Ecuador DEBATE Nº 49
 
 COYUNTURA

EL SALTO AL VACIO Y EL ASALTO AL CIELO

(Reflexión sobre los acontecimientos del viernes 21 y sábado 22 de Enero del 2000)

Jorge Dávila Loor*

La dolarización ha sido hábilmente presentada como un nuevo modelo económico. Entonces, parecería que ya no continuaría ese modelo neoliberal que ha hecho agua por todos los costados y que se ha vuelto tan impopular. Parecería que ahora se puede ver una luz al final del túnel, como dicen sus defensores. Pero, ¿es la dolarización un nuevo modelo económico, es al menos el camino hacia un nuevo modelo económico, o, por el contrario, es la radicalización del mismo nefasto modelo neoliberal?

 

EL SALTO AL VACIO

"Cualquier país que elimine su propia moneda necesita de una economía fuerte y flexible para acomodarse a los 'shocks' externos. Ecuador no es ese país" (The Economist).

Los empresarios de Guayaquil, los socialcristianos y finalmente el gobierno de Jamil Mahuad, con la dolarización, han llevado al Ecuador al salto al vacío. Con una política económica extremadamente simplista y rígida, eliminación del sucre como moneda nacional, se pretendió con Mahuad y se pretende con Noboa encontrar un principio de solución a los problemas económicos del país. La llamada sucesión constitucional, con Noboa a la Presidencia, no es más que la implantación de la dolarización anunciada por su antecesor. Mahuad fue derrocado, la insurrección campesino-indígena y militar fue frustrada, el proceso de dolarización fue salvado. La pesadilla o la noche más oscura que vivió la oligarquía guayaquileña, como la caracterizaron sus propios voceros, fue despejada: Noboa tomó el mando y proclamó la continuidad de la política dolarizada del defenestrado Presidente.

El salto al vacío de la dolarización de Mahuad -no olvidemos que él mismo usó esta frase poquísimos días antes de tomar la medida- fue 1) la tabla de salvación a la que se aferró para continuar en el cargo, 2) pero también la causa de su derrocamiento y 3) la razón última de la sustitución constitucional.

Demostración: 1) A raíz del anuncio de la dolarización, Mahuad comenzó a tener el respaldo abierto de algunos empresarios guayaquileños, el apoyo a regañadientes de los socialcristianos y el acuerdo mayoritario en el Congreso. 2) Pero, fue ese mismo anuncio, el que precipitó la decisión del levantamiento campesino-indígena y militar contrario a la dolarización. 3) Por último, para salvar la dolarización y todo lo que implica, por ejemplo una acelerada privatización, se hizo abortar al nuevo gobierno insurreccional y se forzó la sucesión presidencial.

De no mediar la dolarización, la legítima insurrección habría tenido mayores posibilidades de mantenerse en el poder y una nueva revolución juliana se habría producido. La dolarización no alcanzó a salvar a un Mahuad fuertemente desgastado, pero abrió una vez más el juego de ilusiones y confusiones en el escenario político e ideológico y posibilitó que la suerte del gobierno fuera a caer en manos de un anodino personaje político: Gustavo Noboa, Emilio González, dirigente del Movimiento Campesino Solidaridad, refiriéndose al nuevo gobierno de Noboa, dijo: "Es el mismo perro con diferente collar". Es la misma dolarización, impulsada por otro Presidente.

¿Quién triunfó? El Ecuador, no. Pero, la oligarquía guayaquileña y sus voceros políticos, los socialcristianos si, porque lograron sus dos objetivos: dolarización por sobre todo, y dolarización sin Mahuad, tanto mejor.

La dolarización ha sido hábilmente presentada como un nuevo modelo económico. Entonces, parecería que ya no continuaría ese modelo neoliberal que ha hecho agua por todos los costados y que se ha vuelto tan impopular. Parecería que ahora se puede ver una luz al final del túnel, como dicen sus defensores. Pero, ¿es la dolarización un nuevo modelo económico, es al menos el camino hacia un nuevo modelo económico, o, por el contrario, es la radicalización del mismo nefasto modelo neoliberal?

Conviene, por tanto, examinar el modelo neoliberal. ¿Cuáles son los principios fundamentales de este modelo?

