Ecuador DEBATE Nº 49
 
 DEBATE AGRARIO

¿GESTION AMBIENTAL Y CONSTRUCCION DE NUEVOS SUJETOS SOCIALES EN AMERICA LATINA?:
Elementos teóricos y metodológicos para una discusión

Danú A. Fabre Platas*

 

Así como la realidad es plural, las formas de acercamiento del científico social al campo de la Gestión Ambiental debe ser diverso y complementario, pero sobre todo no aislado en el sentido individual y disciplinario. Debe sumarse a la construcción de un Objeto de Estudio poco atendido por la sociología, participando en calidad de analista de los procesos locales y nacionales que observa; proporcionando elementos teóricos y metodológicos que faciliten el camino de los intelectuales preocupados por esta problemática.

 

El documento contiene una reflexión en torno a los procesos socioculturales que han dado forma a las organizaciones sociales establecidas desde los setenta a la fecha en el territorio rural, cuyos proyectos rectores giran en torno a acciones articulables con la gestión ambiental. Pretendo reconocer en ellas sus procesos de organización y las necesidades-demandas que los congregan como grupo. Con esto busco proporcionar respuestas a la presencia y contemporaneidad del movimiento ambientalista y de los sujetos sociales que participan en él acompañándome en ello de conceptos como Calidad de Vida, Pobreza, Globalización, Sociedad civil, OnG, Territorio, entre otros.

Toda sociedad deja huellas y en ella se encuentra la significación de nuestro campo de estudio (y la complicación de aprehenderlo, obviamente). El territorio es la síntesis históricamente fechada, cambiante, dinámica, contradictoria, de múltiples determinaciones económicas, sociales, políticas y culturales. Paralelo a una necesaria reconstrucción histórica del territorio, rastreo procesos que creo favorecen una serie de argumentos epistemológicos -que no hipótesis- los cuales parecen articularse con el factor ambiental y las organizaciones sociales de manera estrecha. Algunos de ellos se mencionan a continuación y espero sean materia de discusión en la Mesa.

La idea o planteamiento central en este trabajo es que el sujeto social que participa en acciones y organizaciones ambientalistas está construyendo una forma nueva o alternativa de ordenar su vida cotidiana, nueva para él (como estilo de vida) y para el espacio donde habita (como organización social); participando y perteneciendo activamente en la construcción de su quehacer y en la concepción de un mundo; se encuentra inmerso en la búsqueda permanente de un orden distinto, de transición entre lo que Desea Ser y lo que Es efectivamente. Quiero decir con ello que posiblemente me encuentro ante un proceso social vital sumamente atractivo en un sentido sociológico.

El problema de lo Ambiental me parece que es en este proceso un escenario herramienta en donde se encuentran y discuten diversos sujetos sociales, no únicamente las estrategias de solución a condiciones ecológicas adversas; sino también, las formas de reorganizarse en torno a las causas del mismo proceso, de definir y transformar sus modos de vida, de modificar sus relaciones sociales, de participar en los espacios y tomas de decisión, de orientarse hacia nuevas formas de acción democrática a partir de atender lo ambiental. La gestión ambiental la entiendo como un factor procesual de carácter esencial que puede facilitar elementos teórico-metodológicos útiles a estos sujetos en la búsqueda de un cambio. Pretendo mostrar cómo el análisis de esta búsqueda abre una perspectiva de formulación de conocimiento sobre la realidad como totalidad concreta, es decir, como reconstrucción articulada de dicha realidad.

En este sentido, la cultura que se va gestando en este nuevo escenario se traduce en una vía para ese cambio, es proceso que va de un pasado-presente deteriorado hacia un presente-futuro prometedor; de construcción de identidades a través de la propuesta adoptada. Cabe aclarar que dicha adopción contiene la posibilidad de conocer, recuperar, recomponer y/o rechazar lo que las organizaciones ofertan y no sólo a escoger una opción contenida en el abanico de posibilidades del campo de la gestión ambiental,
asumiéndola como totalidad y dando paso no a una realidad, sino a realidades en un sentido de pluralidad multidimensional; de intensas dinámicas culturales y fuertes cambios sociales.

A MANERA DE INTRODUCCION

Resulta paradójico que, simultáneo a la acelerada acumulación de capitales, al alto grado de desarrollo industrial y de comunicaciones propio de nuestra sociedad posmoderna, enfrentemos cotidianamente una disminución de calidad de vida en la mayor parte de la población mundial. América Latina es miembro activo de esta aldea global (con sus múltiples particularidades) y, coincidiendo con la paradoja, es una de las regiones que presenta los más altos indicadores de pobreza extrema en el planeta; situación que se agrava terriblemente en los escenarios rurales y particularmente en algunas áreas indígenas.

La importancia del tema, el tiempo y el lugar de estudio tienen que ver, entre otras cosas, con las formas objetivas de secularización que dan pie al cambio cultural contemporáneo.

¿Por qué hacer este ejercicio teórico cuando en las últimas décadas fue trabajo común en numerosos centros de investigación? En parte porque posibilita un análisis comparativo. Además, porque una región, las identidades y la problemática que la caracteriza, no puede entenderse como algo dado aquí y para siempre; es un constructo social, un espacio vital en el que los sujetos imaginan y reconstruyen colectivamente sus estilos de vida, una microhistoria, un terruño, una matria -como diría don Luis González y González- sobre la cuál no se ha teorizado lo suficiente.

Por otro lado ¿Por qué atender a los Organismos no Gubernamentales vinculados a la gestión ambiental y su trabajo comunitario en un territorio amplio y diverso? ¿Qué son las ONG? ¿Qué papel desempeñan allí? ¿Son un movimiento social? El ambientalismo en América Latina se interpreta por varios estudiosos como un nuevo movimiento social con múltiples formas de expresión y recreación cotidiana (Melucci, 1989; Leff, 1986 y 1996; Riechman, 1994, entre otros). La pluralidad de formas de expresión pública de los deseos y demandas privadas en un extraño encuentro de lo "tradicional" y lo alternativo, bajo el contexto de una dinámica de mercado, hace difícil generar una tipología de las ONG. Aún así, los movimientos ambientalistas son ordenados en tres grandes grupos, que aquí únicamente señalo:

Los Conservacionistas o proteccionistas buscan preservar los paisajes y las especies vivas.

Los ecologistas luchan por mejorar el ambiente natural y la calidad de vida de los seres humanos, bajo la presencia frecuente de un discurso homólogo al internacional.

