Ecuador DEBATE Nº 55
TEMA CENTRAL
predominantemente han encontrado ya sea que: no existe relación entre la energía y el PIB o que la relación está dada del PIB a la energía.
Este argumento es apropiado para examinar la relación E/PIB. Tal como se observa en la Figura 1, el cociente de E/PIB de los países del Norte (los de alto ingreso de la OCDE), ha decrecido entre 1971 y 1997. Por otro lado, el cociente de E/PIB de los países del Sur, como América Latina y el Caribe, se ha mantenido constante sobre el mismo período de tiempo (tomando en cuenta el uso de energía comercial, ya que la tendencia cambia al utilizar la producción de energía comercial).
FIGURA 1
(a)
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b)
Fuente: Calculado sobre la base de información obtenida del Banco Mundial/BIRF (2000).
El cociente de la Fig. 1-a consiste en la producción total primaria de energía (energía comercial en kt. de equivalente de petróleo) dividida para el PIB en términos reales (US$ 1995). El cociente de la Fig. 1-b consiste del uso de energía final total (energía comercial en kt. de equivalente de petróleo) dividido para el PIB en términos reales (US$ 1995).El cociente de E/PIB no se encuentra libre de críticas. Algunos estudios (Kaufmann, 1992; Cleveland et al., 1984, 1998; Hall et al., 1986) indican que, en el caso de los países industrializados, los efectos de los cambios en la calidad de energía (y cambios en los precios energéticos, así como de tipos de bienes y servicios producidos y consumidos), explican la reducción del cociente E/PIB. El decrecimiento de este cociente en economías industrializadas se ha producido en parte por el cambio de carbón a petróleo, gas y electricidad primaria (hídrica y nuclear), así como también por los cambios producidos en la composición de los combustibles utilizados en la demanda final (gasolina o electricidad utilizada por los hogares), en contraste con la demanda de los sectores intermedios (petróleo o electricidad utilizado por las industrias), o viceversa. Un análisis realizado en Estados Unidos del cociente de E/PIB, muestra que el 71.5% de la variación de este cociente entre 1929 y 1983, pudo haberse dado por los cambios en el tipo de combustible consumido (Cleveland et al., 1984).
La energía es usualmente aquilatada al convertir las medidas físicas de diferentes tipos de energía, tal como carbón (toneladas métricas), petróleo (barriles), gas natural (pies cúbicos) y electricidad (kilovatios-hora), a su contenido calórico. Al medir el uso de energía en su equivalente calórico, se pierden importantes diferencias entre los diferentes tipos de energía (Kaufmann, 1992). Algunos estudios han mostrado que el petróleo, ha sido de 1.6 a 2.7 veces más productivo que el carbón en la producción industrial. Cleveland et al. (1984), utilizando un modelo de regresión del cociente de E/PIB en Estados Unidos, encontró que los factores cualitativos del petróleo y la electricidad en relación al carbón fueron de 1.9 y 18.3, respectivamente.
Este argumento es relevante para los países del Sur, y específicamente para el Ecuador, debido a que ha existido una tendencia hacia la disminución de la proporción de la leña (baja calidad de energía), sobre el consumo total de energía exosomática. La leña se consume en fogones abiertos, teniendo una transformación de baja eficiencia. La sustitución de la leña por otros recursos disminuye el cociente de E/PIB. En el caso de América Latina, al observar el consumo de energía en el sector residencial, en términos de energía útil, y tomando en cuenta la baja eficiencia de la leña (menos del 10%), se observa que ésta representó el 9% del consumo útil total en 1998, mientras que el gas, la electricidad y los productos derivados del petróleo, representaron el 14%, 37% y 40% del total, respectivamente (OLADE, 2002).Otra razón que explica la aparente desmaterialización, es la posibilidad de que parte de la producción, especialmente de aquella más intensiva en cuanto a energía y recursos, se ha desplazado de los países desarrollados hacia los países en desarrollo. Si este es el caso, nos encontramos frente a una internacionalización generalizada de las externalidades ambientales (Ramos-Martín, 1999).
De la misma manera, los críticos a la desmaterialización identifican una serie de problemas con la interpretación a este hecho. Por una parte, se demuestra la ausencia de una evidencia empírica.
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