1) El sujeto exclusivo de la economía es la empresa privada, o mejor dicho, la empresa privada capitalista. Sólo ella garantiza eficiencia y productividad al tener como objetivo el lucro o la rentabilidad económica. Por tanto todas las empresas estatales deben privatizarse. Para esta concepción no hay empresas estratégicas que tengan que estar en manos del Estado, ni tiene sentido que funcionen empresas de servicios, si no buscan el lucro que las hace supuestamente eficientes. No importa si la población más pobre queda desprotegida, bastan las limosnas. La posibilidad de inversiones estratégicas de largo plazo que solo puede realizarlas el Estado queda eliminada. La rentabilidad de las empresas estatales se privatiza. El derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la seguridad social solidaria, a una vida digna ya no quedan garantizados.

2) El único mecanismo regulador de la economía es el mercado. Sólo el mercado garantiza la libre competencia y con ella la eficiencia de las empresas. El Estado no debe intervenir en la economía, pues su intervención reguladora distorsiona el mercado. La autorregulación del mercado debe darse en todos los campos: libertad de precios, libre comercio (no más aranceles), libre tasa de interés, libre circulación del capital, libre paridad monetaria (entre la moneda nacional y la extranjera), libre contratación (y descontratación o despido), trabajo por horas, etc. No importa para esta concepción que la mayoría de los sectores económicos estén fuertemente monopolizados y que al establecerse el libre mercado prevalezca la ley de la selva donde el más grande se come al más chico. No importa que la economía se desnacionalice. Tampoco importa, que se superexplote más a la fuerza de trabajo.

3) Privatización de ganancias y privatización de pérdidas. Esto es: no más socialización de pérdidas. Si una empresa, del sector productivo, financiero o de los servicios, quiebra, pues quiebra y no habrá ninguna intervención del Estado. En definitiva, o las empresas son eficientes o desaparecen. Si quiebran bancos privados, el Estado no acude a rescatarlos ni tampoco se hace cargo de la devolución de los depósitos. Lo grave es que no importa, para esta concepción, que una competencia entre desiguales, produzca quiebras de medianas y pequeñas empresas, que son las que más fuentes de trabajo generan; ni importa que la falta de controles estatales y la irresponsabilidad empresarial puedan conducir a quiebras de bancos y al robo del dinero de los ahorristas.

4) Equilibrio fiscal, esto es, que los egresos o gastos no superen a los ingresos. Si se elevan los gastos, deben haber más impuestos, preferentemente más impuestos indirectos (todos pagan por igual, ej. el IVA) que directos (ej. impuesto a la renta que puede gravar más a los ricos que a los pobres). Para esta concepción no importa que el problema de la deuda externa genere un grave problema fiscal -más del 50% de los gastos del presupuesto en el Ecuador-. Problema que para resolverlo requiere necesariamente, por un lado, subir excesivamente los impuestos, las tarifas de los servicios públicos, el precio de la gasolina y, por otro lado, bajar excesivamente los gastos sociales (educación, salud, bienestar social).

5) Solidaridad individual con los que viven situaciones de miseria. Nada de gratuidad de la salud, o de la educación. La única intervención económica del Estado es, por tanto, dar limosna a los que viven en la extrema pobreza. Un Estado limosnero para dar migajas de pan a quienes la política económica neoliberal empobrece y los mantiene en ella.

Estos son los principios del neoliberalismo. ¿Cambiará la dolarización el modelo económico neoliberal? En absoluto. Por el contrario, lo radicalizará al extremo. En lugar de la libre paridad monetaria entre sucre y dólar, lo que tendremos es la liquidación del sucre (solo existiría como moneda fraccionaria) y la libre circulación del dólar. La libertad de precios se dará en dólares y como muchas empresas son monopólicas elevarán sus precios hasta niveles internacionales. El precio en dólares de la fuerza de trabajo, en cambio, tenderá a mantenerse muy bajo, dado el enorme desempleo y subempleo existente; es decir, la dolarización agravará la diferencia entre salario y canasta familiar y congelará la situación de pobreza de los trabajadores y de la gran mayoría de los profesionales. En lugar de tasas de interés libres, en sucres y en dólares, sólo habrá tasas de interés libres en dólares y por cierto por encima de las tasas de interés internacionales. La libre circulación de capitales, tanto para entrar como para salir, se facilitará (el narco lavado y la fuga de capitales serán juego de niños). La privatización de las empresas estatales deberá acelerarse, pues como lo dicen sin tapujos Agustín Hurtado, asesor del Ministerio de Finanzas, "Si Noboa logra dolarizar la economía ecuatoriana, el país se verá obligado a recaudar fondos rápidamente para cubrir el déficit fiscal y la seria crisis bancaria mediante la venta de activos".