Los ambientalistas son un grupo más politizado que plantea la protección del medio histórico como un nuevo estilo de desarrollo Riechmann, citado por Fontecilla (1998), localiza algunos rasgos en el ambientalismo que lo muestran como un Nuevo Movimiento Social. Aquí presento siete de ellos que me parecen importantes en relación a los fines de la investigación, aún cuando no coincida con el autor:

Pretende construir un horizonte de futuro, un proyecto de sobrevivencia y emancipación diferente al presente.

Busca desarrollar un poder de base capaz de contrarrestar al poder estatal.

Mantiene una posición crítica frente a la historia como un proceso lineal, frente al progreso como la acumulación de propiedades materiales y frente a la ciencia y la tecnología como modeladoras de una mejor forma de vida.

Muestra una composición social heterogénea, pero con el predominio de profesionales sociales y culturales entre sus dirigentes.

Combina estrategias de acción locales con reflexiones en torno a una problemática global.

Tiende a estructurar su organización de manera descentralizada y antijerárquica, cuando menos en un plano del Deber Ser.

Persigue la politización de la vida cotidiana y del ámbito privado, mostrando así un mayor interés en la transformación de conceptos y conductas.

Bajo esta lógica se puede pensar en las ONG como un movimiento social reciente. Una forma de sociedad civil que nace hace algunas décadas en gran medida porque el Estado se muestra incapaz de resolver los problemas que la población enfrenta y de generar un sentido de vida a ésta. Lejos de subestimarlas o marginarlas, promovió toda una gama de organizaciones que cumplen fines de unidad colectiva. Las cooperativas empresariales, las comunidades religiosas, las organizaciones vecinales, el voluntariado, los grupos ecologistas y las ONG, entre otros, serían producto de este proceso.

Otro grupo de estudiosos, Leonardo Meza entre ellos, afirman que la coincidencia en espacios, tiempos, intereses y esfuerzos en común hacen que los Movimientos Sociales y las ONG se confundan frecuentemente. V. Toledo (1991) dice que esto es un debate muy escabroso que se complica desde los orígenes de su denominación; recordemos que ONG es una designación de los Organismos Gubernamentales para señalar a la "otredad", a los ajenos a ellos, a todo lo que ellos no eran, colocando en una misma bolsa elementos culturales, políticos, económicos y territoriales diferentes.

Un movimiento social, a diferencia de las ONG, sería aquel agrupamiento amplio, plural y masivo de personas que se organizan con el objeto en común de luchar para resolver algunas necesidades de afectación concreta, directa, a través del método de presión o acción; ubicando a un interlocutor que debe resolver el diferendo y que regularmente es una autoridad gubernamental. Este movimiento social puede ser coyuntural o permanente y no requiere de personalidad jurídica legal frente a autoridades establecidas, de ordenamientos jurídicos; no requiere necesariamente de estructura administrativa y financiamiento formal, remuneraciones personales en tanto que son sujetos aglutinados para accionar en su propio beneficio. Las ONG hacen una lectura de la realidad y se organizan para actuar con otros. Los movimientos sociales son beneficiados por su propia acción. Pueden trabajar en común con ONG pero su proceso no depende de ellas, participando en momentos como auxiliares de éstos. Las ONG, por su parte, cuentan con varios rasgos fundamentales:

No pueden ser su propio sujeto social; no existen por sí mismas sino como grupo coadyuvante en la solución de un problema no resuelto por la institución gubernamental.

Funcionan como puentes articuladores de los organismos gubernamentales y los destinatarios de la acción. Son también los enlaces entre el conocimiento social o popular y el conocimiento científico que tienen otros agentes (como las instituciones académicas, p.e.). Se constituyen, entonces, como contraparte o interlocutores y operan legalmente programas alternativos con financiamientos diversos, administrados autónomamente, sin fines de lucro.

Atienden a casi todos los sectores sociales, teniendo como objetivo a sujetos sociales organizados, con necesidades o intereses gubernamentales no satisfechos.

No representan a la sociedad, sino a partes de la sociedad organizada.

Tienen un papel fundamental como facilitadores, coordinadores de acciones, que permitan a los Sujetos Sociales resolver el problema concreto que enfrentan.

Promueven en el sujeto social la capacidad autónoma de acciones alternativas y resolutivas, incluida la posibilidad extrema de "llevarlo a la consciencia de todos los terrenos".

Están legalmente constituidas como figuras asociativas, pudiendo entonces ser sujetos de crédito y de apoyos varios. Si su papel es bien efectuado, necesariamente deberán desaparecer en algún momento en el que la organización social sea suficientemente "madura" como para desarrollar procesos de autogestión eficientes.

Cabe apuntar también que en la práctica es frecuente que las ONG se conformen como opciones de autoempleo, una posibilidad alternativa de trabajo profesional. Algunas de éstas incluso han sido incorporadas por el Estado, dependiendo económica y políticamente de éste.

Continuando con Meza (1998) las Organizaciones Gubernamentales son las entidades a través de las cuales cualquier estado, gobierno establecido, opera para hacer realidad una determinada propuesta económica, social o política con sustento en el real régimen jurídico vigente en el país en el que gobierna. Históricamente ningún Estado o gobierno aplica cabalmente ni representa o cubre las aspiraciones totales de las diversidades de intereses y componentes de la sociedad a la que gobierna. Históricamente la sociedad genera una multiplicidad de instancias organizadas, diferenciadas de las gubernamentales, para impulsar contrapesos complementarios y/o alternativos con el objeto de satisfacer intereses insatisfechos. Es allí donde surgen las ONG, como respuesta de la sociedad civil a demandas no cubiertas. Estas acciones colectivas pueden ser, desde coadyuvantes o colaboradoras de los trabajos gubernamentales, hasta abiertas oposiciones en torno a una contrapuesta, pasando por una serie casi infinita de posibilidades rebosadas de matices.

Los estudios sobre las ONG y sobre los Sujetos Sociales contemporáneos se centran principalmente en los procesos de emergencia y cristalización. Sidney Tarrow (1998) apunta que "la atención al origen no es suficiente para predecir sus resultados y sus impactos". En el proceso de investigación desarrollado se observa en los últimos cuatro años constantemente la reducción numérica de las ONG en América Latina; tal situación, al acompañarse de otros referentes que a continuación señalaré, ha dado pie a plantear como supuesto hipotético que se esté presentando un desmembramiento sistematizado de las ONG, particularmente ambientalistas, por parte de los Aparatos Represivos e Ideológicos estatales y nacionales.

