la teoría del desarrollo, provocada y procesada en un momento histórico de profundas inflexiones del capitalismo internacional, demostró ser una necesaria catarsis. Resultó hasta indispensable para cambiar y avanzar en la propia construcción teórica.

Ahora, luego de la caída del muro de Berlín y sus dogmas, así como con el creciente fracaso de las propuestas neoliberales y sus dogmas, la humanidad se encuentra mucho más posibilitada que antes para caminar en la búsqueda de alternativas plurales, sustentables y democráticas. Pero, con el atentado en Nueva York del 11 de septiembre del 2001, que desembocó en una respuesta guerrerista y autoritaria por parte de los EEUU para combatir el terrorismo internacional, que bien podría ser también una vía para tratar de apuntalar la vigencia del neoliberalismo, la humanidad está compelida a buscar dichas alternativas reforzando y profundizando las prácticas democráticas. En la mira está la construcción de sociedades sustentables y no un desarrollo cuantitativamente imposible o ideológicamente abstracto.

Para hacerlo se requiere más que nunca de teorías que permitan analizar y, en especial, resolver los graves problemas que aquejan a la gran mayoría de la humanidad. Una tarea que obliga a superar la tendencia a simplificar demasiado realidades complejas y a proponer impulsos aislados o intrínsecamente equivocados para la cooperación internacional.


1 La pretensión de una gran teoría ha sido desvirtuada, a pesar de la pretensión totalizadora del neoliberalismo No hay una visión única, ni un camino único. No existe una clave universalmente válida en la teoría del desarrollo que sirva para todos los continentes y grupos de países con diferentes problemas estructurales. Tampoco es posible creer que existan soluciones suficientes y envolventes para un determinado país. Lo que está realmente en crisis es el discurso de la razón única.

2 Esta teoría se deriva de la teoría del imperialismo capitalista, en contraposición de la teoría de la modernización, de la cual se nutre la propuesta neoliberal.

 
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