Es cierto que a mediano plazo disminuirá la inflación, pero también es cierto que para entonces la gran mayoría de la población quedará congelada en una situación de pobreza al entregársele un dólar por cada 25.000 sucres. Es verdad que ya no podrá haber emisión monetaria que agrave el déficit fiscal, pero también es verdad que seguirá pesando gravemente la deuda externa, por lo que los dólares para pagarla ya no saldrán de la reserva monetaria del Banco Central, sino directamente de los bolsillos de los ecuatorianos a través de mayores cargas impositivas o del aumento de las tarifas de los servicios públicos. Es previsible que la venta de los activos del Estado, incluso a precios regalados, pueda darnos cierto respiro y un eventual crecimiento económico, pero también es previsible que la siguiente crisis económica por baja de los precios de nuestros productos de exportación, por nuevos desastres naturales, por corte del crédito internacional debido a la deuda externa, por la fuga de capitales mayor al ingreso de los mismos, etc. no tendrá el colchón, ni de los activos del Estado porque ya se privatizaron, ni de la reserva monetaria porque ya no existirá. Es real que hoy por hoy la dolarización a 25.000 sucres todavía favorece al sector exportador, eje de la acumulación dentro del esquema neoliberal, a la vez que deprime al sector industrial dirigido al mercado interno que requiere materias primas y maquinarias importadas encarecidas; pero mañana, también será real que las devaluaciones monetarias del resto de países de América Latina harán que sus productos sean más competitivos que los nuestros y nos podrá suceder como Argentina -cuya convertibilidad está a punto de colapsar- que importa carne del Brasil porque es más barata que la que produce.

Y, sin embargo, la dolarización al momento cumple un papel político e ideológico de primer orden: genera ilusión y confusión. El argumento fundamental de los dolarizadores ha sido que la dolarización detuvo el alza vertiginosa del dólar, a la vez, frenó el empobrecimiento acelerado de la población. Este seudoargumento tiene su fortaleza en la complejidad de la economía y por supuesto en la falta de conocimiento que tiene el pueblo tanto sobre las causas de la macrodevaluación del sucre como sobre las alternativas posibles que pudieron detener la subida del dólar, así como sobre las repercusiones de la dolarización a mediano y largo plazo.

¿Qué causas dispararon la acelerada devaluación del sucre y qué alternativa se pudo tomar para evitarla? Para detener la sobredevaluación del sucre se debió romper la perversa tendencia a una dolarización progresiva de hecho. Tal tendencia se inició en el gobierno de Sixto Durán al permitirse un claro libertinaje a los intermediarios financieros, una de cuyas manifestaciones más evidentes ha sido el endeudamiento creciente en dólares que ha llegado a representar más del 50% del total de los créditos. La solución, por tanto, era iniciar drásticamente un camino de vuelta, impulsar una resucretización de la economía, estableciendo un decidido control de cambios por parte del Banco Central, rompiendo el libre mercado de cambios temporalmente, fijando distintas paridades cambiarias para las diversas actividades de importación (un dólar más barato para actividades productivas y un dólar más caro para el consumo de lujo), etc. Este sistema existió al inicio del nuevo período democrático, incluso durante el gobierno de Osvaldo Hurtado, y podía y debía implantarse. Es más, si renunciaba Mahuad antes de anunciar la dolarización, el nuevo gobierno habría tenido mejores posibilidades de impulsar una alternativa distinta.

Otro argumento que se ha esgrimido para defender la dolarización ha sido que hay que probar este nuevo camino y que en vez de criticarlo hay que apoyarlo. Esto es inaceptable. Un médico, una vez que descubre la causa de la enfermedad, diagnostica los remedios adecuados para curarlo; pero no hace de su paciente un conejillo de Indias. Los conocimientos de economía, si son bien fundados, hacen lo mismo: descubren las causas de una crisis económica y formulan una serie de medidas para solucionarla. No se puede defender la dolarización diciendo: "probemos, a lo mejor resulta", o "ya nos han anunciado este camino, ayudemos a recorrerlo".