Esta hipótesis es inicial y requiere de mayor atención; sin embargo, creo necesario presentar algunos elementos para ser discutidos en su momento, a los cuales divido en factores "externos" e internos. En los primeros incorporo las acciones que la iniciativa privada y el Estado efectúan en esta última década, destacando así:

El establecimiento de un Aparato de seguridad Estatal renovado que implica la construcción de un edificio impresionante, la capacitación en EU de personal especializado en determinado tipo de formas de control social, la compra de un sofisticado equipo de comunicación y transado, entre otras cosas.

El acoso del Estado sobre la población militante en un sentido de orden y castigo (más que nada desde enero del 94 y los sucesos de Chiapas, en México por los cuáles se encarceló a varios líderes de la región, incluyendo a varios miembros de las ONG seleccionadas para el estudio o las formas directas de represión en Centroamérica y en Ecuador, por ejemplo).

Los recortes y retiros definitivos de financiamiento y subsidio a proyectos puntuales que el Estado apoyaba, promoviendo paralelamente la adopción de recursos a través de Programas de asistencia a la población marginada.

El corporativismo de ONG por el estado a través de Confederaciones Campesinas y nuevas figuras asociativas vinculadas al sector rural. Es tan efectivo el Aparato de Estado que las movilizaciones no llegan a presentarse en los Palacios de Gobierno o escenarios similares; son acalladas en sus lugares de origen de diversas formas: reprimiendo, concertando con los líderes locales, incorporándolos a programas nacionales de asistencia social o desgastando a la población hasta destruir los procesos. Un resultado colateral es que las organizaciones actuales diversificaron sus fuentes de financiamiento y consolidan su presencia en las localidades, para contrarrestar la posición del Estado.

Algunos de los factores internos que puedo adelantar y que competen a las dinámicas propias de estas Organizaciones son los siguientes:

El retiro de apoyos económicos por diferentes fuentes nacionales y extranjeras, principalmente a principios de los noventa.

La ineficacia entre un primer proceso de centralización y un segundo de descentralización de toma de decisiones, más que nada en las agrupaciones que desarrollaban actividades diversas en extensas áreas de cobertura y que no previeron la formación de cuadros medios para delegar responsabilidades y autoridad.

El recelo de los dirigentes frente a cualquier intervención externa de apoyo o asesoría, sobre todo si ésta provenía de organismos gubernamentales.

Las fisuras internas agravadas por la generación de nuevos cacicazgos al interior de las organizaciones y por el desencanto de un proyecto alternativo, de una nueva forma de vida

RECUENTO HISTORICO EN TORNO A LA GESTION AMBIENTAL

La preocupación del hombre por su entorno proviene de tiempo atrás. Platón anunciaba las consecuencias graves por el sobrepastoreo y la deforestación, frecuentes en aquellos días. Roberto Malthus afirmaba que la población crecía en forma geométrica y los recursos en progresión aritmética, prediciendo problemas al futuro de la humanidad. En los años 50 los estudiosos del desarrollo y del impacto ambiental concluyeron que el rápido crecimiento demográfico era un problema evidente y la respuesta viable implicaba reducir las tasas de fecundidad. La anticoncepción se muestra como la solución inminente y las "cantidades" de gente suplieron a los seres humanos; pasaron a ser las multitudes el objetivo de los problemas y las políticas sobre población, lesionando sus derechos humanos.

En todas las regiones del mundo en desarrollo las tasas de fecundidad están disminuyendo. Cada año nacen más de 80 millones de personas, concentrándose el 96% en países como el nuestro. Para 1991-92 el planeta cuenta con más de 5,500 millones de habitantes y las proyecciones menos dramáticas apuntan que esta población se duplicará en el año 2010; condición preocupante sin lugar a dudas. Sin embargo, la idea malthusiana de que somos pobres porque somos muchos y que, por ser pobres y muchos, impactamos inmisericordemente los territorios y recursos de nuestro planeta, es discutida por décadas; otra idea más reciente es la "capacidad de carga del planeta" y los "límites del crecimiento de la población" (P. R. Ehrlich, 1968).

Considero que el incremento de la población no es la única variable que genera la pobreza, lesiona la calidad de los territorios o afecta los recursos naturales; un problema central es la apropiación, distribución y el consumo desigual de éstos territorios y recursos, sumado a un absoluto desprecio por la preservación de la naturaleza propio del modelo actual de desarrollo, al cual se pueden asociar fuertes procesos de minifundismo, fragmentación de la sociedad, nuevos procesos de sobrevivencia, etc. Enrique Leff comentó al respecto (1998) que esta postura del "Boom demográfico" tiene un doble juego: es peligrosa teóricamente porque evita analizar otras razones causales del fenómeno y, además, porque posibilita una falsa política de estado cuyas acciones se orientan al control de natalidad. Lo que se debe discutir aún más, no es solo la cantidad de gente que habita estos lugares, sino sobre todo el modelo de desarrollo que hemos interiorizado desde hace varias décadas. Lo que está en duda ahora es el tipo de racionalidad en que estamos inmersos global e individualmente. Lo que está de fondo y se plantea en diversos foros, me parece, es un problema serio de condiciones de sobrevivencia, de calidad de vida, de pobreza extrema; elementos que este proyecto contempla.

A fines de los cuarenta el gobierno francés en colaboración con la recién fundada UNESCO realizaron el Congreso Constitutivo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con el objeto de buscar formas de conservar y hacer sostenible el desarrollo eco-social para el progreso del conjunto de la humanidad; conteniendo la propuesta un sesgo antidesarrollista (idem). En Estados Unidos, el Atlantic Institut reunió en 1960 a los 30 contaminadores más grandes del mundo, sin informar públicamente los resultados. En esta década la discusión sobre la problemática ambiental y sus responsables se remite al diálogo "norte-sur", representado por dos grupos: el Club de Roma, quien postulaba que "el crecimiento poblacional es el problema cardinal de los países en desarrollo" como una variable independiente sin conexión con la estructura económica; y la Fundación Bariloche Argentina, considerando la sobrepoblación como una consecuencia de la pobreza y el desarrollo. En 1968 la Asamblea General de las Naciones Unidas resuelve aceptar la propuesta de Suecia de realizar una conferencia mundial sobre el medio ambiente humano. Dentro de los preparativos, en 1971, se reúnen en Founex Suiza 27 expertos provenientes principalmente de países del tercer mundo que plantean la problemática ambiental como global; proporcionando indicadores que apuntaban en peligro, no solo la calidad de vida, sino la vida misma. En Praga y otros países, durante el mismo año, se van definiendo las causas, las consecuencias y también los conceptos básicos a los que aún ahora nos remitimos con frecuencia.

