Ecuador DEBATE Nº 56
COYUNTURA
AUGE Y CRISIS EN ESTADOS UNIDOS
José C. Valenzuela Feijóo1
Como se sabe, el 11 de septiembre del 2001, los centros del poder financiero y militar de los EEUU recibieron un ataque impactante por parte de algunos comandos árabes. Algunos publicistas, más interesados en justificar el ulterior terrorismo de Estado de Bush que en explicar la crisis, se han apresurado a culpar a tales ataques de la crisis en curso. Pero no hay tal: la crisis ya venía procesándose desde bastante antes.
Capital, ganancias y ciclo económico
El capital, en cuanto forma económica específica, es un valor que se valoriza, es decir, un valor que se expande, que genera un plus. En palabras de Marx, "el capital es valor que produce plusvalía".2 Esta capacidad para valorizarse, para generar un plus, amen de una forma determinada de relaciones de propiedad, supone cierto movimiento: el capitalista compra mercancías que por su naturaleza pueden funcionar como factores de producción: medios de producción y fuerza de trabajo. Disponiendo de estos recursos, los pone a funcionar y, por lo mismo, obtiene ciertos resultados o masa de productos que destina a la venta. Al vender, obtiene cierta cantidad de dinero que debe ser superior al dinero que inicialmente gastó, siendo la diferencia entre el dinero final y el inicial lo que conocemos como ganancia o plusvalía. Este proceso se repite una y otra vez y, por ello, se habla de ciclo del capital. En la descripción de Marx, la más sencilla, nos encontramos con la famosa fórmula del D Æ M Æ D', un dinero que se transforma en mercancías y que luego se recupera como un dinero incrementado. En que (D' D) = P (plusvalor o ganancia) y (D' D) / D = g = tasa de ganancia.
Así las cosas, tenemos que g (tasa de ganancia) nos mide el grado de valorización del capital. O bien, para decirlo en términos más laxos, el grado en que se satisfacen los fines del capital. Y valga subrayar los pasos aquí involucrados: primero, tenemos que se trata de una lógica objetiva. Es decir, un movimiento estructuralmente determinado. Segundo, de una lógica que se transmuta en los fines subjetivos del capitalista. Como escribiera Marx, "sólo cuando es capital personificado tiene el capitalista un valor ante la historia (...), para ello no ha de tomar como impulso motor el valor de uso y el goce, sino el valor de cambio y su incrementación. Como un fanático de la valorización del valor, el verdadero capitalista obliga implacablemente a la humanidad a producir por producir (...). El capitalista sólo es respetable en cuanto personificación del capital. Como tal, comparte con el atesorador el instinto absoluto de enriquecerse. Pero lo que en éste no es más que una manía individual, es en el capitalista el resultado del mecanismo social, del que él no es más que resorte".3 Y valga subrayar el orden causal que aquí se manifiesta: primero, tenemos una estructura que determina cierto tipo de comportamientos. Luego, la asimilación de ese movimiento por parte de los agentes. Es decir, el desarrollo de hábitos, valores y motivaciones que le permiten al agente cumplir satisfactoriamente el papel o rol social del caso. No hay aquí ese absurdo de las psicologías o preferencias innatas que tan a menudo manejan los economistas neoclásicos e inclusive el mismo Keynes. Lo que sí hay es una estructura, históricamente determinada, que moldea la psicología de los agentes económicos.
En suma, la tasa de ganancia se transforma en la finalidad central del sistema y de sus agentes económicos fundamentales. Se produce para obtener ganancias y no por el afán de generar valores de uso. De hecho, si estos se producen, es sólo en cuanto constituyen la condición sine qua none para acceder a ese plusvalor o ganancias. Marx es muy claro al respecto: "la cuota de ganancia es el resorte propulsor de la producción capitalista, que sólo produce lo que puede producirse con ganancia y en la medida en que ésta puede obtenerse".4
En el sistema que nos preocupa, las decisiones económicas las toman los capitalistas. En forma directa o por medio de sus representantes. Se trata de decisiones que afectan a los niveles de producción y a sus características técnicas. Un juego de decisiones asegura la reproducción simple del sistema: renovación de los recursos productivos (materiales y humanos) involucrados y otro juego de decisiones su reproducción ampliada. Se trata aquí de las "decisiones de inversión", las que determinan los niveles de acumulación con que va a funcionar el sistema y, por lo mismo, sus ritmos de reproducción ampliada.
La acumulación viene gobernada por la tasa de ganancia que esperan obtener los capitalistas. Si piensan que esa tasa es satisfactoria, la acumulación funcionará con alto dinamismo. Y viceversa. La acumulación, entonces, oscilará de acuerdo a las oscilaciones de la tasa de ganancia esperada. Por ello, se ha dicho que "según vayan los beneficios, así irá la economía".5
La evidencia empírica conocida muestra un comportamiento bastante inestable de la acumulación. A veces, se expande y en otras se contrae. Lo singular y llamativo, es que estas oscilaciones muestran cierta regularidad. Por ello se habla de un ciclo económico: es decir, un comportamiento que se asemeja a la trayectoria de una montaña rusa: la inversión se eleva y, con ello, el nivel de actividad económica. Luego, sobreviene un período de descenso de la inversión y del Ingreso Nacional. Le sigue otro período de expansión y así sucesivamente. En términos gráficos tendríamos:
1 Depto. Economía, UAM- Iztapalapa.
2 C. Marx, "Teorías sobre la plusvalía", Tomo I, pág. 311. Edit. Cartago, Buenos Aires, 1974.
3 C. Marx, "El Capital", Tomo I, pág. 499. FCE, México, 1974.
4 C. Marx, "El Capital", tomo III, pág. 256. FCE, México, 1974.
S. Bowles, R. Gordon y R. Weisskopf, "Power Accumulation and Crisis: The Rise and Demise of the Postwar Social Structure of Accumulation", en R. Cherry et al edits., "The Imperiled Economy", B. I, URPE, N. York, 1987.
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