Los efectos de la dolarización son previsibles. Uno de ellos ya se ha dado con el solo anuncio de la dolarización: la trepada de precios para estabilizarse en un nivel alto que hará inalcanzable la canasta familiar para la mayoría de los ecuatorianos. A mediano plazo se incrementarán los precios de los combustibles y de las tarifas de los servicios a precios internacionales, cuestión que se deriva como consecuencia de la dolarización y también de la necesidad de privatizar los activos del Estado haciéndolos más atrayentes para los inversionistas al garantizárseles una alta rentabilidad con tarifas muy elevadas.

EL ASALTO AL CIELO

"Se rompió esa noche la democracia como juguete de élites y entretenimiento de algunos irresponsables. En la revuelta de los coroneles cayeron las apariencias de la legitimidad del sistema y se destrozó la poca credibilidad que el ciudadano tiene en sus instituciones" (Fabián Corral).

Dentro de la reflexión política hay tres aspectos fundamentales: 1) el derrocamiento de Mahuad; 2) las alternativas que se plantearon: Junta de Salvación Nacional, dictadura militar y sucesión presidencial; y 3) la posibilidad de una perspectiva distinta para el país.

El derrocamiento de Mahuad

El derrocamiento de Mahuad fue algo absolutamente legítimo. Había que poner fin a una democracia corrupta, a un Presidente comprado por la banca, a un gobernante que devolvió con altísima rentabilidad los préstamos que la bancocracia le hizo durante su campaña electoral. ¿Cómo se puede hablar de democracia cuando se ha institucionalizado un sistema que convierte el poder político en botín económico? ¿Cómo se podía hablar de servir al bien común o a las mayorías, cuando se mantuvo una perversa permisividad a la banca, cuando se acudió con rescates fabulosos del Banco Central a bancos quebrados, cuando se procedió con fabulosos salvatajes a los clientes con fondos públicos, sin tocar el patrimonio de los banqueros, ni sus empresas vinculadas y dejándoles en absoluta libertad, cuando se han congelado los depósitos y la pólizas de los ahorristas, cuando se ha anunciado la dolarización de la economía estableciendo un cambio altísimo de 25.000 sucres por dólar?

No podía ser extraño, entonces, que todos, o para ser más exactos, que más del 90% de la población, estuviera por la salida de Mahuad. Podía haber divergencias en cuanto a la alternativa; pero había casi unanimidad en cuanto a que Mahuad dejara el cargo. Solo un grupo reducido de demócratas populares estaba por la continuidad.

Ni podía ser extraño que todos conspiraran contra la legalidad democrática. No solo la inmensa mayoría que por cualquier medio quería sacar a Mahuad del gobierno, sino el mismo Mahuad quien conspiró al intentar un "fujimorazo" para imponer autoritaria y represivamente la dolarización. De paso, esta si fue una cantinflada porque las Fuerzas Armadas jamás pudieron estar dispuestas a semejante desprestigio.

Los partidos políticos conspiraron. Todos ellos, abierta o solapadamente, conspiraron contra la legalidad democrática. Querían deshacerse de Mahuad y en esto todos estaban de acuerdo; pero, los detenía la alternativa: allí surgían los desacuerdos. Hasta dentro de la misma Democracia Popular hubo fracciones que forzaron su renuncia.

Mahuad era un muerto en vida. Un espectro que sólo podía aparecer en televisión. Más del 90% lo repudiaba según cualquiera de las encuestas a fines de 1999, tenía menos apoyo que cuando estaba por caer Bucaram. Y la situación empeoró a principios del 2.000 con la trepada acelerada del dólar. La gran mayoría de la población estaba por la renuncia del Presidente. Mahuad era un fracaso político, antes de ser derrocado.