Es hasta junio de 1972, en la Primer Conferencia de Naciones Unidas, Medio Ambiente y Desarrollo realizada en Estocolmo donde "la degradación del medio ambiente se entiende como un problema de las naciones industriales y ellas deben correr con los gastos" cuestionando, por primera vez, el modelo de desarrollo económico depredatorio de los recursos naturales y proponiendo estrategias alternativas. La Conferencia funcionó entonces como un parteaguas donde se hace pública y necesaria la gestión ambiental, donde se institucionaliza, a partir de la consecuencia planetaria de los recursos naturales; reconociendo que el modelo de desarrollo no es útil y que se requieren tareas concretas para refuncionalizarlo.

El concepto de ecodesarrollo, como alternativa propuesta por Maurice F. Strong, se presenta en 1973 durante la Primera Reunión del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Ahí se afirma que lo central es la gestión racional de los recursos, con el objeto de mejorar el hábitat global de la humanidad y asegura una calidad de vida mejor para todos los seres humanos. En 1976 la Asociación Mexicana de Epistemología convoca al I Simposium Sobre Ecodesarrollo en donde se plantea pensar la problemática ambiental como una articulación de procesos históricos y discutir las contribuciones de diferentes disciplinas para promover una estrategia ecológica del desarrollo. La Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA-ORLPAC) se ha dado a la tarea de celebrar periódicamente reuniones para continuar con esta intención; otro dinamizador de los espacios de reflexión es el Centro Internacional de Formación de Ciencias Ambientales (CIFCA), promoviendo ambos en 1982 un Seminario sobre Ciencia, Investigación y Medio Ambiente, en Bogotá. Plantean allí abordar la perspectiva ambiental del desarrollo como un proceso de producción y reproducción social, "donde los hombres no sólo intervienen con el valor de su fuerza de trabajo, sino con sus necesidades fundamentales, con sus valores culturales y con sus condiciones de existencia" (Leff, 1986: 17). Esto es la provocación de un campo ideológico buscando las luchas por la especificidad del conocimiento frente a los posibles reduccionismos del saber.

Todos estos conceptos y formas de abordar al fenómeno cuajaron enormemente en 1987, cuando la ONU nombra la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y Desarrollo. En el informe "Nuestro Futuro Común" que presenta Harlem Brundtland, director de la Comisión, se postulan tres principios sinodales que incorporan ambiente y desarrollo económico: a). Que el medio ambiente debe ser entendido como un compromiso global, b)Que es necesario prever peligros ecológicos y, para ello, se debe considerar la participación de países desarrollados y subdesarrollados, c).Que es obligado reformular la teoría dominante sobre desarrollo, para superar las condiciones económicas desiguales, conservar el medio ambiente y asegurar la sobrevivencia de las generaciones futuras, esto es, la teoría sobre desarrollo sostenible.

El informe Brundtland se traduce entonces en el lenguaje oficial de gobierno y organismos internacionales para evaluar la situación del planeta, bajo la prospectiva del desarrollo sustentable. García-Guadilla y Jutta Blauert (1994: 8-9) señalan crudamente que, si bien el Informe tiene una carga y un valor político-conceptual importante, éste parece sugerir que la solución de los problemas de la humanidad pudiera resolverse con la acentuación del modelo civilizatorio que lo está destruyendo. El concepto es construido allí de manera ambigua, preñado de múltiples significaciones, flexible y adaptable a cada requerimiento. Las tensiones entre crecimiento y viabilidad se resuelven mediante una prestidigitación conceptual. Con el adjetivo de sustentable, pensado más como un requerimiento político en miras al apoyo de financiamientos internacionales (el BM, el FMI, p.e.), no se cuestiona la noción de desarrollo, discusión que en la parte teórica de este documento planteo.

El movimiento ecologista o ambientalista en México, por mostrar un caso puntual sin la intención de usarlo como estereotipo generalizador, se presenta como disperso y poco público en los 70. Es hasta la década pasada que se comienza a reconocer la existencia de un sujeto político que se diferencia de otros por sus intereses, por sus acciones y por sus proyectos de futuro; es cuando aparece la lucha social por la defensa del medio ambiente bajo, principalmente, la forma de asociaciones civiles.

La coyuntura histórica que da pie al desarrollo de un nuevo sujeto social en la escena política nacional, es tanto la crisis ambiental, como la percepción social de dicha crisis. Se puede considerar a la crisis ambiental (mejor aún, la crisis civilizatoria) como el proceso objetivo que al amenazar la vida humana con todo lo que ello implica: genera formas de organización social, estilos de producción, distribución y consumo, dinámicas culturales y niveles de bienestar social, propicia la necesidad social de subsistir a la catástrofe ambiental (Góngora, 1992: 504).

Una primera experiencia, poco productiva pero pionera al fin, es la formación del Comité de Defensa Ecológica de México con representantes de organizaciones políticas de izquierda y ecologistas. En 1984 la Red Alternativa de Eco-Comunicación incorporó a más de 130 organizaciones ecologistas. Un año más tarde se celebró en la ciudad de México el Primer Encuentro Nacional de Ecologistas bajo condiciones de intensa dinámica social que la explosión de San Juanico (1984) y el sismo de 1985 motivaron. Sin embargo, el gran paso se presenta al encontrar un enemigo común: la puesta en operación de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde en el estado de Veracruz. Esto permitió realizar acciones coordinadas entre diversos grupos sociales y en distintos territorios nacionales e internacionales, dando por resultado el Pacto de Grupos Ecologistas al cual se sumaron más de 50 organizaciones. En ese contexto nace el Grupo de los Cien, con intelectuales, artistas y escritores.

Las expresiones públicas (marcha, mitines, denuncias y publicaciones) aún cuando implicaban a una población pequeña, ganaron un espacio en la opinión pública frente a la ineficiencia e ineficacia de las instituciones gubernamentales y al inexistente interés de los partidos políticos; pasando así, de un reclamo ambientalista, a una lucha política. Pese a este momento de efervescencia, la heterogeneidad de los participantes no vió consolidada la iniciativa de construir un ecologismo de carácter nacional, articulado y con mayores dimensiones.

El Estado desde 1982 incorporó la preocupación por lo ambiental en su Programa Nacional de Desarrollo (dejando atrás los esfuerzos en materia de salud que en 1972 efectuara la Secretaría de Salubridad y Asistencia, promulgando la Ley Federal de Protección al Medio Ambiente); así se reformó la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal y se creó la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Ecología que elaboró el Primer Programa Nacional de Ecología 1984-1988 "con el fin de normar y orientar la política ecológica, pero resultó ambicioso y no pudo ser llevado a cabo en el período previsto". El logro mayor de la SEDUE fue la redacción de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente en enero de 1988 que "sigue inmersa en las limitantes fronteras con las cuestiones productivas" (Carabias, 1990: 78).

Los esfuerzos por contemplar lo ambiental dentro de las políticas de desarrollo nacional continuaron y es en el Tratado de Libre Comercio en 1993-94 donde se encuentran con tropiezos serios. Los ensayos de Calva apuntan una inequitativa relación de producción y mercado, los documentos emitidos por Greenpace anuncian el riesgo de que nuestro país sea el primer receptor de residuos tóxicos y plantea modificaciones a la Ley Ecológica Nacional (La Jornada, 150994: 18) más la necesidad de definir una política ambiental útil (La Jornada, 010794: 11), la inoperabilidad de las normas técnicas ambientalistas que realizó el Instituto Nacional de Ecología en empresas altamente contaminantes (La Jornada, 190794: 21), la dificultad reconocida por parte de la Procuraduría General del Medio Ambiente de interpretar la Ley Ecológica, entre otros muchos, propiciaron una respuesta por parte de la sociedad civil, aunque fue menos pública y organizada en comparación a la segunda mitad de los 80.

Estos convenios internacionales (el Tratado de Libre Comercio en México, p.e.) y sus resultantes en la esfera estudiada y en otros ámbitos de la realidad, muestran que en los noventa la cuestión ambiental ha producido su contrario. Desde la perspectiva neoliberal los problemas ecológicos no nacen de la acumulación del capital, sino por no haber asignado derechos de propiedad y precio a los bienes comunes; condición que, en palabras de Leff permitiría ajustar los desequilibrios ecológicos y las diferencias sociales, la equidad y la sustentabilidad.

La naturaleza está siendo incorporada al capital mediante una doble operación: por una parte se intenta internalizar los costos ambientales del progreso; junto con ello, se instrumenta una operación simbólica, un cálculo de significación que recodifica al hombre, la cultura y la naturaleza como formas aparentes de una misma esencia: el capital (Pensado así) las políticas neoliberales habrán de conducirnos hacia los objetivos del equilibrio ecológico y la justicia social por la vía más eficaz: el crecimiento económico guiado por el libre mercado. El discurso de la globalización aparece aún como una mirada glotona más que como una visión holística; en lugar de aglutinar la integridad de la naturaleza y de la cultura, engulle para globalizar racionalmente al planeta y al mundo (Leff, 1996-b:17-20).

La crisis ecológica, dice V. Toledo (1991) refiriéndose más a una crisis de civilización, no se resuelve adoptando nuevas tecnologías, acuerdos internacionales, reajuste en los patrones de producción y consumo. La nueva crisis global planetaria penetra y sacude todos y cada uno de los fundamentos sobre los que se asienta la actual civilización y exige una re-configuración radical del modelo civilizatorio. Leff concluye el ensayo anterior afirmando que se presenta ahora una confrontación de posiciones, entre los intentos por asimilar las condiciones de sustentabilidad a los mercados de trabajo y, por otra parte, un proceso político de reapropiación social de la naturaleza. El proceso de modernización que estamos viviendo encuentra nuevas formas de división del trabajo. Asistimos, afirma Berlanga (1993), al desmantelamiento de la unidad socioeconómica campesina y, más aún, a un proceso de desarticulación y rompimiento de relaciones sociales y culturales: las de las sociedades rurales de nuestra región. Los campesinos están siendo objeto de una nueva forma de asistencia social pública, disfrazada de participación comunitaria y de esfuerzo solidario para salir de la pobreza.

Bajo esta lógica de apropiaciones y encuentros, me parece que se justifica sobre manera la revisión de acciones organizadas por parte de la sociedad civil para pensar y actuar la sustentabilidad.

ALGUNOS REFERENTES TEORICOS

Tengo claro que no existen los observables "puros". Todo observable supone una construcción previa de relaciones por parte del sujeto que investiga. Son formas de organización de información, de elaboración de datos, a partir de referentes epistemológicos, metodológicos, teóricos y empíricos que, en un proceso de abstracción, dan vida a una realidad concreta-abstracta. Son realidades que corresponden a ciertos niveles de reflexión y que, en el difícil arte de la investigación, se van reformulando para dar pie a un Corpus del conocimiento más rico. La epistemología constructivista, me parece, requiere diferenciar entre una totalidad dada aprendible por el sentido común del hombre de la calle y una realidad en constante movimiento. La aprehensión del científico social de esta realidad dada y dándose presupone un criterio de apertura a ella. En este sentido, los conceptos anotados a continuación son considerados "abiertos" para poder usarlos como orientadores de lo observable y no herramientas de encuadre a la realidad que estudio.

El término Medio Ambiente ha sido largamente discutido. Algunos incluso lo reducen al ámbito ecológico, otros lo separan en ambiente natural y ambiente construido. A reserva de detallar estas corrientes teóricas y sus correspondientes formas de acción, creo conveniente ahora usar el concepto que ofrece Rojas Ruiz de medio o medio histórico, quien lo define como "la historia humana comprendida como prolongación y ruptura en relación a la historia natural" (1986:276). Deseo así, desde una perspectiva sociológica, centrar mi atención en el sujeto social como objeto de estudio y no tanto en las transformaciones que la naturaleza sufre por la intervención de éste. Ello no elimina totalmente la descripción y análisis del escenario fisiográfico; aquí sólo pondero uno de mis observables.

El medio histórico es la relación contextual de los seres humanos entre sí con su medio físico natural; requiere del trabajo del hombre para ser construido y reconstruido, para tener existencia. En este proceso de transformación del medio histórico por la acción colectiva, señalan Silva y Gualda (1995: 21), se producen bienes materiales, valores, saberes, habilidades, modos de pensar y percibir el mundo, de integrarse con la propia naturaleza y con los otros seres humanos: se produce cultura.