Y, por supuesto, también las Fuerzas Armadas conspiraron y finalmente fueron ellas las que derrocaron al Presidente. Según la Constitución, las Fuerzas Armadas no son deliberantes. Pero, como ellas lo dijeron "su deber es defender a la nación y a la democracia". Esto no es ninguna ambigüedad, al fin y al cabo la soberanía descansa en el pueblo o nación y no en unas personas que reciben una delegación o un mandato de ese pueblo o nación. Mahuad era un estorbo que había que retirar y todos estaban de acuerdo en ello, desde el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas hasta el último soldado de la tropa. La política corrupta de Mahuad en favor de la bancocracia y sus desaciertos en política económica provocaron su creciente impopularidad y condujeron a levantamientos masivos como los de Marzo y de Julio de 1999, impopularidad y levantamientos que pusieron en dificultad a las Fuerzas Armadas en su función de resguardar el orden interno. Sacar a Mahuad era tan urgente y necesario como sacarse una muela infectada.

Si una fracción de los Coroneles y de la baja oficialidad se unió abiertamente al levantamiento indígena campesino para convertirse en la punta de lanza del derrocamiento, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas no dudó en utilizar la toma del Congreso por el movimiento campesino indígena para presionar su renuncia. Ante la negativa de Mahuad, le retiró la seguridad del Palacio para obligarlo a que se retirara de Carondelet, repitiendo el mismo procedimiento que se utilizó cuando cayó Abdalá Bucaram.

Este fue un golpe militar del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, pues el movimiento campesino indígena por sí mismo no habría podido defenestrar a Mahuad, ni unos pocos coroneles rebeldes sin mando de tropas tampoco lo hubieran logrado. De modo que cuando Mahuad afirmó que había sido derrocado dijo una gran verdad, pues no fue destituido, ni renunció, ni tampoco abandonó el poder. El hecho de que finalmente el Alto Mando Militar haya entregado en manos del Vicepresidente Noboa la Presidencia, no elimina el hecho anterior de que ese mismo Alto Mando se insubordinó y desconoció la autoridad de Mahuad. En este sentido, el mismo Noboa se convirtió en un golpista más, pues él se hizo cargo de la Presidencia en el Ministerio de Defensa, avalando el golpe militar. Si no hubo renuncia ni abandono del cargo del Presidente, entonces no hubo propiamente una sucesión democrático constitucional, sino una mera apariencia de ella.

En términos meramente legales, desde la pura formalidad democrática, dado que el Presidente no renunció, ni fue destituido, ni abandonó el cargo, se quebró la Constitución y el régimen democrático y la mayor responsabilidad fue del Alto Mando de las Fuerzas Armadas. Quiebra constitucional de la que son cómplices Gustavo Noboa y la mayoría del Congreso, al avalar el golpe militar y la sucesión forzada del Vicepresidente. De modo que todos ellos deberían estar detenidos en la cárcel.

Pero, desde un punto de vista político auténtico era absolutamente justo y legítimo terminar con un gobierno corrupto, que nació comprado por la bancocracia y cuya política estuvo reducida a servir obsecuentemente a dicho grupo económico. De modo que Mahuad, los banqueros corruptos y todos los cómplices y encubridores de esa política corrupta son los únicos que deberían estar en la cárcel.

Cabe, por tanto, una reflexión fundamental: en un régimen democrático la legitimidad del Presidente para ejercer el poder se origina en el sufragio universal; legalmente el Presidente debe ejercer su cargo durante el período establecido en la Constitución; pero, la legitimidad de un Presidente para seguir ejerciendo el poder no descansa en la formalidad, en que la Constitución señale un período de cuatro años, sino en el ejercicio honesto del poder y al servicio de las mayorías. La democracia como contenido fundamental, desde su creación en Atenas, es el gobierno del pueblo para el pueblo. Es del pueblo porque la elección popular o mayoritaria es el criterio para que el gobernante inicie legítimamente su gestión. Es para el pueblo porque el servicio honesto al pueblo o a la mayoría es el criterio clave para que el gobernante mantenga su legitimidad y continúe en su cargo.