La cultura se puede pensar como la esfera de la totalidad de la vida social. La práctica sobre la naturaleza determina el tipo y los problemas del medio que se viven. En este sentido, es válido pensar en el mundo de la cultura como puerta de entrada para poder aprehender desde distintos ángulos y procesos lo ambiental; estrategia epistemológica que espero desarrollar en la segunda fase del trabajo, al acercarme a la dimensión de la vida cotidiana. Por otra parte, la preocupación por construir formas alternas de desarrollo basadas en la sustentabilidad no se remiten únicamente a la protección ecológica. "El desarrollo sostenible implica un nuevo concepto de crecimiento económico, un nuevo concepto que brinda justicia y oportunidades a todos los pueblos del mundo, no sólo a la minoría privilegiada" (Meza, 1993: 17). Verlo así posibilita reconocer, además de un proceso susceptible de ser estudiado, la emergencia de una nueva categoría de análisis y, principalmente, la existencia de un nuevo y complicado campo problemático.

Los rasgos que nos muestra la sociedad "posmoderna", dice Lipovetsky (1993), han dado pie a una cultura cuyos signos son claros. Uno de ellos es la intensa pasión por la personalidad; el rompimiento de las reglas racionales colectivas y la expectativa de una realización individual, del respeto a la diferencia (o cuando menos el inicio a la tolerancia). La exigencia de una mayor calidad de vida es otro signo importante, entendiéndola como una mejora global de bienestar, de respeto al desarrollo de las diferentes facetas de la vida humana y no únicamente como el incremento salarial o una mayor capacidad de adquisición y de confort (entendiendo aquí que en las necesidades y demandas que la población del Valle presenta continuamente, un mejor ingreso es reclamo natural pero no el único o el central). El concepto de Calidad de Vida es difícil de aprehender porque no nos remite a un contenido específico y sí se expresa de manera contemporánea como noción cultural y demanda. Igual que Calidad de Vida, pobreza permite introducirme de manera abierta al análisis de diferentes Campos o Dimensiones de la realidad, de ahí su utilidad. La expresión local de ello se puede percibir a través de los discursos que en las asociaciones civiles promotoras de la etnicidad o de la gestión ambiental se presentan.

El término pobreza no es sencillo de definir en el marco de la teoría sociológica tradicional, que generalmente lo asocia a grados de marginalidad, condición susceptible de cuantificar y cualificar. Las primeras acciones estatales en torno al problema de pobreza se presentaron, de manera asistencial para un territorio concreto, en la Europa del S. XVI por la presencia de vagabundos y mendigos a quienes despojaban de su forma de vida: sus tierras. El Estado benefactor y su política de ingreso y empleo nace en la crisis mundial de 1929, en el contexto de una pobreza basada en la mercancía y es esta perspectiva keynesiana quien da cuerpo al discurso de desarrollo actual. Antes de la segunda guerra mundial, las regiones colonizadas por Inglaterra y Francia eran consideradas como espacios a civilizar, como materias primas que podían ser usadas sin apropiarse de los hombres o de sus sociedades. Un ejemplo de esta política es la Ley de Desarrollo de 1929.

La pobreza diferencial en las sociedades a una escala mundial se presenta solo después de la segunda guerra mundial y es también cuando se prueba que el ingreso per capita resulta inexacto para mostrar o evaluar las condiciones reales de vida de la población. Es aquí donde emerge la discusión por explicar el fenómeno desde criterios cuantitativos y cualitativos; conteniendo ambos una nueva forma de reduccionismo. En la posguerra los países europeos pierden a sus súbditos coloniales y emerge E.U. como nuevo poder mundial. Los conceptos se modifican ­y así las políticas, estrategias y acciones- cambiando el "proceso cultural" por la "movilización económica" con la visión de un nuevo orden global y nuevas formas de hegemonía frente a los diversos territorios.

Harry Truman para 1949 define al mundo como una "arena económica global", asumiendo como modelo ideal de país a E.U.A. y catalogando a todos sus no iguales como subdesarrollados. Los territorios, entendidos como desiguales, se contemplan ahora como objetos del desarrollo y no como espacios de recolección de recursos y preservación cultural. "El destino real de los bienes naturales debe ser encontrado en su utilización económica: todos los usos económicos son un paso más para dirigir el potencial interno hacia esa meta" (Sachs, 1997:13). El binomio Desarrollo/Subdesarrollo se traduce en una herramienta de fe que cobija inicialmente el Estado norteamericano y, más adelante, los intelectuales y la población mundial misma. Desarrollo es aquí la proyección de este modelo de sociedad, pero más como una internalización de esa necesidad en los sujetos ­The American way of life- que como una necesidad real.

A fines de los 60 la idea de un desarrollo lineal a través del progreso económico muestra parte de sus contradicciones: los niveles de pobreza a escala mundial se elevan al grado de ser aceptados por los organismos defensores del modelo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial (BM). En 1973 R. McNamara del BM, institucionaliza una reconceptualización del desarrollo, ampliando su campo de aplicación; el desempleo, la injusticia, la erradicación de la pobreza, las necesidades básicas, las mujeres y, finalmente, el ambiente, fueron pronto convertidos en problemas y se volvieron objeto de estrategias especiales. El desarrollo no significaba promover el crecimiento, sino protegerse de él. De este modo se completó el caos semántico y el concepto se hizo trizas (Sachs, op. cit.:14, 15).

La búsqueda de herramientas para erradicar la pobreza y elevar la calidad de vida a través del paradigma cualitativo se experimenta en Inglaterra basado en valores nutricionales: Los pobres absolutos son aquellos que cuyo consumo de alimentos no excede un cierto mínimo de calorías. Reduciendo la compleja realidad de la población mundial a parámetros propios de una descripción animalística, a reducción de mundos vivos a niveles de consumo de calorías facilita enormemente la administración internacional de ayuda para el desarrollo (Sachs, op.cit: 17). Las necesidades mercantilistas del hemisferio norte codifican aún el manejo del concepto de desarrollo y por consiguiente de pobreza. Wolfgang señala, en torno a esta concepción del desarrollo, que las divisiones binarias como salud/enfermedad, normal/anormal, rico/pobre (agregaría Desarrollado/subdesarrollado) destruyen la posibilidad de observar en las sociedades la frugalidad que éstas tienen para mantenerse libres del frenesí de la acumulación, haciendo alusión a los territorios mexicanos y sus sectores pobres pero no hambrientos, al prestigio social y sus posesiones; el despojo no solo de sus propiedades, sino de sus formas de vida al arrebatarles sus tierras; la escasez, derivada de la modernización, al restringirles cada vez más la posibilidad de sobrevivir por si mismos en territorios antes de ellos y que ahora perciben como ajenos.