Las alternativas políticas

Si todos o casi todos quisieron que se vaya Mahuad, en las alternativas de recambio aparecieron las diferencias. Por una parte, el entusiasmo renovador de campesinos indígenas, de algunos coroneles y de la baja oficialidad; por otra, el pragmatismo conservador de los generales, de la alta oficialidad, de las cúpulas militares. Por un lado, la Junta de Salvación Nacional intentando reeditar la revolución juliana de 1.925 iniciada por los tenientes contra la banca corrupta de Guayaquil. Por otro lado, la llamada sucesión presidencial resguardando al menos en la apariencia el régimen democrático constitucional, para continuar a través de la dolarización la política gran empresarial de radicalización del neoliberalismo. En el primer caso, el intento de impulsar una resucretización de la economía, una reinversión estatal y a una firme postura de renegociación de la deuda externa, abriendo curso a un nuevo modelo económico desde múltiples pequeños polos de acumulación; en el segundo caso, asistimos a la continuidad de la dolarización, al aceleramiennto de las privatizaciones y seguramente a una timorata posición de renegociación de la deuda externa, radicalizando el modelo neoliberal gran empresarial.

Derrocado Mahuad, la lucha por las diferentes alternativas entró de lleno en el escenario político. La carrera entre los generales y los coroneles por tomarse el palacio de gobierno, fue parte de esta lógica. La posibilidad de una dictadura militar que barajó el Alto Mando Militar no fue más que una de las estratagemas para disolver la Junta de Salvación Nacional y entregar el poder al Vicepresidente. El cambio del Coronel Gutiérrez, del Coronel Cobo, por el General Mendoza como parte del triunvirato cívico-militar fue la artimaña que finalmente se utilizó para desarticular el peligro de una nueva revolución juliana. La renuncia del General Mendoza y la asunción de la Presidencia por parte de Noboa sellan la lucha por una de las dos alternativas.

No es porque se derrocó a Mahuad que hipócritamente se han rasgado las vestiduras y han iniciado una cacería de brujas los patricios socialcristianos, los resentidos democrata-populares y los oportunistas bucaramistas, sino porque se intentó el asalto al cielo con la Junta de Salvación Nacional. No es porque se conspiró contra Mahuad que el Alto Mando ha iniciado el juicio militar contra los coroneles de la revuelta, sino porque esos coroneles soñaron en un nuevo Ecuador. Lo grave no fue quebrar el orden democrático, al que todos a una, como en Fuente Ovejuna, contribuimos, sino intentar quebrar la continuidad y la radicalización del actual modelo económico que enriquece a unos y entierra en vida a la mayoría de los ecuatorianos. Lo grave fue haber pretendido un proceso de profunda transformación económica y política.

¿Por qué fue derrotada la Junta de Salvación Nacional? Es muy fácil ahora, a posteriori, echar pestes al intento insurreccional y decir que se ha apostado a la improvisación, al oportunismo, al azar. Es muy prejuicioso hablar de cantinflada, como lo hizo Mahuad, para tratar de descalificar dicho intento. Es estrechamente ideológico censurado porque supuestamente jamás debía abandonarse el marco legal de la democracia formal en la lucha contra una democracia corrupta.

Fue un intento de insurrección plenamente justificado, dada la pérdida de legitimidad del sistema y de sus instituciones es por la irresponsabilidad de las élites en el poder. Pero, para analizar por qué fue un intento fallido hay que juzgar algunos aspectos fundamentales: ante todo, las circunstancias en que se producen los hechos, y la fuerza del movimiento popular a nivel nacional y particularmente en Quito, y la intervención diferenciada de las Fuerzas Armadas.

Si se analizan las circunstancias en que se produce el intento insurreccional, se puede afirmar que fue tardío, pues cuando Mahuad anunció la dolarización (9-01), en ese momento desactivó la potencialidad de la protesta popular. Con esa medida, Mahuad no pudo evitar su caída; pero contribuyó a desarticular la alternativa insurreccional. Se debe insistir en que por más perniciosa y peligrosa que resulte la dolarización, su primer efecto, al detener la trepada del dólar, fue paralizante en relación a la progresiva frustración y descontento social. Por tanto, lo que fue decisivo para que abortara el intento insurreccional fue la ilusión y la confusión que produjo el anuncio de la dolarización, situación por la que comenzó a subir el respaldo a Mahuad en las encuestas de opinión.

De allí que la fuerza del movimiento popular no pudiera igualarse ni al que se dio al caer Bucaram, ni al que ocurrió en julio pasado cuando el gobierno se vio sitiado por los taxistas y los transportistas, por los pequeños comerciantes y sobre todo por el movimiento campesino indígena. Esta vez transportistas y taxistas negociaban los plazos de sus deudas, mientras el movimiento campesino indígena planteaba la disolución de los tres poderes del Estado. En Quito, fue evidente el relativo aislamiento del movimiento campesino indígena. El pueblo de Quito, aunque simpatizó con la toma de la ciudad, no estuvo movilizado contra Mahuad. Sólo al final, el viernes 21 de enero, con la toma del Congreso y los pronunciamientos insurreccionales, comenzó a crecer el apoyo popular.

Como en todo proceso insurreccional de este tipo, el desenlace dependió en último término del alineamiento al interior de las Fuerzas Armadas. Yerra el análisis si considera que fracasó la insurrección por la traición de los generales. Estos nunca estuvieron dispuestos a liderar una nueva revolución juliana, aunque estaban fastidiados de Mahuad y de tanta corrupción y utilizaron la insurrección para derrocarlo. Tal vez si hubo traición de otros coroneles que seguramente dieron su palabra, pero que en el momento crítico se voltearon. Y aquí nuevamente nos hemos de preguntar: si se voltearon, ¿no fue porque la decisión de ir a una dolarización los hizo retroceder?

De lo contrario, si no hubo la traición de los coroneles que se comprometieron, se ha de concluir que quienes dirigieron la insurrección cayeron en una improvisación, al apostar que la revuelta de algunos coroneles y sus pronunciamientos, una vez tomado el Congreso por los campesinos indígenas, iba a arrastrar a la mayoría de los otros coroneles.

Se ha dado mucha importancia a otros factores que si bien contribuyeron a quebrar el intento insurreccional, no fueron decisivos. Por ejemplo, las amenazas de aislamiento internacional por parte de los gobiernos de Estados Unidos y de otros países desarrollados. Pero, el Ecuador ya se encontraba aislado debido a la situación de moratoria de la deuda externa y a las dificultades para llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Por supuesto, para los dolarizadores era y es fundamental salir del aislamiento en que estamos frente a los organismos de crédito internacional, más aún si se desea dolarizar el modelo neoliberal. Este modelo sólo puede plasmarse con un gran ingreso de capitales, situación para la cual el Ecuador del 2.000 no presenta las mínimas condiciones. De allí que economistas serios a nivel internacional hayan planteado que es el momento más inoportuno para una alternativa como la dolarización. ¿Nos echará una mano el gobierno de los Estados Unidos? ¿Nos tirará de la cuerda antes de que nos estrellemos en este salto al vacío?

Otro aspecto que contribuyó a que abortara la insurrección fue la pobre imagen del triunviro: Gutiérrez o Cobo, Solórzano y Vargas. Si las condiciones hubieran estado propicias, otras figuras políticas habrían encabezado la junta cívico-militar y se habría dado una imagen más amplia y atrayente desde un principio. Pero, en todo caso, la débil imagen del triunviro se habría podido remediar con las medidas a tomarse y con los nombres de personas claves en los distintos Ministerios.

La posibilidad de una perspectiva distinta para el país

Si miramos en perspectiva las cosas, no puede afirmarse que el movimiento insurreccional sufrió una derrota. El hecho de tener en su haber el justificado derrocamiento de Mahuad, compensa el fracasado intento de mantenerse en el poder. El objetivo de una transformación profunda a iniciarse por un levantamiento insurreccional y por un gobierno cívico-militar no encontró las circunstancias adecuadas. Se ha perdido una batalla, pero se ha herido gravemente a la demo-dólar-cracia, al modelo neoliberal dolarizado y al sistema político corrupto. El levantamiento campesino indígena y militar puso ya las bases para un futuro. La profunda crisis económica y política del Ecuador, de prolongarse, como es previsible, pondrá leña al fuego.