Sin embargo, en el terreno fenomenológico de la sociología de la subjetividad, no sólo el fenómeno sino la palabra misma propicia una serie de elementos que nutren el análisis. Un sujeto social pobre es aquel, siguiendo a Cartaxo (1988: 55-56), que sufre carencias múltiples; no sólo de bienes materiales (alimentación, vivienda, salud, empleo, etc.) sino también de bienes no materiales: educación, acceso a la cultura social más amplia, el respeto a su cultura popular y al ejercicio de sus derechos de ciudadano y de ser humano; de ser social. Una sociedad en la que el dominio económico, político y cultural es establecido a través de relaciones disimétricas de poder de unos cuantos sobre otros más numerosos. Una acotación interesante es la siguiente:

Sugerimos no hablar de pobreza, sino de pobrezas. De hecho, cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. La pobreza de subsistencia (debido a la alimentación y abrigo suficiente); de protección (debido a sistemas de salud ineficientes, a la violencia, a la carrera armamentista, etc.); de afecto (debido al autoritarismo, la opresión, las relaciones de explotación con el medio ambiente natural, etc.); de entendimiento (debido a la deficiente calidad de la educación); de participación (debido a la marginación y discriminación de mujeres, niños y minorías); de identidad (debido a la imposición de valores extraños a culturas locales y regionales, emigración forzada, exilio político) y así sucesivamente. Pero las pobrezas no son sólo pobrezas. Son mucho más que eso. Cada pobreza genera patologías, toda vez que rebasa límites críticos de intensidad y duración. Esta es una observación medular que conviene ilustrar (Meza, 1993: 16).

La noción de mejoramiento de las condiciones de vida fue pensada originalmente también con criterios cuantitativos: más prestaciones, más salarios, más consumo. Vinculados a la vez a la idea de gradualidad creciente del desarrollo, y a una excesiva centralización de la política como determinante y productora de la buena vida (Millán, 1991: 153). Tal cultura se afirma en áreas claramente estructuradas. Tradicionalmente la relación entre pacto social y bienestar se sostenía en acciones económicas vinculadas a políticas clientelares; condición eficaz en su momento pero que, ahora, acelera los procesos de "congestión social" y da pie a la exigencia de una reparación entre la política tradicional y los contenidos de la demanda social.

La crisis económica naciente en los setenta y dramáticamente notoria en los noventa alteró tal esquema. Se generó un número mayor de expectativas y una pluralidad de demandas, una fuerte distancia entre necesidades y satisfactores, presentando una menor eficacia por parte de la institución para captar la dinámica de la diversidad y complejidad de demandas, particularmente en lo que se refiere a sus precondiciones culturales de justicia social.

Bajo este contexto, la sociedad contemporánea es cada vez menos armónica. Los grandes generadores de sentido e identidad (la escuela, la familia, la iglesia y otras instituciones o equipamientos colectivos más) han dejado de ser en buena medida los ejes ordenadores de las prácticas sociales; se presenta un desencanto frente a las instituciones (Batalla, 1993 y Giménez 1993). Frente a la crisis y a la insatisfacción de expectativas, la calidad de vida se presenta como una demanda latente. Redefinir las necesidades y demandas es trabajo y fin cultural. En este sentido se puede apreciar una serie de vetas que indican, en forma latente, un "movimiento" de redefinición cultural de demandas e identidades. Todo esto abre un campo enorme de posibilidades de reordenación social, flexibilidad y cobertura jurídicas. De "explosión de diversidades". Justo aquí se coloca la calidad de vida como noción cultural; es decir, como signo positivo de la diversidad, asociable claramente a los procesos de cultura popular que se reproducen permanentemente en diferentes escenarios del país, proceso en donde emergen los movimientos ambientalistas que dibujé antes.

Es en este contexto de constante dinámica cultural y cambio social que se entretejen los procesos particularizados de las diferentes organizaciones de gestores ambientales, entendiéndolos como sujetos sociales inmersos en un proceso ideológico. Como participantes activos en una estrategia dentro de las estructuras del poder y de los Aparatos Ideológicos de Estado, buscando inducir cambios sociales, científicos y tecnológicos para generar las condiciones ecológicas y culturales necesarias a un desarrollo descentralizado, diversificado y sostenido.

La lectura que se hace del "nuevo" sujeto social a partir de la sociología de la subjetividad es abismal, en comparación a las reflexiones teóricas de hace pocos años. Este cambio de identidades colectivas nos muestra nuevas formas de retorno a lo alternativo, entre las que se distingue la proliferación de grupos numéricamente reducidos que Maffesoli a través de Giménez (1993) definió como neotribialismos. Las formas particulares de las organizaciones que comprenderá el estudio, al ser articuladas con las "discontinuidades del contexto", nos muestran un conjunto de identidades desde las cuales difícil pero necesariamente se debe construir una caracterización general de sus rasgos, propuesta ya iniciada por Góngora (1992). Otra característica de este cambio de identidades colectivas es la tendencia a la hipercatectización (que recupera de Devereux); es decir, tener la intención permanente de imponer al factor ambiental como la dimensión rectora en la vida cotidiana de cada uno de los miembros de la organización.

El fenómeno de la secularización no puede desligarse de la modernidad y, menos aún, del pluralismo identitario. Asistimos así, parafraseando a Blancarte (1991), a una multiplicación de corrientes teóricas y de proyectos que generan la coexistencia en el plano interno de un complejo de organizaciones, favoreciendo la convergencia (tolerancia) y, vale decirlo, la pluridimensionalidad de la identidad misma en el campo de la gestión ambiental.

Las identidades colectivas construidas en este contexto rural diverso que estudio por fuertes procesos de innovación cultural. La migración, los cambios tecnológicos, en la producción, las nuevas formas de organización o de intervención estatal, entre otros factores, hacen ver a la población, no únicamente como sinónimo de aculturación, sino también como elementos de sobrevivencia usados de manera estratégica bajo las condiciones que la realidad les muestra ahora. Godeliere, al ser citado por Ramírez (1998: 138-139) anuncia la ausencia de una sociedad pura y "equilibrada"; la noción de equilibrio significa más una regulación de las contradicciones internas y externas del sistema, que la falta de dichas contradicciones. Todo ello representa la existencia de una cultura concreta y compleja.

De esta manera, la cultura en su dinámica modifica los significados de sus componentes, conforme lo exija la práctica, las experiencias que dicten sus procesos de adecuación en el devenir histórico. Para que esto ocurra, se requiere de un espacio donde se concrete tal dinámica, dicho espacio es el grupo social que construye cotidianamente una cultura y una historia permanentemente cambiante (Ramírez, idem).

El campo de lo ambiental, desde mi perspectiva, sería ese espacio donde se enfrentan instituciones oferentes de bienes e, interactuando, actores sociales que aceptan, desechan o recomponen lo ofrecido. Es una arena, un campo de batalla, lleno de antagonismos en donde las particularidades de las organizaciones estructuran a un colectivo de individualidades y, además, son estructuradas por las singulares demandas de quienes atienden. La autonomía generalizada de la individualización frente al dogma (que no la ausencia de creencia sino el proceso de personalización de la misma), es un rasgo que Lipovetsky (1994) señala como parte de la posmodernidad.

Las situaciones que he señalado en páginas anteriores muestran como algo posible la existencia de nuevos patrones culturales y sociales en diferentes escenarios regionales y nacionales, condición que me hizo pensar en la existencia o en la gestación de nuevas prácticas, nuevas identidades y, en esta línea de reflexión, de nuevos sujetos sociales. Sade nos dice que "es en la búsqueda de significados donde la ausencia es definida como carencia y como necesidad y donde ciertas acciones sociales son explicadas como correspondientes a los intereses de una colectividad" (Sade, 1990: 7). Las necesidades, materiales y simbólicas, no son producto exclusivo de condiciones estructurales dadas o de las voluntades de diversos actores sociales, sino de una articulación de procesos, proyectos y acciones que se van retroalimentando y permiten la construcción social de la realidad o de realidades (Berger y Luckman, 1979). Zemelman y Valencia (1990) comentan bajo esta línea que, discutir sobre necesidades reales y sentidas es aquí una reflexión secundaria:

Las necesidades son siempre sentidas; esto es, subjetivamente elaboradas, y siempre responden a necesidades reales -materiales o subjetivas. Son, por lo tanto, reales subjetiva y objetivamente (...) La necesidad, como el substrato más elemental de la articulación entre [...] la carencia, la escasez, y [...] la percepción de las necesidades y las formas de solucionarlas, remite a la subsistencia y a la reproducción social. En este sentido la definición, jerarquización y explicitación colectiva de las necesidades, así como sus formas y mecanismos de resolución, dan cuenta del primado de lo reproductivo, de lo prospectivo, de lo rutinario o de lo innovador y, en último término, de la posibilidad de constitución de los sujetos (Zemelman y Valencia, 1990: 3).

¿Es posible pensar entonces en la identidad como herramienta de búsqueda y no como un modelo a igualar y, acorde con esto, que la "identidad ambientalista" pueda ser entendida mejor como la identidad de nuevos sujetos sociales diversos a través del factor ambiental? Antes de ello, ¿es posible que a través de esta práctica se encuentren (Des)-construyendo un proyecto de vida alternativo? ¿Democrático? Me parece que el campo ambiental presenta condiciones para ello.

Un comentario más para cerrar este apartado. La democracia, el poder y la identidad son herramientas conceptuales que quiero articular con la definición que presento del Campo de lo Ambiental. En este sentido, la democracia se traduce como una forma de sociedad que es expresión del espacio público, del estar con los otros, un proyecto colectivo nacido de los imaginarios sociales. Este, más que un modelo político, sería la vía que permita a una colectividad tomar conciencia de sí misma.

César Cancino (1998) en esta línea apunta que una democracia parte de varios presupuestos, con los cuales estoy de acuerdo: Uno de ellos es considerar a la sociedad como el espacio público por excelencia, el lugar donde los ciudadanos, en condiciones mínimas de igualdad y libertad, cuestionan y enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su origen o rectificación en ellos mismos; el segundo coloca en consecuencia a la esfera pública política como el factor determinante de retroalimentación del proceso democrático y como la esencia de la política democrática, y se opone a cualquier concepción que reduzca la política al estrecho ámbito de las instituciones o del Estado; el tercero, en conexión con lo anterior, concibe al poder político como un espacio "vacío", materialmente de nadie y potencialmente de todos, y que sólo la sociedad civil puede ocupar simbólicamente desde sus propios imaginarios colectivos y a condición de su plena secularización; y sostiene, finalmente, que la sociedad es por definición autónoma y fuertemente diferenciada, por lo que la democracia se inventa permanentemente desde el conflicto y el debate.

La democracia sería entendida entonces como un dispositivo histórico, como una creación histórica de una sociedad colectiva consciente de sí misma.

¿CUÁL PUEDE SER LA POSICION DEL "CIENTIFICO SOCIAL" FRENTE A ESTE CAOS CIVILIZATORIO?

Parafraseando a Amartya Sen, el modelo de justicia social y libertad que nos han impuesto maximiza los bienes materiales y no contempla otro tipo de valores necesarios dentro de la vida social; bloquea las formas de decisión e impugnación que la sociedad civil pueda construir. Los elementos centrales desde los cuales me cobijo para cuestionar las formas de justicia social en el contexto posmoderno de fin de siglo, que es finalmente el trasfondo de todo lo relatado, se reducen a lo siguiente:

En los procesos que nos encontramos viviendo ahora el estado pondera más la eficiencia que la equidad social.

Que los mecanismos de mercado proporcionan una forma condicionada de Libertad a los sujetos sociales.

Que esta forma de Libertad parte del equilibrio de Pareto, en donde no se juzga un contrato previo, una cierta distribución originaria; no se contemplan las externalidades del modelo y, sobre todo, no se considera a la desigualdad social como un elemento importante de la calidad de vida del ser humano.

Así como la realidad es plural, las formas de acercamiento del científico social al Campo de la Gestión Ambiental debe ser diverso y complementarios, pero sobre todo no aislado en el sentido individual y disciplinario.

Debe sumarse a la construcción de un Objeto de Estudio poco atendido por la sociología, participando en calidad de analista de los procesos locales y nacionales que observa; proporcionando elementos teóricos y metodológicos que faciliten el camino de los intelectuales preocupados por esta problemática.

Debe ser un facilitador de la información que concentra a través de los procesos de socialización que la población, como sociedad civil o actor social, desarrolla cotidianamente; aprovechando todo espacio informativo que tenga a la mano para difundir los datos que durante los procesos de investigación está construyendo (sin caer en un terrorismo ambiental).

Debe ser, en este sentido, un dinamizador de los procesos socioculturales que están cristalizando o desfalleciendo; participando con todo ello en la búsqueda de nuevos horizontes de futuro.

 

 

 

 

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