Si la clase gobernante no logra sacar al país de la postración en que está y seguimos hundiéndonos (porque todavía no hemos tocado fondo), llegará el momento en que los de arriba ya no podrán seguir gobernando y en que los de abajo ya no podrán seguir soportando el estado de cosas, y entonces el proceso insurreccional será amplio e irreversible. La dolarización, con Mahuad o con Noboa, sigue siendo un salto al vacío. Su implantación sigue siendo difícil, el momento el menos oportuno y sus consecuencias sumamente graves. El comportamiento de los partidos coaligados (socialcristianos, demócratapopulares y bucaramistas) y de sus respectivos líderes políticos en esta peligrosa aventura sigue abonando a la incredulidad ciudadana frente a las instituciones democráticas. Como bien dice Fabián Corral: "Lo grave es que el discurso político que escuchamos durante la semana deja la impresión de que los partidos no entendieron el mensaje que dejó la revuelta de los coroneles. Según la retórica parlamentaria predominante, los problemas quedarían saldados con la sucesión presidencial, con algunos enjuiciamientos indispensables y unos cuantos desplantes en el Congreso. Al parecer, la receta es: borrón y pasa la página para que siga la farra hasta el próximo susto" (El Comercio, 31-01-2000).

Quienes plantan el respeto a la democracia a ultranza como única estrategia, yerran su análisis porque lo que tenemos es un régimen democrático profundamente corrupto al servicio de grandes empresarios privados audazmente irresponsables. Se trata de instaurar un nuevo sistema democrático y desgraciadamente pareciera ser que mal puede renovarse el actual desde dentro.

No se trata de plantear o lo uno o lo otro de modo excluyente: o la lucha respeta la democracia formal y entonces es legítima y válida, o la lucha no respeta dicho marco y entonces es ilegítima y perniciosa. Es lo uno y lo otro. Lucha dentro de la institucionalidad democrática por más reducidos que sean sus espacios, sin descartar luchas insurreccionales si la crisis económica y política se agudiza y si se dan las condiciones favorables. La lucha, por ejemplo, por una consulta popular en relación a temas fundamentales que actualmente ha planteado la CONAIE se inscribe de lleno dentro de los marcos democráticos. Habrá que ver si las élites políticas dan paso a dicha consulta. Pero, mantener un a priori democrático o formal a ultranza conduce a planteamientos sin sentido como los que expone César Montúfar decir "De ninguna manera se justifica el que el Comando Conjunto haya presionado a Jamil Mahuad para que abandone el cargo. Por más razones que pudieran haber existido para ello, que de hecho las hubo, esa no es la función de la institución militar" (El Comercio, 2-02-2000).

César Montúfar plantea una crítica trasnochada cuando manifiesta que "La izquierda se pierde cuando desprecia a la democracia formal, y la considera, únicamente, una trampa de la burguesía" (El Comercio, 26-01-2000). Hace tiempo que la izquierda se hizo la crítica y reconoció que la democracia no nació como dádiva graciosa de la burguesía sino como fruto de la lucha popular, hace tiempo que considera la democracia el mejor campo de lucha para profundas transformaciones, hace tiempo que autocríticamente reconoció que el socialismo es democrático o no es socialismo. Pero, la izquierda también sabe que el régimen democrático puede volverse tramposo, no representativo, corrupto, mera fachada, falso, ilegítimo y que entonces hay que utilizar todos los medios posibles para reconstituirla radicalmente. Por lo demás, jalones importantes de nuestra historia republicana se han escrito por medio de luchas insurreccionales: la revolución liberal, la revolución juliana, la llamada revolución gloriosa y en todas ellas elementos militares también jugaron un papel destacado.

Por último, el derecho a la insurrección es vieja teoría política nada menos que de John Locke, padre del liberalismo político y del Estado de derecho: "Los pueblos son capaces de soportar sin rebelarse y sin murmurar grandes errores de sus gobernantes, muchas leyes injustas y molestas y todos los deslices a que está expuesta la fragilidad humana. Pero no es de admirarse que, si una larga cadena de abusos, prevaricaciones y maquinaciones, encaminadas todas al mismo fin, descubren al pueblo cuál es ese fin, y el pueblo no puede menos de ver lo que se le viene encima y a dónde se le lleva, no es de admirar, digo, que ese pueblo se levante y trate de poner el gobierno en manos que puedan asegurarle el cumplimiento de las finalidades para las que fue establecido. Porque, si esas finalidades no se cumplen, nada se gana con regímenes antiguos y formas de gobierno que parecen magníficas, sino que, por el contrario, son mucho peores que el estado natural de pura anarquía" (Ensayo sobre el gobierno civil, Libro I, Cap. XIX).


* Sociólogo. Profesor de la Escuela Politécnica Nacional y de la Universidad Central.

 
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